¡Hasta luegui, vacunas!

Cuánto me alegra que hayamos terminado con la racha de vacunas por un tiempo. No sabéis qué contentos estamos en casa sabiendo que hasta dentro de dos años no tocan más pinchazos. Hemos ido rellenando casillas en la cartilla de vacunación religiosamente. Hemos puesto todas y cada una de ellas: de la s.s. y las de pago. Tuvimos más paciencia que el santo Job esperando a las dosis de la varicela, que nos costó más de un año (o fueron dos?) de retraso en tenerlas puestas. Y nos hemos dejado cientos y cientos de euros pagando pinchazos. Pero compensa tener esa sensación de tener el álbum de cromos relleno como debe ser. Y el niño protegido 😉

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El “cromo” más difícil de conseguir es tener las dosis de Bexsero correspondientes. Garcias a los dioses del olimpo, tengo una suegra que mueve cielo y tierra por sus nietos y voilá!, se empeñó en usar sus contactos farmaceúticos hasta que lo consiguió. Una ovación para mi suegra, señorxs. Ahora en serio, la mujer se lo ha currado. Además, la primera dosis fue regalo de cumpleaños para el pichón. Menudo regalazo jjjj.

Aplausos

Os cuento que la primera dosis fuimos a ponérsela y él tan pichi. Sólo se quejó en el momento del pinchazo, porque duele. Ya nos dijo el pediatra que esta vacuna duele y podría incluso tener la zona un poco roja y abultada como efecto secundario (además de lo típico: fiebre, o que estuviese el niño más susceptible). Afortunadamente, no pasó nada de eso. Quizá en la primera hora o así, se quejó un poco de dolor en el hombro. Pero estuvo jugando “a tope de power” para arriba y para abajo. A la noche ni se acordaba. Tampoco se le veía nada de reacción en la piel. No tuvo fiebre, ni estuvo raro. Fue como la seda.

Con la segunda dosis, no sé por qué narices, el momento pinchazo fue un escándalo. El pichón me miraba con los ojos bañados en lágrimas y me decía que NO quería ponerse la vacuna porque le iba a doler. Se oían sus gritos por toda la clínica. Así que tras una estrategia envolvente y un ataque directo por parte del pediatra, la última dosis de Bexsero le fue administrada en un escenario de alaridos, berridos y pataleos. El pichón lo pasó mal, yo lo pase peor. Me entraron sudores. Se me puso un calor interno que me dio dolor de cabeza. Me sentí fatal por no poder hacerle entender la situación. Era imposible hablar con él. Y ojito, que antes de ir le expliqué bien la historia. Me decía que sí, que bien. Estaba conforme. Aunque esta vez no funcionó.
En cuanto a efectos secundarios, nada de nada. Ni fiebre, ni mimosidades. Esta vez sí se le puso el hombro con una rojez, pero es que no me dejó quitarle la tirita que le pusieron hasta pasado un día. El pegamento de la tirita le hizo reacción en la piel.

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Como punto en común en las dos ocasiones, fue curioso que el pichón estaba súper activo. Era como si se hubiese tomado un red bull. Como uno o dos días después del pinchazo ha estado súper-mega-hiper-ultra activo. Quizá sea coincidencia, o quizá sean unos efectos secundarios nunca vistos XD
¿Alguien más ha observado algo similar en sus hijxs tras administrar la dosis de Bexsero?

Con esto y un bizcocho, nuestro álbum de vacunas queda completado hasta nueva orden.

 

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Vacuna de los 3 años

Después de mucho tiempo –desde los 18 meses- sin pasar por el centro de salud para vacunar al pichón, nos tocó volver para la vacuna de los 3 años. Íbamos un poco con la mosca detrás de la oreja porque, como ya os he contado, cuando le llevamos a su pediatra, el niño entra en pánico. Pero, otra vez más, el pichón nos sorprendió gratamente. La verdad es que no le dijimos dónde íbamos ni a qué… No está muy bien, pero preferí no crearle ansiedad desde antes jjj.

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Una vez que llegamos al centro de salud, entramos juntos de la mano, le dimos una vuelta a un patio interior que tiene con plantas –así como explorando el territorio 😉 – y ya nos pusimos en la cola frente a la consulta. Había allí un bebé pequeñito al que se entretenía mirándolo y diciendo cosas tipo “Aaaaay, el bebé”. En poco rato nos llamaron. Entramos. Me indicaron que me sentara con él en el regazo y que le sujetara el brazo en el que iban a pincharle. La enfermera nos advirtió de que esta vacuna, la triple vírica, al entrar escuece y que, probablemente, el niño iba a llorar. Pues nada, el pichón ni se inmutó. Ni mú. Ni un mal gesto. Nada. Allí tan pancho. La enfermera le dio una pegatina por lo bien que lo había hecho y salimos de allí flipando en colores. Al salir, el pichón decía “Adiós” y con la mano y todo jjjj. Im-presionante jajaja.

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Nos dijeron que esta vacuna puede dar como reacción algo de fiebre, o pueden salirle pintitas por el cuerpo. La reacción puede darse a partir del quinto día hasta los quince días aproximadamente. Así que nada, a esperar que siga tan bien. Por el momento no ha tenido nada raruno. Ya han pasado casi diez días y todo va bien. Crucemos los dedos.

La siguiente vacuna será la segunda dosis de la varicela que la dejaremos para pasado el verano. Ah, y la de Bexsero que según dicen empieza a rular de nuevo.

 

¿Qué tal el “momento vacuna” con vuestros pipiolos? Contadme!