Cuatro años y declaración de amor doble

El día en que nació, o como yo digo: nacieron a mi pichón, no lo recuerdo precisamente como un día bonito. Fue un día, resumiendo, angustioso, decepcionante, extraño y sobre todo frío, más bien congelado. Sabéis la historia de cómo le hicieron nacer, así que no me repetiré. Cómo me cuesta aceptar lo que pasó. En parte, no lo acabo de encajar porque me sigo sintiendo culpable por no haber intentado hacerlo diferente. Supongo que me va a costar mucho más que cuatro años perdonarme, perdonar el robo que nos hicieron y pasar página.

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Con el paso del tiempo me he dado cuenta de que mi pichón era la persona, justo la persona, que necesitaba en mi vida. Me ha hecho equilibrame infinito. Es el contrapeso que me estabiliza -otras veces me tambalea jjjj-. Mirando atrás, hay tantas cosas que me ha enseñado. Y lo que le queda por hacerme ver/entender/aprender. Me ha hecho cambiar para ser/estar mejor.

Parece que el karma, o lo que sea, hizo que mi amante bandido y una servidora nos encontráramos, para que juntos hiciésemos llegar al mundo a quien ambos necesitábamos para ser quienes somos. Tenía que ser así. La de veces que nos habríamos cruzado en el camino sin encontrarnos. Cuántas veces nos habremos estado casi encontrando en paralelo, durante años, hasta que llegó el momento adecuado de que se cruzasen nuestros pasos. No podría haber sido de otra manera diferente.

Mi capacidad de escuchar, entender, empatizar, esperar y sorprenderme ha subido como la espuma. Mi paciencia ha alcanzado niveles impensables en mí. He aprendido a priorizar cosas que antes me parecían menos importantes. Ahora puedo hacer cosas a la velocidad del rayo. Lo de ser taaan cuadriculada se me ha suavizado un pelín –cuestión de tiempo mejorarlo-. Lo de hacer dos, tres o más cosas a la vez, se me da dpm –los que seáis padres/madres lo entenderéis seguro-.
Aunque todo esto implique, la mayoría del tiempo, ir con pelos de loca o estar cansada, no creo que pudiera ser feliz si no fuera lo que soy hoy: la mamá de pichón ❤

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Mi niño cumple cuatro años y es lo más-mejor en mi vida. Ahora pregunta y pregunta. Indaga. Cuestiona. Observa. Analiza. Aprende. Crece. A veces se enfada. A veces explota en risas. Cuando quiere me abraza y besa. También grita cuando se emociona o queja. Alucino aún pensando en que ese niño, esa maravilla, es mi hijo. Me parece taaaan increíble 🙂
Todas las posibilidades las tiene a sus pies para el futuro. Todo por ver y conocer. Todo lo que quiera. Y espero poder estar a su lado siempre que me lo permita, acompañándole –más cerca o más lejos-.

Felicidades, mi-amor-amormío ❤
Gracias, mi-amor-amantebandido-mío ❤
Os quiero infinito.

 

– Y mis disculpas por esta entrada sumamente pastelosa 😉 –

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¿Custodia compartida? NO, gracias

Primero, antes que nada, os aclaro que no, que no me divorcio, ni me separo, ni estamos en crisis parejil. Segundo, que esta es mi opinión y que cada cual puede tener la suya respecto a este delicado tema. Lo que pienso se basa en lo que vivo y lo que veo.
Hace tiempo que quería hablar del tema de la custodia compartida porque, por desgracia (sí, por DESGRACIA), estoy viviendo el caso de alguien cercano que lo está sufriendo.
Parece ser que dar la custodia compartida está ahora “de moda” y la dan sin muchos miramientos. Da igual que aportes papeles, información, pruebas para lo contrario, que no las van ni a mirar.

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¿Que por qué NO estoy a favor? Pues, principalmente, porque me parece una auténtica salvajada tener a un niñx cambiando de domicilio cada mes, o cada dos semanas. Sé que hay casos en los que lxs hijxs están siempre en el domicilio familiar y los padres se van rotando para habitar la casa con sus hijxs cuando les corresponda. No sé qué es peor. Bueno, sí. Un niñx necesita estabilidad, rutinas, horarios, normas que no cambien cada equis días (dependiendo de con quién estén). Y que un padre/una madre tenga que estar entrando y saliendo de la casa como si fuese un hotel tiene que ser infernal. ¿A quién le gustaría que su expareja estuviera usando su casa, su baño, su cocina, anduviera por su casa….? A ver, NO. Ni de broma. Por muy requetebién que te lleves con tu ex, no tiene que ser agradable.

En el caso que conozco, el hijx cambia de casa cada mes. Un mes con el padre, un mes con la madre. Cuando le toca cambio de domicilio, especialmente cuando vuelve de estar con uno de ellos en concreto y cuando le toca volver con esa persona, el niñx llega/se va con el carácter agriado, difícil de tratar, llora por cualquier cosa, e incluso ha tenido crisis de ansiedad (le duele el pecho, no puede respirar bien, le tiemblan las manos…). Como madre, si tuviese que ver a mi pichón así, no sé cómo actuaría. No sé cómo lo podría sobrellevar sin volverme loca.

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La cuestión es que el padre no tiene que pagar pensión alimenticia por el hijx, ya que al ser custodia compartida, se entiende que éste se hará cargo de los gastos cuando esté con él/ella. Al igual que la madre es quien hace frente a los pagos de lo que surja cuando esté con el niñx.

Pero ya os digo yo que NO. Que muchas veces NO es así. En el caso que conozco, uno de ellos NO afronta ni un solo gasto. Y NO pasa nada, no se puede hacer nada, da igual. Elude su responsabilidad económica y escurre el bulto con toda la cara dura.

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El resultado es un niñx que ha bajado las notas, que está distraídx, que ha declarado en numerosas ocasiones que no quiere vivir, que no puede ir a una psicólogo (porque uno de los progenitores NO se pone de acuerdo en nada), que está nerviosx, que se ha vuelto extremadamente insegurx, introvertidx, sin autoestima, asustadizx y, en definitiva, que es infeliz.
La única esperanza de que esto acabe es que el hijx tenga la edad suficiente para decidir lo que quiere y volver a pasar por un juicio.

Y la ley, la justicia, NO hace nada. Porque la custodia compartida es un engañabobos. ¿Igualdad? NO! ¿Egoísmo? ¿Adultocentrismo? !
Que NO, que un niñx NO tiene que vivir cambiando de vida cada mes. Que me da igual que los padres se lleven bien. Que ni aunque sean tipo el Cordobés y Vicky Martín Berrocal. Que NO. Que esto NO se puede permitir. Que un menor debería estar protegido y tener estabilidad. Con la custodia compartida NO es así. Que en numerosas ocasiones se vulneran todos y cada uno de sus derechos.

Aunque una expareja tenga una relación maravillosa, que todo puede ser, ¿cómo te sentirías si tuvieras que cambiar de ambiente/dormitorio/comidas/rutinas/normas cada mes (o cada cierto tiempo)? Por muuuuuuy bien que se lleven todos, ¿no os resultaría una incomodidad? A mí me lo parece y creo que me costaría adaptarme a tanto cambio ni aunque mis padres fuesen “amigos”. De verdad, no lo veo. No lo entiendo.
Debería prevalecer el interés del menor y se debería tener en cuenta su opinión. Y si se da una custodia compartida, qué menos que hacer un seguimiento continuo del estado emocional/físico del niñx. O preguntar e interesarse por la opinión del menor y tenerla MUY en cuenta.

¿Dónde quedan los derechos del niño? Todos machacados por un sistema de mierda que les ignora. Así de claro.

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Todos, cada uno de ellos, se los pasan por el forro

Aquí os lo explica muy clarito mi querida Barbijaputa.

Si la custodia es de uno de los progenitores, el otro puede implicarse igualmente en lo referente a la vida/cuidado de su hijx. Hay mucho con lo que “ayudar” (que no considero una ayuda, es la responsabilidad que se tiene como padre/madre), Apoya al niñx, paga su pensión alimenticia, contribuye con los gastos de actividades o medicamentos, acompáñale, escúchale, ofrécele tu apoyo incondicional, hazte cargo de él/ella cuando te corresponda o te necesite o te lo pida… Sobretodo, dale tranquilidad y estabilidad. No le andes mareando dejándole con desconocidos, no le presentes a una nueva pareja cada poco tiempo, no le hables mal de tu expareja, no critiques a la otra parte de la familia…

Sé que muchxs no estaréis de acuerdo conmigo. Sólo espero que nunca viváis de cerca un caso como el que a mí me ha tocado conocer y sufrir. Os aseguro que he pasado muchas, muchas, muchísimas noches en vela. Si yo he llorado de impotencia, imaginad al principal afectado: el niñx.
Desafortunadamente no es el único caso que conozco así.

Espero que esto cambie y que ningún niñx tenga que verse metido en una espiral tan terrible de maltrato emocional. Que NO nos vendan la moto.

Ese lugar

Cada vez me apetece/me gusta menos ir al parque con el pichón. Da mucha pereza. Ya os conté aquí una “experiencia religiosa” que me hizo aborrecer el momento de ir al parque. La razón por la que cada día le tenga más tirria es la suma de las cosas que veo que ocurren allí. He visto escenas surrealistas.

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Hemos visto a un hombre (sí, porque era un adulto) sentado en un banco llevando una pedazo de serpiente colgada de los hombros. Así, tal cual. Aquí pasean a la serpiente. Costumbres peculiares.
He visto a adolescentes liando porros en un banco, a pocos metros de los niños que juegan. Imaginad el aroma que iban soltando.
He visto preadolescentes rapeando y haciendo sus “peleas de gallos” irrisorias soltando tacos a grito pelao que se oían a kilómetros a la redonda.
He visto bebés de guardería solos correteando SOLOS entre columpios, sin supervisión de ningún adulto.
He visto cómo quitan juguetes unos a otros como si tal cosa.
He visto cómo vino un niño maleducado y desconocido le dijo a mi pichón, así a sangre fría y el dedo muy tieso señalando: “Quítate que voy a jugar YO. AHORA”. (Le contesté yo que se esperase a que terminara porque no se iba a ir, por cierto).
He visto cómo se han reído de mi hijo por llevar pañal.
He visto a una niña desconocida que se empeñaba en que mi hijo le intercambiara la bici por la suya. Mi pichón no quiso y la niña no acababa de entenderlo. (Ese “hay que compartir” que me hierve la sangre).

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Como norma general, veo más madres que padres. Es más, lo raro es ver a un padre en el parque. Las madres, la gran mayoría, se sientan en los bancos. Hablan entre ellas. O están con los móviles. A veces dan gritos a sus retoños advirtiéndoles de lo que sea.
También veo madres, pocas pero las hay, que sí están junto a sus hijxs. Pero no es lo habitual. Algún padre, alguna vez, también.

La situación que acabó de ponerme de los nervios fue cuando presencié una escena de bullying en todo su esplendor. Había un grupo de niños y me fijé en que tres de ellos iban toooodo el rato detrás de otro que parecía enfadado. Como me pareció algo raro, presté atención a lo que hablaban. Y flipé, queridxs. Flipé en tecnicolor. Insultaban al niño que iba huyéndoles. Uno le dijo, palabras textuales: “Te voy a matar”. Así tal cual. El niño acosado intentaba defenderse, pero más se mofaban de él. Hasta uno le dio una patada en la espinilla.

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Primero pensé que quizá fuesen amigos y que se estaban peleando por tonterías. Pero me pareció raro. Ojo, que los niños tendrían como 6 ó 7 años. No os penséis que eran mayores. No, no, no… Más de 7 años no tendrían. Y teníais que escuchar las barbaridades que soltaban por la boca.

En ese momento apareció una mujer que resultó ser la madre del acosado y plantó cara a los otros niños. Estos negaban todo y rápido se dispersaron. Entonces me acerqué a la madre y le dije lo que vi, que estaba aluciflipando con la escena. La madre me explicó que esos niños, a los que no conocían nada más que de vista de ir al parque, se dedicaban a diario a perseguir e insultar a su hijo.

Esta mujer se puso a buscar a las madres de esos niños. Sólo encontró a una y a la abuela de otro. La abuela estaba absolutamente en la inopia (bastante tenía la señora con tener que hacerse cargo de chorrocientos nietos que llevaba). Daba hasta pena verla. Vi que habló con ellas. Yo me quedé con mi pichón donde estábamos jugando. Así que vi la escena en la distancia y no sé qué hablaban.

Al rato se acercaron a mí las madres de acosador y acosado, para que les dijera que lo que había pasado era lo que contaba el niño acosado y que no mentía. Así lo hice.

Sí, seguid alucinando que la respuesta de la madre del acosador fue: “Qué raro! Mi hijo no pega ni dice palabrotas!”. Ante mi insistencia, siguió: “Bueno, ya hablaré con él”. Y nada más. Ya está. Se marchó incrédula mientras su hijo acosador seguía correteando feliz por el parque. Ella siguió de charla con las demás. Como si nada. Los niños acosadores seguían jugando como si nada. El niño acosado se quedó con su madre en un banco y al rato ya se habían ido.

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Qué impotencia. Qué mal cuerpo se me puso. Qué mal me sentí. Qué triste. Qué injusto. Qué miedo. Miedo a la sociedad donde vivimos. Miedo a lo que le puede pasar a mi hijo. Miedo a la impunidad que hay en este mundo. Miedo a que la escena se repite una y otra vez. Nadie se para a explicarle a esos niños acosadores que ese comportamiento no está bien. Las madres siguen en sus bancos con sus conversaciones. Los niños siguen sin entender que la vida no puede ser así.

Qué importante es dar ejemplo, explicar, hacer entender a nuestrxs hijxs desde bien pequeños. Si con esa edad andan así en el parque, delante de todo el mundo… cuando tengan 15/16/17 años… ¿Cómo serán?

¿Pensáis que soy demasiado dramática al respecto? Ante estas cosas me quedo de piedra y veo que al mundo que me rodea no le afecta demasiado. Es que no lo entiendo.
Quizá tengáis alguna experiencia en el parque que os haya hecho pensar/reflexionar y que queráis contarme.

Uno de esos días

¿No os pasa que hay días que estáis muy cansadas casi desde que os despertáis y veis todo “cuesta arriba”? Seguramente sí. Ya sé, que sí, que tengo la inmesa suerte de poder estar con mi hijo las 24 horas del día. Sé que es un privilegio poder elegir estar en esta situación (aunque el mercado laboral es un asco y está la cosa peor que mal). Pero hay veces que me siento tan agotada, que me acostaría el día entero.
No está bien quejarse por esto, lo sé. Estoy y soy feliz así. Aunque canse. Aunque siempre me quedo la última para todo. Aunque haga mucho que no mantengo una conversación tranquila/distendida/reparadora con mi mejor amiga (ni casi con un adulto que no sea mi marido). Aunque me haya quedado prácticamente sin vida social. Aunque al cabo del día, no tenga ni una hora para mí misma. Todo volverá. Seguro.

A veces pienso que soy (muy) rara (me lo dicen, ya, jijiji). A ver, lo normal, entendido como lo que hace la mayoría, no es lo que hago yo. He recibido miles de consejos no pedidos. Me han llovido comentarios que hubiese preferido no tener que escuchar. Me gustaría que me/nos respetaran. Me encantaría que si tengo un día un poco “chof”, no me digan algo así como: es lo que mereces / es lo que tienes / aguanta porque lo has elegido / no te quejes.

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Es complicado. Es muy complicado llegar al fin del día sin tener las energías por el suelo. Supongo que no debería quejarme. Pero lo necesito.
Por otra parte, sé que el tiempo se va volando. Cuando mi hijo ya no me requiera tanto, cuando ya no quiera estar tanto tiempo jugando conmigo, cuando duerma en su dormitorio solo, cuando vaya al colegio y mis mañanas se vean vacías de sus risas/llantos/voz… Supongo que entonces echaré de menos todo este atropello de días.

Nadie dijo que esto de ser madre fuese fácil.

Reto: Si yo fuera rico

Llamadme ilusa, pero cuando se acerca el sorteo de navidad, mi cabeza empieza a viajar a una realidad paralela donde me toca un buen premio. Ay, si me tocara un premio grande!

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¿Os imagináis con tal cantidad de dinero a vuestra disposición? Yo no, sinceramente. Sé que no me va a tocar ná de ná. La probabilidad es tan baja, y no suelo tener mucha suerte en estas cosas, que es un imposible.
Sin embargo, como cada año, hemos comprado algún billete de lotería de navidad con una tonta esperanza (esa que se esfuma año tras año y que vuelve una y otra vez). Me conformo aunque sea con que toque un reintegro… un algo, por favor! XD

Pero, ¿qué harías si te tocara un premio de mucho, mucho dinero? (cuando digo mucho, quiero decir millones y millones de euros). Lo más obvio, no nos engañemos, sería lo típico: una casa, un coche, ayudar a la familia, un viaje… Eso cae seguro, verdad?

¿Os apuntáis al reto “Si yo fuera rico”?
Tenéis que contarme qué haríais con infinito-dinero en vuestro poder. Lo guay sería fantasear con cosas de esas “imposibles-totalmente”, más allá de tapar agujeros, ayudar, el pack “casa-coche”…
Puestos a soñar, os dejo cosas diferentes que se me ocurren que podría hacer con los bolsillos bien llenos.

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Imagen para compartir si participas en el reto 😉

Aquí van mis fantasías:

  • Financiaría la creación de un  centro educativo de pedagogía montessori. Por descontado, sería construido cerca de mi nueva casa, para poder ir y venir andando cada día.
    Pero no sólo de etapa de infantil, también de primaria y si se puede seguir más, mejor (aunque sea con otro tipo de pedagogía alternativa y respetuosa).

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  • Contrataría a Patrick Wolf para que cantase en MI casa, así en plan tranquilo. Que venga a cantarme al salón de casa -qué digo salón! Si tendríamos un bonito jardín! jijiji-. Luego podríamos hasta tomar el té en familia jijiji. Y a Maga también, que me requeteencantan. Un acústico en casa. Así, con confianza y unas cervecitas después, si encartan 😉
    (A Patrick lo veo más de charla profunda y té, y a Maga de cerveceo y charla más distendida).

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  • Fletar un crucero, meter dentro a mi familia/amigos y hacernos un pedazo de viaje por todo el Mediterráneo, por ejemplo. Iríamos eligiendo los sitios que nos apetezcan. Visitando ciudades, atracando en diferentes puertos, yendo y viniendo… que si dos días en Marsella, que si una parada en Génova, que si bajamos a ver La Valeta, o mejor lo vemos a la vuelta, pero antes tiramos para el Adriático y vamos saltando de un país a otro alegremente (Italia, Eslovenia, Croacia, Bosnia, Montenegro, Albania…). Que no podemos dejar de ir por las Cícladas y una escala pequeña en Turquía… Así, de aquí para allá. Mmmm… estaríamos todo un verano si queremos ver tantos lugares.

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  • Comprarme un pisito en Roma, para ir por temporaditas cortas o los fines de semana que encarten, con vistas a la fontana de Trevi, si es posible (en mis sueños es muy posible). O por esa zona (cerca de la plaza Navona, el Panteón…), o en el barrio del Borgo. Suspiro…

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  • Tener una megabiblioteca en casa. Una habitación grande, muy grande, con las paredes repletas de libros. Hasta con escalera de pared para acceder a los más altos.
    Además tener un negocio de libros, pero que molase mil. Cuántas veces lo hemos imaginado! Antes de conocer a mi amante bandido, mi mejor amiga y yo también soñábamos con el negocio redondo (libros, música, café…). En nuestras mentes ya existía Fnac jijiji.
    Así mi amante bandido podría dejar su trabajo (si quiere) y dedicarse a la librería-maravillosa.
  • bibliotecas2Arte! Compraría obras originales de algunos pintores que me vuelven loca. Al menos, para empezar, algunas de Jonathan Viner, Alex Gross, Camille Rose García, Ray Caesar… Sólo de imaginarlo me pongo nerviosita.

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  • No sé si me atrevería a conducir. Siempre bromeo diciendo que si tuviese el coche de mis sueños (un Volvo apañao), lo haría. Si veo que ni con el Volvo, y un circuito privado para soltarme, no me arranco, pues nada, contrataría un chofer jajaja.

usc30voc201f021001Bueno, llegados a este punto, me he gastado el premio gordo varias veces XD
Podría seguir fantaseando, pero vamos a echar el freno que luego, al bajar de la nube, me voy a pillar una depresión jijiji.

Ahora en serio; soy muy feliz con lo que tengo y no necesito nada. Aunque mira, si me caen del cielo unos milloncitos, bienvenidos serán.

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Y vosotrxs, también fantaseáis con estas cosas? ¿Cuáles serían vuestras inversiones? Contadme!! Haced el reto 😉 Sólo tenéis que compartir la imagen del reto y dejar volar vuestra imaginación.

Como falta poquito para el día del sorteo del gordo de navidad, que tengáis suerte, si lleváis número, hermosuras!

Los 70´s

Nacer en los setenta era muy distinto a cómo se nace ahora. Os voy a contar los partos de mi madre y lo diferentes que fueron entre ellos. Veréis las diferencias con respecto a cómo son en la actualidad. Mi hermana mayor y una servidora somos de la década de los setenta y mi hermano pequeño ya es de los ochenta.
El primer parto de mi madre fue, poco más o menos, una carnicería, una absoluta violación obstétrica y un horror. Pongámonos en situación:

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Mujer primípara, de 24 años recién cumplidos, de constitución muy delgada y con barriga inmensa de embarazo a término, inocente hasta la médula, que quedó embarazada prácticamente tras casarse –muy típico de la generación de mis padres, que hasta que no pasaban por el altar, no se iniciaban en ir más allá de besos y caricias, los más osados-.
Llega con mi padre, de 27 años, a urgencias del hospital de la capital (más de 30 minutos en carretera –de las de antes-). Había roto la bolsa y empezaba a tener contracciones. A ella la hacen pasar a una sala. La hacen subir a una camilla donde la exploran, no le dicen gran cosa y le dicen que espere. A mi padre no le dejaron pasar. Se quedó fuera esperando sin saber nada de nada. Nadie salía a informar. Pasan los minutos y las horas. El dolor de las contracciones va en aumento. Sigue sola. Oye voces por allí y por allá, pero nadie se dirige a ella. Pregunta tímidamente a una enfermera que pasa por allí y le explica algo que no acaba de entender. Otro tacto doloroso. Le da un camisón para que se cambie y que espere. El dolor sigue subiendo. Oye alaridos de dolor de otras mujeres en otras salas. Tiene miedo. Está sola. Mi padre fuera esperando y esperando.

Así llegamos a la mañana siguiente, cuando mi madre, muerta de dolor, se pone a llorar a lágrima viva pidiendo ayuda. Entonces sí, parece que ya la van a atender. Claro, resulta que está lista para el paritorio, con dilatación completa. La llevan, sola, con miedo y adolorida. El parto tuvo de todo: episiotomía bestial no informada –de lo que se enteró tiempo después-, desgarro considerable, hematoma perineal enorme, fórceps, kristeller, maltrato verbal (“no grites”, “no llores”, “no te quejes”…) y dio a luz a mi hermana de poco más de 4 kilos y medio. En los primeros días sintió hasta rechazo por ella. Ni hablamos ya de dar el pecho: dolor, nada de apoyo y al final biberón. La estancia en el hospital la recuerda de pesadilla. Después de aquello se prometía que nunca más tendría hijos. Diría que pasó por una depresión postparto sin saberlo.

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Y entonces, os preguntaréis ¿cómo llegamos a este mundo mi hermano y una servidora? Pues porque resulta que en aquellos tiempos, si tenías dinero, podías irte a un hospital privado y tener lo que llamaban “un parto sin dolor”. Es decir, en el parto anestesiaban totalmente a la madre, sacaban al bebé y cuando la madre despertaba todo había pasado “sin dolor” (no se enteraban de nada del expulsivo).

Así nacimos nosotros: con mi madre anestesiada por completo. Con mi hermano comenzó el proceso de parto cuando rompió la bolsa en casa. Conmigo ingresó porque manchó estando ya más que cumplida (tenía prevista la inducció del parto –que me iban a sacar ya porque estaba “caducada” jjjj – para el día siguiente).
Así que ella ingresaba en el hospital, la dejaban que fuese dilatando y después la dormían y sacaban los niños como a churros. Ni me imagino la que le liarían para sacarme de allí dentro. Yo venía de nalgas, así que imaginad el tute que se llevaría mi madre en la barriga hasta que me dieron la vuelta y me sacaron con ventosa. A mi hermano, que sí estaba bien colocado, también le sacaron con ventosa. Lógicamente, estando mi madre dormida, eso de los pujos como que no era viable.

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Una vez que sacaban la placenta, iban despertando a la madre y la llevaban a la sala de recuperación de la anestesia y el bebé al nido. Triste. Muy triste.

No creo que esta sea una manera muy sana/adecuada/normal de tener un hijo, pero entiendo los motivos que tuvo mi madre para hacerlo así. Además, de mi nacimiento, le quedaron restos de placenta (por lo que imaginad qué desastre anunciado de lactancia) y acabó con un legrado de “regalo” días después. Con mi hermano también acabó la cosa con biberón (eso de separar a la madre y al recién nacido durante horas no ayuda en absoluto).

Después del parto, recuerda como una anécdota, que el ginecólogo le hizo vendarse fuerte la barriga, para poder lucir prontito figurín. Un despropósito. Aunque mi madre estuvo contenta con los resultados. Cuánto desconocimiento. Ufff… me dan escalofríos.
Los partos de mi madre me parecen de entre terror y ciencia ficción. No sé cómo tuvo tres hijos, la verdad. La única conclusión a la que llego es que es una mujer fuerte y mucho, que además no tuvo la opción de tener información “válida” (tuvo la que le daban en aquel entonces).

Me alegra que hoy en día, aunque sigue habiendo partos terriblemente tristes, la cosa ha mejorado muy notablemente. Ahora, por lo menos, tenemos información útil a la que acceder fácilmente. Tenemos derecho a decidir –en la medida de lo posible- y a exigir respeto.

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Me entristece tener que reconocer que en mi parto (el nacimiento de mi hijo, quiero decir) sí hubo violencia obstétrica y cierto tufillo/tufazo de maltrato verbal/emocional. Ojalá estas cosas dejasen de pasar. Ojalá que todas las mujeres que están embarazadas sepan lo que deben y pueden conseguir/consentir/exigir. Cada vez que leo/veo una historia donde la mamá es realmente consciente del funcionamiento del proceso de parto (no sólo a nivel fisiológico) y que lo vive plenamente, siento una mezcla de envidia (sana) y felicidad.

Ojalá todos los niños llegaran al mundo de una manera bella y fuesen recibidos por sus padres inmediatamente.

Ojalá.

Despistario

Este es un pequeño muestrario de los despistes que tengo desde que soy madre. Que conste que en otras épocas de mi vida en las que estaba un pelín estresada también me pasaba.

Levantarse por la mañana temprano, antes que los demás. Escapar de la cama cual ninja, sin ruidos ni movimientos bruscos. Ponerme a hacer cosas y decidir cambiar las sábanas para lavarlas aprovechando el día tan bueno que hace. Ir al dormitorio y recordar que en la cama duermen mi marido y mi hijo.

Cocer los fideos durante más de 15 minutos y, oigan, no quedaron mal XD. Estas cosas son peligrosas y, desde ese día, me pongo una alarma cada vez que pongo algo al fuego que necesita estar cierto tiempo puesto.

Tirar al wc el cepillo de dientes una vez que termino de asearme.
Tirar la ropa interior sucia al wc en vez de al cubo de ropa sucia.

Meter en la lavadora cosas que no se deben meter en la lavadora.
A dios gracias que una vez, antes de encenderla, me di cuenta un día de que el Ipod iba para adentro (vi el cable de los auriculares colgando).
Abrir la lavadora para tender la ropa y encontrarte toooodo lleno de pelusillas/bolitas blancas. Terror… se había colado un pañal sucio dentro. Menos mal que los que van con relleno especial (caca, para entendernos) los metemos inmediatamente en una bolsa bien cerrada y van a la basura en el momento. Este (sólo de pipí) debió colarse al cambiarle la ropa para un baño (y fue todo al tambor de la lavadora del tirón).

Abrir la nevera y encontrar dentro el bote de Nescafé.

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Tirar al cubo de la basura los cubiertos una vez que repaso los restos de comida del plato.
Tirar al cubo de la basura cosas que no deberían tirarse. Hay veces que no encontramos algo en concreto y llegamos a la conclusión de que lo habremos tirado sin darnos cuenta.

Sal en vez de azúcar. Azúcar en vez de sal. Normalmente me doy cuenta antes de que ocurra el desastre (los recipientes no tienen nada que ver jjj). Es el impulso de meter la mano en el armario y sacar lo que pillo a toda mecha.

Recorrerme un centro comercial, pasando por la tintorería, librería, correos y juguetería con la camiseta del revés (costuras por fuera y etiqueta en el cuello dando el cantazo). Tierra trágame. Una cosa es ponerse los calcetines desparejados o del revés y otra cosa es esto.

Ir a sacar la ropa de la lavadora para tenderla y darme cuenta de que NO había puesto el detergente. La bolita llena de ese líquido azul está en la encimera esperando. He lavado la ropa con sólo suavizante. Genial. A poner un ciclo cortito y a esperar de nuevo.

Darme cuenta de que se me ha olvidado meter la prenda que necesitaba en la lavadora. Esa que pones “recultando” cosas por aquí y por allá, para poder lavar esa prenda que necesitaba limpia y, justamente, se me olvidó meter. Aunque mi lavadora se puede pausar y abrir la puerta durante los primeros minutos, ya es mala casualidad que cuando me doy cuenta está en pleno centrifugado y ya se bloquea.

Buscar algo que siempre está en un sitio determinado y que no aparece ni para atrás. Yo paso, y pienso que ya saldrá cuando menos lo espere. Mi marido se ofusca en la búsqueda y lo pasa regular ná mas.

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Y no olvidemos un clásico: ir con mucha urgencia a hacer algo y a mitad de camino pararse en seco y pensar: “¡¿Qué c*ño iba a hacer?!”

Achaco estas situaciones a descansar regular, dormir medio allá, hacer las cosas medio decentemente, repartirme como puedo… Los primeros meses de vida del pichón era/éramos zombies, directamente. Ahora ya estoy estupendamente XD

Anda, haced el favor y decidme que esto os pasa también. Me dejaréis mucho más tranquila 😉

El parque, ese lugar

No sé si es sólo que me pasa a mí, pero cada día me da más pereza ir a los parques con el pichón. Lo ideal es cuando salimos por las mañanas porque no hay ni Blas. Si acaso, el único que aparece es el operario de limpieza del ayuntamiento que barre las hojas caídas de los árboles.

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Sabéis lo que me da pereza, verdad? Sí, es la gente. Pero no la gente “normal” (¿eso existe?), no. A mí lo que me da ansia viva y me hace sentir mal son esos niños maleducados, esas madres (padres veo muy poquitos) apoltronadas con sus móviles en un banco, pasando de lo que hacen sus retoños…

Vamos a ver, que sí, que un niño puede tener un mal día y estar “cruzado”. De acuerdo. Pero esta tarde he vivido el horror parqueril cuando dos niñas se han dedicado a chinchar al pichón.

A una de las niñas –y a su madre- ya la conocemos de vista, de otros días y es de la edad del pichón (no coincidíamos desde antes del verano, así que ni se recordaban entre ellos). La otra debía ser compañera suya del cole, o amiga, o vecina porque iban juntas y las madres igual.

Primero se ha acercado una queriendo que mi hijo le diera el juguetito que él llevaba. Mal. Mi pichón está en esa etapa del “mío” y sus cosas, suyas son. Lógico. A ver, a mí me viene una persona que conozco de vista, que veo de higos a brevas, y me pide que le dé lo que tengo en la mano (mi preciadísimo móvil, por ej.), y como que no… que no se lo doy. Primer berrinche. La niña detrás seguía insistiendo.

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Al final, el pichón ha acabado berreando, dándose –sin querer- un golpe en la cabeza y la niña más feliz que una perdiz detrás de él, insistiendo en que le diera el juguete.

Después, se ha unido a la causa su amiga y se han reído de mi hijo porque llevaba pañal (se le asomó por la cinturilla del pantalón). Mi pichón no ha entendido nada, pero no le ha gustado la actitud de las niñas y sólo acertaba a ponerles la mano extendida frente a ellas gritando “NO!”.

El comentario hacia mi hijo de una de las madres ha sido patético. Ha dicho como algo así:
“Si, tú dile que no a las niñas, que cuando seas grandes y sean ellas la que te digan que NO, ya verás, jajaja”.
Di que sí, morena, fomentando el machismo desde bien pequeños. Olé por ti y tu comentario machista-retrógrado. Mi hijo, por ser un niñO se supone que va a ser un baboso que va a ir rogando amor detrás de toooodas las bellas niñas del universo que le darán calabazas. Claaaaro. Y tu hija, por se niñA, será la princesa de fresa por la que suspiren toooooodos los varones del planeta a los que ella dirá no (recordemos que son unos babosos).
He puesto cara de mala hostia total (-acto reflejo incontrolable ante gilipolleces supremas-). Ni p— gracia. Ninguna. Cero. Asco total.

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He intentado irme a otra parte del minúsculo parque. Cuando conseguí calmarle, le animé a que se montara en un caballito-balancín. Pues allá han ido las niñas corriendo y se han montado ellas antes riéndose. Resultado: otro berrinche. Aquí ha intervenido una madre (oeee!) y ha conseguido que su hija le dejara montar al pichón.

¿Creéis que ha acabado aquí la cosa? Noooo! Las dos “criaturitas celestiales” se han puesto a dar vueltas corriendo alrededor de mi hijo –mientras montaba en el caballito- y le decían una y otra y otra vez: “hola, hola, hola, hola…”. Resultado: otro berrinche.

He sacado al niño del caballito y me lo he llevado a ooootra parte. Había niños más mayores y sin problemas. Estaban todos saltando de un lado a otro.
A eso que estaba subiéndose en una plataforma de madera cuando han llegado las niñas y una le ha dicho algo (con los gritos del pichón no escuché la palabra). Debió ser una palabrota porque la madre le ha gritado que eso no se dice. Así que ooootra pataleta. Ya me he hartado y me fui a los columpios. Las niñas venían detrás riéndose. Finalmente, aparecieron las dos madres y me preguntan, como asombradas, como si mi hijo fuese un histérico, que qué pasaba. No venían de mal rollo, que conste. Pero era como si la culpa fuese de mi hijo que no quería jugar con ellas.

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Ufffff… Ahí ya nos hemos ido. Le he conseguido calmar antes y nos hemos ido dando un paseíto hasta casa. Por el camino, el pichón me ha dicho: “mamá, las niñas eran muy pesadas. Yo no quería jugar con ellas”. Obviamente, le he dado la razón.

No entiendo que las madres (y padres) pasen tanto de sus hijos. Leñe! No estás viendo que algo pasa?! Habla con tu retoño y explícale las cosas. O apártalo de la situación –que es lo que he intentado hacer yo sin éxito porque nos seguían-. Ahí están sentadas en manada, en el banco, hablando de sus cosas o si están solas van enganchadas al móvil. Y luego la loca es una :/
Vale que hay que dejarles resolver sus cosas, pero hay veces que ya pasa de castaño oscuro. Tampoco yo he sido muy borde, que conste. Ni he les dicho nada en plan reproche a las madres o a sus niñas. He ido dejando fluir las cosas hasta que tenía que intervenir -porque conozco a mi hijo y sé cuando está pasándolo mal-.

Una hora de tortura en el parque. Cuando llegamos a casa, me sentí mal por no haber sabido hacerlo de otra manera. Dudo mucho que las madres de esas niñas ni se acuerden a estas horas de lo sucedido.

Mi pichón, ha llegado derrotado a casa. Me ha pedido la cena y a las 8.30 ha cogido su cuento para dormir. En menos de 5 minutos estaba en sueño profundo. Una servidora, tras esta reflexión, se va a dormir también.

Mi conclusión: se está mejor en el parque por la mañana ;P

¿Este tipo de situaciones también pasan en los parques a los que vais asiduamente? ¿Sois de las madres/padres que estáis pendientes de vuestros niños cuando juegan, o les dejáis hacer y os apartáis?

 

Sororidad

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Hace poco que supe lo que significa esta palabra. También me he dado cuenta de que es algo que no se practica mucho. Tengo que admitir que antes de ser madre yo juzgaba a otras mujeres (y madres) porque no me gustaba cómo actuaban. Pensaba que yo lo haría de otra forma (mejor, claro). Qué atrevida es la ignorancia… Ufff…

Este entrada me va a costar escribirla. No porque me dé vergüenza admitir ciertas cosas, o porque no me guste cómo era antes. Creo que me cuesta porque veo mucha falta de apoyo y entendimiento. A veces me siento bastante sola. Pienso que estaré “loca” o que qué le pasa al mundo que no encuentro lo que necesito (palabras adecuadas, un abrazo, apoyo…).

Os conté que hemos decidido no escolarizar aún al pichón. Vamos a esperar a que tenga 4 años para hacerlo. Os expliqué abiertamente los motivos que, bajo mi punto de vista, son de bastante peso. Aquí podéis volver a leerlo.

Pues en estas fechas, de vuelta al cole y comienzo de curso, ya estoy notando miradas raras, ya tenemos que estar justificando, ya he escuchado comentarios que me han dolido, ya me empiezo a sentir desplazada… o “loca”.

Fue hablando con mi madre, a la que tanto quiero, cuando noté cierto tono de reproche por no escolarizar al niño. Las palabras que terminaron de matarme fueron: “tienes que hacerlo por su bien”. Pero, entonces, se supone, sobreentiendo, que para ella lo que estoy haciendo está mal para mi hijo, que no hago lo que es bueno para él, que soy mala con él… Escribiendo esto hasta me dan ganas de llorar 😦

Si eso lo piensa mi propia madre, que se supone que me respeta y me dice lo que piensa, ¿qué no pensarán los demás?
También, de forma más sutil, he notado esa “presión” por parte de mis suegros. Pero ellos, a mí, directamente, no me dicen nada. Se lo dicen a mi amante bandido.

No creo que esté haciendo mal a mi hijo. No creo que le esté privando de nada grandioso. No tengo la menor duda. Pero que en mi entorno ni me/nos entiendan, ni estén de acuerdo, ni muestren un poco de empatía. Me duele en el alma.

Hay temas con los que me tengo que morder la lengua, o no ser precisa, ni clara si no quiero que me acribillen y me hagan sentir mal. Por ejemplo, con el tema de la lactancia. Mi pichón ya sólo toma pecho para dormir por las noches. Es una toma corta (unos 5 minutos) y le ayuda a dormirse en un plis. Siento que el destete se acerca, pero tampoco tengo prisa porque llegue. Llegará el momento en que no precise la teta para dormir y punto. Sé que un día llegará, pero me da igual cuándo.

Pues cuando estamos, por ejemplo, con amigos y sacan el tema de la lactancia (algunos han sido padres hace poco, pero no dan pecho) escucho cada subnormalidad que flipo. ¿Y qué hago? Me callo por no sentirme arrinconada/juzgada/ridiculizada. Paso de aclarar las cosas o de contar que sí, que mi hijo aún mama de noche. Paso de escuchar comentarios hirientes y encima de gente que se supone que son amigos.

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Todas estas acciones/reacciones me entristecen. Mucho. Me hacen sentir sola y mal. De verdad, ¿tan difícil es no juzgar y respetar las diferentes opciones/caminos que uno va tomando en la vida?

Estoy aprendiendo la lección pero a base de bien.

Lo peor es que la gente a la que quieres, mujeres de tu entorno, te digan cosas como “nunca pensé que tú serías así” (como si una fuese extraterrestre o estuviese loca de atar).

Hay días en los que me siento francamente decepcionada.

Realidad vs. Mitos

Una vez que eres madre hay situaciones que te pueden llegar a superar. Parte de la culpa de esto es que, en mi opinión, desde que somos niñas nos meten la idea en la cabeza de que tener un bebé es vestirle “bonito”, meterlo en un cochecito y dar paseos, biberón y a dormir. Seguro que muchas de las que estáis leyendo esto habéis jugado con un muñeco tipo Nenuco a ser mamás. Y era toooodo tan fácil, verdad? Si hasta al Nenuco que traía pupas en el culo, se le curaban con un poco de agua jajaja. Magia potagia. Los muñecos no traían (ni traen, supongo) un sacamocos, que es el aliado de muchos padres en épocas de resfriados. Ni hay una edición “Nenuco Meconio” para normalizar esa caca tan terrible que tiene un bebé recién nacido.

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A lo que voy, es que de toda la vida tenemos idealizada la idea de ser madre. Pensamos que es bonito, y lo es, ojo, pero no nos hablan de la verdad-verdadera. Así, cuando tu hijx no para de llorar y no sabes por qué, lo normal es entrar en pánico. O cuando llega el momento en que alguien te habla del “cólico del lactante” y tú pones cara de “¿lo qué?”. O cuando piensas que si vuelve a pedir teta en menos de quince minutos, te vas a quedar con la espalda partida literalmente. O cuando llega una crisis y tú vuelves a pensar “¿lo qué?”. En fin, “cosillas” que no nos cuentan y hacen que pienses que eres un bicho raro o tienes un hijx muy marcianx.

Una cesárea no duele.
FALSO.
Aquí ya os aviso, por experiencia propia, que SÍ duele y bastante. La recuperación es mucho más lenta que si fuese un parto vaginal. Como siempre, no se puede generalizar y habrá mujeres que tras una cesárea estén como una rosa. Al igual que habrá madres que tras un parto vaginal estén muertas-matadas.
Por tener una cesárea programada, me llegaron a decir que era afortunada porque iba a parir como las famosas. Ufff… Los dolores que pasé, el malestar, la inmovilidad, la falta de autonomía, el no poder hacerme cargo de mi hijo… eso no se lo deseo a nadie.

En cuanto veas a tu retoño, sentirás un flechazo y amor en estado puro.
FALSO
Puede que sí, puede que no. No todas las mamás sentimos eso. Ojalá fuese así para todas. No te sientas rara si no te dio el flechazo. A mí hasta me daba apuro reconocerlo porque parecía que fuese una mala madre. No sentí ese amor infinito. Primero porque tardé casi un día en ver a mi pichón por primera vez en persona, y segundo porque la primera vez que lo vi fue cuando me pusieron una foto suya en la pantalla del móvil frente a mi careto (gracias, suegro –modo ironía ON-) y me quedé un poco en schock –no lo esperaba-. Lo que sentí al tenerle en mis brazos fue asombro. Mucho asombro. Era increíble pensar que esa cosita tan pequeña y calentita estuviera el día anterior en mi barriga. ¿En serio? ¿es MI hijo? Woooow!

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Una madre reciente debe ser felicidad pura.
FALSO.
Una mujer que ha dado a luz tiene un interesante viaje de hormonas. Si te sientes mal, o tienes ganas de llorar, hazlo. No pienses que eres la única que se siente triste o cabreada pese a tener un bebé precioso.
A mí me llegaron a decir que no llorase, que no estaba bien que el pichón me “viera” llorando (pero si el niño acababa de nacer), que tenía que ser más dura y aguantar. Tócate el moño!

No lo cojas, que tiene que ser independiente.
FALSO.
Claro que tienes que coger a tu hijx y mucho más si está llorando. Dejarle llorar NO ensancha los pulmones (valiente gilipollez). Lo que vas a conseguir es que sus niveles de estrés se eleven hasta el infinito e interprete que, aunque te esté reclamando, no vas a estar a su lado. Triste. Así, que coged a vuestros churumbeles y que no lo cojan tanto los demás (que se lo vayan pasando de abuelos a tíos, amigos, colegas, vecinos y demás visitas… eso estresa mucho a un bebé).

Duermen en su cuna/moisés/minicuna tan ricamente.
FALSO.
Tú duerme a un bebé y mételo en una cuna. A ver lo que dura ahí dentro… 3,2,1… Ojos abiertos como platos y berreo. Yo decía que dejar al pichón dormido en la cuna era como acostarlo en la cama de un faquir. Aunque esperase a que llevase un rato bien dormido (con la respiración relajada), era dejarle tumbado y despertarse automáticamente con llanto explosivo. Esto es muuuuuy común y normal.

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Qué angelito, duerme como un bebé.
FALSO
¿Eins? ¿Quién inventó esa afirmación? Los bebés recién nacidos, y más mayores, no duermen lo que crees, ni mucho menos duermen cuando tú quieres dormir. Ellos comen, duermen y hacen sus necesidades. Entre medias, lloran. Y esto es en horarios que no controlas. Porque ellos al principio no entienden si es de día, de noche o la hora de la siesta. Mi pichón, por ejemplo, por las noches (y de día) pedía teta o había que cambiarle el pañal, cada poco. En serio, los primeros meses NO dormíamos más de una hora y media o dos horas seguidas. Lo bueno es que esta fase de tortura sin dormir suele durar poco (unos tres meses en nuestro caso). Luego las tomas se espacian y puedes dormir con suerte, quizá, tres o cuatro horas seguidas (Uooooo!). Que también puede ser que tu hijx duerma como un lirón y tengas suerte.

¿Otra vez teta? Eso es que se queda con hambre. Dale biberón que lo vas a matar de hambre.
FALSO.
Un bebé, mucho más si está con lactancia materna exclusiva, come cada dos por tres. La leche materna se digiere rápido. No es igual que la leche de fórmula que es más “pesada” y tardan más es hacer la digestión (no es que les deje más alimentados). Además de para comer, la teta sirve para darle consuelo, para sentir cerca a su madre, para la succión no nutritiva (o eso que dicen que te usa de chupete –que es al revés, que usan el chupete de teta jajaja-)… Así que lo habitual en un bebé de pecho es que esté enganchado a su mami cada poco tiempo.

¡Este niño está estreñido!
FALSO.
No creas que un bebé hace caca a diario. Los niños amamantados pueden pasar muuuchos días sin hacer de vientre. Ya os lo expliqué aquí. Así que si el bebé está bien de ánimo y no tiene síntomas raros, está más fresco que una lechuga. Nosotros mentíamos descaradamente a las abuelas cuando preguntaban si hacía caca a diario, porque nos traían fritos con que estaba estreñido.

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Tienes que raparle el pelo para que le crezca más fuerte y sano.
FALSO.
Que no, que no, que noooo… Eso es una tontada. Si quieres pasarle la maquinilla por estética, perfecto, pero no creas que tu bebé va a tener pelazo después. Tendrá el pelo que le ha tocado por genética. No hay más. Es un hecho.

Y podría seguir enumerando mitos… Las cosas no son siempre como las cuentan. Así que no te dejes llevar por lo que te cuenten.
A las que sois mamás/papás, ¿se os ocurren más? Contadme!