M de miércoles – M de música

Empezamos con canciones para recordar la infancia en este mes de agosto.
La primera que traigo es parte de la B.S.O. de la primera película que alquilamos en casa en cuanto tuvimos vídeo (un Beta, ojito!). A ver si consigo pegaros la canción XD -es una de esas que se contagian fácilmente-. Os dejo con Mary Poppins y su medicina ❤

Feliz miércoles musical veraniego 🙂

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No!

Palabra más usada entre pequeños parlantes:

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Llevamos unos dias que lo que más escucho en casa es:

Este no.

Ahí no.

Agua no.

Caca no.

No! No! Nooooo!

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Hemos vuelto a viajar en el tiempo a la adolescencia o hemos vuelto a la aDOSlescencia. Cuánta paciencia hace falta… Estamos en momentos críticos. Mi amante bandido con trabajo hasta las cejas no está muy presente, la verdad sea dicha. Y mi cerebro, a veces, está a punto de saturarse. Además se nos desajustaron los horarios un par de días en los que se durmió yendo en coche y las noches fueron gloriosas. Cambió la rutina de horarios de sueño (llamarlo rutina es demasiado jjj). El día acababa de madrugada (lo más tarde a las 2 de la mañana). Se está atascando para hacer caca. Otra vez le ha dado por no querer bañarse. Cambiarle el pañal es luchar contra un endemoniado. Directamente pasa de la fruta (ya ni zumos).

El cansancio… Y escuchar ese “NO!” una y otra vez… es demoledor.
Diositos del olimpo, denme fuerzas y, sobre todo, muuucha paciencia.
Espero que esta rachita pase pronto.

Aprender

Cuando eres adulta crees que sabes mucho de la vida. Tienes ideas que siempre has creído que son “verdades como puños”, inamovibles e irrevocablemente ciertas. Hasta que eres madre y te ves dándole la vuelta a la tortilla porque hay veces que las cosas no son como tú creías o te habían contado.

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Tengo que agradecerle a mi pichón lo mucho, mucho, muchísimo que me está haciendo aprender y entender que todo es relativo. Yo, que siempre he sido analítica y cuadriculada (y aún sigo siendo pero menos), estoy desaprendiendo con él que no todo es siempre como se espera o tú crees. La vida se va abriendo paso y ella misma elige el camino adecuado.

Lo principal es comprender que como niño que es, hay que dejarle fluir: respetar sus ritmos. No atosigarle ni emperrarse en que haga esto o aquello porque el hijo de no sé quien, que tiene la misma edad, hace más cosas, o está más ágil, o tiene otras habilidades. Casi desde que nació hemos sido atosigados, como padres, por no hacer que el pichón fuese más “adelantado”.

Si no toma más que teta, que por qué no toma cereales o papillas…

Si no empieza a andar ya, que le pongas de pie para que vaya andando…

Si no tiene dientes, mírale bien las encías y ponle no sé qué mejunje que seguro que le duele…

Si no hace caca desde hace tres días está mal, hay que estimularle…

Si no habla, que le mire un logopeda… (cuando el pediatra nos dijo que todo iba bien).

Si no le metes en una guardería no sabrá “socializar”… (yo tengo 38 tacos, fui escolarizada con 2 años y no sé socializar muy allá)

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Y bien… Tanta prisa había porque el niño comiera, anduviera, tuviese dientes, hiciera caca religiosamente a diario, hablara, jugara con niños… para qué? ¿Para qué esa prisa si ha llegado a todo eso por sí solo?

Al principio, como madre novata puede que te dejes intimidar un pelín, sobre todo si los comentarios vienen de tu entorno cercano. Piensas que algo sabrán por experiencia… Pero, ah!, amigxs, la experiencia de cada cual es única y a mí no me da la gana de que joroben la nuestra.

Dicho esto, espero que mi pichón me perdone por las veces que me he dejado arrastrar por consejos ajenos y le he hecho daño. Lo siento en el alma profundamente.

Deseo respetar sus tiempos y entender que no siempre las cosas llegan como te dicen o esperas.

Espero que la vida nos brote a ráfagas o en calma chicha y nos lleve a lugares bonitos, juntos y felices, a los tres.

Voy a seguir aprendiendo, por suerte, porque esto de ser madre es una lección casi diaria.

UandMe

Gracias, pichón mío. ❤

Reto: Infancia

En el pueblo donde yo vivía, había un tal Mateo que siempre iba con un pastor alemán. Pues el otro día íbamos en coche y ¡zassss! Cruzó por delante de nosotros en el paso de cebra. Sin perro, pero era él. Podría hacer años y años que no lo veía. Pues estaba igual, igual, igualito pero sin perro. Lo mismo me pasó con una antigua profesora que tuve en preescolar. La recuerdo directamente vieja (sí, así de crudo: vie-ja). Pues hace unos meses me la encontré en la cola del banco y estaba exactamente igual: vieja-vie-ja.

¿Pero esta gente nunca fue joven? Si todos fuimos niños. ¿Estos individuos flotan en el tiempo sin envejecer ni un ápice. ¿Serían niños-viejos? Raro, ¿verdad?

Tras esta profunda reflexión, os traigo un reto.

RetoInfanciaLogo Porque todos hemos sido niños. Cuéntame sobre tu infancia:

RetoINFANCIA

Mi primer recuerdo es cuando iba bajando las escaleras del colegio de preescolar con una amiga y pude hacer una pompa con un chicle. Fue guaaaay… Me sentía mayor. Lo que no sé es qué hacía con un chicle a la salida del colegio jjjj.

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Un olor es aquella colonia de Legrain que se llama o se llamaba Petit Cheri. Era la única que soportaba mi madre, que es muy delicada para los olores ella. Así que esa es la que usábamos de pequeños en casa.

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Un sabor sería el del pan con tomate, aceite y sal que nos preparaba mi madre los sábados a media mañana. O el pan con una pastilla de chocolate que nos daban en el recreo en el cole (en preescolar). O los roscos de navidad que hacían mi madre y mi tía. Olía la casa que daba gusto y más buenos estaban. tostadastomatenatural-477x355

Una canción… qué difícil decir una sola… Mira que éramos horteras. Es que los ochenta tenían su lado oscuro. Podría decir varias. Una que recuerdo es la de “Chas!” de Alex y Cristina (sí, sí, Cristina Rosenvinge)… Patético, lo sé… Recuerdo ir en autobús con las compañeras del cole de viaje a una granja escuela, a pasar unos días allí en medio del campo –paz y armonía-. Íbamos cantando tooooodas esa canción a grito pelado una y otra vez.

Me da hasta vergüenza (ajena y propia). Otras, unas más avergonzables que otras, eran las de Radio Futura, Madonna, The Cure (que le gustaba mucho a mi prima mayor), Alaska y Dinarama, Hombres G (sí, da vergüencita) y, atención, algunas de la cintas de cassette que rulaban por casa eran de Dyango (OMG!), Juan Pardo (aquel sex symbol de madres), Rocío Dúrcal, B.S.O. de pelis de Disney, los Beattles… Variadito… Qué apuro, por diossss.

Pero mirad, mirad AQUÍ qué estética tan “Triasdisches Ballet” de la Bauhaus la de este vídeo. Vanguardismo a tope.

Y esta Madonna ochentera la tenéis que ver, pordiosss

¿Tengo que decir una sola serie de dibujos animados? Qué complicado porque había tantas y tantas: Belfy y Lilibit, La aldea del arce, El osito Misha, Willy Fog, Candy Candy, Los diminutos, La pequeña Memole, Heidi, Marco, Samed el duende mágico, Bésame Licia, Bola de dragón Z, Nils Holgersson, David el gnomo (ay, qué manera de llorar con el último capítulo)…. Como no me decido, empiezo por saltarme un poco las reglas y pongo a Fraggle Rock, que no son dibujos en sí 😉

Esto lo tengo clarísimo. La serie de mi infancia es “Verano Azul”, sin duda. Aunque también estaban “Barrio Sésamo”, “La bola de cristal”, “Súper agente 86”, “Pipi Calzaslargas”, “El equipo A”, “McGyver”, “El coche fantástico”…

Un programa que me gustaba muchísimo era “El planeta imaginario”. Mi abuela me decía que cómo podía ver eso tan raro jjj.

Los juguetes “más mejores” para mi gusto eran y siguen siendo los clicks de Playmobil. Tenía la casa bungalow de playa, la caravana, el coche descapotable, del oeste… de temáticas variadas. En casa de mis padres aún quedan restos de aquellos juguetes (mis sobrinos los han usado y los han “despeluchado” bastante). Otro juguete que molaba mucho eran las piezas de Tente. Teníamos un cubo enorme heredado de un primo mayor para construir portaaviones y barcos. También teníamos el castillo de los Pitufos. Podía pasarme horas montándolos de diferentes formas.

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Algo que coleccionase… Esto también está claro. En mi época del colegio nos dio la fiebre de los “chinitos de la suerte”. Podía llevar incontables chinitos colgando de la correa del reloj. Muy cómodo y práctico jajaja. Lo que me ha sorprendido es que los siguen vendiendo por internet (aquí).

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La primera peli que recuerdo haber ido a ver al cine –y posiblemente que fuese la primera porque aún no había cumplido los 5 años- fue E.T.

Nos llevaron a un cine (que ya no existe) de la capital con nuestros primos. Mi primo (más pequeño que yo) lloraba desconsolado con el final (no quiero hacer spoiler… aunque a estas alturas, ¿quién no ha visto la peli?). Menos mal que al final se arraglaba la cosa. Finalmente salimos todos contentos de allí.

Como lugar de mi infancia, recuerdo al sitio donde íbamos al campo los domingos. Ahora hay una urbanización junto a un campo de golf en ese sitio. Una pena. Los padres ponían las mesas y sillas y los niños nos desperdigábamos por los alrededores con nuestros juegos. Se hacía un fuego pequeñito donde calentaban la comida y hacían café. Mi tío nos hizo un columpio. Nos subíamos a los árboles. Construíamos nuestras casas con palos, hierbajos, piedras… Recuerdo a la perfección cómo en mi mente “veía” la casa que habíamos construido como una réplica de la que tenían los Huxtable de “La hora de Bill Cosby” jajajaja (una típica casa de adosada de Brooklyn, con una escalinata para entrar –era una piedra grande empinada-). Con sus dos plantas, que los dormitorios estaban arriba, ojo! (arriba: en las ramas de los árboles). Buscábamos cagarrutas de conejos (porque directamente conejos era más difícil), insectos, renacuajos en el riachuelo que pasaba cerca. Recogíamos almendras,nueces y algarrobas… Lo pasábamos genial. Llegábamos a casa derrotados y oliendo a fogata jjjj.

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En cuanto a mi libro favorito de la niñez tengo un dilema. No recuerdo cómo se llamaba. Era un cuento sobre unos niños que iban a jugar con una caja de madera a la que ponían ruedas. La usaban como un coche de carreras y se deslizaban montándose en ella calle abajo. Hasta que, una de la veces, la caja-coche vuelca y se magullan. Tienen miedo de decírselo a sus padres porque piensan que les van a llevar al médico y que este les va a poner una inyección. Al final, lo único que les pasa es que les ponen unas tiritas que llevan dibujos (recuerdo que en la ilustración de las tiritas se veía una copia tonta de los personajes de Disney). Los niños terminan la historia felices como perdices presumiendo de tiritas en las rodillas.

El título del cuento ni idea. Jope, qué rabia me da. Me lo tenía que leer mi madre una y mil veces (yo no sabía leer entonces, así que sería bastante pequeña). Acabé sobando tanto el libro que se me desencuadernó. Pero hubo solución. Mi primo tenía el mismo libro. Era ir a su casa y engancharme al libro. Debí dar bastante penita porque me lo acabó regalando. Al final, tuvo la misma suerte que el mío: acabo desintegrándose de tanto manosear las páginas. Ni mi madre, ni mi tía, ni mi primo, ni yo nos acordamos del nombre de aquel libro.

Había otros libros que fui leyendo de más mayorcita: los del “Barco de vapor”, “Los cinco”, cómics típicos de “Zipi y Zape”, “Mortadelo y Filemón” de Mickey Mouse, unos que había en plan manual de supervivencia en el campo de “Los jóvenes castores”, los de “Elige tu propia aventura”…

fray perico, fantasma y susi

¿Coincidimos en algo? ¿Os he recordado algo que habíais olvidado? ¿Os animáis a contar vuestros recuerdos de la infancia? Contadme, contadme!