Daños colaterales

Como todo en esta vida –o casi todo- las cosas no salen siempre estupendas y divinas. El comienzo del cole fue como la seda, pero, ay queridxs, nos trajeron a los malditos virus y otros incovenientes. El pichón empezó el curso con un poco de tos. Le siguieron los mocos. Vino la fiebre. Y así hemos ido alternando los días durante las dos primeras semanas. Aunque sigue con tos y mocos, los pediatras a los que hemos ido (hemos acabado en urgencias un par de veces) nos han advertido de que es lo que nos toca, que es normal y ajo y agua.

Virus

La cuestión es que un día me llamó la seño para decirme que el pichón había vomitado en el desayuno del recreo. Básicamente había echado todos los mocos que iba sorbiendo (porque eso de sonarse no lo lleva nada bien y el lavado nasal con suero ni os cuento). Tuve que ir rauda y veloz a cambiarle la ropa. El pobre mío se puso penoso al verme y me pidió que quería irse conmigo. La situación era que caían chuzos de punta y yo había ido andando hasta allí –sólo llevaba un paraguas-. Era casi la una del medio día y a las dos le recogería el papá en coche. No tenía fiebre. Según la seño estaba bien de ánimo (hasta que llegué yo y se puso un poco mimoso). Estuve muy tentada a llevármelo, pero la seño insistió en que le dejara, que estaba bien, que ella me volvería a llamar si pasaba cualquier cosa… Y con todo el dolor de mi corazón le dejé allí. Me quedé observando por la ventana y vi que, al poco de irme, él estaba de nuevo jugando con sus compañeros. Le vi bien y volvía a sonreír.
Ni os imagináis lo mal que me sentí de vuelta a casa. Tampoco os engaño si os digo que me hinché de llorar. No sé explicarlo. Era una sensación de mucha tristeza y rabia, como si le hubiese fallado. Luego, cuando le recogió el papá, el niño estaba bien de ánimo y parlanchín como de costumbre.

Los dos días siguientes no le llevamos al cole porque comenzó a tener fiebre y los mocos nos tenían muy entretenidos, sin olvidar los conciertos de tos 😦

Después se juntó con el fin de semana y sumaron cuatro días en casa. El resultado es que el pichón el lunes, que estaba mejor y sin fiebre, no estaba muy conforme con ir de nuevo al cole, pero aceptó sin mucho insistir. Y ya el martes no quería ir al cole bajo ningún concepto. Tuvimos una rabieta monumental aderezada con gritos, muchas lágrimas y cara de puchero. Finalmente, hablando con él, aceptó ir, pero no estaba demasiado conforme.

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Ese ha sido el único día en que nos ha costado sudor y lágrimas –literalmente hablando- llevarle al cole. Los demás día ni ha chistado.

¿Y por qué creéis que no quería ir? La respuesta: Me aburro. Yo no sé de dónde habrá sacado la cantinela, pero le ha dado por decir que se aburre con todo y que todo es aburrido.

Ha dado un cambio brusco. Imagino que se le habrá juntado el estar pachucho (la semana siguiente a esa estuvo otra vez en casa dos días con fiebre, tos y mocos), que aún está conociendo a los compañeros, que tiene que adaptarse a la nueva rutina del colegio… No quiere comer casi nada (normal con tanto moco), no quiere bañarse (y luego no hay dios que le saque de la bañera), no quiere que le lave el pelo, no quiere que le corte las uñas, tiene que elegir la ropa/zapatos… como la “crisis” de los dos años, esa aDOSlescencia repentina y precoz, pues así.

ABURRIDO

Vamos lidiando con estos contratiempos con santa paciencia e intentando no perder la calma (cosa complicada). No es nada fácil. “Me aburro” es su nuevo mantra :/

Hay días en que maldigo el colegio por todos estos daños colaterales. Sabemos que el día en que empezara tendría que llegar y que tenía que entrar en “la rueda del sistema” más tarde o más temprano.
Hay días en que veo que tiene sus cosas buenas. Él sale contento y ya tiene algún que otro amiguito. Habla mucho de lo que hace y nos cuenta muchas cosas. No todo iba a ser horrible. Eso os lo contaré más adelante.

En resumen, lo malo del colegio hasta ahora son tres cosas:
– Los p___s virus.
– “Me aburro”.
– Cambio de carácter.

Si tenéis hijxs, ¿notasteis cambios de este estilo en ellos cuando comenzaron el colegio? Contadme y, por favor, dadme la luz al final del túnel 😉

 

Welcome to the jungle

Hace días comenzó el curso escolar. Además, como ya imagino que sabréis, mi pichón también se estrenó como alumno. Fue su primer día de colegio. Afortunadamente, el primer día, fue sólo durante tres horas. Era en plan “toma de contacto”. Al entrar con cuatro años –porque le hemos querido escolarizar ahora y no antes-, no ha tenido periodo de adaptación.

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Como os conté, el cole al que va el pichón es un centro nuevo. Y tan nuevo es, que aún está en obras. Hay partes que están cerradas “al público” porque allí campan obreros, grúas, ladrillos y demás material de construcción a sus anchas. Supuestamente, en un par de semanas estará terminado (lo veo chungo, la verdad) y, entonces harán una jornada de puertas abiertas para que los familiares y alumnos puedan ver el cole al completo y conocer las instalaciones.
Miedo me da que, con tanta prisa, estén haciendo las cosas “regular ná más” y en nada y menos lleguen problemas. Cruzaremos dedos de manos y pies.

En fin, dejando a un lado la singularidad del estado del colegio, paso al meollo del asunto.
¿Cómo le ha ido estos primeros días a mi pichón en su nueva rutina?
La respuesta es: MUY BIEN. Realmente bien. En las mañanas se queda tan normal. Deja su mochila en su sitio, va a su silla y se queda conforme. Tiene su sitio asignado y nos habla de sus compañeros (aunque sus nombres aún no los controla mucho jjjj). Nos ha contado que va a hacer pipí él solo y que se lava las manos sin ayuda. Se toma todo lo que le pongo para que coma en el recreo. Cuando voy/vamos a recogerle, está bien y antes de irse le dice “hasta luego” a grito pelao a su maestra.
Otra cosa es que viene súper parlanchín contando sus cosas, de cómo le ha ido, de los juguetes que hay allí, de si juega a esto o lo otro…  Hablamos como cotorras. Ni ponemos la tele para comer  😉

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Otro punto a favor del cole es que no hemos tenido que comprar libros, ni material escolar. Bueno, a ver, lleva su mochila y poco más. Lo único que hemos tenido que llevar han sido dos paquetes de toallitas, dos rollos de cocina y dos paquetes de folios. Listo.

Otra de las cosas que nos ha sorprendido es que son sólo 21 niñxs en el aula. Nada que ver con los casi 30 que son en las clases de sus primos. Cómo se nota que la crisis hizo mella en la natalidad.

Un punto negativo es que, el primer día, nos enteramos de que su maestra está de baja y su sustituta, la pobre mujer, estaba casi tan perdida como nosotros. No sabe aún cuánto tiempo estará allí. Se la ve una chica maja. Nos dijo que acababa de llegar y que en cuanto pueda nos dará cita para hablar con ella. A ver si nos explica qué método de trabajo usan y otras cosillas.

Otro punto negativo, así en general del sistema educativo, es el horario mierder. Y ojo, el que tenemos es una maravilla en comparación con la escuela privada u otros centros que terminan más tarde. De 9 de la mañana a 2 de la tarde me parece muy heavy para un niño. ¿Qué tienen que estar haciendo tantas horas? ¿Por qué hacerles madrugar?

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Durante los primeros días de septiembre, he ido cambiando el hábito de irse a dormir para que se acostara más temprano. Así que me he comido unos madrugones interesantes en los últimos días de vacaciones (bueno, en general ha estado madrugador toooodo el verano).

Sufro teniendo que hacerle desayunar a toda mecha porque no llegamos. Mi pichón es de comer traaaaanquilo. Además, normalmente, hasta que no pasa un buen rato desde que se despierta, no tiene apetito. Por estos detalles, tengo que poner la alarma mu-temprano. Tendré que perfeccionar la técnica.

En fin, hemos arrancado con buen pie. Seguro que habrá días peores, mejores y regulares. Esto no va a ser siempre ideal –ojalá me equivoque jjj-. Aún tiene que adaptarse a sus compañeros y estos a él. Tendrá que ir desenvolviéndose como buenamente pueda y nosotros, sus padres, estaremos lo más cerca posible para ir explicándole ciertas cosas que en el cole no van a enseñarle.

También nosotros, como padres, tenemos que ir aprendiendo a cómo hacer las cosas. Jope, que ya estoy metida en un grupo de whatsapp de madres de la clase XD. Estrés.

Mariana-Ruiz-Johnson-Mama

En resumen, creo que la clave de que el niño vaya tan contento al cole, de que no haya supuesto un drama, ha sido respetar su ritmo y dejarle estar en casa un año más. Hemos dado margen a que su desarrollo haya ido a su ritmo. No le hemos metido prisa con quitarle el pañal  (lo quitamos allá por mayo). No le hemos dejado solo cuando nos ha necesitado cerca. Hemos establecido –diría yo- un apego seguro, ese taaan de moda, a base de mucho amor y respeto.

Desde luego que le hemos estado hablando bien del cole, de lo bien que lo va a pasar, de todos los niñxs que conocerá y las cosas chulas que aprenderá. Este punto es importante. Hacerle ver que no tiene que preocuparse por estar allí. Le hemos “dorado la píldora” un pelín. Aunque bien visto, a lo que va es principalmente a jugar y a estar con otros niñxs de su edad.
Alguna que otra persona se ha dedicado a soltar perlas tipo “a ver si va a llorar”, “como no ha ido antes al cole, ni a guardería, lo va a pasar mal”, “le va a costar quedarse”… Bla, bla, bla… :/ La solución es no darle importancia a los comentarios. El zasca se lo están comiendo estos días.

Entiendo que somos unos afortunados por haber podido hacerlo así, por haber tenido mis 24 horas al día junto a él durante sus primeros 4 años. Una suerte ma-ra-vi-llo-sa ❤

En fin, que veo que me voy a poner moñas y no quiero. Contadme cómo os ha ido a vosotrxs la vuelta a la rutina e intercambiamos impresiones.