Cambio II: Des-tetando

Llegó el fin de nuestra lactancia. Los últimos meses del año pasado, el pichón sólo tomaba pecho para irse a dormir de noche. Solía ser una toma muy cortita, como de cinco o diez minutos, hasta que se quedaba dormido y soltaba. Antes, como del verano al otoño –más o menos-, solía hacer dos tomas (una de cada pecho): cuando despertaba, antes del desayuno y la de antes de dormir en la noche. La toma de la mañana dejó de pedirla sobre el otoño. Así que sólo tomaba de una teta cuando redujo las tomas a una sola (la de la noche). Esto era por la postura para dormir –siempre del mismo lado, porque del otro lado estaba la pared-. Nunca noté molestias, ni cambio de tamaño en el pecho que dejó de tomar. Imagino que tras tres años y pico, eso de las obstrucciones es bastante improbable. Tiene que estar súper regulado y, como las tomas se iban espaciando, fue todo muy gradual.

el-destete
Imagen de “Mama Expatriada”

Nos plantamos en fechas navideñas, con el cambio de dormitorio –que os contaba la semana pasada-. Una noche, sentí lo que llaman “agitación por amamantamiento”. Resumiendo mucho: es una sensación como de rechazo a que el niño tome pecho. Es complejo de explicar. No es dolor físico. Es sentir como que te es desagradable (mucho) que el niño mame. Intenté aguantar, pero me era, de verdad, imposible. Me estaba poniendo hasta nerviosa. Así que le pedí al niño que soltara un momento. Lo volví a intentar, pero la cosa no mejoró. Finalmente, le dije que mejor podía dormirse abrazado a mamá porque no me sentía bien. No le pareció mal. Se durmió en nada y menos. Al día siguiente me pasó lo mismo. Hicimos igual. Y un día tras otro y otro… llegó el punto en que no le ofrecía y él no pedía.

Para hacer un destete respetuoso, la fórmula es “no ofrecer, no negar”. Es decir, no estar diciéndole al niño si quiere teta y, si te pide por iniciativa suya, no decirle que no. En parte, puedo decir que el destete de mi hijo ha sido bastante respetuoso. Cuando le pedí que me soltara, él lo hizo sin poner malas caras. Ni lloró, ni se mostró enfadado o triste. Desde esa noche no me ha vuelto a pedir teta. No creo que lo eche de menos. Diría que lo hemos hecho estupendamente 😉

desteterespt

Ahora la rutina para ir a dormir es: elegir cuento, leerlo, beber un poco de agua, cambio de pañal y se mete en la cama. Yo me quedo en la cama de al lado. No necesita que le abrace. A veces, me pide que le dé la mano. Apagamos la luz del dormitorio y dejamos la luz de nuestra tortuga de Cloub-B. En cinco minutos está dormido.

Aqua_Tranquil_Turtle_Cloud-b.jpg

¿Cómo me siento yo?
A nivel físico, feliz. Feliz porque mi cuerpo no ha “sufrido” cuando esto se ha acabado (sin dolor, sin obstrucciones, sin cosas raras… -a pesar del agitamiento que sólo pasó unas noches-). Feliz por terminar un ciclo, por cerrar sin traumas un círculo. Feliz también por ver que mi cuerpo ha sido capaz de alimentar a mi hijo, de darle también consuelo, cariño y muchas defensas jijiji. Feliz, por qué no decirlo, por “recuperar” mi cuerpo y sentirlo mío (es complejo de explicar).

A nivel emocional, feliz. Feliz por todo lo que he conseguido cuando poca gente daba un duro porque pudiera conseguir dar pecho. Feliz por estos tres años en que he hecho fuerte y grande a mi hijo. Feliz por ver que esto se ha terminado sin suponer ningún trauma, ni un solo mal rato, para el pichón. Pero, por otra parte feliz-melancólica por ver que el pichón crece rápido, que el tiempo pasa veloz y mi bebé ya es un niño. También complejo de explicar.

Recuerdo cuando pensaba que sería imposible que el pichón se durmiera sin teta. Me parecía un imposible. Fijaos qué equivocada estaba. Ha sido fácil, tan sumamente fácil. Sólo hay que dar tiempo al tiempo.

Otra etapa cerrada. 41 meses de lactancia materna con final feliz, afortunadamente.
Tempus fugit.

vanitas

Anuncios