El arte de regalar

En estas pasadas fechas navideñas he alucinado con la cantidad de juguetes que han recibido los hijos de amigos/conocidos. Veía mi muro de Facebook y de Instagram con fotos de casas repletas hasta los topes de cacharros, juguetes, inventos varios…

Pile de paquets cadeaux colorésMi duda es si realmente los niños piden tantas cosas. En mi casa mi hijo no ha pedido nada. Y no es porque no vea la tele porque sí la ve y entre dibujo y dibujo se ha estado tragando el chorro de anuncios de juguetes de turno. Cuando ve algo que le gusta o le llama la atención lo señala y sonríe o exclama “mamá” para que mire y vea lo que le gusta. Pero no llega el punto en que pida nada en especial.

Veo que algunos papás comentan que sus hijos han pedido tal o cual juguete, que les han escrito en la carta a los reyes que traigan tal o cual cosa… y me llama la atención. En mi caso, sé lo que le gusta a mi pichón y me atrevo a aconsejar a las abuelas/tíos para que, si le quieren regalar, sea esto o lo otro (en función de los gustos de mi hijo). Pero nada ostentoso ni obsceno (en el sentido de que sea demasiado).

Os expliqué que nosotros no somos ni de papá Noel ni de reyes magos y que no queremos inculcarle creencias al niño. Pero eso no quita que la familia le haga regalos, o que nosotros le regalemos alguna cosa, o que pusiéramos un arbolito de navidad, o que nos hayamos puesto las botas con el roscón.

Los regalos que ha recibido en casa han sido libros. Estos han sido:

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Por parte de la familia le han regalado libros, un teclado de juguete, un Mr Potato, la famosa pizarra de Ikea, unos sets de utensilios de cocina de madera (tostadora y cafetera), una libreta graaaaande y unos colores. También algo de dinero para que le compremos lo que veamos. Seguramente será invertido en ropa porque los niños crecen por días.

CMYK básico

Bastante nos taladran la cabeza con “compra esto o aquello”. Así que dentro de todo, creo que hemos estado “recatados”.

Como veis somos muy de libros. Tenemos las estanterías a tope. Yo tenía la remota esperanza de que nos tocara la lotería para poder tener toooodos los libros bien colocaditos en una casa nueva jajaja… pero no, otro año más “mi gozo en un pozo”.

Me parece que lo mejor son regalos prácticos, que el niño les saque partido, que se entretenga con ellos y si, de paso, aprende algo, mejor que mejor. Veo tantísimos cacharros en las jugueterías y a precios desorbitados que me quedo con la boca abierta. ¿Cómo puede costar una casita ridícula-de tamaño- de Peppa Pig 40/50 euros? Y después, seguramente, será un trasto más al que no hace ni caso que irá dando tumbos por la casa.

Puede que ahora, el pichón por ser pequeño, y no estar muy al loro de la situación, se comporte de forma poco “compulsiva-pedigüeña”. Lo mismo, el año que viene quiere todo lo que ve y cambian las tornas. A saber. Espero que no, la verdad ;P

Y en vuestras casas, ¿han sido generosos, cortitos o se han pasado tres pueblos?