Dudas existenciales

No dejo de asombrarme cuando veo a una famosa que acaba de parir y le hacen fotos/vídeos saliendo del hospital. Da igual si ha sido cesárea o parto vaginal. La mamá famosa en cuestión está de fábula: peinado perfecto, ropa magnífica, en algunos casos hasta buena figura, maquillaje perfecto, taconazos de impresión, sonrisa de oreja a oreja, erguidas y con su bebé en brazos vestido con traje de esos de niño-antiguo (mucho faldón y mucha tela por todas partes)… Con su marido impoluto y brillante al lado. La imagen de la felicidad absoluta.

Alucino. De verdad que alucino mucho, muchísimo. Sé que estas mujeres llevarán a sus peluqueros/maquilladores en el pack de salida del hospital, pero estoy segura de que, ni aunque me hubiesen asistido en mi alta hospitalaria, hubiesen conseguido un resultado medianamente aceptable.

No bromeo.

Cuando me dieron el alta, me estuvieron mareando para recoger los papeles: “Sube-pá-arriba-Baja-pá-abajo” con mis andares de Pozí. No era capaz de andar completamente erguida ni sin arrastrar los pies. Al final acabé llorando en el mostrador de admisión suplicando mis papeles. Hijos-de-mala-pécora… Otros menos mil puntos para el hospital.

En cinco largos días de ingreso fui incapaz de levantar los brazos en la ducha para lavarme el pelo. Así que imaginad que el brillo de mi pelo no era precisamente de limpito que iba, si no todo lo contrario más bien. Tampoco me olía la cabellera a Herbal Essence ni a frutas del bosque… más bien a bodegón-naturaleza muerta. En fin… Por lo menos iba duchadita, que mi trabajo me costó.

Eso de llevar a mi pichón en brazos era absolutamente impensable. Le llevaba papá en el maxi cosi para acomodarle en el coche. Si es que me dolía hasta arrastrar el cochecito. Con cada paso que daba me sentía como Neil Armstrong:

Este es un pequeño paso para un hombre pero un gran salto para la humanidad”

Neil-Armstrong-on-The-MoonA pichón le vistió mi madre, la abuela. Destacaré un pequeño detalle: le puso la chaquetilla del revés (lo de adelante atrás, y lo de atrás adelante). De eso me di cuenta después al llegar a casa. De verdad que no estaba yo para centrarme en esas cosas, ni en ninguna. Realmente no era muy importante porque nada más llegar a casa le quitamos toda la ropa para ponerle a la claridad, por el tema de la ictericia. Poco le duró la ropa puesta. Menos mal que antes le habíamos recortado todas las etiquetas a su ropita. Aunque de no haberlo hecho, quizá mi madre, al verla, le hubiese puesto del derecho la chaquetilla.

ChaquetilladelrevesPapá, que esa noche había dormido nada y menos, cuando vino a recogernos, venía directo de arreglar los papeles en el registro. Imaginad la cara de cansancio por madrugón, esperar cola y todo eso… Además, desde que nació el pichón no había dormido gran cosa.

Ahora, me pareció leer, que se puede registrar al bebé directamente desde el hospital, lo cual es muy de agradecer. Sobre todo es genial para mamás solteras (sin pareja, quiero decir), o para parejas que no estén casadas, ya que para registrar a un bebé, en caso de no estar casados, deben estar presentes el padre y la madre. Tener que desplazarse a estas cosas recién parida es una odisea (molestias del postparto y agobios de papeleos en estas condiciones).

Con toda la ilusión del mundo mundial me había comprado un vestido para el día en que volviese a casa. Antes de parir tenía fe en ser una afortunada mamá feliz, saliendo radiante del hospital, con el sol sobre nosotros, triunfantes, jajaja. Era un vestido largo, de tonos rosas/morados, estilo hippie con mucha caída (ideal para la barriga fofa). Fui incapaz de ponérmelo. No podía levantar los brazos para sacarlos por las mangas del precioso vestido. Me tiraba la tripa y sentía como si me abriera por la mitad. Me tenía que poner una gasa sobre la zona de las grapas para quitarme la sensación de que se me iban a enganchar a la ropa interior. Total, que me puse la misma ropa que con la que llegué: unos cutre leggings y una camisola ancha (con botones). Mi gozo en un pozo.

Las sandalias, por supuesto planas, que antes me apretaban por tener los pies hinchados, tras el parto se me salían. Me había deshinchado tanto que me era como llevar una talla más. Dejé atrás poco más de 7 kilos en los primeros días. Había diferencia notable de volumen.

Imaginad la estampa: El pichón con la ropa del revés, el papá con cara de cansado (aunque guapo que es él, eh!) y yo como el jorobado de Notre Dame y con lágrima fácil. No tengo ninguna foto en la que salgamos los tres saliendo del hospital (del pichón muchas). Estábamos (más una servidora) para un cuadro, vamos.

¿Cómo se lo montan estas famosas? ¿Cómo es posible que Kate Middleton tuviera a su hijo y en unas horitas se fuera a su casa de esta guisa? ¿Qué os parecen esos taconazos? Vamos, vamos… me tengo que poner esos zapatos y llevar a mi hijo en brazos y directamente salgo rodando cual croqueta. Siendo sincera, en otras fotos se le nota aún barriguilla (lo normal, lo natural), pero la jodía está guapa y radiante. Qué pelo Pantene, qué maquillaje… Asombrada me quedo. Como que no la veo yo sudando, empujando entre contracción y contracción. No sé, no puedo imaginármela pariendo.

kate-middleton-outfit-zoomEn fin, imagino que tendrá mucho, muchísimo que ver con el tipo de parto, el trato que recibas, la ayuda y apoyo que te ofrezcan en el hospital.

Las que sois mamás, contadme vuestras experiencias. Muero de curiosidad por saber si soy un bicho raro.

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El postparto

Siento decirlo tan claro, pero el postparto, en mi caso, fue un asco. La cuarentena, un sufrimiento. La cesárea tuvo la gran parte de la culpa. La recuperación fue muy larga y muy lenta.

Las grapas me las quitaron a la semana del parto. Un día me quitaron la mitad. A los dos días el resto. No dolió nada de nada. Menos mal. El cuidado de la herida es simple: lavar con agua y jabón – mantener la zona seca – nada de yodo (betadine). Lo chungo es que como era pleno verano, sudaba como un cochino jabalí. Teniendo al bebé en casa no iba a poner el aire acondicionado. Pichón, para más inri, debido a su ictericia, se pasaba el día en pañal junto a la puerta de la terraza. Le iban controlando y una vez que el nivel empezó a bajar nos dijeron que no había que preocuparse, que iría bajando y su color se iría normalizando. El blanco de los ojos, que estaba bastante amarillento, le duró muchísimo tiempo. Dicen que es normal, que es lo que más tarde en “blanquearse”.

No sé si por sudar sin parar –más sumadle el dolor de “me están saliendo los pelos de ahí abajo como cables de freno y duele/pica/molesta la misma vida”- se me infectó la herida. Estaba como inflamada y roja fluorescente. Añadid que dolía lo suyo. Fui a urgencias y me hicieron una ecografía bastante molesta. Fue muy desagradable. Total, antibióticos al canto. Hay muchos medicamentos totalmente compatibles con la lactancia. Si tenéis alguna duda, consultad ESTA web. Es la biblia de las mamás que damos pecho. Recomendable y fiable 100%.

cesarea

Mi movilidad era menos mil. Esto es proporcional a la pérdida de intimidad. Cada vez que me quería duchar, tenía que pedir ayuda. Sentarse en el wáter era una tortura. Menos mal que al ser verano me podía permitir estar medio en bolas por casa, o con el camisón de lactancia.

Las visitas se hacían pesadas. Entiendo que quisieran venir, pero yo no quería ver a nadie a mi alrededor. Necesitaba paz. Gracias a que no tenemos unas familias muy extensas, los “compromisos” sociales acabaron relativamente pronto. A los amigos los fuimos viendo más adelante.

La tripa tras el parto se queda tipo blandiblú. Es rarísimo e incómodo. Yo no usé faja (era lo que me faltaba con el calorín y los pelos asomando). Quizá me hubiese ayudado. No sé. Mi barriga iba por libre. Parecía que se iba a descolgar si no me la agarraba. Así fue durante más de un mes, mes y medio. Del estado blandiblú pasó a nivel cervecero (menos bailona, más contraída, pero extrablanda). Luego pasó a ser barriga tipo “me sobran muchos kilitos” y después, en mi caso, se queda “fofa-pero-bien” que es su estado habitual, jeje.

Con las molestias no podía coger a pichón en brazos. Le bañaba papá. Casi siempre le cambiaba él. Eso durante los primeros días (o semanas?). Las salidas a la calle eran para ir al médico. La prueba del oído había que hacérsela antes de los primeros 15 días de vida. Todo salió bien. Los resultados de la prueba del talón también salieron bien. Llegaron por correo a casa como 3/4 semanas después de hacerle la prueba. Sobre el mes o así, me animé a salir a dar paseos cortitos. Al principio no podía ni tirar del cochecito. Iba arrastrando los pies, medio chepada y quejumbrosa. Un cuadro. Salíamos casi de noche, por evitar el calor. En media horita nos volvíamos. Poco a poco iba aguantando más tiempo y caminando más “normal” (sin parecer que tuviese cojera ni joroba).

Las noches y los días eran largos. Pichón reclamaba su teta cada 2/3 horas como mucho. Dormíamos a trozos. Nos desvelábamos. Nos crispaban muchas situaciones nuevas que costaba manejar. Levantarse a preparar el biberón de “ayudita” era una lata. Había muchos cambios de pañales las 24 horas. Me costaba que se enganchara bien por la postura. Le tenía que dar pecho tumbada porque de otra forma no podía sin que me doliese. Había noches que lloraba y lloraba, y yo también acababa llorando, papá enfadado porque no les gustaba verme así… Cuesta coger la dinámica. Pero todo llega. Y una noche te ves cambiando el pañal en “modo automático”, dando teta sin tener que encender ni una lucecita, sin llantos y con calma.

Nuestro pichón también superó su primer mes muy bien. El estar todo el santo día pegadito a la teta dio sus frutos. Creció 5 cm y ganó 1 kilo 230 gramitos de nada. Todo bien, sin incidencias.

Por mi parte, en el parto dejé 8 kilos de los 22 ganados. Tardé un año a recuperar mi peso anterior (59 kilos). Primero perdí gradual y lentamente otros 7/8 kilos (como un kilo por mes). Después, coincidiendo con que me volvió la “amiga de rojo” (la señora menstruación), a los ocho meses de haber parido, empecé a perder peso mucho más rápido. En 4 meses perdí como 6/7 kilos gradualmente. Justo un año para volver a mi ser. Tampoco hice dietas ni ejercicio (pasear como mucho). No era un tema que me obsesionara.

Otra cosa es que al poco de dar a luz se me caían los pelos a mechones. Todo lo que no se me cayó durante el embarazo, se fue de golpe. Se me partía el pelo, se me caía a puñados… Lo tenía muy frágil y quebradizo. Poquito a poco, volvió a estar normal. Imagino que el complemento vitamínico (Natalben lactancia) ayudaría.

En la revisión ginecológica tras la cuarentena me hicieron otra ecografía. Todo estaba donde tenía que estar. La herida iba cicatrizando y la infección pasó. Al tiempo empecé a usar aceite de rosa de mosqueta para suavizar la cicatriz (con cuidado porque destiñe/mancha). Todo estaba normal. Me citaron para el año siguiente para una revisión rutinaria y chimpón.

¡Y prueba superada!