Off the record

Aquí os muestro la verdad-verdadera del tiempo que me lleva preparar una entrada. Desde que el pichón dijo adiós a las siestas, mi actividad blogueril ha mermado drásticamente porque no sé de dónde sacar más tiempo.
¿Recordáis el post de hace una semana? Os dejo el ejemplo del tiempo que me llevó desde escribirlo, hasta dejarlo programado.

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Destripando la entrada “Desencuentros y desemblosos”.

Domingo, 11:09 a.m. – Comienzo a escribir. Desayunamos hace largo rato. Ya tengo la casa arregladita y la comida medio planteada. He corrido como las locas para poder dedicar parte de la mañana a esto. El  pichón juega tranquilamente con Play-doh y sus dinosaurios.

Esta semana fuimos con el pichón a una revisión rutinaria con su pediatra.

11:10 a.m. – Paro porque el pichón quiere que le ayude a hacer “amóndiga-naaaande” con Play-doh para su T-rex. Hago bolitas de plasti simulando ser albóndigas que va metiendo en la boca del muñeco. Jugamos.
11:27 a.m. – A ver si puedo seguir.

La última vez que fuimos, nos dijo que pasáramos en primavera para ver cómo iba todo. Un control normal que consiste en medir, pesar y si hay dudas, preguntar y listo.

Así que puedo afirmar que odia a su pediatra.

11:49 a.m. – Ahora el pichón quiere que le abra otro bote de Play-doh, de otro color. Así que me pongo, de nuevo a cocinar plasti.
12:o3 p.m. – Prosigo.

Decidimos que si esta vez volvía a montar en cólera, cambiaríamos de pediatra, a otra clínica, por probar si es posible que le revisen sin gritos, sin llantos y en paz.

Aquí, en Andalucía, si no me he enterado mal, la vacuna de la varicela se ha vuelto a incluir en el calendario vacunal.

12:15 p.m.- Enfado a la vista. El dinosaurio sale volando. Ains…
12:25 p.m. – Bache superado. Vuelvo.

Pero es para niños nacidos a partir del 1 de enero de 2015. A los niños nacidos en 2013 y 2014, que les den candela. Quien quiera y pueda, que la pague de su bolsillo. Dos dosis a 45 euros cada una. Vaya broma.

En fin, este tema me toca muy-mucho la moral. Las vacunas para niños deberían ser TODAS por la S.S., y chimpón.

12:43 p.m. – La lavadora ha terminado. Paro a tender la ropa. Después empezamos a preparar el almuerzo. Imposible seguir durante la mañana.
16.55 p.m. – Se me hizo imposible poder seguir hasta ahora. Aprovecho que el pichón está merendando.

Respecto al tema del cambio de pediatra, esperaremos a que le ponga la segunda dosis de la varicela (lo que incluye otra revisión más: la de los 3 años –Horror-) y buscamos otro pediatra. Por el momento ya tenemos la vista echada a una pediatra de la que nos han dado buenas referencias.

Y vosotrxs, ¿estáis/están vuestrxs hijos contentos con vuestros pediatras? ¿Qué opinión tenéis sobre el tema de las vacunas?

17:12 p.m. – Termino de escribir. Dejo el texto en stand by.
11:17 p.m. – El pichón está dormido desde hace rato. Voy a buscar imágenes para el post. Es muy tarde. He encontrado un par de imágenes que pueden ir bien. Ninguna genialidad, ya veis. Me arrastro a la cama a dormir.

Día siguiente.
11:25  a.m. – Casa arreglada. Pichón jugando. Escapo a sentarme por el suelo -mientras se carga el portatil, que no me llega el cable hasta el sofá-. Programo, al fin, la entrada, con sus fotos correspondientes. Aleluya, hermanxs. A seguir con las cosas del día a día.

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Sí, un día entero, 24 horas, para una entrada corriente y moliente. Y eso que el experimento lo he hecho en un día bueno, en el que he podido hacerlo “del tirón”. Otras veces se me queda la entrada colgando de un día a otro y otro…
Seguro que a más de uno os pasa.

 

Sexismo

El título de la entrada deja claro de lo que voy a hablar. No hace falta ser un lumbreras para darse cuenta de que, en general, casi todos los productos que nos intentan vender en publicidad son sexistas a tope.

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Una cadena de supermercados, hace poco, anunciaba ofertones para ellas (detergente) y para ellos (pizzas congeladas). A casa me llegan folletos de ropa de cierta marca que vende por internet donde me ofrecen códigos especiales con los que conseguir regalos (cocinitas para ellas, mochilas de Minion para ellos… de ese estilo). Esto es un suma y sigue.

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Si vas a cualquier tienda de juguete, más de lo mismo. Hay claramente pasillos “para niñas” y pasillos “para niños”. El packaging nos da pistas… Niñas que planchan hacendosas, niños que pilotan aviones de guerra…

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En las tiendas de ropa igual. Para niñas colores rosas, estampados florares, princesas y adornos brillantes everywhere. Para niños colores fuertes, estampados “dolor de cabeza” (chillones cuadros escoceses con suerte), mensajes tontos y agresivos…

Os contaré, como anécdota, que no hace mucho, vimos en una tienda a una niña que quería un libro. Su madre estimó que era un libro “de niños” y le instó a dejarlo en su sitio porque tenía que llevarse un libro de princesas o ponis. Eso lo he visto en vivo y en directo y se me han caído los palos del sombrajo. Ojiplática.

Hace unos días, mirando una tienda de juguetes, al pichón se le metió entre ceja y ceja que quería llevarse un carrito de la compra de juguete. Lo agarró y no lo soltaba. Total, que como le vimos tan emocionado, se lo compramos. Siempre que salimos a la calle se lleva algún juguete (un coche, un dinosaurio, un animal…). Pues ahora sale con el carro de la compra XD. Además con toda su compra dentro. Completito. Lleva de paseo a su cartón de leche, su zanahoria, su racimito de uvas…

00108346498606____2__640x640La cosa es que al ir con su carrito, la gente le confunde automáticamente con una niña. Escucho frasecitas del tipo “mira que maja la nena”. Yo me callo porque paso de explicarle nada a un desconocido. Pero me toca las narices. Mucho.
¿Qué pasa, que un niño no puede llevar un carrito? No es la primera vez que nos pasa algo así. Es una pena y me parece muy triste.

Esto demuestra que hay mucho que cambiar todavía. Me alegro de que mi hijo sea libre de elegir lo que le gusta libremente. No seré yo quien dirija sus gustos.

¿Os ha pasado algo parecido? ¿Habéis vivido o visto alguna situación de este estilo? ¿O habéis visto alguna publicidad que os haya hecho sangrar los ojos?
¡Contadme!

Amadecasismo II

Otra cuestión es… ¿Acaso estar en casa no es trabajar? Porque yo no doy abasto. Me acuesto pensando en lo que tengo que hacer al día siguiente. Me levanto directa a hacer cosas y, os aseguro, que he llegado a tener al niño aseado, desayunado y jugando, la lavadora puesta y una servidora sin lavarse ni la cara.

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Estoy tan cansada como si trabajase fuera. No paro un momento. Y en el rato que paro, es muy probable que sea porque tengo al pichón encima con su traguito de teta ocasional.

El peso de las tareas domésticas cae sobre mí. Lo entiendo y lo acepto. ¿No es un trabajo más?

Desde que me levanto hasta que me acuesto estoy non stop. Desde que se acabaron las siestas del pichón, es un no parar absoluto. Cuando no es una cosa, es otra. Empiezas una… necesitas atender otra al mismo tiempo… Vuelves a otra que dejaste a medias… Tu hijo te reclama… Hay cosas que terminar… Y puede que llegue la noche y no me haya podido duchar. En cinco minutos aprendes a hacerlo a toda velocidad, con la puerta abierta, vigilando al niño al final del pasillo… Ya no sé lo que es cerrar la puerta de mi baño (such is life).

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Vamos, que no me digan que además de tener la casa medio aceptable (porque eso de que esté perfecta es misión imposible) y al niño atendido no es trabajar. Tienes que hacer cantidad de cosas, que no cunden. Tienes un nivel de estrés interesante. No tienes un sueldo a final de mes. Pero tienes a tu hijo al lado feliz de la vida. Eso vale por todo.

 

 

 

 

 

Amadecasismo I

Ser mamá y eso que llaman “ama de casa” no es moco de pavo. Por eso, desde aquí, muestro mi admiración por las mamás que trabajan fuera de casa.

Al principio, cuando nace tu bebé, nadie te hace muchas preguntas sobre si trabajas o no. Parece que con esa “peazo” de baja –modo ironía ON- de 16 semanas te estás tomando unas vacaciones. Hasta te pueden decir que tienes mucha suerte –Ja!-. Una vez que pasa ese periodo y tu bebé es más grandecito, empiezan a planear sobre tu cogote esas preguntas sobre qué vas a hacer. Que si vas a trabajar, que si no lo haces que qué esperas hacer con tu vida… Esas cosas que pueden hacerte sentir una mierda.

Admito que antes pensaba que vaya vida se pegaban las mamás que no trabajaban fuera de casa. Me parecía que tenían mucho tiempo que perder y poco que ganar. Ay, señor… Qué de tortas me daría a mí misma si viajase en el tiempo y me encontrase diciendo semejantes bobadas.

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Cuando tu bebé ya va dejando de serlo, y las preguntas sobre temas laborales surgen a tu alrededor, vas sintiéndote rara. Por una parte te da vergüenza admitir que has/habéis decidido que te quedarás en casa para estar a cargo de tu hijo (oh, sí, ya ven, tu propio hijo –como si eso fuese algo raro-rarísimo-). Después sientes que tienes que depender económicamente de otra persona –porque los ahorros no son infinitos, ni es nada guay ver cómo van mermando a golpe de tarjeta-. Da un pelín de angustia, no nos engañemos. No es lo mismo tener tu nómina con un sueldo medio allá ingresado cada día 1 de mes, a tener que depender de otra persona.

Por otro lado piensas… Vale, me voy a trabajar. A ver, voy a buscar trabajo… Primero que es algo bastante difícil –más si pretendes trabajar “de lo tuyo”-. Aquí, quizá puedas encontrar, con suerte, algo relacionado con el turisteo-hostelería (o sea, o limpiar/fregar o servir en un bar o restaurante). Y eso sí que no. Son trabajos tan dignos como cualquier otro, y si no quedase más remedio, lo haría. Pero como no es cuestión de vida o muerte, ni me lo planteo. Trabajar de cara al público me puede producir varias úlceras en cuestión de días.

Luego, si eres afortunado de que te contraten en alguna parte, probablemente será con un horario partido comercial. Esto quiere decir que sales de casa por la mañana y llegas por la noche. Ahora mira el sueldo… Seguro que serán menos de mil euros. Vamos, que lo mismo hasta te hacen el chanchullo de pagarte una parte en negro y todo –esto lo he vivido yo en mis carnes-.

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Ahora me imagino… Voy a trabajar. Ahá. Dejo a mi hijo en una guardería/escuela a las 8.30 de la mañana. Ahá. Me meto a currar. No creo que me diese tiempo de ir a casa. Ahá. Entonces mi hijo se tiene que quedar hasta tarde (las 5 quizá?) al cuidado de otros. Ahá. Mi marido podría hacerse cargo de él por la tarde. Ahá. Mi amante bandido no tendría tiempo para desconectar. Ahá. Tendría que ocuparse del niño (merienda, paseo, baño, cena). Ahá. No podría hacer nada de su trabajo (que os aseguro que se lleva mucho a casa). Ahá. Pongamos que a las 9/9.30 de la noche pudiese, con suerte, llegar a casa. Ahá. Estaríamos cansados el papá y una servidora. Ahá. Probablemente, con ese ritmo, los horarios de sueño del pichón cambiarían y no sé si podría estar con él mucho tiempo hasta que se durmiera. Ahá.

Finalmente ¿qué tendría?
Un marido estresado sin tiempo para terminar su trabajo.
Un hijo al que no vería casi nada, o casi siempre dormido.
Un sueldo de mierda.
Un cansancio y estrés absoluto.
Un agujero en el alma.

Mirado así, prefiero estar en casa con mi hijo. Seré una cosa de esas que llaman, sí, ama de casa, o maruja, o lo que quieran decir. Pero somos felices así. De otra forma no nos compensa. Que podríamos tener más dinero, pues sí. ¿Pero para qué lo queremos si no nos disfrutamos a nosotros mismos? Si podemos tirar con el sueldo de mi marido, pues preferimos hacerlo así.

Violencia obstétrica

Desgraciadamente, desde que nacemos se nos meten ideas en la cabeza que son equivocadas pero que aceptamos como normales cuando no lo son. Vivimos aún en una sociedad machista y menos mal que las cosas han cambiado en los últimos tiempos. Sin embargo, hay mucho que mejorar.

Las niñas son bonitas.
Al pasar la barca me dijo el barquero “las niñas bonitas no pagan dinero”.-

Los niños son valientes.
Boys don’t cry – Los chicos no lloran.-

Así podríamos seguir en un suma y sigue infinito (niñas princesas, niños caballeros, niñas rosa, niños azul, niña frágil, niño fuerte…). niño-niñaAsí te plantas en una cierta edad, esperando la llegada de tu retoño y empiezas a detectar actitudes que huelen a chamusquina. Además de toooodas las que te has ido tragando a lo largo de tu vida (esos asco-piropos, tienes que estar guapa para no quedarte sola, cuídate o no te querrá nadie, haz caso a tu novio/marido, celos, los rumores sobre si esta o aquella es una guarra…).

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Imagen de “Moderna de pueblo”

Centrémonos, que me voy por las ramas. Continúo. Estás en la consulta del ginecólogo, o en el quirófano, o intentando amamantar a tu hijo, o “negociando” con una enfermera, o en urgencias, o pedir ver a tu hijo, o intentando que te den tus papeles y los de tu hijo…

Y te dicen:

– No, no se puede hacer nada. Es así y punto. Vete preparando.

– No llores que es peor.

– Lo que pasa es que no tienes leche.

– Me da igual que sea cesárea, tengo que rasurarte entera.

– Esto es así: o te relajas y termino rápido o te voy a acabar haciendo daño.

– Ahora lo ves. Tú tranquila. (Ese “ahora” fueron 21 horas).

– Aquí no es, mujer (mirada de “¿chica, eres tonta?”). ¿Pero quién te ha dicho que vengas aquí? Tú te has liado y es allí. (Vas allí y te dicen lo mismo).
Todo esto agarrándote la barriga llena de grapas a cada paso porque te duele hasta respirar y las lágrimas asomando.miercoles-mudo-semana-mundial-del-parto-respe-l-pqp_hk1Todo esto lo he vivido en mi propio pellejo. Es violencia obstétrica y que levante la mano quien no haya vivido algo similar. No tenemos bastante con vivir en una sociedad machista, por lo que se ve.

Habrá quien piense que es normal, que exagero. Sé que no es así. En todas esas ocasiones callé por idiota, por desconocimiento, por abatimiento, por quedarme sin tiempo de reacción.
Ay! Si me llega a pasar eso ahora, otro gallo cantaría. Soy una mujer adulta y tomo decisiones, me informo, sé lo que quiero y lo que no. No tienen que tratarme como si fuese un infraser retrasado. Hasta el moño (o el coño mismamente) de tragar estas situaciones.

Cuántas veces he escuchado, sobre todo a las mamás en los parques, asumir que, a pesar de que les hayan hecho daño (físico o psicológico), todo está bien porque viene de un médico/sanitario/autoridad. Como si tuvieran derecho a ningunearnos o tratarnos como si fuésemos idiotas. Más de una se enteró después de dar a luz de que le hiceron una maniobra de Hamilton o una Kristeller.
Os animo a que no os dejéis engañar, a que os informéis y que lo que pase en vuestra vida, en la medida de lo posible, sea por elección vuestra.

Os dejo unos vídeos. Uno en plan parodia.

Y otro más serio. Aviso a futuras madres que puede haceros llorar fácilmente, por si preferís no verlo. Es duro y a mí aún me escuece verlo.

Aclaro que ante cualquier emergencia, desde luego que la decisión que tome un médico/matrona/sanitario es vital. Pero que nos traten con respeto, pidan consentimiento y nos mantengan informadas en todo momento.

Uno de esos días

Es uno de esos días en los que lo veo todo gris oscuro. Estoy cansada, hecha un trapo. Desde que el pichón no duerme siesta, no tengo tiempo de nada. Cuando llega la noche y se duerme, yo voy detrás porque no puedo más. Ha habido noches en que me he quedado trasteando con el ordenador hasta tarde (entiéndase tarde como las 12 y pico o así). Ha sido un error porque no duermo bien y me despierto cansada.

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Aunque hay bastantes noches en que el pichón se queda en su cuna hasta la mañana, hay otras tantas noches en las que se despierta buscándome. Yo le meto en la cama con nosotros. Le doy teta (a veces ni cinco minutos, a veces casi una hora –en la que se me duerme el brazo y me duele la espalda-) y él sigue dormido. En cambio, yo me desvelo y acabo medio metida en la cuna, poniéndome los auriculares para escuchar la radio. No duermo bien, a veces. A veces sí. Pero en general estoy cansada.

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Sé que duermo bastantes horas (7/8) que ya es para darse con un canto en los dientes. Pero no son seguidas. Son a tramos. Mis desvelos son diarios. Y no es porque dé la teta, es porque no puedo dormir –me pongo a darle vueltas al tarro-. Tampoco es porque me ponga a escuchar la radio, ya que esta me la pongo cuando no encuentro manera de dormir. Hace de somnífero.

Por las mañanas, me levanto y no paro. Cuando me doy cuenta ni me he lavado la cara, ni he desayunado –ni ganas-. Así que sí, estoy cansada.

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Después de comer, la tarea continúa con un ratito de juego y al baño (el niño, porque yo tengo que “pedir cita” a la noche con mi ducha para asearme y rapidito). Hay días en que tengo muuuchas ganitas de llorar, o de pegar voces, o salir corriendo…

Que sí, que ser mamá es muy bonito. Pero tiene su lado oscuro. Está bien, veo la cara de mi pichón y se me pasan los males. Pero los momentos chungos están ahí. Veo que no me da la vida para más… No pido tampoco gran cosa. Es más, si acaso, algo de paciencia porque, esto lo elijo yo libremente y con ganas. Lo asumo. Pero hoy necesitaba contaros este rollo patatero que me cruza los cables de vez en cuando.

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Veo las cuentas en IG o en otros blogs a mamás ma-ra-vi-llosas, que se maquillan, que van al cine, que posan con sus niños impecables, que tienen casas de revista, que hasta tienen tiempo de innovar en la cocina, que van de viaje, que hacen talleres, que hasta se hacen la manicura… Me agobio. No entiendo cómo lo hacen. O sí, pero no es como yo quiero hacerlo.

Supongo que con el paso del tiempo iré recuperando espacio para mí (que tampoco quiero irme a un spa o de escapada un fin de semana). Esta “pérdida espacio-tiempo-para-mí-misma” lo veo como una inversión y la asumo con gusto. Aunque hay días duros, es lo que quiero.

Quizá lo que vaya a decir no es aplicable a todo el mundo y suene injusto, pero hay días en que siento que una mujer se implica mil veces más que un hombre en la crianza de un hijo. Siento que el peso “gordo” recae sobre nosotras. No quiero decir que mi marido no se implique, ni mucho menos. Pero hay momentos en que sé que él no puede estar o no puede ayudar. Esto es impepinable. Hay momentos cansados que son para mí nada más.

La Sombra como Maestra

Es un nudo en el estómago que necesitaba desatar. Pasará. Lo sé. Sólo quería soltar lo que me bulle, cuando me agobio. A pesar de todo, es lo más bonito que me está pasando en la vida. Nadie dijo que esto fuera fácil.

Una de vaqueros

Aunque el título puede dar lugar a pensar que voy a hablar de indios y vaqueros, el tema que trato hoy no tiene nada que ver con esto.

vaquerosdos.jpgLe hemos comprado su primer pantalón vaquero. Parecerá raro que después de dos años y medio en este mundo, el pichón no haya lucido una prenda tan normal. Él siempre ha estado en percentiles altos -su máximo fue 98- y enfundarle en un pantalón de tela vaquera era un poco “pesadilla” porque no iba a estar cómodo en absoluto. Si le quedaban bien de cintura, le iban largos. Y si le quedaban bien de largos, no le cerraban de cintura. Era un bebé lleno de rosquitas que se han ido difuminando.

Con el paso del tiempo y su ritmo de crecimiento ha variado -normal, porque de lo contrario sería un gigante, jjj-. Su cuerpo se ha ido estilizando y ha bajado de percentil. Ahora está en 80 y algo, más acorde con su percentil de altura -también 80 y pico-. Hasta ahora ha estado usando pantalones de felpa, tipo chándal o leggings de esos “cagaos” que tanto me gustan -y dejan espacio “vital” para los pañales jjj-.

Ya ha dejado de ser un bebé y, para mi pena, el tipo de pantalones que él ha ido usando hasta ahora, cada vez son más difíciles de encontrar en su talla. Así que vimos un vaquero y nos lanzamos a comprarlo.

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Al probárselo, le iban perfectos (de largo, de cintura, de todo). Y le ves ahí, de pie, con sus pantalones de chico mayor… En parte me gusta verle tan “niño-grande”. Y en parte me cruje un poquito el corazón porque mi bebé ya no está. Hay un niño precioso que me abraza porque quiere y me dice “te quie-co” ❤

 

Aprender

Cuando eres adulta crees que sabes mucho de la vida. Tienes ideas que siempre has creído que son “verdades como puños”, inamovibles e irrevocablemente ciertas. Hasta que eres madre y te ves dándole la vuelta a la tortilla porque hay veces que las cosas no son como tú creías o te habían contado.

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Tengo que agradecerle a mi pichón lo mucho, mucho, muchísimo que me está haciendo aprender y entender que todo es relativo. Yo, que siempre he sido analítica y cuadriculada (y aún sigo siendo pero menos), estoy desaprendiendo con él que no todo es siempre como se espera o tú crees. La vida se va abriendo paso y ella misma elige el camino adecuado.

Lo principal es comprender que como niño que es, hay que dejarle fluir: respetar sus ritmos. No atosigarle ni emperrarse en que haga esto o aquello porque el hijo de no sé quien, que tiene la misma edad, hace más cosas, o está más ágil, o tiene otras habilidades. Casi desde que nació hemos sido atosigados, como padres, por no hacer que el pichón fuese más “adelantado”.

Si no toma más que teta, que por qué no toma cereales o papillas…

Si no empieza a andar ya, que le pongas de pie para que vaya andando…

Si no tiene dientes, mírale bien las encías y ponle no sé qué mejunje que seguro que le duele…

Si no hace caca desde hace tres días está mal, hay que estimularle…

Si no habla, que le mire un logopeda… (cuando el pediatra nos dijo que todo iba bien).

Si no le metes en una guardería no sabrá “socializar”… (yo tengo 38 tacos, fui escolarizada con 2 años y no sé socializar muy allá)

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Y bien… Tanta prisa había porque el niño comiera, anduviera, tuviese dientes, hiciera caca religiosamente a diario, hablara, jugara con niños… para qué? ¿Para qué esa prisa si ha llegado a todo eso por sí solo?

Al principio, como madre novata puede que te dejes intimidar un pelín, sobre todo si los comentarios vienen de tu entorno cercano. Piensas que algo sabrán por experiencia… Pero, ah!, amigxs, la experiencia de cada cual es única y a mí no me da la gana de que joroben la nuestra.

Dicho esto, espero que mi pichón me perdone por las veces que me he dejado arrastrar por consejos ajenos y le he hecho daño. Lo siento en el alma profundamente.

Deseo respetar sus tiempos y entender que no siempre las cosas llegan como te dicen o esperas.

Espero que la vida nos brote a ráfagas o en calma chicha y nos lleve a lugares bonitos, juntos y felices, a los tres.

Voy a seguir aprendiendo, por suerte, porque esto de ser madre es una lección casi diaria.

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Gracias, pichón mío. ❤

Encuentra las 7 diferencias

Ayer estuve en la peluquería. Ya tocaba señoras y señores, ya. Mi pelo era un despropósito, una maraña estropajosa salpicadita toda ella de canas tiesas. Menos mal que las chicas de la peluquería me conocen y saben que solo aparezco por allí en un estado lamentable de coma-capilar. No me miran raro ni piensan que estoy loca. Saben que soy mamá a tiempo completo.

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Y bien, ayer estábamos allí otra mujer, que sería algo más joven que yo, y una servidora. Resultó que hablando (qué raro en una peluquería, verdad?) contó que era mamá de una niña que se llevaba con mi pichón sólo tres meses. Entonces vas descubriendo las diferencias entre una mamá como ella y otra como yo. No sé cómo “etiquetarnos” o definirnos. ¿Mamá “moderna” y mamá “respetuosa-con-apego”? No sé como definirnos, porque ella también será respetuosa con su hija y tendrá su apego con ella y yo tampoco soy un orco de una cueva y tengo mis moderneces jiji.

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Antes que nada, aclaro que sé que las comparaciones son odiosas. No pretendo que lo veáis como una comparación de quién es mejor/peor o quién lo hace mejor/peor. TODAS las mamás lo hacemos lo mejor que sabemos/podemos y somos las mejores para nuestrxs hijxs. Queda dicho!

Allá van las 7 diferencias:

  1. Su hija va una guardería. Pichón no. Ella argumentaba que apuntó a la niña para que espabilara. Resulta que ha empezado a hablar ahora, igual que mi pichón (yo no dije nada de si mi hijo iba o no a una guardería –las peluqueras saben que no, pero no dijeron nada). Así que esa mamá estaba contenta de su decisión de llevarla a la guardería con dos años. Los resultados eran asombrosos: su hija YA habla. El mío también 😉
  2. Su hija llevaba desde el otoño, coincidiendo con la entrada a la guardería, cogiendo y soltando resfriados/diarreas. Mi pichón, hasta día de hoy (cruzo los dedos) sólo ha tenido 2/3 días con mocos desde el otoño. Miedo me da que cuando empiece a ir a un colegio estemos en ese plan.
  3. Ella iba implacablemente vestida, elegante, con sus tacones imposibles y maquillaje estupendo. Yo iba con la misma ropa de siempre (ellas no lo saben jiji) pero que ni de lejos era tan elegante como la de ella. Lo mío es el pantalón vaquero medio roto y una sudadera normalita de rebajas (del año pasado -de enero del año pasado-). Eso sí, mis botas son muy chulas y con tacón jiji.
  4. Yo iba a que obraran un milagro en mi melena después de meses sin pasar por allí. Ella iba a retocarse las mechas californianas (como cada mes).
  5. Me quedé escuchando, sin poder participar mucho en la conversación, cuando daban su opinión sobre la última peli de moda. Que si es muy larga, que si es muy romántica, que si merece la pena, que si no sé quién es un actorazo… Mi incursión en el tema fue: ¿cuánto cuesta ahora el cine?. Ni idea de lo que hablaban.
  6. Igual con el tema lecturas. Ellas estaban leyendo no sé qué saga de esas amorosas tipo “50 sombras de Grey” (o como se llame/escriba). Que si voy por el primer libro, que si no veas lo que pasa luego… Y mi aportación fue comentar que yo leo libros de dinosaurios y de la serie “Pepe y Mila” XD
  7. Ella según terminara, se iba al centro que había quedado con unas amigas para tomar algo. La niña estaba con la abuela, su madre. Yo al terminar salí disparada hacia el parque del barrio donde estaban mi maridín y el pichón. De ahí, como hacía frío, nos fuimos a la biblioteca a “leer” cuentos de dinosaurios, a comprar el pan para la cena y a casita.

Hay diferencias, eh? Pero no me cambio por nadie, ni cambio por nada mi vida de mamá 24h/7días a la semana.

Este libro, Madre solo hay una y aquí están todas, que no tengo, pero que pude curiosear en una librería es bastante adecuado para el tema.

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Lo importante es que cada cual sea feliz con lo que hace. Lo ideal sería poder elegir cómo quieres ser madre.  A mí no me importa llevar pelos de loca de vez en cuando 😉

Probando

La idea de que el pichón fuese a clases de música nos hacía especial ilusión porque nos encanta la música y nos parece una forma entretenida para él de compartir un rato ameno con otros niños.

Nos recomendaron una academia de música con clases para niños pequeños. Llamé para concretar con la profesora cómo era el asunto. Lo primero que no me hizo mucho tilín fue que me dijo que los niños iban solos a clase (sin acompañamiento de padres). Como le comenté que el pichón no ha ido a guardería y que siempre ha estado conmigo o con su padre, ella me dijo que podríamos pasar a ver cómo era la dinámica de la clase, para ver las reacciones del niño y que, una vez que se adaptase, podíamos salir a esperar fuera. Ufff… sinceramente se me hizo cuesta arriba y no estaba muy convencida, pero mi marido sí.

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El principal motivo por el que aún me siento insegura por dejarle al cuidado/supervisión de otra persona que no sea ni su padre, ni yo, es que el niño aún no habla. Sabe decir sus palabras, expresa emociones claramente (gestualmente, quiero decir), pero si le pregunto por algo en concreto, aparte de decir “No!” o asentir con la cabeza y decir “Ne!” (eso es su “sí”), no me va a contar gran cosa. No habla con frases. Está empezando a hablar pero su repertorio de palabras no es demasiado amplio aún.

Quiero/necesito saber si está realmente bien, si algo no le ha gustado que me lo pueda decir, que me exprese y cuente si le gusta algo o no. Lo que no quiero es que le dé una pataleta como cada vez que vamos al médico porque le tiene tirria (al menos sé el motivo (o tengo mi teoría) y entiendo su terror al pediatra).

Bien, a pesar de mi inicial reticencia, fuimos el viernes a una de las clases para probar a ver qué tal. La hora de la clase es un poco rollo porque es demasiado temprano para nuestra rutina. Así que tuve que ir planificando el día para cuadrar que comiera antes, para que durmiera la siesta mas temprano y menos tiempo, hacer que se despertara antes, llevarle sin merendar, ya me descuadró la hora del baño… Iba un poco refunfuñando (en mi línea de quejosa). Pero mi marido me paró los pies: era un día, era una prueba, no pasaba nada por tener un día “desordenado”. Ya os conté que soy muy Rottenmeyer y me gusta tener un orden en horarios y si no, me crispo toda yo.

estresada2Llegamos puntuales. El aula era pequeñita, pero bien. Me parecieron muchos niños para una sola profesora: eran 8 en total. Las edades iban desde los 2 años hasta los 4. Los únicos que no hablaban era una niña y mi pichón. Al principio, el pichón no quería ni quitarse el abrigo (como diciendo: “si yo me voy ya de aquí”). Costó un rato quitarle el abrigo y que se sentara en el suelo, como los otros niños, pero junto a mí. Poquito a poco se fue integrando. Tampoco es que los niños hiciesen mucho caso. Los veía algo dispersos. Mientras uno pegaba manotazos a diestro y siniestro, otro llevaba la contraria en todo, una preguntaba por su madre y se iba a mirar por la puerta…

La profe ponía de su parte, no lo niego, porque los niños se involucraran en las actividades que proponía. Pero, a mi entender, eran demasiados niños, demasiado pequeños, demasiado difícil atender a todos y que todos la atendieran. Nosotros (mi marido y yo) éramos espectadores en un rinconcito, sentados en silencio y sin interactuar para nada. Les intentaba hacer marcar el ritmo de un metrónomo con palmas y pisotones, lanzando pelotas… Puso un teclado para que lo tocaran (aporrearan más bien) pero lo acababa apagando para que no se emocionaran demasiado con los manotazos. Sacó algunos instrumentos pequeñitos (tipo maracas, tambores…). Puso música de diferentes instrumentos con imágenes proyectadas en la pared. Puso sonido de animales. Repartió notas musicales en goma eva. Intentó que cantaran una escala (imposible total). Es lo que pasa cuando estás controlando que no te rompan un teclado, que no se peguen, que no te griten o discutan… Veía que tenía que ir cambiando rápido de actividad para mantener a los niños medio atentos.

A mi marido le pidió que saliera fuera al rato y me dijo que después me pediría a mí que me fuera (cosa que yo no tenía clara para nada). Finalmente no salí porque uno de los niños “pegones” se puso a tirar del pelo a mi hijo (os juro que aguanté un rato porque esto son cosas que pasan entre niños). Pero cuando otro se unió y se puso también a cogerle mechones a puñado a mi hijo ya me levanté. La profe que estaba a lo suyo no se dio cuenta. Total, que cuando llegué, uno empujó a mi niño y se cayó de espaldas al suelo. La profe ya miró, mi pichón lloraba desconsolado con los pelos tiesos, los otros niños pegones tan felices de la vida, yo con el estómago revuelto… Tuve que coger al niño en brazos para calmarlo. Me costó un buen rato. Diossss qué sudores me entraron. Ella continuó la clase y le dijo que pidiera perdón a uno (porque ni se enteró que el otro también había participado). El niño pasó del tema y no pidió perdón, por cierto, pero vaya, que son niños pequeños y tampoco pasa nada.

Creo que del mal rato que se llevó el pichón, ya me dejó quedarme hasta el final. De todas formas, yo no me hubiese ido.

Twin toddlers fight over a toy

No fue nada grave, ni extraño porque los niños, más cuando no hablan, solucionan conflictos así, porque no saben expresarse de otra forma. Yo aguanté a ver cómo iba la situación, pero al ver a dos tirándole del pelo ya no pude más. Lo que me jorobó es que la profe no se diera ni cuenta. Otra cosa, esto lo vio también mi marido, es que uno de los niños pegones estuvo dándole manotazos fuertes (que sonaban) en la cabeza a la niña que no hablaba. La profe no se enteraba de nada. Y la niña ponía caras pero no decía ni mú. Qué angustia… Si soy la madre de esa niña y veo eso, me descompongo. Quizá debí decir algo, pero estaba como en schock. O esperaba que la niña se quejase. Porque los manotazos sonaban, os lo juro.

crying-meme-673Sé que no fue tampoco una cosa dramática porque después,pasado el disgusto, mi pichón no se quería ir. Estaba muy entretenido con unos animalitos de goma, tan feliz.

Pero veis… yo pienso, y si no hubiese estado ahí? La profe ni se entera, sólo vería a mi hijo en el suelo llorando y los otros niños tan felices a lo suyo… ¿Cómo le iba a decir mi hijo a esa mujer que los dos niños le estaban tirando del pelo y que uno le había empujado y tirado al suelo? ¿Me hubiese contado la profesora que mi hijo estuvo llorando en el suelo “a saber por qué”, o no le hubiese dado importancia? Quizá si yo no hubiera estado allí para consolarle, la cosa hubiera ido a más (su llanto y enfado, porque lo conozco y sé cómo reacciona cuando no le entiendes). ¿Qué pasaría si yo creyendo que todo está bien le volviese a llevar y el niño me llorara porque no quiere ir –como cuando vamos al médico-?

dudas

No dejo de darle vueltas. Me alegro de haber estado allí con él. No creo que esté sobreprotegiéndole. Tiene dos años, por el amor de dios. Un niño de esa edad necesita supervisión –mejor de sus padres-. No se puede expresar ni explicar. Se pueden dar muchas situaciones como estas, que no son nada grave, pero pueden acabar en una tragedia griega si no se actúa correctamente. Dejé que los niños se desenvolvieran de manera natural, hasta que ya vi el panorama y que la profesora no se daba ni cuenta. Creo que actué bien. Tampoco le dije nada al respecto a ella. Pero desde luego, cuando hable para decirle que no vamos a ir más, porque no vamos a volver, se lo intentaré explicar con tacto.

Sé que cuando vaya al colegio tendrá situaciones de este estilo. Pero tendrá una edad como para poder quejarse, contar lo que pasa, o llamar la atención de un profesor o adulto si necesita ayuda. Sé que lo pasamos peor nosotras casi, que ellos. Estas cosas pasan y pasarán.

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foto de http://www.creciendomisol.com/

Y hasta aquí nuestra experiencia con las clases musicales. Vaya drama, verdad? Pienso que si dejasen estar, al menos, a uno de los padres, serían clases más dinámicas y divertidas. Cuando son tan pequeños, no se centran tan fácilmente  en el guión de la clase, pero quizá si dejasen a los papás con ellos, guiándoles e interviniendo en las actividades, otro gallo cantaría. Lo que no se puede es pretender que una persona intente dirigir a ocho niños tan pequeños y movidos y mucho menos pretender que aprendan ni la mitad de lo que les intenta enseñar.

¿Qué pensáis de todo esto? ¿Cómo hubieseis actuado vosotros ante una situación así?