Viajeros al tren

En estas vacaciones de verano, hemos viajado con el pichón lo más lejos que nunca ha ido. Exactamente, según google maps, 1.176 kilómetros. Concretamente hemos estado en Barcelona. No nos animamos a ir en avión por el tema de salud de mi amante bandido. Recordad que tuvo que ser intervenido de un ojo (qué mal, qué mal, qué mal) y le recomendaron no viajar en avión hasta que no pasase un tiempo de la cirugía. Aunque el plazo de tiempo estimado ya había pasado, el miedito no se lo quita uno del cuerpo tan fácilmente. Total, que nos fuimos hasta la otra punta del país en tren. Mirando precios, nos salía igual ir en avión que en AVE. La única diferencia es que en avión se tarda menos. Pero claro, súmale que hay que estar antes en el aeropuerto, que tendríamos que facturar, al menos, una maleta, luego tienes que pillar la maleta (y cruzar dedos para que no la hayan extraviado), desplazarte del aeropuerto al hotel… En fin, que lo mismo me da, que me da lo mismo.

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Como viajamos antes de que el pichón cumpliese los 4 años, no pagó billete. La pega es que tenía que viajar sentado con uno de los que viajan con billete. Así que para compensar, cogimos asientos en preferente que son más anchos y se va más espacioso. En total fueron 5 horas y media de trayecto (tanto a la ida, como a la vuelta). Al padre de la criatura se le hizo corto el viaje XD. A mí un poco más pesado por tener que estar compartiendo asiento con el niño casi todo el tiempo. Pero tampoco fue un horror. El pichón iba bastante entretenido con todo. Además nos ofrecieron bebidas, nos dieron merienda, prensa, luego más bebidas. Casi nos pasamos las horas comiendo y bebiendo, algún que otro paseo al baño, y mirando por la ventanilla. En cada trayecto pasan dos pelis, pero no vimos ninguna.

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Nos alojamos en un hotel junto a la torre Agbar, y teníamos unas vistas muy chulas a la torre. Teníamos cerca metro, tram, un centro comercial y, lo más importante, el Museu del Disseny que era el sitio al que queríamos ir.

Compramos anticipadamente entradas para ver la exposición David Bowie Is. Aquí mi amante bandido es fan incondicional de Bowie. A mí me gusta, pero tampoco me apasiona al mismo nivel. Teníamos un pelín de “angustia vital” por si luego estaba petado o no había entradas. Pero nada que ver. Estaba todo muy tranquilo y yo creo que habría entradas. Nada que ver con las aglomeraciones del año pasado para ver al expo del Bosco.

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La expo era bastante apañada. Yo iba con el pichón a nuestro (su) ritmo y a mi marido le dejamos ir tranquilamente para que disfrutara y se empapara bien. Había objetos personales, mucha de su ropa (diosmío estaba hiperdelgado ese hombre –más de lo que puedas pensar, en serio-), partituras, música a tope… Durante todo el recorrido de la expo, tienes que llevar unos auriculares puestos y te van explicando todo conforme te vas moviendo de un lado a otro. Al pichón le duraron un rato jjjj. Y nada, ahí estuvimos bailando a nuestro son, luego mirando la tienda, explorando el resto del museo… mientras terminaba el papi. El museo era muy grande y tenía otras exposiciones a las que podías acceder libremente. Pichón y yo subimos y bajamos, miramos unas maquetas, una sala donde te dejaban pintar y después estuvimos tomando algo en el bar. Nos reunimos con mi amante bandido satisfecho con la visita, miramos la tienda –algo cayó- y tan felices.

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Otra de nuestras visitas fue al parque Güell. Menuda odisea. Por si no lo sabéis, para acceder a la zona monumental, hay que comprar entrada (con horario además). Nosotros las habíamos comprado con mucha antelación, y menos mal, porque cuando llegamos estaban agotadísimas. El lugar tiene un aforo limitado de personas y no dejan pasar más de 400 por hora (creo recordar). Menuda pechá de sudar nos pegamos, y eso que subimos en las escaleras mecánicas. Horror. Puro horror. Primero que para llegar a la zona fuimos en metro. Horror. Fatal. Muerte y destrucción. Y luego esos tramos de cuestas del demonio que el pichón, lleno de energía y alegría, se empeñaba en subir a toda prisa. Incluso tuvimos un pequeño momento drama cuando se negó a subir las escaleras mecánicas porque quería ir andando por esas pendientes. Menos mal que entró en razón. Ufffff…

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Al llegar estábamos sin aliento, sudando como pollos porque si llegábamos tarde, no nos valían las entradas. Merodeamos por la zona. Mucho turista. Mucho palo selfie por todos lados. Fue algo agobiante. No se podían hacer fotos sin que salieran mil-millones de personas por todas partes. A lo único que se podía hacer fotos “limpias” de gente era al techo XD. No estuvimos mucho tiempo por el agobio del gentío. Mucha, demasiada, gente. Mucho calor. Me entró dolor de cabeza. Acabamos tan reventados que para volver al hotel pillamos un taxi. Si hubiese tenido que volver en metro, me muero de un soponcio. Fijo. Años atrás estuve allí y no lo recuerdo tan petado.

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También estuvimos en el zoo. No os imagináis las ganas que tenía el pichón de ir. Estaba con el son de Copito de Nieve (que ya le explicamos que no estaba porque murió de mayor). Sabía que no lo vería, pero le hizo ilusión ver que estaba por allí dibujado en un mural y en fotos. El zoo es muuuuy grande. Así que llegamos por la mañana y salimos de allí por la tarde. Menuda paliza. Había para alquilar cochecitos para desplazarse pero costaban un riñón por hora. Carísimo! Así que pateando para arriba y para abajo. Me bajé la aplicación del zoo donde te explican cada animal y puedes ir viéndolo en el mapa con gps (va marcando por dónde caminas). Hay zonas que podrían tener otro tipo de instalaciones menos deprimentes –aunque un zoo no deja de tener un toque triste-.

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La mejor visita para el pichón fue la que hicimos al Museu Blau. El edificio ya nos dejó con la boca abierta. El interior igual o más. Es un museo de ciencias que, como guinda, tiene una exposición temporal del Spinosaurus. Es un lugar totalmente recomendable para ir con niños. Una maravilla de sitio. Dentro te van explicando por salas, desde la creación del universo (ese big bang que tanto interesa a mi pichón), los planetas, la tierra, la evolución de las especies… hasta vitrinas con variadísimos minerales, meteoritos, fósiles, animales disecados, mesas interactivas sobre temas variados (desde el funcionamiento de una célula, hasta la reproducción de las plantas o el sistema nervioso).

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La expo del Spinosaurus es una pasada. Chulísima. Con reproducciones de dinosaurios muy logradas a tamaño real, fósiles, explicaciones sobre cómo encontraron al espinosuario (excavaciones, materiales para investigar, fotos, vídeos…). Una pasada, de verdad.
Al final hay una tienda con libros fantásticos, animales de peluche, figuritas de animales, juegos científicos… Tentaciones everywhere.

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Luego estuvimos paseando por la zona que es como muy “futurista”, llena de rascacielos, edificios modernos, calles amplias y un centro comercial bestial de grande.

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Como colofón, nos aventuramos a ir a las Ramblas y en metro. Valientes es poco. El camino hasta llegar fue el mismo infierno. Nunca lo he pasado tan mal yendo en metro. O no lo recordaba. Más de 40º C hacía allí abajo, seguro. No se podía ni respirar. Más de una vez me tuve que concentrar en respirar sin agobiarme para que no me diera un chungo. Una vez llegamos, aquello fue imposible. Diossssanto, no se podía caminar de la gente que había. Al mercado de la Boquería, que le tenía muchas ganas, no pudimos más que asomarnos. Decidimos que por el bien del pichón y nuestra salud, no íbamos a entrar. Nos fuimos hasta el puerto y allí vimos un poco la zona, nos tomamos la merienda y vuelta al hotel. Esta vez en taxi porque lo del metro es inhumano.

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Mi pichón estaba encantado con su casa nueva de Barcelona (el hotel, entiéndase). Ya hablaba de nuestra casa como “la vieja” XD. Ojalá tuviéramos aquella habitación de hotel en posesión jajaja. Estuvo muy emocionado los días que estuvimos por allí. Si es que hasta madrugaba el tío. A las 7.30/8 de la mañana se despertaba pidiendo que subiera las persianas, preguntando que dónde íbamos, que si en metro o andando, que qué íbamos a hacer o dónde íbamos a comer. Encantado de salir de la rutina de la casa vieja estaba. Feliz como una perdiz y sus padres ojerosos, sacando fuerzas de no sé dónde jajaja.

 

Y vosotrxs, ¿habéis hecho alguna escapada o viaje este verano? ¿Tenéis cerca sitios chulos a los que se pueda ir con niños? Acepto sugerencias para futuros viajes, que conste.

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Segunda escapada

Como el viaje a Madrid nos supo a poco y se nos pasaron los días volando, allá que nos decidimos a irnos a Granada unos días. Esta vez, como tampoco nos pilla demasiado lejos, fuimos en nuestro coche. Eso de no tener que estar en una estación a una hora determinada (o se va el tren) quita mucho estrés. El trayecto fue como la seda, más que nada porque al poco de ponernos en marcha, el pichón tuvo a bien dormirse como un tronco. El meneo del coche en marcha le da sueño. Por suerte se despertó cuando estábamos ya entrando en la ciudad. Así que perfecto.

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Llegamos al hotel, deshicimos las maletas y almorzamos. Después pasamos a darnos un bañito en la piscina del hotel. Al pichón no le acabó de convencer mucho –la verdad es que aunque hacía un calor de mil demonios, el agua estaba fresquita-. Nos dimos un remojón y merendamos tranquilamente. Después duchita y a patear la ciudad.

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Cogimos un bus hasta el centro y paseamos por la zona de la catedral, pasamos a ver una galería de arte muy chula, vimos tiendas, llegamos al paseo de los tristes… De camino nos topamos con un museo con una exposición peculiar y entramos a verlo. Era el Palacio de los Olvidados y contaba con una colección muy curiosa sobre la inquisición y el mundo sefardí. El edificio era una pasada –creo que fue lo que más me gustó jijiji-. La visita fue entretenida y en la última planta había unas vistas a la Alhambra muy bonitas. De ahí, volvimos paseando hacia el centro y cenamos por el camino.

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Al día siguiente nos fuimos al parque de las ciencias que lo teníamos a dos calles del hotel. Lo pasamos genial. Estuvimos toooodo el día allí metidos. Llegamos sobre las 11 de la mañana y cuando nos dimos cuenta, estaban anunciando por megafonía que iban a cerrar. Poco más y nos tienen que echar de allí con un palo jajaja.

El parque tiene varias zonas y exposiciones. Todas chulísimas.

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La novedad es el BioDomo, que es un espacio donde tienen diferentes especies en (semi)libertad –no dejan de estar encerradas-. Hay un acuario enorme con tiburones, estrellas de mar, peces de colores, morenas, rayas… Después está el espacio en plan “selva/jungla” con pájaros exóticos sueltos, varanos, perezosos, walabíes… Hay mesas con libros y cajas con objetos (conchas, insectos “disecados” (van dentro de un acetato), moldes con huellas de animales… ) para que veas/toques/aprendas.

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Hay una zona sobre el cuerpo humano, animales… con una exposición temporal arriba de moldes anatómicos de cera.

Hay otra zona sobre prevención de riesgos con un simulador de terremotos, otro de un avión, puedes ver cómo son las lanchas salvavidas, te explican cómo actuar en caso de emergencia o accidentes. Muy interesante, la verdad.

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Hay una exposición temporal sobre Frato (Francesco Tonucci) y la educación de los niños.
En esta parte pasamos muuuucho rato porque había zonas de juego para los niños. Una con materiales de madera (en plan tipo Montessori) y otra de taller de manualidades (con muchos materiales para poder usar allí mismo).

También hacen una exhibición de aves rapaces donde explican cosas sobre ellas (cómo diferenciarlas, sus hábitats, dietas…).

Hay un pabellón con animales disecados. Puedes ver desde cabras hasta leones. Te explican el proceso de la taxidermia.

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Subimos a la torre de observación que tenía unas vistas espectaculares. Pero, para ser sincera, me dio tooodo el vértigo del mundo. No me hizo mucho tilín jijiji.

Lo único que nos faltó por ver fue el planetario porque cuando llegamos a esa parte, ya estaban avisando de que iban a cerrar. Ah, bueno y tampoco entramos al mariposario, ni nos paramos mucho en las zonas de juego al aire libre (hasta había un ajedrez gigante). Pero es que rozando los 40 grados, con un sol de justicia, lo que apetecía era estar fresquito dentro de algún edificio.

En resumen, que pasamos un día muy entretenido y de lo más ocupado. Una experiencia muy recomendable para todos. Si viviera por allí, sería uno de los sitios a los que llevaría mucho al pichón. Así podríamos ver todo con más detalle 😉

Llegamos al hotel justo para una duchita, la cena y a dormir tempranito. El niño (y nosotros también jjj) estaba cansadísimo, y más sin siesta y con tanto estímulo.

Al día siguiente ya nos marchamos de vuelta a casa.
Nos hubiese gustado podido haber visto la Alhambra con el pichón, y más en las visitas nocturnas tan chulas que hay (mi amante bandido y yo ya la hicimos hace tiempo), pero con tan poco tiempo de antelación, los precios se disparan (sobre todo porque ya son entradas que venden empresas de viajes o excursiones organizadas). Lo dejaremos para otra ocasión.

En fin, que fue un viaje cortito pero intenso. A veces, no hace falta irse muy lejos para disfrutar de lugares bonitos e interesantes.

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Ahora suspiro por otra escapada jijiji. No se lo digáis a nadie, ya he estado mirando en qué fecha caen la semana blanca, la semana santa, el día de todos los santos, las fechas de navidad, el puente de mayo XD. Soñar es gratis.

Y vosotrxs, a dónde habéis escapado este verano o a dónde os gustaría ir para la próxima ocasión?

 

 

Volver

Con las maletas medio deshechas y con pocas ganas de poner lavadoras, vuelvo a retomar el blog. Este (casi) mes sin estar tan conectada me ha venido bien. Aunque es cierto que he ido curioseando, de higos a brevas, los blogs que sigo, no me he parado a comentar ni a contestar comentarios. Ha sido una desconexión total y absoluta. Con deciros que ha habido rachas de días y días sin abrir el ordenador…

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Bueno, al lío. Como os dije, este agosto nos lanzamos a nuestro primer viaje en familia. Hoy os cuento nuestra escapada.

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Ni más ni menos nos fuimos a Madrid, ahí al calor infernal –que luego resultó que hasta teníamos frío jajaja-. El tiempo no fue tan horrible, hasta nos llovió el día que llegamos y nos refrescó lo suyo. Para los días que estuvimos, que no fueron muchos, nos cundió el tiempo. El pichón estuvo fantástico y llevó un buen ritmo –para los trotes que le dimos-.

Lo feliz que estaba yo teniendo una boca de metro a unos pasos de la puerta del hotel y resultó que justo esa línea no está operativa por obras. Un chasco. Pero tiramos de bus en una ocasión y de mucho andar. El día de llegada, después de descansar un ratito en el hotel, nos pateamos buena parte del parque del Retiro.

Al día siguiente disfrutamos –mi marido el que más- de la expo del Prado del Bosco. Yo iba con el pichón a un ritmo más rápido –que no se puede estar una contemplando un cuadro media hora con un niño de tres años al lado-. Mi truquillo para enganchar al peque era pedirle que buscara cosas en el cuadro (que si dónde hay un perrito, mira el bebé con su mamá, de qué color es el traje de tal personaje, qué hay en el cielo… Cosas del estilo). Después, en la tienda, estuvimos otro buen rato mirando cositas. Todo chulísimo. Le compramos una camiseta muy chula al niño, libros, chuminadas varias…

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Antes de entrar en la exposición del Bosco
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Museo Ciencias Naturales

Un día después fuimos en bus hasta el museo de ciencias naturales. Allí nos pasamos prácticamente toda la mañana. Son dos edificios: uno de animales (disecados) y otro de dinosaurios y la evolución. ¡Cómo voló el tiempo allí!
La parte de los dinos es lo que más le gustó al pichón. Hasta se sentó muy atento a ver una especie de peli/corto sobre los meteoritos (se la vio enterita sin pestañear -a mí, lo admito, se me escapaban los bostezos de cansancio-). En la tienda, que era pequeña pero matona, tenían muñecos de animales (de Schleich, Papo, Collecta…) y compramos algunos (bastante peculiares) para ampliar nuestra colección.

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Salimos del museo casi a las 3 de la tarde y dándole al pichón una bolsita de cereales eco para matar el gusanillo (muertitos de hambre íbamos). Menos mal que siempre llevo algo de picar en el súper bolso.

Buscamos la boca de metro para llegar hasta Sol (gracias por las indicaciones de Una mamá arquitecta). Por allí fuimos a comer a un sitio estupendo que tengo que recomendar sí o sí. Se llama Serafina (lo vi reseñado en la web de Mammaproof). Está junto a la plaza de Sol y se come de maravilla. Tenían un menú riquísimo a buen precio. Había espacio amplio donde pueden estar bien cómodos los niños (que a pesar de ir de un sofá a otro, no nos llamaron la atención). Tranquilo y bonito. Os lo recomiendo 100%.

Cuando salimos de allí, ya casi a las 5 de la tarde, andorreamos hasta la plaza Mayor y después marchamos dando un paseíto hasta el museo Thyssen. A todo esto, el pichón que no tiene sillita de paseo, iba andando tan pichi. Sólo le llevé en brazos un ratito, porque se tropezó y se cayó (se puso mimoso). El resto todo a patita. Entramos a ver la expo de Caravaggio y ahí, ya sí, el pichón, se nos caía de sueño. Su papá, le llevó en brazos y se durmió todo el rato que estuvimos viendo la expo. Mi amante bandido se iba sentando en los bancos (esta vez fui yo la que se deleitó en el museo jijiji). Al salir, ya le fuimos despertando poco a poco –y él tan feliz-. Pasamos un ratito majo en la tienda del museo. La sección de niños nos ayudó bastante.

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Era como estar en una biblioteca molona, con libros chulísimos. Nos leímos unos cuantos y salimos de allí -comprando cositas previamente- directos a comer. Ya viendo la hora, nos marcamos una merienda-cena en un vips cercano. De ahí, fuimos al hotel andando (que estaba junto a la estación de Atocha). Fue un día completito.

Y ya al día siguiente nos volvimos a casa.

El hotel estuvo bien. Nos consiguieron una cama King size –meeenos mal-. En principio teníamos una habitación con tres camas individuales, pero pedimos que nos cambiaran. El cambio fue estupendo. Dormimos bastante bien –aunque, como siempre, tuve mis desvelos habituales-.

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La pena fue que en esos días no pude quedar con Una mamá arquitecta y su emperatriz. Intentamos cuadrarnos, pero teníamos poco tiempo y mucho que ver. A ver si a la próxima podemos conocernos in person.

Sobre el trayecto en Ave, decir que me parece MUY injusto que digan que los niños menores de 4 años viajan gratis. NO, de eso nada. La verdad es que tienen que viajar sentados encima de uno de los adultos con los que van. Eso o pagas por un asiento para él. Llevar a un niño de casi 16 kilos encima durante casi tres horas en un espacio muy reducido NO mola nada. Cansa. Es incómodo y te acaban doliendo hasta las pestañas. En vez de decir que los menores de 4 años viajan gratis, lo que tenían que hacer es “indemnizar” al adulto que va a cargar con el niño encima y abaratar su asiento –porque es una tortura viajar así-.

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Imagen IRREAL. Primero que esos asientos son de clase preferente (en clase turista el espacio es infinitamente más estrecho). Segundo, esa familia ideal no lleva a sus hijos encima, ha pagado por los 4 asientos (cosa que en el AVE que viajamos nosotros, sería como unos casi 300 euros sólo un trayecto JAJAJAJA -me saldría más barato irme un weekend a London). Tercero, como mucho pasa un chico/a con un carrito (sí, sí, te van a venir a servir con una bandeja unos zumitos JAJAJAJA).

Para la ida nos pillamos los asientos de esos que llevan una mesa compartida para cuatro. Fue un error-horror. En frente nos tocaron dos tiarrones alemanes de dos metros con los que, irremediablemente, íbamos haciendo piecitos/rodillitas todo el rato. Incomodísimo es poco. A la vuelta conseguimos asientos en preferente (asientos sin mesa ni historias) y fuimos mil millones de veces mejor. Aunque el pichón iba sentado en mi regazo, podía bajarse e ir de pie jugando a la tablet (apoyándose entre los dos asientos). Por unos euros más, merece la pena. En preferente los asientos son más anchos y hay más espacio para estirar las piernas. Para nada recomiendo la idea de coger asiento con mesa para cuatro.

En este viaje, el pichón se ha estrenado y ha viajado por primera vez en tren de cercanías, en Ave, en metro y en bus. Casi nada. También ha aprendido a comer chicle (no se lo traga, yujuuu!) y a saboreado sus primeras chuches (para mi espanto y horror).

A pesar de haber sido un viaje cortito, ha estado bien para ser la primera incursión en el mundo del turisteo llevando un peque (con pañales y sin carrito). Pero no ha sido la única escapada que hemos hecho… Os cuento el resto en la siguiente entrada 😉

Nuestras NO-Vacaciones

Por los blogs en que me muevo veo que muchas contáis vuestras vacaciones. Entiéndase por vacaciones salir de casa unos días. En ese sentido de la palabra, lo nuestro han sido unas no-vacaciones.

Me gusta leer cómo os lo habéis pasado, qué habéis hecho y cómo ha sido la experiencia de viajar con peques.

Viajar con el pichón aún me da mucho “respeto”. Me da cosita que se angustie en el coche si estamos mucho tiempo en carretera. Suele aguantar como 30/40 Km. (media hora, 40 min.) y se pone a revolverse en la silla. Se cansa. Normal, si yo también me canso.

Otro motivo por el que no nos decidimos a salir de casa unos días es por “descuadrar” mucho los horarios del niño. En este aspecto, lo admito, soy un poco Rottenmeier. Lo sé. Toda cuadriculada. El papá es mil veces más flexible (me pregunto si será porque él no le duerme ya nunca y la que se encarga de eso es una servidora… mejor dicho, mi pecho jjj).

20140111-004658De por sí, pichón es un niño trasnochador. Lo que me faltaba era que lleguen las mil y monas y que no quiera dormir. Normalmente se duerme sobre las 12 de la noche. Imaginad si le da por cambiarle un pelín la siesta…. La noche es un festival: él a tope y mis ojeras también. Ha habido días en que ha variado la siesta y nos han dado la 1 y pico de la mañana. Lo “divertido” es que a las 8.30/9 está en pie. Y una, que es así de sensible también, cual princesa y el guisante, se resiente por no dormir. Tened en cuenta que aún hace un par de tomas durante la noche (eso en noches “guay”), lo que implica que yo me despierto. Duermo tramos de 2/3 horas alternados con tramos de desvelo y posturas imposibles (brazo arriba, espalda ladeada…) mientras el pichón mama (pueden ser 5 minutos, o puede ser hasta una hora). Así que irme de vacaciones y dormir en ese plan, no lo veo. Eso contando con que el niño no se extrañe de dormir en otra cama/sitio. Ah, y siendo exigente querría una cama King size porque ya puestos, quiero/queremos estar cómoda/os, jiji.

Si fuese menos cuadriculada, sensible y exigente… Si fuese más relajada, tranquila e improvisada, quizá sí hubiésemos viajado. Porque no hay nada malo en ello y porque se puede viajar con niños. Es sólo que no siento que ha llegado el momento.

Otro punto, menos preocupante, es la comida. Nos hemos pegado un verano en el que el pichón ha estado tiquismiquis a la hora de comer. Por suerte, ha vuelto a su ser (¿sería por el calor?). No imagino estar 4 ó 5 días con rabietas históricas con cada plato que pusiese en la mesa. Porque en casa lo sobrellevas con paciencia, pero si estás por ahí y comes fuera, ya te pones de los nervios (la gente te mira mal, te da cosa entrar a algunos sitios, miras y remiras menús sabiendo que con este va a gritar más o menos…). 4 rabietas (desayuno, almuerzo, merienda y cena) diarias se sobrellevan mejor en casa que fuera, creedme.

Bueno, me centro. A lo que iba: por todo esto, y por pereza general, al final no hemos salido de vacaciones a ningún sitio. Peeero hay otras alternativas. Hemos estado intentando ver cosas nuevas con el pichón. Vivimos en la costa, en plena zona turística, por lo que hay algunas opciones interesantes.

Hemos ido a un zoo que tenemos relativamente cerca y nos hemos hecho un pase anual para ir cualquier día. Los días en que no sabíamos qué hacer, nos hemos ido al zoo a pasar la tarde. Pichón disfruta corriendo de un lado a otro y señalando animales.

tigre-sumatraHemos visitado parques molones que nos pillan un poco a trasmano pero que son enormes. En comparación con los que tenemos por el barrio, es como ir al Central Park. También tienen animales, zona de juegos, lagos, fuentes grandes, miradores, estanques… Papá se llevaba la pelota y a jugar se ha dicho.

parque-paloma-vista-aereaAh! Y pichón se ha montado por primera vez en un carrusel. Lo gracioso es que a él no le mola montarse en un caballito. Él siempre, sieeempre elige montarse en una jirafa de la fila interior que ni sube ni baja. Cualquiera le convence de montarse en otra cosa. Lo tiene claro y se sujeta bien a su querida jirafa.

JIrafaHemos ido a un delfinario. Era pequeñito y hacía calor de morirse, pero en la zona de los pingüinos se estaba fresquito, jijiji. También fuimos a un parque-acuario con muchos peces, medusas, cangrejos, estrellas de mar… Pichón quería tocarlos todos y se conformaba con darle toquecitos a los cristales.

sea-life-1Hemos ido a museos. Esto me ha hecho especial ilusión porque me encaaaanta la pintura y poder ver a mi pichón mirando un Chagall, qué queréis que os diga, a mí me emociona. Fue su primera vez en una pinacoteca y se portó de diez. Había una zona para niños, en plan interactiva, pero no le dejaron jugar porque había piezas metálicas. Ahí se enfadó y lloró bastante. El disgusto se le pasó en la tienda, jjjj. Se lo quería llevar todo, igual que sus padres ;P

ChagallTambién fuimos a un museo arqueológico donde nos hizo gracia ver figurillas precolombinas de mujeres dando el pecho y porteando a sus bebés. Pichón las señalaba y las miraba con curiosidad, jiji.

Museo_ArqueoEstuvimos en una exposición en un museo pequeñito de un pueblo de aquí al lado. Exhibían cosas (muebles, objetos, libros…) de los años ochenta. Era pequeño pero estuvo bien recordar y ver cosas del año de la polca.

Hemos estado yendo de paseo a pueblitos cercanos. En un par de ellos nos encontramos mercadillos “medievales”. Había muchas cosas chulas y comida buena. En uno nos compramos un pedazo de queso gigante que nos ha durado menos y nada. Pichón se lo iba comiendo a bocados por la calle. Somos muy ratones en esta casa. En otro pueblito hubo una fiesta que consiste en que por la noche apagan las luces del alumbrado público y llenan las calles de velas. Van repartiendo velas (encendidas) para que tú mismo vayas encendiendo las que te vas encontrando por las aceras. Pichón iba con su vela, pero en vez de encender las del suelo, las iba apagando jajajaja.

luna-mora1Viviendo en la costa, sí, hemos ido a la playa. Muy poco, pero hemos ido. La tenemos aquí todo el año y cuando menos nos gusta es en verano. Está saturada y no nos hace gracia estar rodeados muy de cerca. Ni que decir tiene que elegimos días entre semana y horas “tontas” para ir. Como por ejemplo un lunes a las 7 de la tarde, en vez de ir un domingo a las 5. EnLaPlaya2Una recomendación genial es ir a la playa de noche. Es, a mi parecer, cuando mejor se está. Hay poquísima gente (haberla, hayla), la arena no quema, hay sitio de sobra, si quieres ir al agua nadie te salpica, no hace calor de la muerte, el cielo es una maravilla… Hemos ido así como a final de la tarde y después a cenar al chiringuito viendo la puesta de sol. Otra vez fuimos una noche que había una súper luna llena y el espectáculo de colores al anochecer no tenía precio.

PlayaAtardecerTambién hemos hecho de anfitriones para unos amigos que vinieron de fuera de España. Tienen un peque de la misma edad que el pichón (se llevan días). Nos conocimos por internet, en un foro. Ha estado bien la experiencia de conocernos “in person”. Porque, conocernos, casi nos conocemos “de toda la vida”. Y es que nos “encontramos” cuando estábamos embarazadas. Fuimos de ruta de parques y sitios chulos. Nos asomamos a una estupa budista que hay por la zona, paseamos por pueblecitos, fuimos a la playa (de noche), cenamos en sitios un tanto “exóticos”. A nuestros niños les pirran los fideos chinos jajajaa. Es genial estar con mamás con las que conectas y que tengan peques de la edad del tuyo. La pena es cuando se van… Ainsss…

stupa-bEn estos meses de verano también hemos ido con nuestros sobrinos por ahí. Hemos ido al zoo, de parque, a cenar… Como les vemos poquito, hay que aprovechar que tienen ellos sus vacaciones. He estado rodeada de chicos, jiji. Todo son niños. Curiosamente, en nuestras familias, las “nuevas generaciones”, todos son niños.

batteryPara no haber salido fuera, no hemos parado :). Parece que si no te vas, no estás de vacaciones. En vez de gastarnos el dinero en viajar, lo hemos invertido en cenas, comidas, atracciones, parques temáticos… No ha estado nada mal. Aunque cuando veo aviones por el cielo, me dan ganas de subirme a uno, jijiji. Ya llegará el momento. Mientras a disfrutar de lo que tenemos cerca. Parece que no, pero sí que hay muchas cosas bonitas que hacer y ver en nuestro entorno.