Uno de esos días

¿No os pasa que hay días que estáis muy cansadas casi desde que os despertáis y veis todo “cuesta arriba”? Seguramente sí. Ya sé, que sí, que tengo la inmesa suerte de poder estar con mi hijo las 24 horas del día. Sé que es un privilegio poder elegir estar en esta situación (aunque el mercado laboral es un asco y está la cosa peor que mal). Pero hay veces que me siento tan agotada, que me acostaría el día entero.
No está bien quejarse por esto, lo sé. Estoy y soy feliz así. Aunque canse. Aunque siempre me quedo la última para todo. Aunque haga mucho que no mantengo una conversación tranquila/distendida/reparadora con mi mejor amiga (ni casi con un adulto que no sea mi marido). Aunque me haya quedado prácticamente sin vida social. Aunque al cabo del día, no tenga ni una hora para mí misma. Todo volverá. Seguro.

A veces pienso que soy (muy) rara (me lo dicen, ya, jijiji). A ver, lo normal, entendido como lo que hace la mayoría, no es lo que hago yo. He recibido miles de consejos no pedidos. Me han llovido comentarios que hubiese preferido no tener que escuchar. Me gustaría que me/nos respetaran. Me encantaría que si tengo un día un poco “chof”, no me digan algo así como: es lo que mereces / es lo que tienes / aguanta porque lo has elegido / no te quejes.

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Es complicado. Es muy complicado llegar al fin del día sin tener las energías por el suelo. Supongo que no debería quejarme. Pero lo necesito.
Por otra parte, sé que el tiempo se va volando. Cuando mi hijo ya no me requiera tanto, cuando ya no quiera estar tanto tiempo jugando conmigo, cuando duerma en su dormitorio solo, cuando vaya al colegio y mis mañanas se vean vacías de sus risas/llantos/voz… Supongo que entonces echaré de menos todo este atropello de días.

Nadie dijo que esto de ser madre fuese fácil.

Reto: Si yo fuera rico

Llamadme ilusa, pero cuando se acerca el sorteo de navidad, mi cabeza empieza a viajar a una realidad paralela donde me toca un buen premio. Ay, si me tocara un premio grande!

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¿Os imagináis con tal cantidad de dinero a vuestra disposición? Yo no, sinceramente. Sé que no me va a tocar ná de ná. La probabilidad es tan baja, y no suelo tener mucha suerte en estas cosas, que es un imposible.
Sin embargo, como cada año, hemos comprado algún billete de lotería de navidad con una tonta esperanza (esa que se esfuma año tras año y que vuelve una y otra vez). Me conformo aunque sea con que toque un reintegro… un algo, por favor! XD

Pero, ¿qué harías si te tocara un premio de mucho, mucho dinero? (cuando digo mucho, quiero decir millones y millones de euros). Lo más obvio, no nos engañemos, sería lo típico: una casa, un coche, ayudar a la familia, un viaje… Eso cae seguro, verdad?

¿Os apuntáis al reto “Si yo fuera rico”?
Tenéis que contarme qué haríais con infinito-dinero en vuestro poder. Lo guay sería fantasear con cosas de esas “imposibles-totalmente”, más allá de tapar agujeros, ayudar, el pack “casa-coche”…
Puestos a soñar, os dejo cosas diferentes que se me ocurren que podría hacer con los bolsillos bien llenos.

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Imagen para compartir si participas en el reto 😉

Aquí van mis fantasías:

  • Financiaría la creación de un  centro educativo de pedagogía montessori. Por descontado, sería construido cerca de mi nueva casa, para poder ir y venir andando cada día.
    Pero no sólo de etapa de infantil, también de primaria y si se puede seguir más, mejor (aunque sea con otro tipo de pedagogía alternativa y respetuosa).

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  • Contrataría a Patrick Wolf para que cantase en MI casa, así en plan tranquilo. Que venga a cantarme al salón de casa -qué digo salón! Si tendríamos un bonito jardín! jijiji-. Luego podríamos hasta tomar el té en familia jijiji. Y a Maga también, que me requeteencantan. Un acústico en casa. Así, con confianza y unas cervecitas después, si encartan 😉
    (A Patrick lo veo más de charla profunda y té, y a Maga de cerveceo y charla más distendida).

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  • Fletar un crucero, meter dentro a mi familia/amigos y hacernos un pedazo de viaje por todo el Mediterráneo, por ejemplo. Iríamos eligiendo los sitios que nos apetezcan. Visitando ciudades, atracando en diferentes puertos, yendo y viniendo… que si dos días en Marsella, que si una parada en Génova, que si bajamos a ver La Valeta, o mejor lo vemos a la vuelta, pero antes tiramos para el Adriático y vamos saltando de un país a otro alegremente (Italia, Eslovenia, Croacia, Bosnia, Montenegro, Albania…). Que no podemos dejar de ir por las Cícladas y una escala pequeña en Turquía… Así, de aquí para allá. Mmmm… estaríamos todo un verano si queremos ver tantos lugares.

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  • Comprarme un pisito en Roma, para ir por temporaditas cortas o los fines de semana que encarten, con vistas a la fontana de Trevi, si es posible (en mis sueños es muy posible). O por esa zona (cerca de la plaza Navona, el Panteón…), o en el barrio del Borgo. Suspiro…

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  • Tener una megabiblioteca en casa. Una habitación grande, muy grande, con las paredes repletas de libros. Hasta con escalera de pared para acceder a los más altos.
    Además tener un negocio de libros, pero que molase mil. Cuántas veces lo hemos imaginado! Antes de conocer a mi amante bandido, mi mejor amiga y yo también soñábamos con el negocio redondo (libros, música, café…). En nuestras mentes ya existía Fnac jijiji.
    Así mi amante bandido podría dejar su trabajo (si quiere) y dedicarse a la librería-maravillosa.
  • bibliotecas2Arte! Compraría obras originales de algunos pintores que me vuelven loca. Al menos, para empezar, algunas de Jonathan Viner, Alex Gross, Camille Rose García, Ray Caesar… Sólo de imaginarlo me pongo nerviosita.

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  • No sé si me atrevería a conducir. Siempre bromeo diciendo que si tuviese el coche de mis sueños (un Volvo apañao), lo haría. Si veo que ni con el Volvo, y un circuito privado para soltarme, no me arranco, pues nada, contrataría un chofer jajaja.

usc30voc201f021001Bueno, llegados a este punto, me he gastado el premio gordo varias veces XD
Podría seguir fantaseando, pero vamos a echar el freno que luego, al bajar de la nube, me voy a pillar una depresión jijiji.

Ahora en serio; soy muy feliz con lo que tengo y no necesito nada. Aunque mira, si me caen del cielo unos milloncitos, bienvenidos serán.

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Y vosotrxs, también fantaseáis con estas cosas? ¿Cuáles serían vuestras inversiones? Contadme!! Haced el reto 😉 Sólo tenéis que compartir la imagen del reto y dejar volar vuestra imaginación.

Como falta poquito para el día del sorteo del gordo de navidad, que tengáis suerte, si lleváis número, hermosuras!

Los 70´s

Nacer en los setenta era muy distinto a cómo se nace ahora. Os voy a contar los partos de mi madre y lo diferentes que fueron entre ellos. Veréis las diferencias con respecto a cómo son en la actualidad. Mi hermana mayor y una servidora somos de la década de los setenta y mi hermano pequeño ya es de los ochenta.
El primer parto de mi madre fue, poco más o menos, una carnicería, una absoluta violación obstétrica y un horror. Pongámonos en situación:

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Mujer primípara, de 24 años recién cumplidos, de constitución muy delgada y con barriga inmensa de embarazo a término, inocente hasta la médula, que quedó embarazada prácticamente tras casarse –muy típico de la generación de mis padres, que hasta que no pasaban por el altar, no se iniciaban en ir más allá de besos y caricias, los más osados-.
Llega con mi padre, de 27 años, a urgencias del hospital de la capital (más de 30 minutos en carretera –de las de antes-). Había roto la bolsa y empezaba a tener contracciones. A ella la hacen pasar a una sala. La hacen subir a una camilla donde la exploran, no le dicen gran cosa y le dicen que espere. A mi padre no le dejaron pasar. Se quedó fuera esperando sin saber nada de nada. Nadie salía a informar. Pasan los minutos y las horas. El dolor de las contracciones va en aumento. Sigue sola. Oye voces por allí y por allá, pero nadie se dirige a ella. Pregunta tímidamente a una enfermera que pasa por allí y le explica algo que no acaba de entender. Otro tacto doloroso. Le da un camisón para que se cambie y que espere. El dolor sigue subiendo. Oye alaridos de dolor de otras mujeres en otras salas. Tiene miedo. Está sola. Mi padre fuera esperando y esperando.

Así llegamos a la mañana siguiente, cuando mi madre, muerta de dolor, se pone a llorar a lágrima viva pidiendo ayuda. Entonces sí, parece que ya la van a atender. Claro, resulta que está lista para el paritorio, con dilatación completa. La llevan, sola, con miedo y adolorida. El parto tuvo de todo: episiotomía bestial no informada –de lo que se enteró tiempo después-, desgarro considerable, hematoma perineal enorme, fórceps, kristeller, maltrato verbal (“no grites”, “no llores”, “no te quejes”…) y dio a luz a mi hermana de poco más de 4 kilos y medio. En los primeros días sintió hasta rechazo por ella. Ni hablamos ya de dar el pecho: dolor, nada de apoyo y al final biberón. La estancia en el hospital la recuerda de pesadilla. Después de aquello se prometía que nunca más tendría hijos. Diría que pasó por una depresión postparto sin saberlo.

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Y entonces, os preguntaréis ¿cómo llegamos a este mundo mi hermano y una servidora? Pues porque resulta que en aquellos tiempos, si tenías dinero, podías irte a un hospital privado y tener lo que llamaban “un parto sin dolor”. Es decir, en el parto anestesiaban totalmente a la madre, sacaban al bebé y cuando la madre despertaba todo había pasado “sin dolor” (no se enteraban de nada del expulsivo).

Así nacimos nosotros: con mi madre anestesiada por completo. Con mi hermano comenzó el proceso de parto cuando rompió la bolsa en casa. Conmigo ingresó porque manchó estando ya más que cumplida (tenía prevista la inducció del parto –que me iban a sacar ya porque estaba “caducada” jjjj – para el día siguiente).
Así que ella ingresaba en el hospital, la dejaban que fuese dilatando y después la dormían y sacaban los niños como a churros. Ni me imagino la que le liarían para sacarme de allí dentro. Yo venía de nalgas, así que imaginad el tute que se llevaría mi madre en la barriga hasta que me dieron la vuelta y me sacaron con ventosa. A mi hermano, que sí estaba bien colocado, también le sacaron con ventosa. Lógicamente, estando mi madre dormida, eso de los pujos como que no era viable.

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Una vez que sacaban la placenta, iban despertando a la madre y la llevaban a la sala de recuperación de la anestesia y el bebé al nido. Triste. Muy triste.

No creo que esta sea una manera muy sana/adecuada/normal de tener un hijo, pero entiendo los motivos que tuvo mi madre para hacerlo así. Además, de mi nacimiento, le quedaron restos de placenta (por lo que imaginad qué desastre anunciado de lactancia) y acabó con un legrado de “regalo” días después. Con mi hermano también acabó la cosa con biberón (eso de separar a la madre y al recién nacido durante horas no ayuda en absoluto).

Después del parto, recuerda como una anécdota, que el ginecólogo le hizo vendarse fuerte la barriga, para poder lucir prontito figurín. Un despropósito. Aunque mi madre estuvo contenta con los resultados. Cuánto desconocimiento. Ufff… me dan escalofríos.
Los partos de mi madre me parecen de entre terror y ciencia ficción. No sé cómo tuvo tres hijos, la verdad. La única conclusión a la que llego es que es una mujer fuerte y mucho, que además no tuvo la opción de tener información “válida” (tuvo la que le daban en aquel entonces).

Me alegra que hoy en día, aunque sigue habiendo partos terriblemente tristes, la cosa ha mejorado muy notablemente. Ahora, por lo menos, tenemos información útil a la que acceder fácilmente. Tenemos derecho a decidir –en la medida de lo posible- y a exigir respeto.

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Me entristece tener que reconocer que en mi parto (el nacimiento de mi hijo, quiero decir) sí hubo violencia obstétrica y cierto tufillo/tufazo de maltrato verbal/emocional. Ojalá estas cosas dejasen de pasar. Ojalá que todas las mujeres que están embarazadas sepan lo que deben y pueden conseguir/consentir/exigir. Cada vez que leo/veo una historia donde la mamá es realmente consciente del funcionamiento del proceso de parto (no sólo a nivel fisiológico) y que lo vive plenamente, siento una mezcla de envidia (sana) y felicidad.

Ojalá todos los niños llegaran al mundo de una manera bella y fuesen recibidos por sus padres inmediatamente.

Ojalá.

Despistario

Este es un pequeño muestrario de los despistes que tengo desde que soy madre. Que conste que en otras épocas de mi vida en las que estaba un pelín estresada también me pasaba.

Levantarse por la mañana temprano, antes que los demás. Escapar de la cama cual ninja, sin ruidos ni movimientos bruscos. Ponerme a hacer cosas y decidir cambiar las sábanas para lavarlas aprovechando el día tan bueno que hace. Ir al dormitorio y recordar que en la cama duermen mi marido y mi hijo.

Cocer los fideos durante más de 15 minutos y, oigan, no quedaron mal XD. Estas cosas son peligrosas y, desde ese día, me pongo una alarma cada vez que pongo algo al fuego que necesita estar cierto tiempo puesto.

Tirar al wc el cepillo de dientes una vez que termino de asearme.
Tirar la ropa interior sucia al wc en vez de al cubo de ropa sucia.

Meter en la lavadora cosas que no se deben meter en la lavadora.
A dios gracias que una vez, antes de encenderla, me di cuenta un día de que el Ipod iba para adentro (vi el cable de los auriculares colgando).
Abrir la lavadora para tender la ropa y encontrarte toooodo lleno de pelusillas/bolitas blancas. Terror… se había colado un pañal sucio dentro. Menos mal que los que van con relleno especial (caca, para entendernos) los metemos inmediatamente en una bolsa bien cerrada y van a la basura en el momento. Este (sólo de pipí) debió colarse al cambiarle la ropa para un baño (y fue todo al tambor de la lavadora del tirón).

Abrir la nevera y encontrar dentro el bote de Nescafé.

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Tirar al cubo de la basura los cubiertos una vez que repaso los restos de comida del plato.
Tirar al cubo de la basura cosas que no deberían tirarse. Hay veces que no encontramos algo en concreto y llegamos a la conclusión de que lo habremos tirado sin darnos cuenta.

Sal en vez de azúcar. Azúcar en vez de sal. Normalmente me doy cuenta antes de que ocurra el desastre (los recipientes no tienen nada que ver jjj). Es el impulso de meter la mano en el armario y sacar lo que pillo a toda mecha.

Recorrerme un centro comercial, pasando por la tintorería, librería, correos y juguetería con la camiseta del revés (costuras por fuera y etiqueta en el cuello dando el cantazo). Tierra trágame. Una cosa es ponerse los calcetines desparejados o del revés y otra cosa es esto.

Ir a sacar la ropa de la lavadora para tenderla y darme cuenta de que NO había puesto el detergente. La bolita llena de ese líquido azul está en la encimera esperando. He lavado la ropa con sólo suavizante. Genial. A poner un ciclo cortito y a esperar de nuevo.

Darme cuenta de que se me ha olvidado meter la prenda que necesitaba en la lavadora. Esa que pones “recultando” cosas por aquí y por allá, para poder lavar esa prenda que necesitaba limpia y, justamente, se me olvidó meter. Aunque mi lavadora se puede pausar y abrir la puerta durante los primeros minutos, ya es mala casualidad que cuando me doy cuenta está en pleno centrifugado y ya se bloquea.

Buscar algo que siempre está en un sitio determinado y que no aparece ni para atrás. Yo paso, y pienso que ya saldrá cuando menos lo espere. Mi marido se ofusca en la búsqueda y lo pasa regular ná mas.

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Y no olvidemos un clásico: ir con mucha urgencia a hacer algo y a mitad de camino pararse en seco y pensar: “¡¿Qué c*ño iba a hacer?!”

Achaco estas situaciones a descansar regular, dormir medio allá, hacer las cosas medio decentemente, repartirme como puedo… Los primeros meses de vida del pichón era/éramos zombies, directamente. Ahora ya estoy estupendamente XD

Anda, haced el favor y decidme que esto os pasa también. Me dejaréis mucho más tranquila 😉

El parque, ese lugar

No sé si es sólo que me pasa a mí, pero cada día me da más pereza ir a los parques con el pichón. Lo ideal es cuando salimos por las mañanas porque no hay ni Blas. Si acaso, el único que aparece es el operario de limpieza del ayuntamiento que barre las hojas caídas de los árboles.

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Sabéis lo que me da pereza, verdad? Sí, es la gente. Pero no la gente “normal” (¿eso existe?), no. A mí lo que me da ansia viva y me hace sentir mal son esos niños maleducados, esas madres (padres veo muy poquitos) apoltronadas con sus móviles en un banco, pasando de lo que hacen sus retoños…

Vamos a ver, que sí, que un niño puede tener un mal día y estar “cruzado”. De acuerdo. Pero esta tarde he vivido el horror parqueril cuando dos niñas se han dedicado a chinchar al pichón.

A una de las niñas –y a su madre- ya la conocemos de vista, de otros días y es de la edad del pichón (no coincidíamos desde antes del verano, así que ni se recordaban entre ellos). La otra debía ser compañera suya del cole, o amiga, o vecina porque iban juntas y las madres igual.

Primero se ha acercado una queriendo que mi hijo le diera el juguetito que él llevaba. Mal. Mi pichón está en esa etapa del “mío” y sus cosas, suyas son. Lógico. A ver, a mí me viene una persona que conozco de vista, que veo de higos a brevas, y me pide que le dé lo que tengo en la mano (mi preciadísimo móvil, por ej.), y como que no… que no se lo doy. Primer berrinche. La niña detrás seguía insistiendo.

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Al final, el pichón ha acabado berreando, dándose –sin querer- un golpe en la cabeza y la niña más feliz que una perdiz detrás de él, insistiendo en que le diera el juguete.

Después, se ha unido a la causa su amiga y se han reído de mi hijo porque llevaba pañal (se le asomó por la cinturilla del pantalón). Mi pichón no ha entendido nada, pero no le ha gustado la actitud de las niñas y sólo acertaba a ponerles la mano extendida frente a ellas gritando “NO!”.

El comentario hacia mi hijo de una de las madres ha sido patético. Ha dicho como algo así:
“Si, tú dile que no a las niñas, que cuando seas grandes y sean ellas la que te digan que NO, ya verás, jajaja”.
Di que sí, morena, fomentando el machismo desde bien pequeños. Olé por ti y tu comentario machista-retrógrado. Mi hijo, por ser un niñO se supone que va a ser un baboso que va a ir rogando amor detrás de toooodas las bellas niñas del universo que le darán calabazas. Claaaaro. Y tu hija, por se niñA, será la princesa de fresa por la que suspiren toooooodos los varones del planeta a los que ella dirá no (recordemos que son unos babosos).
He puesto cara de mala hostia total (-acto reflejo incontrolable ante gilipolleces supremas-). Ni p— gracia. Ninguna. Cero. Asco total.

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He intentado irme a otra parte del minúsculo parque. Cuando conseguí calmarle, le animé a que se montara en un caballito-balancín. Pues allá han ido las niñas corriendo y se han montado ellas antes riéndose. Resultado: otro berrinche. Aquí ha intervenido una madre (oeee!) y ha conseguido que su hija le dejara montar al pichón.

¿Creéis que ha acabado aquí la cosa? Noooo! Las dos “criaturitas celestiales” se han puesto a dar vueltas corriendo alrededor de mi hijo –mientras montaba en el caballito- y le decían una y otra y otra vez: “hola, hola, hola, hola…”. Resultado: otro berrinche.

He sacado al niño del caballito y me lo he llevado a ooootra parte. Había niños más mayores y sin problemas. Estaban todos saltando de un lado a otro.
A eso que estaba subiéndose en una plataforma de madera cuando han llegado las niñas y una le ha dicho algo (con los gritos del pichón no escuché la palabra). Debió ser una palabrota porque la madre le ha gritado que eso no se dice. Así que ooootra pataleta. Ya me he hartado y me fui a los columpios. Las niñas venían detrás riéndose. Finalmente, aparecieron las dos madres y me preguntan, como asombradas, como si mi hijo fuese un histérico, que qué pasaba. No venían de mal rollo, que conste. Pero era como si la culpa fuese de mi hijo que no quería jugar con ellas.

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Ufffff… Ahí ya nos hemos ido. Le he conseguido calmar antes y nos hemos ido dando un paseíto hasta casa. Por el camino, el pichón me ha dicho: “mamá, las niñas eran muy pesadas. Yo no quería jugar con ellas”. Obviamente, le he dado la razón.

No entiendo que las madres (y padres) pasen tanto de sus hijos. Leñe! No estás viendo que algo pasa?! Habla con tu retoño y explícale las cosas. O apártalo de la situación –que es lo que he intentado hacer yo sin éxito porque nos seguían-. Ahí están sentadas en manada, en el banco, hablando de sus cosas o si están solas van enganchadas al móvil. Y luego la loca es una :/
Vale que hay que dejarles resolver sus cosas, pero hay veces que ya pasa de castaño oscuro. Tampoco yo he sido muy borde, que conste. Ni he les dicho nada en plan reproche a las madres o a sus niñas. He ido dejando fluir las cosas hasta que tenía que intervenir -porque conozco a mi hijo y sé cuando está pasándolo mal-.

Una hora de tortura en el parque. Cuando llegamos a casa, me sentí mal por no haber sabido hacerlo de otra manera. Dudo mucho que las madres de esas niñas ni se acuerden a estas horas de lo sucedido.

Mi pichón, ha llegado derrotado a casa. Me ha pedido la cena y a las 8.30 ha cogido su cuento para dormir. En menos de 5 minutos estaba en sueño profundo. Una servidora, tras esta reflexión, se va a dormir también.

Mi conclusión: se está mejor en el parque por la mañana ;P

¿Este tipo de situaciones también pasan en los parques a los que vais asiduamente? ¿Sois de las madres/padres que estáis pendientes de vuestros niños cuando juegan, o les dejáis hacer y os apartáis?

 

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Hace poco que supe lo que significa esta palabra. También me he dado cuenta de que es algo que no se practica mucho. Tengo que admitir que antes de ser madre yo juzgaba a otras mujeres (y madres) porque no me gustaba cómo actuaban. Pensaba que yo lo haría de otra forma (mejor, claro). Qué atrevida es la ignorancia… Ufff…

Este entrada me va a costar escribirla. No porque me dé vergüenza admitir ciertas cosas, o porque no me guste cómo era antes. Creo que me cuesta porque veo mucha falta de apoyo y entendimiento. A veces me siento bastante sola. Pienso que estaré “loca” o que qué le pasa al mundo que no encuentro lo que necesito (palabras adecuadas, un abrazo, apoyo…).

Os conté que hemos decidido no escolarizar aún al pichón. Vamos a esperar a que tenga 4 años para hacerlo. Os expliqué abiertamente los motivos que, bajo mi punto de vista, son de bastante peso. Aquí podéis volver a leerlo.

Pues en estas fechas, de vuelta al cole y comienzo de curso, ya estoy notando miradas raras, ya tenemos que estar justificando, ya he escuchado comentarios que me han dolido, ya me empiezo a sentir desplazada… o “loca”.

Fue hablando con mi madre, a la que tanto quiero, cuando noté cierto tono de reproche por no escolarizar al niño. Las palabras que terminaron de matarme fueron: “tienes que hacerlo por su bien”. Pero, entonces, se supone, sobreentiendo, que para ella lo que estoy haciendo está mal para mi hijo, que no hago lo que es bueno para él, que soy mala con él… Escribiendo esto hasta me dan ganas de llorar 😦

Si eso lo piensa mi propia madre, que se supone que me respeta y me dice lo que piensa, ¿qué no pensarán los demás?
También, de forma más sutil, he notado esa “presión” por parte de mis suegros. Pero ellos, a mí, directamente, no me dicen nada. Se lo dicen a mi amante bandido.

No creo que esté haciendo mal a mi hijo. No creo que le esté privando de nada grandioso. No tengo la menor duda. Pero que en mi entorno ni me/nos entiendan, ni estén de acuerdo, ni muestren un poco de empatía. Me duele en el alma.

Hay temas con los que me tengo que morder la lengua, o no ser precisa, ni clara si no quiero que me acribillen y me hagan sentir mal. Por ejemplo, con el tema de la lactancia. Mi pichón ya sólo toma pecho para dormir por las noches. Es una toma corta (unos 5 minutos) y le ayuda a dormirse en un plis. Siento que el destete se acerca, pero tampoco tengo prisa porque llegue. Llegará el momento en que no precise la teta para dormir y punto. Sé que un día llegará, pero me da igual cuándo.

Pues cuando estamos, por ejemplo, con amigos y sacan el tema de la lactancia (algunos han sido padres hace poco, pero no dan pecho) escucho cada subnormalidad que flipo. ¿Y qué hago? Me callo por no sentirme arrinconada/juzgada/ridiculizada. Paso de aclarar las cosas o de contar que sí, que mi hijo aún mama de noche. Paso de escuchar comentarios hirientes y encima de gente que se supone que son amigos.

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Todas estas acciones/reacciones me entristecen. Mucho. Me hacen sentir sola y mal. De verdad, ¿tan difícil es no juzgar y respetar las diferentes opciones/caminos que uno va tomando en la vida?

Estoy aprendiendo la lección pero a base de bien.

Lo peor es que la gente a la que quieres, mujeres de tu entorno, te digan cosas como “nunca pensé que tú serías así” (como si una fuese extraterrestre o estuviese loca de atar).

Hay días en los que me siento francamente decepcionada.

Realidad vs. Mitos

Una vez que eres madre hay situaciones que te pueden llegar a superar. Parte de la culpa de esto es que, en mi opinión, desde que somos niñas nos meten la idea en la cabeza de que tener un bebé es vestirle “bonito”, meterlo en un cochecito y dar paseos, biberón y a dormir. Seguro que muchas de las que estáis leyendo esto habéis jugado con un muñeco tipo Nenuco a ser mamás. Y era toooodo tan fácil, verdad? Si hasta al Nenuco que traía pupas en el culo, se le curaban con un poco de agua jajaja. Magia potagia. Los muñecos no traían (ni traen, supongo) un sacamocos, que es el aliado de muchos padres en épocas de resfriados. Ni hay una edición “Nenuco Meconio” para normalizar esa caca tan terrible que tiene un bebé recién nacido.

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A lo que voy, es que de toda la vida tenemos idealizada la idea de ser madre. Pensamos que es bonito, y lo es, ojo, pero no nos hablan de la verdad-verdadera. Así, cuando tu hijx no para de llorar y no sabes por qué, lo normal es entrar en pánico. O cuando llega el momento en que alguien te habla del “cólico del lactante” y tú pones cara de “¿lo qué?”. O cuando piensas que si vuelve a pedir teta en menos de quince minutos, te vas a quedar con la espalda partida literalmente. O cuando llega una crisis y tú vuelves a pensar “¿lo qué?”. En fin, “cosillas” que no nos cuentan y hacen que pienses que eres un bicho raro o tienes un hijx muy marcianx.

Una cesárea no duele.
FALSO.
Aquí ya os aviso, por experiencia propia, que SÍ duele y bastante. La recuperación es mucho más lenta que si fuese un parto vaginal. Como siempre, no se puede generalizar y habrá mujeres que tras una cesárea estén como una rosa. Al igual que habrá madres que tras un parto vaginal estén muertas-matadas.
Por tener una cesárea programada, me llegaron a decir que era afortunada porque iba a parir como las famosas. Ufff… Los dolores que pasé, el malestar, la inmovilidad, la falta de autonomía, el no poder hacerme cargo de mi hijo… eso no se lo deseo a nadie.

En cuanto veas a tu retoño, sentirás un flechazo y amor en estado puro.
FALSO
Puede que sí, puede que no. No todas las mamás sentimos eso. Ojalá fuese así para todas. No te sientas rara si no te dio el flechazo. A mí hasta me daba apuro reconocerlo porque parecía que fuese una mala madre. No sentí ese amor infinito. Primero porque tardé casi un día en ver a mi pichón por primera vez en persona, y segundo porque la primera vez que lo vi fue cuando me pusieron una foto suya en la pantalla del móvil frente a mi careto (gracias, suegro –modo ironía ON-) y me quedé un poco en schock –no lo esperaba-. Lo que sentí al tenerle en mis brazos fue asombro. Mucho asombro. Era increíble pensar que esa cosita tan pequeña y calentita estuviera el día anterior en mi barriga. ¿En serio? ¿es MI hijo? Woooow!

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Una madre reciente debe ser felicidad pura.
FALSO.
Una mujer que ha dado a luz tiene un interesante viaje de hormonas. Si te sientes mal, o tienes ganas de llorar, hazlo. No pienses que eres la única que se siente triste o cabreada pese a tener un bebé precioso.
A mí me llegaron a decir que no llorase, que no estaba bien que el pichón me “viera” llorando (pero si el niño acababa de nacer), que tenía que ser más dura y aguantar. Tócate el moño!

No lo cojas, que tiene que ser independiente.
FALSO.
Claro que tienes que coger a tu hijx y mucho más si está llorando. Dejarle llorar NO ensancha los pulmones (valiente gilipollez). Lo que vas a conseguir es que sus niveles de estrés se eleven hasta el infinito e interprete que, aunque te esté reclamando, no vas a estar a su lado. Triste. Así, que coged a vuestros churumbeles y que no lo cojan tanto los demás (que se lo vayan pasando de abuelos a tíos, amigos, colegas, vecinos y demás visitas… eso estresa mucho a un bebé).

Duermen en su cuna/moisés/minicuna tan ricamente.
FALSO.
Tú duerme a un bebé y mételo en una cuna. A ver lo que dura ahí dentro… 3,2,1… Ojos abiertos como platos y berreo. Yo decía que dejar al pichón dormido en la cuna era como acostarlo en la cama de un faquir. Aunque esperase a que llevase un rato bien dormido (con la respiración relajada), era dejarle tumbado y despertarse automáticamente con llanto explosivo. Esto es muuuuuy común y normal.

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Qué angelito, duerme como un bebé.
FALSO
¿Eins? ¿Quién inventó esa afirmación? Los bebés recién nacidos, y más mayores, no duermen lo que crees, ni mucho menos duermen cuando tú quieres dormir. Ellos comen, duermen y hacen sus necesidades. Entre medias, lloran. Y esto es en horarios que no controlas. Porque ellos al principio no entienden si es de día, de noche o la hora de la siesta. Mi pichón, por ejemplo, por las noches (y de día) pedía teta o había que cambiarle el pañal, cada poco. En serio, los primeros meses NO dormíamos más de una hora y media o dos horas seguidas. Lo bueno es que esta fase de tortura sin dormir suele durar poco (unos tres meses en nuestro caso). Luego las tomas se espacian y puedes dormir con suerte, quizá, tres o cuatro horas seguidas (Uooooo!). Que también puede ser que tu hijx duerma como un lirón y tengas suerte.

¿Otra vez teta? Eso es que se queda con hambre. Dale biberón que lo vas a matar de hambre.
FALSO.
Un bebé, mucho más si está con lactancia materna exclusiva, come cada dos por tres. La leche materna se digiere rápido. No es igual que la leche de fórmula que es más “pesada” y tardan más es hacer la digestión (no es que les deje más alimentados). Además de para comer, la teta sirve para darle consuelo, para sentir cerca a su madre, para la succión no nutritiva (o eso que dicen que te usa de chupete –que es al revés, que usan el chupete de teta jajaja-)… Así que lo habitual en un bebé de pecho es que esté enganchado a su mami cada poco tiempo.

¡Este niño está estreñido!
FALSO.
No creas que un bebé hace caca a diario. Los niños amamantados pueden pasar muuuchos días sin hacer de vientre. Ya os lo expliqué aquí. Así que si el bebé está bien de ánimo y no tiene síntomas raros, está más fresco que una lechuga. Nosotros mentíamos descaradamente a las abuelas cuando preguntaban si hacía caca a diario, porque nos traían fritos con que estaba estreñido.

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Tienes que raparle el pelo para que le crezca más fuerte y sano.
FALSO.
Que no, que no, que noooo… Eso es una tontada. Si quieres pasarle la maquinilla por estética, perfecto, pero no creas que tu bebé va a tener pelazo después. Tendrá el pelo que le ha tocado por genética. No hay más. Es un hecho.

Y podría seguir enumerando mitos… Las cosas no son siempre como las cuentan. Así que no te dejes llevar por lo que te cuenten.
A las que sois mamás/papás, ¿se os ocurren más? Contadme!

Off the record

Aquí os muestro la verdad-verdadera del tiempo que me lleva preparar una entrada. Desde que el pichón dijo adiós a las siestas, mi actividad blogueril ha mermado drásticamente porque no sé de dónde sacar más tiempo.
¿Recordáis el post de hace una semana? Os dejo el ejemplo del tiempo que me llevó desde escribirlo, hasta dejarlo programado.

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Destripando la entrada “Desencuentros y desemblosos”.

Domingo, 11:09 a.m. – Comienzo a escribir. Desayunamos hace largo rato. Ya tengo la casa arregladita y la comida medio planteada. He corrido como las locas para poder dedicar parte de la mañana a esto. El  pichón juega tranquilamente con Play-doh y sus dinosaurios.

Esta semana fuimos con el pichón a una revisión rutinaria con su pediatra.

11:10 a.m. – Paro porque el pichón quiere que le ayude a hacer “amóndiga-naaaande” con Play-doh para su T-rex. Hago bolitas de plasti simulando ser albóndigas que va metiendo en la boca del muñeco. Jugamos.
11:27 a.m. – A ver si puedo seguir.

La última vez que fuimos, nos dijo que pasáramos en primavera para ver cómo iba todo. Un control normal que consiste en medir, pesar y si hay dudas, preguntar y listo.

Así que puedo afirmar que odia a su pediatra.

11:49 a.m. – Ahora el pichón quiere que le abra otro bote de Play-doh, de otro color. Así que me pongo, de nuevo a cocinar plasti.
12:o3 p.m. – Prosigo.

Decidimos que si esta vez volvía a montar en cólera, cambiaríamos de pediatra, a otra clínica, por probar si es posible que le revisen sin gritos, sin llantos y en paz.

Aquí, en Andalucía, si no me he enterado mal, la vacuna de la varicela se ha vuelto a incluir en el calendario vacunal.

12:15 p.m.- Enfado a la vista. El dinosaurio sale volando. Ains…
12:25 p.m. – Bache superado. Vuelvo.

Pero es para niños nacidos a partir del 1 de enero de 2015. A los niños nacidos en 2013 y 2014, que les den candela. Quien quiera y pueda, que la pague de su bolsillo. Dos dosis a 45 euros cada una. Vaya broma.

En fin, este tema me toca muy-mucho la moral. Las vacunas para niños deberían ser TODAS por la S.S., y chimpón.

12:43 p.m. – La lavadora ha terminado. Paro a tender la ropa. Después empezamos a preparar el almuerzo. Imposible seguir durante la mañana.
16.55 p.m. – Se me hizo imposible poder seguir hasta ahora. Aprovecho que el pichón está merendando.

Respecto al tema del cambio de pediatra, esperaremos a que le ponga la segunda dosis de la varicela (lo que incluye otra revisión más: la de los 3 años –Horror-) y buscamos otro pediatra. Por el momento ya tenemos la vista echada a una pediatra de la que nos han dado buenas referencias.

Y vosotrxs, ¿estáis/están vuestrxs hijos contentos con vuestros pediatras? ¿Qué opinión tenéis sobre el tema de las vacunas?

17:12 p.m. – Termino de escribir. Dejo el texto en stand by.
11:17 p.m. – El pichón está dormido desde hace rato. Voy a buscar imágenes para el post. Es muy tarde. He encontrado un par de imágenes que pueden ir bien. Ninguna genialidad, ya veis. Me arrastro a la cama a dormir.

Día siguiente.
11:25  a.m. – Casa arreglada. Pichón jugando. Escapo a sentarme por el suelo -mientras se carga el portatil, que no me llega el cable hasta el sofá-. Programo, al fin, la entrada, con sus fotos correspondientes. Aleluya, hermanxs. A seguir con las cosas del día a día.

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Sí, un día entero, 24 horas, para una entrada corriente y moliente. Y eso que el experimento lo he hecho en un día bueno, en el que he podido hacerlo “del tirón”. Otras veces se me queda la entrada colgando de un día a otro y otro…
Seguro que a más de uno os pasa.

 

Sexismo

El título de la entrada deja claro de lo que voy a hablar. No hace falta ser un lumbreras para darse cuenta de que, en general, casi todos los productos que nos intentan vender en publicidad son sexistas a tope.

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Una cadena de supermercados, hace poco, anunciaba ofertones para ellas (detergente) y para ellos (pizzas congeladas). A casa me llegan folletos de ropa de cierta marca que vende por internet donde me ofrecen códigos especiales con los que conseguir regalos (cocinitas para ellas, mochilas de Minion para ellos… de ese estilo). Esto es un suma y sigue.

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Si vas a cualquier tienda de juguete, más de lo mismo. Hay claramente pasillos “para niñas” y pasillos “para niños”. El packaging nos da pistas… Niñas que planchan hacendosas, niños que pilotan aviones de guerra…

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En las tiendas de ropa igual. Para niñas colores rosas, estampados florares, princesas y adornos brillantes everywhere. Para niños colores fuertes, estampados “dolor de cabeza” (chillones cuadros escoceses con suerte), mensajes tontos y agresivos…

Os contaré, como anécdota, que no hace mucho, vimos en una tienda a una niña que quería un libro. Su madre estimó que era un libro “de niños” y le instó a dejarlo en su sitio porque tenía que llevarse un libro de princesas o ponis. Eso lo he visto en vivo y en directo y se me han caído los palos del sombrajo. Ojiplática.

Hace unos días, mirando una tienda de juguetes, al pichón se le metió entre ceja y ceja que quería llevarse un carrito de la compra de juguete. Lo agarró y no lo soltaba. Total, que como le vimos tan emocionado, se lo compramos. Siempre que salimos a la calle se lleva algún juguete (un coche, un dinosaurio, un animal…). Pues ahora sale con el carro de la compra XD. Además con toda su compra dentro. Completito. Lleva de paseo a su cartón de leche, su zanahoria, su racimito de uvas…

00108346498606____2__640x640La cosa es que al ir con su carrito, la gente le confunde automáticamente con una niña. Escucho frasecitas del tipo “mira que maja la nena”. Yo me callo porque paso de explicarle nada a un desconocido. Pero me toca las narices. Mucho.
¿Qué pasa, que un niño no puede llevar un carrito? No es la primera vez que nos pasa algo así. Es una pena y me parece muy triste.

Esto demuestra que hay mucho que cambiar todavía. Me alegro de que mi hijo sea libre de elegir lo que le gusta libremente. No seré yo quien dirija sus gustos.

¿Os ha pasado algo parecido? ¿Habéis vivido o visto alguna situación de este estilo? ¿O habéis visto alguna publicidad que os haya hecho sangrar los ojos?
¡Contadme!

Amadecasismo II

Otra cuestión es… ¿Acaso estar en casa no es trabajar? Porque yo no doy abasto. Me acuesto pensando en lo que tengo que hacer al día siguiente. Me levanto directa a hacer cosas y, os aseguro, que he llegado a tener al niño aseado, desayunado y jugando, la lavadora puesta y una servidora sin lavarse ni la cara.

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Estoy tan cansada como si trabajase fuera. No paro un momento. Y en el rato que paro, es muy probable que sea porque tengo al pichón encima con su traguito de teta ocasional.

El peso de las tareas domésticas cae sobre mí. Lo entiendo y lo acepto. ¿No es un trabajo más?

Desde que me levanto hasta que me acuesto estoy non stop. Desde que se acabaron las siestas del pichón, es un no parar absoluto. Cuando no es una cosa, es otra. Empiezas una… necesitas atender otra al mismo tiempo… Vuelves a otra que dejaste a medias… Tu hijo te reclama… Hay cosas que terminar… Y puede que llegue la noche y no me haya podido duchar. En cinco minutos aprendes a hacerlo a toda velocidad, con la puerta abierta, vigilando al niño al final del pasillo… Ya no sé lo que es cerrar la puerta de mi baño (such is life).

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Vamos, que no me digan que además de tener la casa medio aceptable (porque eso de que esté perfecta es misión imposible) y al niño atendido no es trabajar. Tienes que hacer cantidad de cosas, que no cunden. Tienes un nivel de estrés interesante. No tienes un sueldo a final de mes. Pero tienes a tu hijo al lado feliz de la vida. Eso vale por todo.