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Con las maletas medio deshechas y con pocas ganas de poner lavadoras, vuelvo a retomar el blog. Este (casi) mes sin estar tan conectada me ha venido bien. Aunque es cierto que he ido curioseando, de higos a brevas, los blogs que sigo, no me he parado a comentar ni a contestar comentarios. Ha sido una desconexión total y absoluta. Con deciros que ha habido rachas de días y días sin abrir el ordenador…

desconexion

Bueno, al lío. Como os dije, este agosto nos lanzamos a nuestro primer viaje en familia. Hoy os cuento nuestra escapada.

Madrid1

Ni más ni menos nos fuimos a Madrid, ahí al calor infernal –que luego resultó que hasta teníamos frío jajaja-. El tiempo no fue tan horrible, hasta nos llovió el día que llegamos y nos refrescó lo suyo. Para los días que estuvimos, que no fueron muchos, nos cundió el tiempo. El pichón estuvo fantástico y llevó un buen ritmo –para los trotes que le dimos-.

Lo feliz que estaba yo teniendo una boca de metro a unos pasos de la puerta del hotel y resultó que justo esa línea no está operativa por obras. Un chasco. Pero tiramos de bus en una ocasión y de mucho andar. El día de llegada, después de descansar un ratito en el hotel, nos pateamos buena parte del parque del Retiro.

Al día siguiente disfrutamos –mi marido el que más- de la expo del Prado del Bosco. Yo iba con el pichón a un ritmo más rápido –que no se puede estar una contemplando un cuadro media hora con un niño de tres años al lado-. Mi truquillo para enganchar al peque era pedirle que buscara cosas en el cuadro (que si dónde hay un perrito, mira el bebé con su mamá, de qué color es el traje de tal personaje, qué hay en el cielo… Cosas del estilo). Después, en la tienda, estuvimos otro buen rato mirando cositas. Todo chulísimo. Le compramos una camiseta muy chula al niño, libros, chuminadas varias…

pradoBosco
Antes de entrar en la exposición del Bosco
museo-de-ciencias-naturales-en-madrid-1d79
Museo Ciencias Naturales

Un día después fuimos en bus hasta el museo de ciencias naturales. Allí nos pasamos prácticamente toda la mañana. Son dos edificios: uno de animales (disecados) y otro de dinosaurios y la evolución. ¡Cómo voló el tiempo allí!
La parte de los dinos es lo que más le gustó al pichón. Hasta se sentó muy atento a ver una especie de peli/corto sobre los meteoritos (se la vio enterita sin pestañear -a mí, lo admito, se me escapaban los bostezos de cansancio-). En la tienda, que era pequeña pero matona, tenían muñecos de animales (de Schleich, Papo, Collecta…) y compramos algunos (bastante peculiares) para ampliar nuestra colección.

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mncn

Salimos del museo casi a las 3 de la tarde y dándole al pichón una bolsita de cereales eco para matar el gusanillo (muertitos de hambre íbamos). Menos mal que siempre llevo algo de picar en el súper bolso.

Buscamos la boca de metro para llegar hasta Sol (gracias por las indicaciones de Una mamá arquitecta). Por allí fuimos a comer a un sitio estupendo que tengo que recomendar sí o sí. Se llama Serafina (lo vi reseñado en la web de Mammaproof). Está junto a la plaza de Sol y se come de maravilla. Tenían un menú riquísimo a buen precio. Había espacio amplio donde pueden estar bien cómodos los niños (que a pesar de ir de un sofá a otro, no nos llamaron la atención). Tranquilo y bonito. Os lo recomiendo 100%.

Cuando salimos de allí, ya casi a las 5 de la tarde, andorreamos hasta la plaza Mayor y después marchamos dando un paseíto hasta el museo Thyssen. A todo esto, el pichón que no tiene sillita de paseo, iba andando tan pichi. Sólo le llevé en brazos un ratito, porque se tropezó y se cayó (se puso mimoso). El resto todo a patita. Entramos a ver la expo de Caravaggio y ahí, ya sí, el pichón, se nos caía de sueño. Su papá, le llevó en brazos y se durmió todo el rato que estuvimos viendo la expo. Mi amante bandido se iba sentando en los bancos (esta vez fui yo la que se deleitó en el museo jijiji). Al salir, ya le fuimos despertando poco a poco –y él tan feliz-. Pasamos un ratito majo en la tienda del museo. La sección de niños nos ayudó bastante.

Thyssen_Tienda+2

Era como estar en una biblioteca molona, con libros chulísimos. Nos leímos unos cuantos y salimos de allí -comprando cositas previamente- directos a comer. Ya viendo la hora, nos marcamos una merienda-cena en un vips cercano. De ahí, fuimos al hotel andando (que estaba junto a la estación de Atocha). Fue un día completito.

Y ya al día siguiente nos volvimos a casa.

El hotel estuvo bien. Nos consiguieron una cama King size –meeenos mal-. En principio teníamos una habitación con tres camas individuales, pero pedimos que nos cambiaran. El cambio fue estupendo. Dormimos bastante bien –aunque, como siempre, tuve mis desvelos habituales-.

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La pena fue que en esos días no pude quedar con Una mamá arquitecta y su emperatriz. Intentamos cuadrarnos, pero teníamos poco tiempo y mucho que ver. A ver si a la próxima podemos conocernos in person.

Sobre el trayecto en Ave, decir que me parece MUY injusto que digan que los niños menores de 4 años viajan gratis. NO, de eso nada. La verdad es que tienen que viajar sentados encima de uno de los adultos con los que van. Eso o pagas por un asiento para él. Llevar a un niño de casi 16 kilos encima durante casi tres horas en un espacio muy reducido NO mola nada. Cansa. Es incómodo y te acaban doliendo hasta las pestañas. En vez de decir que los menores de 4 años viajan gratis, lo que tenían que hacer es “indemnizar” al adulto que va a cargar con el niño encima y abaratar su asiento –porque es una tortura viajar así-.

Renfe_Tarifa_Mesa
Imagen IRREAL. Primero que esos asientos son de clase preferente (en clase turista el espacio es infinitamente más estrecho). Segundo, esa familia ideal no lleva a sus hijos encima, ha pagado por los 4 asientos (cosa que en el AVE que viajamos nosotros, sería como unos casi 300 euros sólo un trayecto JAJAJAJA -me saldría más barato irme un weekend a London). Tercero, como mucho pasa un chico/a con un carrito (sí, sí, te van a venir a servir con una bandeja unos zumitos JAJAJAJA).

Para la ida nos pillamos los asientos de esos que llevan una mesa compartida para cuatro. Fue un error-horror. En frente nos tocaron dos tiarrones alemanes de dos metros con los que, irremediablemente, íbamos haciendo piecitos/rodillitas todo el rato. Incomodísimo es poco. A la vuelta conseguimos asientos en preferente (asientos sin mesa ni historias) y fuimos mil millones de veces mejor. Aunque el pichón iba sentado en mi regazo, podía bajarse e ir de pie jugando a la tablet (apoyándose entre los dos asientos). Por unos euros más, merece la pena. En preferente los asientos son más anchos y hay más espacio para estirar las piernas. Para nada recomiendo la idea de coger asiento con mesa para cuatro.

En este viaje, el pichón se ha estrenado y ha viajado por primera vez en tren de cercanías, en Ave, en metro y en bus. Casi nada. También ha aprendido a comer chicle (no se lo traga, yujuuu!) y a saboreado sus primeras chuches (para mi espanto y horror).

A pesar de haber sido un viaje cortito, ha estado bien para ser la primera incursión en el mundo del turisteo llevando un peque (con pañales y sin carrito). Pero no ha sido la única escapada que hemos hecho… Os cuento el resto en la siguiente entrada 😉