Ra-ra-rabietas

Los niños sobre los dos años, a veces antes, a veces un poco después, comienzan a tener las famosas rabietas. A saber, tú tienes un bebé estupendo, todo sonrisas, suave y blandito, y un buen día, tachaaaaán, se convierte en un niño que se rebela por cualquier cosa, grita, chilla, patalea y se pone rígido todo él. Así una vez, dos, tres… hasta no sé cuántas veces en el día, dependiendo del día.

Rabieta¿Por qué ocurre esto? Fácil. Porque el bebé (más bien niño a esta edad) empieza a ser autónomo, no necesita a sus padres para todo, y hay ocasiones en que las cosas no salen cómo quiere o no puede hacerlas aún sin ayuda. Entonces llega la frustración y se lía la marimorena. Con ellas expresan su impotencia y falta de control. Aún no saben manejar la frustración y no les queda más que explotar en un berrinche.

Normalmente cuando se llega a esto es porque el niño ha intentado expresar algún deseo que no ha sido escuchado/entendido de forma adecuada.

Por ejemplo, en nuestro caso, como el pichón aún no habla, muchas veces no sabemos interpretar lo que quiere.

Peeero, tranquilidad, las rabietas forman parte del proceso evolutivo de los niños. Acabarán desapareciendo.

Lo que hay que tener claro es que una cosa es atender sus necesidades básicas (hambre, sueño, higiene, cariño…) y otra cosa son los “caprichos”. Hay que saber decirles “NO”, sobre todo cuando están en una situación complicada o peligrosa (tipo: quiero abrir el horno encendido, tirar cosas por la ventana, cruzar solos la calle…).

Tenemos que intentar explicarles la situación porque imponer un “NO” simplemente porque somos la autoridad y “aquí se hace lo que yo diga” no conduce a nada productivo. Es más, posiblemente la cosa se complique y la rabieta vaya a más. Probablemente, además tú acabarás con los nervios tan crispados como los del niño.

PacienciaA ver, esto no es magia (oooojalá), ni siempre funciona. Lo que yo intento es adelantarme a la situación que sé que va a generar un conflicto. Si sé que cuando pasamos por tal sitio hay una máquina de bolas (y sieeeeempre quiere poner una moneda para sacar una), procuro no pasar por ahí.

Hay situaciones inevitables como, por ejemplo, la hora del baño. Antes de que llegue el momento, empiezo a explicarle lo que va a pasar e intento hacerle comprender que hay que bañarse y que puede pasarlo bien si se lleva algún juguete o jugamos a hacer espuma… Funciona. Sólo que en vez de ir a bañarse a x hora, va a x hora y pico (ese tiempo de más es el que invertimos en ir preparando la situación con muuuucho tacto). Aclaro que ya se baña sin poner impedimentos.

¿Qué hago cuando se lía y no hay manera? Si por ejemplo, se te pasa que ahí está la dichosa máquina de las bolas y pasas por delante. El niño berrea abrazado a la máquina a moco tendido. Entonces, que no siempre funciona, me pongo a su altura para hablarle a los ojos. Todo intentando hablar con serenidad (difícil). Le explico que no podemos sacar una bola porque mamá no tiene monedas, o que tenemos que ir a tal sitio y no podemos entretenernos, o que ya tenemos muchas y mejor que juegue con las de casa… O que otro día que vayamos con más calma, miramos para sacar una bola… El niño no deja de llorar, pero creo que por lo menos me ha escuchado (a veces está tan encendido que dudo de que me escuche). Creo que llega un punto en que ya está tan enfadado que ni recuerda el motivo del enfado.

Si no puedo hacerle moverse caminando, y no me atiende, le cojo en brazos. Intento irme de ese sitio para que no vea el motivo del conflicto. Le intento calmar. Le hablo bajito, le hablo de lo que vamos a hacer… Si está muy mal, mejor ni le hablo. Le abrazo y le acaricio para que se vaya relajando.

A veces, mejor es dejarle en el suelo o donde esté sin perderle ojo (porque no quiere ni que le toques). Llega un momento en que te busca y te pide brazos. Es como si pidiera consuelo. Qué penita me da. Entonces le cojo en brazos y abrazo.

Cuando le noto menos rígido y el llanto va pasando, reanudo la conversación. Sigo contándole lo que vamos a hacer. Seguimos nuestro camino (en brazos o andando) y poco a poco se le va pasando.

Así, contado suena “Oh qué guay esta tía, cómo maneja las rabietas”. Nada más lejos de la realidad. Jajaja… hay que templar los nervios para sobrellevar esto, eh! Y la primera va bien, la segunda bueeeeno, pero la tercera o sucesivas una ya tiene el temple y la paciencia mu-lejos. Lo ideal, bajo mi punto de vista, es tener relevo en esto porque es matador (el papá en mi caso). La paciencia va mermando con el paso del día. Hay que esforzarse por mantenerse al pie del cañón.

-lo-sentimos-la-persona-con-la-que-habla-esta-agotada-o-fuera-de-su-paciencia-por-favor-intentelo-de-nuevo-mas-tarde-1564eEste verano como salíamos muy tarde y estábamos mucho tiempo en la calle, aunque merendase en casa, siempre llevaba en el bolso algo por si le entraba hambre. A veces, se ponen en modo rabioso por hambre o sueño. Conociendo como conozco a mi pichón, si merendaba por ejemplo a las 5/6 de la tarde y salíamos, sabía con certeza que en un par de horas iba a tener hambre. Así que le daba un snack (manzanas deshidratas o gusanitos o galletitas saladas o nachos ecológicos…). Al ser verano, solíamos cenar tarde, por eso después, a la hora de cenar tenía hambre otra vez.

El tema de sueño lo llevamos mejor controlado. Mi pichón para eso es matemático. Despierte a la hora que despierte de la siesta tiene unas 8 horas de “batería” inagotable. Ha habido (raras) ocasiones en las que no ha querido dormir siesta y por la tarde ha caído fulminado hasta el día siguiente. En esas ocasiones, si salíamos, lo hacíamos cerca de casa, sabiendo que acabaría dormido de un momento a otro. Así volvíamos pronto a casa y a dormir! Nada de ir por ahí con el niño dormido. En eso soy inflexible. Hay papás que llevan a niños dormidos en las sillitas por cualquier parte a cualquier hora. Yo no puedo hacer eso. No me sale. Además, el pichón no usa sillita. Imposible mantenerle sentado. Va caminando a todas partes (cuando se cansa pide brazos un rato, pero es raro-rarísimo que lo haga).

Otra cosa que ayuda, por lo menos a nosotros, es llevar en el bolso algún muñequito que le guste (un animalito, un dinosaurio, un coche pequeño…). Así, tengo algo con lo que poder distraerle o cambiar el foco de su atención. No se lo puedo dar en plena rabieta porque no lo quiere. Hay que esperar un pelín a que la cosa vaya remitiendo para ofrecérselo. Es mano de santo (casi siempre).

Considero que hay cosas que nos ayudan a evitar las rabietas como:

  • Tener rutinas. Procurar que las comidas, el baño, salir a jugar, la siesta, la hora de dormir sean siempre a la misma hora (o aproximada). Así el niño sabe “lo que toca” y no le pillan las cosas de sopetón. Si hay cambio de planes, procuro ir contándoselo con tiempo.
  • Compartir con él los planes. Contarle antes de salir lo que vamos a hacer. Si vamos a comprar, o al parque, o a pasear… Para que sepa lo que se puede encontrar.
  • Respetar sus horas de sueño y comida. Mi lado Rottemeier me ayuda bastante en este punto. Si nos ofrecen algún plan que suponga trastocar sus horarios de comidas/dormir, paso de ir olímpicamente.

EMPATIACuando veo al niño con estos malos ratos, procuro ponerme en su pellejo para entender lo mal que se siente y qué puede necesitar. Hay que empatizar. Imagínate cómo te sentirías en su lugar: si las personas a las que más quieres no te pueden comprender y te  “obligan” a hacer lo que no quieres, si no comprendes lo que te dicen y no puedes preguntar ni un “por qué”.

Como triste consuelo, me queda pensar que esto pasará. Se irá suavizando con el tiempo hasta desaparecer… y después de unos añitos de relativa calma vendrá la adolescencia de verdad de la buena XD.

A las que sois mamis ¿qué os parece lo que yo hago? ¿cómo lo hacéis o habéis hecho vosotras? Contadme!!

Os dejo un vídeo muy interesante: