Aprender

Cuando eres adulta crees que sabes mucho de la vida. Tienes ideas que siempre has creído que son “verdades como puños”, inamovibles e irrevocablemente ciertas. Hasta que eres madre y te ves dándole la vuelta a la tortilla porque hay veces que las cosas no son como tú creías o te habían contado.

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Tengo que agradecerle a mi pichón lo mucho, mucho, muchísimo que me está haciendo aprender y entender que todo es relativo. Yo, que siempre he sido analítica y cuadriculada (y aún sigo siendo pero menos), estoy desaprendiendo con él que no todo es siempre como se espera o tú crees. La vida se va abriendo paso y ella misma elige el camino adecuado.

Lo principal es comprender que como niño que es, hay que dejarle fluir: respetar sus ritmos. No atosigarle ni emperrarse en que haga esto o aquello porque el hijo de no sé quien, que tiene la misma edad, hace más cosas, o está más ágil, o tiene otras habilidades. Casi desde que nació hemos sido atosigados, como padres, por no hacer que el pichón fuese más “adelantado”.

Si no toma más que teta, que por qué no toma cereales o papillas…

Si no empieza a andar ya, que le pongas de pie para que vaya andando…

Si no tiene dientes, mírale bien las encías y ponle no sé qué mejunje que seguro que le duele…

Si no hace caca desde hace tres días está mal, hay que estimularle…

Si no habla, que le mire un logopeda… (cuando el pediatra nos dijo que todo iba bien).

Si no le metes en una guardería no sabrá “socializar”… (yo tengo 38 tacos, fui escolarizada con 2 años y no sé socializar muy allá)

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Y bien… Tanta prisa había porque el niño comiera, anduviera, tuviese dientes, hiciera caca religiosamente a diario, hablara, jugara con niños… para qué? ¿Para qué esa prisa si ha llegado a todo eso por sí solo?

Al principio, como madre novata puede que te dejes intimidar un pelín, sobre todo si los comentarios vienen de tu entorno cercano. Piensas que algo sabrán por experiencia… Pero, ah!, amigxs, la experiencia de cada cual es única y a mí no me da la gana de que joroben la nuestra.

Dicho esto, espero que mi pichón me perdone por las veces que me he dejado arrastrar por consejos ajenos y le he hecho daño. Lo siento en el alma profundamente.

Deseo respetar sus tiempos y entender que no siempre las cosas llegan como te dicen o esperas.

Espero que la vida nos brote a ráfagas o en calma chicha y nos lleve a lugares bonitos, juntos y felices, a los tres.

Voy a seguir aprendiendo, por suerte, porque esto de ser madre es una lección casi diaria.

UandMe

Gracias, pichón mío. ❤

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Ra-ra-rabietas

Los niños sobre los dos años, a veces antes, a veces un poco después, comienzan a tener las famosas rabietas. A saber, tú tienes un bebé estupendo, todo sonrisas, suave y blandito, y un buen día, tachaaaaán, se convierte en un niño que se rebela por cualquier cosa, grita, chilla, patalea y se pone rígido todo él. Así una vez, dos, tres… hasta no sé cuántas veces en el día, dependiendo del día.

Rabieta¿Por qué ocurre esto? Fácil. Porque el bebé (más bien niño a esta edad) empieza a ser autónomo, no necesita a sus padres para todo, y hay ocasiones en que las cosas no salen cómo quiere o no puede hacerlas aún sin ayuda. Entonces llega la frustración y se lía la marimorena. Con ellas expresan su impotencia y falta de control. Aún no saben manejar la frustración y no les queda más que explotar en un berrinche.

Normalmente cuando se llega a esto es porque el niño ha intentado expresar algún deseo que no ha sido escuchado/entendido de forma adecuada.

Por ejemplo, en nuestro caso, como el pichón aún no habla, muchas veces no sabemos interpretar lo que quiere.

Peeero, tranquilidad, las rabietas forman parte del proceso evolutivo de los niños. Acabarán desapareciendo.

Lo que hay que tener claro es que una cosa es atender sus necesidades básicas (hambre, sueño, higiene, cariño…) y otra cosa son los “caprichos”. Hay que saber decirles “NO”, sobre todo cuando están en una situación complicada o peligrosa (tipo: quiero abrir el horno encendido, tirar cosas por la ventana, cruzar solos la calle…).

Tenemos que intentar explicarles la situación porque imponer un “NO” simplemente porque somos la autoridad y “aquí se hace lo que yo diga” no conduce a nada productivo. Es más, posiblemente la cosa se complique y la rabieta vaya a más. Probablemente, además tú acabarás con los nervios tan crispados como los del niño.

PacienciaA ver, esto no es magia (oooojalá), ni siempre funciona. Lo que yo intento es adelantarme a la situación que sé que va a generar un conflicto. Si sé que cuando pasamos por tal sitio hay una máquina de bolas (y sieeeeempre quiere poner una moneda para sacar una), procuro no pasar por ahí.

Hay situaciones inevitables como, por ejemplo, la hora del baño. Antes de que llegue el momento, empiezo a explicarle lo que va a pasar e intento hacerle comprender que hay que bañarse y que puede pasarlo bien si se lleva algún juguete o jugamos a hacer espuma… Funciona. Sólo que en vez de ir a bañarse a x hora, va a x hora y pico (ese tiempo de más es el que invertimos en ir preparando la situación con muuuucho tacto). Aclaro que ya se baña sin poner impedimentos.

¿Qué hago cuando se lía y no hay manera? Si por ejemplo, se te pasa que ahí está la dichosa máquina de las bolas y pasas por delante. El niño berrea abrazado a la máquina a moco tendido. Entonces, que no siempre funciona, me pongo a su altura para hablarle a los ojos. Todo intentando hablar con serenidad (difícil). Le explico que no podemos sacar una bola porque mamá no tiene monedas, o que tenemos que ir a tal sitio y no podemos entretenernos, o que ya tenemos muchas y mejor que juegue con las de casa… O que otro día que vayamos con más calma, miramos para sacar una bola… El niño no deja de llorar, pero creo que por lo menos me ha escuchado (a veces está tan encendido que dudo de que me escuche). Creo que llega un punto en que ya está tan enfadado que ni recuerda el motivo del enfado.

Si no puedo hacerle moverse caminando, y no me atiende, le cojo en brazos. Intento irme de ese sitio para que no vea el motivo del conflicto. Le intento calmar. Le hablo bajito, le hablo de lo que vamos a hacer… Si está muy mal, mejor ni le hablo. Le abrazo y le acaricio para que se vaya relajando.

A veces, mejor es dejarle en el suelo o donde esté sin perderle ojo (porque no quiere ni que le toques). Llega un momento en que te busca y te pide brazos. Es como si pidiera consuelo. Qué penita me da. Entonces le cojo en brazos y abrazo.

Cuando le noto menos rígido y el llanto va pasando, reanudo la conversación. Sigo contándole lo que vamos a hacer. Seguimos nuestro camino (en brazos o andando) y poco a poco se le va pasando.

Así, contado suena “Oh qué guay esta tía, cómo maneja las rabietas”. Nada más lejos de la realidad. Jajaja… hay que templar los nervios para sobrellevar esto, eh! Y la primera va bien, la segunda bueeeeno, pero la tercera o sucesivas una ya tiene el temple y la paciencia mu-lejos. Lo ideal, bajo mi punto de vista, es tener relevo en esto porque es matador (el papá en mi caso). La paciencia va mermando con el paso del día. Hay que esforzarse por mantenerse al pie del cañón.

-lo-sentimos-la-persona-con-la-que-habla-esta-agotada-o-fuera-de-su-paciencia-por-favor-intentelo-de-nuevo-mas-tarde-1564eEste verano como salíamos muy tarde y estábamos mucho tiempo en la calle, aunque merendase en casa, siempre llevaba en el bolso algo por si le entraba hambre. A veces, se ponen en modo rabioso por hambre o sueño. Conociendo como conozco a mi pichón, si merendaba por ejemplo a las 5/6 de la tarde y salíamos, sabía con certeza que en un par de horas iba a tener hambre. Así que le daba un snack (manzanas deshidratas o gusanitos o galletitas saladas o nachos ecológicos…). Al ser verano, solíamos cenar tarde, por eso después, a la hora de cenar tenía hambre otra vez.

El tema de sueño lo llevamos mejor controlado. Mi pichón para eso es matemático. Despierte a la hora que despierte de la siesta tiene unas 8 horas de “batería” inagotable. Ha habido (raras) ocasiones en las que no ha querido dormir siesta y por la tarde ha caído fulminado hasta el día siguiente. En esas ocasiones, si salíamos, lo hacíamos cerca de casa, sabiendo que acabaría dormido de un momento a otro. Así volvíamos pronto a casa y a dormir! Nada de ir por ahí con el niño dormido. En eso soy inflexible. Hay papás que llevan a niños dormidos en las sillitas por cualquier parte a cualquier hora. Yo no puedo hacer eso. No me sale. Además, el pichón no usa sillita. Imposible mantenerle sentado. Va caminando a todas partes (cuando se cansa pide brazos un rato, pero es raro-rarísimo que lo haga).

Otra cosa que ayuda, por lo menos a nosotros, es llevar en el bolso algún muñequito que le guste (un animalito, un dinosaurio, un coche pequeño…). Así, tengo algo con lo que poder distraerle o cambiar el foco de su atención. No se lo puedo dar en plena rabieta porque no lo quiere. Hay que esperar un pelín a que la cosa vaya remitiendo para ofrecérselo. Es mano de santo (casi siempre).

Considero que hay cosas que nos ayudan a evitar las rabietas como:

  • Tener rutinas. Procurar que las comidas, el baño, salir a jugar, la siesta, la hora de dormir sean siempre a la misma hora (o aproximada). Así el niño sabe “lo que toca” y no le pillan las cosas de sopetón. Si hay cambio de planes, procuro ir contándoselo con tiempo.
  • Compartir con él los planes. Contarle antes de salir lo que vamos a hacer. Si vamos a comprar, o al parque, o a pasear… Para que sepa lo que se puede encontrar.
  • Respetar sus horas de sueño y comida. Mi lado Rottemeier me ayuda bastante en este punto. Si nos ofrecen algún plan que suponga trastocar sus horarios de comidas/dormir, paso de ir olímpicamente.

EMPATIACuando veo al niño con estos malos ratos, procuro ponerme en su pellejo para entender lo mal que se siente y qué puede necesitar. Hay que empatizar. Imagínate cómo te sentirías en su lugar: si las personas a las que más quieres no te pueden comprender y te  “obligan” a hacer lo que no quieres, si no comprendes lo que te dicen y no puedes preguntar ni un “por qué”.

Como triste consuelo, me queda pensar que esto pasará. Se irá suavizando con el tiempo hasta desaparecer… y después de unos añitos de relativa calma vendrá la adolescencia de verdad de la buena XD.

A las que sois mamis ¿qué os parece lo que yo hago? ¿cómo lo hacéis o habéis hecho vosotras? Contadme!!

Os dejo un vídeo muy interesante:

¡Os reto, bandidas!

Viendo que parece que gustó la entrada anterior sobre los cambios “inesperados” en el estilo de vida de una mujer cuando tiene un hijo, os voy a lanzar un reto.

122 - Reto[1]Animaos y escribir en vuestros blogs una entrada contando en qué aspectos ha cambiado vuestra vida/rutina/costumbres. O contad anécdotas, como por ejemplo de cosas que nunca imaginabais que pasarían y han pasado/están pasando.

Eso para las que ya son mamis.

super-mom-and-you-rockPara las que no son mamis, me gustaría lanzar el reto de otra manera. Contadnos en qué manera creéis que os va a cambiar la llegada de vuestro retoño. ¿Qué expectativas tenéis? Así, cuando seáis mamis, podréis ver en vuestros blogs lo que pensabais y si se cumple o no.

¿Os apetece participar? Pues guardad esta imagen (la de aquí abajo) para acompañar a la entrada que escribáis al respecto. Así, como si fuera un premio bloguero, os la paso, jijiji, porque no me cabe la menor duda de que sois/seréis unas Supermamis.

supermami_Tengo curiosidad por leer vuestras experiencias.

Espero que os deis todas por aludidas, que no tenga que pasar lista, eh! 😉

Donde dije digo

Cuando vas a ser madre sabes que te va a cambiar la vida. Eres consciente de que vas a tener que dejar cosas de lado y hacer otras nuevas. Asimilas que eso de tener tiempo libre (para ti, para descansar-desconectar) va a desaparecer por un largo tiempo. Pero, hay cosas de esas que crees “innegociables”. Esas cosas que desde siempre has tenido como principios o pilares en tu vida. Eso que crees que es imposible que lo cambies porque te conoces y sabes que eso es así o te da un jamacuco. Ja! Parece que estoy escuchando un “Te-lo-dije!” detrás de mi cogote.

Estas son unas poquitas de esas cosas que he tenido que cambiar sí o sí.

Duchas por la mañana

Desde que me conozco, si no me duchaba por la mañana NO era persona. Necesitaba sentir el chorro de agua cayendo, el olor de la espumita, mi crema hidratante… Y si me podía lavar el pelo también, mejor que mejor. Añade ese acondicionador o mascarilla que dejas actuar unos cinco minutitos. Mmm… Así se empieza un día como dios manda.

diario-de-una-volatil-ducha-relajante-04Pues, señoras y señores, eso se acabó. La duchita tiene que ser rapidita y con brío. Me ducho cuando encuentro el hueco perfecto. Suele coincidir con que el pichón esté muy entretenido jugando con algo. Esto implica ducharse con la puerta del baño abierta y la mampara de la ducha sin cerrar para poder tener campo de visión y el objetivo (al niño) localizado en todo momento. ¿A qué hora? Impredecible. Puede ser a media mañana, después de comer, mientras merienda, por la noche…

Ah, y eso de ensimismarse con cremas hidratantes pasó a la historia. Si me voy descamando cual serpiente que muda la piel, un pegote de crema rapidísimo en la zona afectada y listo.

En general, pasa con todo lo relacionado con la higiene: hay que buscar el momento. Una odisea en verano para los pelacos corporales. Pero ya soy toda una experta en el arte de pasarme la cuchilla por las pantorrillas en un pis pas. Yeah!

Mi café

¿Café? ¿Eso qué es lo que es? Me molaba después de la ducha mañanera tomarme mi buena taza de café, con un pelín de leche. Me daba la vida, la chispa, el empuje… Era una súper consumidora de café en todas sus variantes: expresso, nube, cortado, mitad, doble, solo, con hielo, capuccino, macchiato, frappé, granizado, con bola de helado dentro… Mmm…

cafes-malagaNo tomo café desde ni me acuerdo… 3? 4 años? Por ahí. Eso sí, tomo, de higos a brevas, un descafeinado. En casa tampoco tomo mucho (descafeinado) porque el pichón siempre, sieeeempre quiere probar de lo que yo esté tomando. En el desayuno me roba sorbitos de mi vaso. Claro está, no le voy a estar dando café ni aunque sea descafeinado. La cosa es que me lo tomo en plan “a escondidas” (tampoco es eso jjj). Tengo que buscar ese huequito. Mientras me conformo con el olor por la mañana del café que toma papá antes de irse al trabajo.

Congelar comida

Qué ascazo me daba la comida congelada. No podía entender a la gente que compraba carne y la congelaba. No. Me daba una grima infinita.

tupperwareAhora os habla la reina de los tupper. El de la carnicería se frotará las manitas cuando me ve llegar porque le hago el agosto. Eso sí, voy de como una o dos meses al mes porque con el cargamento que me llevo tengo provisiones para un largo tiempo. Después de comprar cantidades (casi) industriales de carne y verdura (que también me llevo media frutería), la cocino y la reparto en mis maravillosos tuppers con etiquetas. Haciendo memoria, suelo tener albóndigas en salsa, hamburguesas, pollo en filetes para empanar, salchichas en salsa, sopas variadas, purés variados, carne picada ya frita con pimientos, cebolla, ajo para poner en la pasta, pollo/ternera en salsa… Con eso más lo que tenga en la nevera, fijo que en un mes no volvemos a hacer la mega-compra. Prefiero invertir un día en cocinar y tener el congelador listo para sacar el menú del día, a tener que estar comprando-cocinando a diario.

Siestas

Odio las siestas. Me sientan francamente mal. Se me revuelve el estómago (a veces hasta me he despertado y he vomitado). Me suelen dar dolor de cabeza. Me desoriento y no sé si es por la mañana, por la tarde, por la noche…

siestaDesde que nació el pichón, me he pegado algunas siestas de campeonato. No han sido muchas, pero ahí están. Sí, estoy cansada y me vendría bien echar una cabezadita. Pero, siendo sincera, prefiero invertir ese tiempo en hacer otras cosas (tomarme ese café, estar con el portátil, ver algún capítulo de alguna serie, hacerme la manicura-pedicura…). Cuando me he dormido la siesta ha sido porque realmente estaba muy muuuy mal. Espero no tener que dormir muchas más.

Seguro que hay muchas otras cosas que, las que sois madres, habéis cambiado radicalmente, ¿verdad?

Cha-cha-cha-changes

Nunca sabes cómo va a cambiar tu vida con la llegada de un hijo hasta que llega el momento. No es que antes mi (nuestra) vida (de papá y mía) fuese un no parar de fiestas y compromisos sociales. Hace ya años que dejamos los jolgorios atrás. Además de la edad (que yo ya no estoy para bailes), influye que llevemos juntos muuuchos años. Ya hemos pasado la etapa de fiestas/conciertos/juergas. Amistades tenemos las justas y necesarias. Las de medio pelo ya se quedaron atrás hace bastante tiempo. Así que por ese aspecto no ha habido muchos cambios. Lo único que echo de menos es viajar. Pero ya llegará el momento de volver a hacer maletas.

Hay cosas que son indicativas de que tu vida no es definitivamente, ni de lejos, la misma de antes. Aparte de no dormir lo que una quisiera (necesita), de estar muuuy cansada, de caerse por las esquinas y todo eso hay más detalles.

koala-sleepingMi bolso ya no es bolso. Ahora llevo mochila. Dentro caben más cosas de las que pudieras imaginar. Van apretadas, pero van. Es como el bolso de Mary Poppins. Además de cosas básicas (pañales, toallitas…), puedes encontrar siempre algún coche de juguete, dinosaurios varios, figuritas de animales y hasta alguna pelota pequeña. El sitio para mis cosas (gafas de sol, monedero, enantyum para el dolor de cabeza) es minúsculo. Las cosas del pichón ocupan el 90% del espacio.

mochila-bolsillo-negraNo tengo intimidad. Esto va a sonar raro, raro, raaaarooo. Seguro que las que sois madres, me entendéis. Suelo hacer mis necesidades rápido y con espectador asegurado. Mi momento all-bran intento dejarlo para cuando duerme, pero no siempre es así. Las duchas, rapiditas y sin mucho festival de espuma, también suelen ser observadas. Ya ni me molesto en cerrar la mampara. De cerrar la puerta de mi baño ni hablamos.

Madre_bañoPor las mañanas me siento guaaaaay cuando consigo hacer cosas de casa y estar al cuidado del pichón. Ayer mismo, a las 10 y poco de la mañana tenía una colada tendida, una tortilla de patatas hecha y una sopa de verduras haciéndose al fuego, había limpiado por encima el salón… Y pichón tan entretenido con sus cereales al principio y después con sus juguetes y uno de sus dvd´s de Minuscule. Me sentía como wonder-woman, como si hubiese escalado el Everest, como si hubiese conquistado el mundo… Y, fuera de coña, así se debió sentir Alejandro Magno cada vez que conseguía una conquista. En serio.

supermomDe pronto te da la vena sensible con cosas que antes ni fu ni fa, sobre todo si están relacionadas con niños. Anuncios ñoños, películas cutres, noticias horribles del telediario… Mi último episodio de llanto compulsivo fue viendo una escena de la serie True Detective (la segunda temporada). Que conste que veo la serie, poco a poco, durante la siesta del pichón. Aquí os dejo link al vídeo para que veáis lo absurdo que puede llegar a parecer: hay un tipo muy colgado al que se le va la pinza drogándose y bebiendo. Saber por qué lo hace y la conversación que sigue a esta escena, hicieron que las lagrimillas acabaran en llanto incontrolable con moquillo colgando.

man-ray-eyeDespistes. Muchos despistes. Será por la falta de sueño de calidad, de tiempo para descansar. Terminar de cepillarte los dientes y tirar el cepillo al váter. Guardar en la nevera el bote de Nescafé. Ir a tirar los restos de comida del plato y, ya de paso, tirar los cubiertos al cubo de la basura. Ir con mucha urgencia a hacer algo y que se te olvide por el camino (esto jode mucho). Poner la lavadora y cuando lleva un rato puesta te acuerdas de que se te ha olvidado meter algo que necesitabas tener limpio para ayer. En fin… cosas de este estilo.

despisteIr a hacer la compra. Al llegar a casa, te pones a guardar todo, y descubres cosas que ni tú, ni papá habéis metido en el carro de la compra. Lo último fue encontrar un pack de latas de atún. Fue el pichón que la incluyó por decisión propia en el carro. Lo sé porque recordé haberle visto jugando con las latas. Así que tenemos atún para una buena temporada. Hay que estar atentos a los movimientos ninja del peque. A veces canta mucho lo que mete porque hay mucha cantidad de lo mismo (tipo 7 botes de aceitunas, 5 botellas de zumos raros…) o cosas absurdas (tipo paquete enorme de patatas fritas, zapatillas varias, una piña…).

supermercado-dibujoDesconexión con lo que pasa en el mundo. Entre que no vemos las noticias y que no tengo tiempo (ni ganas) de leer lo que pasa, no sé lo que ocurre ahí fuera. De las noticias más reseñables me entero porque las veo en mi muro de fb. Tampoco le pongo mucha pasión a saber lo que pasa. Igualmente, antes estaba al día de temas musicales. Me encantaba pasar el tiempo mirando webs de música y encontrando grupos geniales, escuchando música “nueva”. Igual pasa con la cartelera del cine. Antes estaba al día de las pelis que había, incluso de las que son más “alternativas”. A día de hoy no tengo ni idea. La última vez que pisé un cine fue estando embarazada y no creo (ni lo necesito urgentemente) que vaya hasta que no pueda ir acompañada de mi pichón.

koalaqueesesoTe descubres moratones/arañazos y no tienes ni la más remota idea de cuándo ni cómo te los has hecho. Porque, amigos, cuando eres madre/padre, no hay dolor. Cargas más peso del que puedes (niño, bolsas, juguetes…). Vas corriendo y tropezando (sí, alguna esquina/puerta me he comido más de una vez). Eres multitareas: cocinas, llamas por teléfono, controlas al peque… (te cortas una y otra vez abriendo latas, botellas, tetra-bricks…). Suelo tener más cardenales que el Vaticano.

CardenalesSeguro que a las que sois padres se os ocurren más situaciones del estilo. Contadme, contadme… Así me sentiré menos “alien”.

Os dejo con una versión de Changes con Seu Jorge. La original mola, pero esta es más tranquilita y en portugués tiene su encanto, no?