Smile

De sorpresa, como han ido llegando los demás. Así, de pronto, jugando con el pichón he descubierto la llegada de nuevos “inquilinos”.

sonrisaAl hacer el payaso y reír le pude ver, al fondo, una nueva muela asomando. Por curiosidad y con rapidez absoluta intenté mirar al otro lado. Imposible. Hubo que volver a hacer unas cuantas payasadas para observar que en lado opuesto había otra muela que hace acto de presencia.

Poniendo toda la carne en el asador: unos bailes en brazos, unos giros, vueltas, arriba y abajo y… Zas! OMG! Otra muela atrás arriba!

Sólo me queda por mirar su lado izquierdo superior para terminar de inspeccionar la zona. No sabéis lo complicado que es abrirle la boca a un niño para mirarle los piños. Después de todo el despliegue de maniobras saltarinas, con la espalda hecha un ocho, he decidido que esperaré a otra ocasión para volver a intentar mirar.

diente

Las muelas que le están saliendo son los segundos molares. Son las últimas piezas en salir. Han llegado un pelín tarde, pero dentro de lo normal. Cuando lo “normal” es que al pichón le vayan llegando los dientes “fuera de plazo” jijiji.

Menos mal que le pirra lavarse los dientes -está en racha- y le da buen uso a sus tres cepillos. Sí, tiene tres y los tres los va usando uno detrás de otro con mucho brío.
Si es que ya es un niño-grande 🙂

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No!

Palabra más usada entre pequeños parlantes:

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Llevamos unos dias que lo que más escucho en casa es:

Este no.

Ahí no.

Agua no.

Caca no.

No! No! Nooooo!

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Hemos vuelto a viajar en el tiempo a la adolescencia o hemos vuelto a la aDOSlescencia. Cuánta paciencia hace falta… Estamos en momentos críticos. Mi amante bandido con trabajo hasta las cejas no está muy presente, la verdad sea dicha. Y mi cerebro, a veces, está a punto de saturarse. Además se nos desajustaron los horarios un par de días en los que se durmió yendo en coche y las noches fueron gloriosas. Cambió la rutina de horarios de sueño (llamarlo rutina es demasiado jjj). El día acababa de madrugada (lo más tarde a las 2 de la mañana). Se está atascando para hacer caca. Otra vez le ha dado por no querer bañarse. Cambiarle el pañal es luchar contra un endemoniado. Directamente pasa de la fruta (ya ni zumos).

El cansancio… Y escuchar ese “NO!” una y otra vez… es demoledor.
Diositos del olimpo, denme fuerzas y, sobre todo, muuucha paciencia.
Espero que esta rachita pase pronto.

Una de vaqueros

Aunque el título puede dar lugar a pensar que voy a hablar de indios y vaqueros, el tema que trato hoy no tiene nada que ver con esto.

vaquerosdos.jpgLe hemos comprado su primer pantalón vaquero. Parecerá raro que después de dos años y medio en este mundo, el pichón no haya lucido una prenda tan normal. Él siempre ha estado en percentiles altos -su máximo fue 98- y enfundarle en un pantalón de tela vaquera era un poco “pesadilla” porque no iba a estar cómodo en absoluto. Si le quedaban bien de cintura, le iban largos. Y si le quedaban bien de largos, no le cerraban de cintura. Era un bebé lleno de rosquitas que se han ido difuminando.

Con el paso del tiempo y su ritmo de crecimiento ha variado -normal, porque de lo contrario sería un gigante, jjj-. Su cuerpo se ha ido estilizando y ha bajado de percentil. Ahora está en 80 y algo, más acorde con su percentil de altura -también 80 y pico-. Hasta ahora ha estado usando pantalones de felpa, tipo chándal o leggings de esos “cagaos” que tanto me gustan -y dejan espacio “vital” para los pañales jjj-.

Ya ha dejado de ser un bebé y, para mi pena, el tipo de pantalones que él ha ido usando hasta ahora, cada vez son más difíciles de encontrar en su talla. Así que vimos un vaquero y nos lanzamos a comprarlo.

Vaqueros

Al probárselo, le iban perfectos (de largo, de cintura, de todo). Y le ves ahí, de pie, con sus pantalones de chico mayor… En parte me gusta verle tan “niño-grande”. Y en parte me cruje un poquito el corazón porque mi bebé ya no está. Hay un niño precioso que me abraza porque quiere y me dice “te quie-co” ❤

 

Aprender

Cuando eres adulta crees que sabes mucho de la vida. Tienes ideas que siempre has creído que son “verdades como puños”, inamovibles e irrevocablemente ciertas. Hasta que eres madre y te ves dándole la vuelta a la tortilla porque hay veces que las cosas no son como tú creías o te habían contado.

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Tengo que agradecerle a mi pichón lo mucho, mucho, muchísimo que me está haciendo aprender y entender que todo es relativo. Yo, que siempre he sido analítica y cuadriculada (y aún sigo siendo pero menos), estoy desaprendiendo con él que no todo es siempre como se espera o tú crees. La vida se va abriendo paso y ella misma elige el camino adecuado.

Lo principal es comprender que como niño que es, hay que dejarle fluir: respetar sus ritmos. No atosigarle ni emperrarse en que haga esto o aquello porque el hijo de no sé quien, que tiene la misma edad, hace más cosas, o está más ágil, o tiene otras habilidades. Casi desde que nació hemos sido atosigados, como padres, por no hacer que el pichón fuese más “adelantado”.

Si no toma más que teta, que por qué no toma cereales o papillas…

Si no empieza a andar ya, que le pongas de pie para que vaya andando…

Si no tiene dientes, mírale bien las encías y ponle no sé qué mejunje que seguro que le duele…

Si no hace caca desde hace tres días está mal, hay que estimularle…

Si no habla, que le mire un logopeda… (cuando el pediatra nos dijo que todo iba bien).

Si no le metes en una guardería no sabrá “socializar”… (yo tengo 38 tacos, fui escolarizada con 2 años y no sé socializar muy allá)

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Y bien… Tanta prisa había porque el niño comiera, anduviera, tuviese dientes, hiciera caca religiosamente a diario, hablara, jugara con niños… para qué? ¿Para qué esa prisa si ha llegado a todo eso por sí solo?

Al principio, como madre novata puede que te dejes intimidar un pelín, sobre todo si los comentarios vienen de tu entorno cercano. Piensas que algo sabrán por experiencia… Pero, ah!, amigxs, la experiencia de cada cual es única y a mí no me da la gana de que joroben la nuestra.

Dicho esto, espero que mi pichón me perdone por las veces que me he dejado arrastrar por consejos ajenos y le he hecho daño. Lo siento en el alma profundamente.

Deseo respetar sus tiempos y entender que no siempre las cosas llegan como te dicen o esperas.

Espero que la vida nos brote a ráfagas o en calma chicha y nos lleve a lugares bonitos, juntos y felices, a los tres.

Voy a seguir aprendiendo, por suerte, porque esto de ser madre es una lección casi diaria.

UandMe

Gracias, pichón mío. ❤

Avances – 30 meses

Desde que, allá por octubre, el pichón empezara a soltar sus primeras palabras (no, mamá, papá…), hasta día de hoy, el avance es considerable.

Es impresionante la capacidad de aprendizaje que tiene un niño tan pequeño. Su cerebro es como una esponja que absorbe y se empapa de todo lo que le rodea.

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Cada día hay palabras que suelta que son nuevas para él. Es sorprendente cuando dice algo por primera vez y se esfuerza porque le entiendas. Cuando hay veces que no le entiendes, el pobre, con toda la razón del mundo se frustra (a veces se enfada).

Lo más complicado será hacer frases, imagino. Por ahora lo más parecido que dice a una frase es “mamá/papá, vamos”, “está roto”, y “no hay/ hay” o cuando enlaza dos palabras con sentido, como “este no/este sí”.

Ha pasado de sólo imitar sonidos de animales a llamarlos por su nombre (perro, gato, pájaro, león, tigre, vaca, mapache, conejo…). O de imitar sonido de cosas a nombrarlas (coche, autobús, ambulancia…).

También es capaz de repetir con su lengua de trapo todo lo que te pongas a decirle. Es muy gracioso cuando le pregunto si me quiere y asiente. Pero yo le digo que repita: te quiero, mamá. Y él dice algo así como “tequio, mamá”. Entonces me derrito todita yo.

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Otro avance es que reconoce (esto ya lo hacía) y nombra los colores correctamente. También está empezando a reconocer y nombrar formas (triángulo, cuadrado, círculo…). Podemos combinar ambas cosas y jugar a pintar formas de colores e identificarlas.

Algunos contrarios también los reconoce y nombra (grande/pequeño, frío/caliente, arriba/abajo, lleno/vacío…).

Sabe contar solo de 1 al 10 y, si tú sigues contando más, él va repitiendo a su manera. Se cuenta los dedos. Cuando le preguntas su edad, te dices “dooooosh” y saca dos deditos. Esto ya lo hacía pero sólo el gesto. Ahora lo acompaña de su bonita voz 🙂

Se identifica con “yo” y repite hasta la saciedad “mío/ es mío”. Lo del “yo” lo tiene aprendido, pero el concepto “tú” como que aún no lo domina. Es gracioso cuando se lía.

Le encanta jugar con plastilina. Hace churros y los corta con la tijera para plasti (que maneja bastante bien). O hace una pelota graaaande y va deshaciéndola a pellizquitos que va metiendo en un vasito.

Pasa mucho rato dibujando. Ya es capaz de hacer figuras “humanas”. Hace cabezas con ojos, boca, cejas, nariz, orejas, “pelitos” (como él dice), les pone brazos, piernas y ahora está hasta poniéndoles “apatos” (zapatos). Alguna vez nos ha dibujado. Él dice que éste es papá, este es él, esta es mamá… Y nosotros flipamos. ¿Es para morir de amor o no?

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De izquierda a derecha: Pichón, Mamá y Papá (aquí tenemos pies, pero sin zapatos jjj)

Parecía que iba despacito, pero una vez que empieza a soltarse, es un no parar.

Ra-ra-rabietas

Los niños sobre los dos años, a veces antes, a veces un poco después, comienzan a tener las famosas rabietas. A saber, tú tienes un bebé estupendo, todo sonrisas, suave y blandito, y un buen día, tachaaaaán, se convierte en un niño que se rebela por cualquier cosa, grita, chilla, patalea y se pone rígido todo él. Así una vez, dos, tres… hasta no sé cuántas veces en el día, dependiendo del día.

Rabieta¿Por qué ocurre esto? Fácil. Porque el bebé (más bien niño a esta edad) empieza a ser autónomo, no necesita a sus padres para todo, y hay ocasiones en que las cosas no salen cómo quiere o no puede hacerlas aún sin ayuda. Entonces llega la frustración y se lía la marimorena. Con ellas expresan su impotencia y falta de control. Aún no saben manejar la frustración y no les queda más que explotar en un berrinche.

Normalmente cuando se llega a esto es porque el niño ha intentado expresar algún deseo que no ha sido escuchado/entendido de forma adecuada.

Por ejemplo, en nuestro caso, como el pichón aún no habla, muchas veces no sabemos interpretar lo que quiere.

Peeero, tranquilidad, las rabietas forman parte del proceso evolutivo de los niños. Acabarán desapareciendo.

Lo que hay que tener claro es que una cosa es atender sus necesidades básicas (hambre, sueño, higiene, cariño…) y otra cosa son los “caprichos”. Hay que saber decirles “NO”, sobre todo cuando están en una situación complicada o peligrosa (tipo: quiero abrir el horno encendido, tirar cosas por la ventana, cruzar solos la calle…).

Tenemos que intentar explicarles la situación porque imponer un “NO” simplemente porque somos la autoridad y “aquí se hace lo que yo diga” no conduce a nada productivo. Es más, posiblemente la cosa se complique y la rabieta vaya a más. Probablemente, además tú acabarás con los nervios tan crispados como los del niño.

PacienciaA ver, esto no es magia (oooojalá), ni siempre funciona. Lo que yo intento es adelantarme a la situación que sé que va a generar un conflicto. Si sé que cuando pasamos por tal sitio hay una máquina de bolas (y sieeeeempre quiere poner una moneda para sacar una), procuro no pasar por ahí.

Hay situaciones inevitables como, por ejemplo, la hora del baño. Antes de que llegue el momento, empiezo a explicarle lo que va a pasar e intento hacerle comprender que hay que bañarse y que puede pasarlo bien si se lleva algún juguete o jugamos a hacer espuma… Funciona. Sólo que en vez de ir a bañarse a x hora, va a x hora y pico (ese tiempo de más es el que invertimos en ir preparando la situación con muuuucho tacto). Aclaro que ya se baña sin poner impedimentos.

¿Qué hago cuando se lía y no hay manera? Si por ejemplo, se te pasa que ahí está la dichosa máquina de las bolas y pasas por delante. El niño berrea abrazado a la máquina a moco tendido. Entonces, que no siempre funciona, me pongo a su altura para hablarle a los ojos. Todo intentando hablar con serenidad (difícil). Le explico que no podemos sacar una bola porque mamá no tiene monedas, o que tenemos que ir a tal sitio y no podemos entretenernos, o que ya tenemos muchas y mejor que juegue con las de casa… O que otro día que vayamos con más calma, miramos para sacar una bola… El niño no deja de llorar, pero creo que por lo menos me ha escuchado (a veces está tan encendido que dudo de que me escuche). Creo que llega un punto en que ya está tan enfadado que ni recuerda el motivo del enfado.

Si no puedo hacerle moverse caminando, y no me atiende, le cojo en brazos. Intento irme de ese sitio para que no vea el motivo del conflicto. Le intento calmar. Le hablo bajito, le hablo de lo que vamos a hacer… Si está muy mal, mejor ni le hablo. Le abrazo y le acaricio para que se vaya relajando.

A veces, mejor es dejarle en el suelo o donde esté sin perderle ojo (porque no quiere ni que le toques). Llega un momento en que te busca y te pide brazos. Es como si pidiera consuelo. Qué penita me da. Entonces le cojo en brazos y abrazo.

Cuando le noto menos rígido y el llanto va pasando, reanudo la conversación. Sigo contándole lo que vamos a hacer. Seguimos nuestro camino (en brazos o andando) y poco a poco se le va pasando.

Así, contado suena “Oh qué guay esta tía, cómo maneja las rabietas”. Nada más lejos de la realidad. Jajaja… hay que templar los nervios para sobrellevar esto, eh! Y la primera va bien, la segunda bueeeeno, pero la tercera o sucesivas una ya tiene el temple y la paciencia mu-lejos. Lo ideal, bajo mi punto de vista, es tener relevo en esto porque es matador (el papá en mi caso). La paciencia va mermando con el paso del día. Hay que esforzarse por mantenerse al pie del cañón.

-lo-sentimos-la-persona-con-la-que-habla-esta-agotada-o-fuera-de-su-paciencia-por-favor-intentelo-de-nuevo-mas-tarde-1564eEste verano como salíamos muy tarde y estábamos mucho tiempo en la calle, aunque merendase en casa, siempre llevaba en el bolso algo por si le entraba hambre. A veces, se ponen en modo rabioso por hambre o sueño. Conociendo como conozco a mi pichón, si merendaba por ejemplo a las 5/6 de la tarde y salíamos, sabía con certeza que en un par de horas iba a tener hambre. Así que le daba un snack (manzanas deshidratas o gusanitos o galletitas saladas o nachos ecológicos…). Al ser verano, solíamos cenar tarde, por eso después, a la hora de cenar tenía hambre otra vez.

El tema de sueño lo llevamos mejor controlado. Mi pichón para eso es matemático. Despierte a la hora que despierte de la siesta tiene unas 8 horas de “batería” inagotable. Ha habido (raras) ocasiones en las que no ha querido dormir siesta y por la tarde ha caído fulminado hasta el día siguiente. En esas ocasiones, si salíamos, lo hacíamos cerca de casa, sabiendo que acabaría dormido de un momento a otro. Así volvíamos pronto a casa y a dormir! Nada de ir por ahí con el niño dormido. En eso soy inflexible. Hay papás que llevan a niños dormidos en las sillitas por cualquier parte a cualquier hora. Yo no puedo hacer eso. No me sale. Además, el pichón no usa sillita. Imposible mantenerle sentado. Va caminando a todas partes (cuando se cansa pide brazos un rato, pero es raro-rarísimo que lo haga).

Otra cosa que ayuda, por lo menos a nosotros, es llevar en el bolso algún muñequito que le guste (un animalito, un dinosaurio, un coche pequeño…). Así, tengo algo con lo que poder distraerle o cambiar el foco de su atención. No se lo puedo dar en plena rabieta porque no lo quiere. Hay que esperar un pelín a que la cosa vaya remitiendo para ofrecérselo. Es mano de santo (casi siempre).

Considero que hay cosas que nos ayudan a evitar las rabietas como:

  • Tener rutinas. Procurar que las comidas, el baño, salir a jugar, la siesta, la hora de dormir sean siempre a la misma hora (o aproximada). Así el niño sabe “lo que toca” y no le pillan las cosas de sopetón. Si hay cambio de planes, procuro ir contándoselo con tiempo.
  • Compartir con él los planes. Contarle antes de salir lo que vamos a hacer. Si vamos a comprar, o al parque, o a pasear… Para que sepa lo que se puede encontrar.
  • Respetar sus horas de sueño y comida. Mi lado Rottemeier me ayuda bastante en este punto. Si nos ofrecen algún plan que suponga trastocar sus horarios de comidas/dormir, paso de ir olímpicamente.

EMPATIACuando veo al niño con estos malos ratos, procuro ponerme en su pellejo para entender lo mal que se siente y qué puede necesitar. Hay que empatizar. Imagínate cómo te sentirías en su lugar: si las personas a las que más quieres no te pueden comprender y te  “obligan” a hacer lo que no quieres, si no comprendes lo que te dicen y no puedes preguntar ni un “por qué”.

Como triste consuelo, me queda pensar que esto pasará. Se irá suavizando con el tiempo hasta desaparecer… y después de unos añitos de relativa calma vendrá la adolescencia de verdad de la buena XD.

A las que sois mamis ¿qué os parece lo que yo hago? ¿cómo lo hacéis o habéis hecho vosotras? Contadme!!

Os dejo un vídeo muy interesante:

Welcome to aDOSlescencia

Llegamos a los temidos dos años. Confirmo que el bebé/niño da un cambio (casi) radical. Pichón fue (casi) exacto como un reloj. Su cambio coincidió, pasados unos días de la celebración de su cumpleaños, con que estuvo un par de noches con fiebre por un virus, de esos que vas al médico y te dicen que hay un virus por ahí, que lo tiene todo el mundo, pero que curiosamente no sabes de nadie que lo tenga.

Lo que le pasó fue que tuvo fiebre alta por las noches y que estuvo sin hacer caca como 4 días. No quería comer prácticamente nada, sólo teta. Por esa parte me quedaba tranquila porque por lo menos algo sí que comía y le hidrataba (tampoco quería agua). Ahí empezó a cambiar con la comida de forma bastante significativa. De no comer nada cuando estuvo pachucho, a comer en plan muy selectivo.

Antes comía (casi) de todo. Pedía de todo lo que veía. Lo probaba y si no le gustaba se lo sacaba de la boca sin más. Fue llegar a los dos años y la hora de la comida podía llegar a ser un poco “drama”. Si no le apetecía lo que veía en el plato, diría que la mayor parte de las veces, se quejaba con grititos y llanto. Cogía el plato y se lo quitaba de delante. Entonces invocabas a los dioses de todas las religiones y pedías paciencia. Pasadas unas semanas la cosa mejoró bastante. Aunque sigue con días malos, ya va volviendo a comer mejor en cuanto a variedad. No sé si influiría también el calor veraniego.

La verdura que antes tomaba a la plancha, o en sopa, o en purés con fideos, hay días en los que se la come y otros no. Tampoco la quiere en tortilla (tortillas ni de coña se las come ahora). Antes, por ejemplo, se comía el calabacín en un suspiro y ahora, cuando lo ve, es como si viera al mismo diablo.

La fruta, que antes comía a bocados tan ricamente, o se la doy en zumos (naturales, hechos en casa) o tururú. Hace un tiempecito compramos una exprimidora magnífica (un regalazo de papá). No es una licuadora en sí, es un extractor de zumo tipo “masticante”; es decir que lo que hace es aplastar la fruta/verdura contra un filtro (hay de varios grosores) mediante una especie de tornillo gordote. Es una maravilla de máquina y puede con todo. También le gusta la fruta deshidratada tipo “chip crujiente”. Así es como toma fruta (sé que no es la mejor manera pero menos da una piedra).

frutaLo que come sin hacerle ningún asco es el pan y el queso. Me hago a la idea de que estamos en casa del abuelo de Heidi y tan ricamente. En esta casa somos amantes de una buena fondue 🙂

HeidiEl tema de las rabietas, aunque llevaba meses que se podía enfurruñar por algo, se acentuó. Antes tenía algún “encabezonamiento” pasajero. Ahora no hay día en que no tenga un par de momentos de estos como poco. Hay que ponerse en la piel del niño, más cuando no sabe decirnos qué le pasa. También debemos aprender a controlar nuestro estrés y agobio. Porque no voy a mentir, estar en medio de una de estas situaciones una y otra vez, agota. Aquí os dejo un enlace sobre el tema. Os recomiendo el libro de Rosa Jové, Ni rabietas ni conflictos. También os dejo aquí enlace a un video con una entrevista a ella. Lo podéis ver a partir de 01:01:45.

La hora del baño estuvo yendo por rachas un tiempo. Había días en que no quería bañarse. Otros iba solo hasta la bañera muy contento. Misterios de la vida. Esto duró unas semanas. Ahora va sin problemas y de buena gana. Incluso pone la alfombrilla del baño, coge su toalla…

Igual pasó con lavarse los dientes. Tuvo esas semanas de odio al cepillo de dientes y ahora va y lo coge él solito. Se da unos cepillazos, con un brío, que se tiene que exfoliar y todo, jijiji.

Sus horarios siguen siendo más o menos rutinarios. Si algún día se “tuerce” y, por ejemplo, no hay quien le haga dormir la siesta, suele cambiar un poco sus horas hasta que vuelve a la “normalidad” en un par de días.

Cortarle el pelo es im-po-si-ble. Mi madre es peluquera y se lo ha estado cortando siempre. Hace meses fue la última vez que lo intentamos. Mi madre desistió. Dijo que no podía, que nunca había visto tal rebelión en todos los cientos de niños a los que habrá cortado el pelo en su vida. Pichón se retuerce, bracea, llora, se le caen los mocos, babea, grita, tiembla, patalea… Se pone todo perdido de pelitos y lo pasamos todos mal. Hemos decidido que durante un tiempo vaya “salvaje”. Así que tiene un look particular, pero es el niño más bonito del mundo jiji (¿qué voy a decir siendo la madre?). No pasa nada si está una temporada con pelis-loquis como yo digo. Es un niño perfecto y feliz, con pelo corto o salvajito.

Pero no todo va a ser “malo”. Con dos años, el bebé-niño (ya más niño que bebé) se hace más independiente. Le gusta intentar hacer cosas solo. Pichón, por ejemplo, coge la esponja y se lava solo, lleva su plato/cubiertos a la mesa, se levanta solo y se baja de la cama para irse solo al salón…

Te sabe decir lo que quiere (aunque aún no hable, se expresa muy bien con sus gestos y grititos). Ha empezado a tener sus gustos/preferencias. A la hora de vestirse le gusta elegir sus camisetas y sus zapatos. Ayer mismo quiso ir en zapatillas a la calle. Le dejamos porque tampoco se va a acabar el mundo. No quedaba muy elegante, pero él iba feliz de la vida. Menos mal que después aceptó que se las cambiáramos por los tenis (que me llevé por si las moscas).

Se entretiene solo mucho más rato. Por las mañanas puedo ir a la cocina a hacer cosas o ponerme a limpiar la casa tranquila. Él se pone a jugar con sus cosas, o le gusta ver sus dvd´s de la serie “Minúsculos” un rato… Admito que es más fácil dejarle un rato viendo dibujos que estar jugando con él, pero intento usar la tele sólo para cuando necesito estar haciendo cosas en otra habitación y no puedo tenerlo a la vista.

nino-jugandoEn definitiva, diría que ellos ganan independencia y personalidad. Los padres ganamos en paciencia y, atención a la cursilería, amor. Sí, porque con dos años, un niñito ya te da abrazos de verdad, besos con ganas y con sentido. No es lo mismo que un bebé tierno, que achuchas y sonríe. Un niño de dos años te devuelve el abrazo y cuando aprieta hasta te emocionas.

Pichón se nos hace mayor y mola.

Juguemos

Puede que porque nuestro pichón no haya sido (ni por la familia paterna, ni por la materna) el primer nieto, ni el primer sobrino, haya tenido menos avalancha de juguetes y regalos (y menos mal!). En casa somos bastante comedidos, creo, con comprar juguetes. Reconozco que se te van los ojos detrás de tanto juguete “molón”. Si te paras a pensar un ratito te das cuenta de que la mayoría son cacharros del demonio que no va a querer, que vas a llenar la casa de tonterías… y la pasta que te dejas. Sin contar con que no vivimos en un palacio precisamente.

Sólo tengo que admitir que hay dos cosas en la que somos unos absolutos manirrotos:

-Libros.

-Figuras de animales.

Juguetes realmente tiene los que le han ido regalando y alguna cosa que le hayamos comprado. Contados con los dedos de las manos. Los que suele usar los tenemos en las estanterías del salón. En plan “Montessori”. Los juguetes que me menos usa, los tenemos guardados en sus cajas en el armario de su dormitorio. De vez en cuando los sacamos pero los volvemos a guardar después de usarlos. Así no se aburre de verlos siempre.

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Salón con estanterías al alcance del niño

En el armario de su dormitorio hay guardados un Mr Potato blandito que habrá cogido 3 ó 4 veces, un saco de piezas megablocks, un par de cajas de clicks de playmobil 1.2.3 (de bebés), una caja de Lego para bebés, un tren de madera, una caja de puzles que no ha cogido nunca… y creo que ya. Ah, y una tele de Fisher Price que fue un caprichín mío porque de pequeños mis primos tenían una igual y a mí me flipaba. No está guardada. La tenemos sobre una mesilla (cómo no, de Ikea) más en plan decorativo que otra cosa. Por fin la he podido tener, jajejijoju.

En el salón estos son los juguetes que tiene:

  • Una caja con plastilinas y herramientas para manipularlas.
  • Cajas con animales (una de animales marinos, otra de cachorros, otra de caballos, otra de variados, otra de dinosaurios).
  • Una caja con instrumentos musicales (xilófono, maracas, pandereta…) y en una balda de una estantería tiene un radio-cassette de juguete (venía de regalo con un pedido de Vertbaudet) y un palo de lluvia.
  • Un maletín de coches blanditos (esto es de su último cumpleaños y pasará a estar guardado en breve).
  • Muuuchos libros.
  • Un arco iris waldorf.
  • Una caja con pelotas pequeñas.
  • Dos libretas (una tamaño A5 y otra A4), una caja con rotuladores, ceras y una cajita de acuarelas con pinceles.
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Obra abstracta de pichón

En su dormitorio también tiene una importante colección de libros. Os tengo que hablar de los libros que tenemos, además de los que más le gustan por ahora, que son unos cuantos. Con lo que más juega últimamente es con la plastilina. Hace bolitas, churritos, los corta, se los pega a las figuras de animales. Dino+Plasti Con los libros y los animales jugamos a asociarlos. Él trae un libro, miramos una hoja. Le pregunto qué animal es. Él hace el sonido y busca entre las figuras el animal que es. O al revés: cogemos una figura y después el libro donde sale ese animal. O hacemos familias de animales. En fin… múltiples posibilidades combinando libros/animales.

Animales+libros_Aquí os dejo un blog donde dan ideas de actividades chulas para hacer con los animales de Schleich. Está en inglés pero tiene la opción de traducirlo al español.

No lo voy a negar. Mi pichón tiene una tablet. Ese engendro tecnológico que juras que nunca usará tu hijo. Fue un regalo de su tío. Al principio se enganchaba bastante. Después le perdió el interés. Ahora vuelve a cogerla de vez en cuando. La tenemos en la habitación de trabajo de papá. No está escondida. Pichón, que sabe dónde está, si la quiere, va a buscarla y la coge. Tiene bastantes juegos de Dr. Panda. Si yo me engancho (sí, lo admito), un niño más… En fin. La usa por rachas. También si está con ella y le ofreces jugar a otra cosa, suele dejarla tirada y se pone a jugar contigo. A mí no me hace mucha gracia, pero bueno, admito que a veces, le dejas jugar y puedes ponerte a hacer otras cosas un rato. Un triste recurso. Lo sé. drpanda-11 Por último os dejo con unas tiendas chulísimas de juguetes. Una es Jaisa y la otra Jugarijugar. Tienen cosas que ya las quisiera para mí (como las piezas Tegu, jiji). Las figuras de animales las solemos comprar de la marca Sleich o Papo que son las habituales en tiendas. Ojo que también tiene algunos animales del chino y le gustan igualmente. Otras marcas chulas son Safari, Collecta, Mojo… En esta tienda de Alemania hice un pedido importante de una colección de animales poco comunes. Tienen una variedad alucinante y bien de precio (el rollo son los gastos de envío). El pedido tardó en llegar poco menos de una semana y tenía un link a la agencia de mensajería para hacer seguimiento del periplo del paquete. En Amazon suele haber gran variedad. Todo es buscar.

También tenemos libros y juegos para cuando sea más grandecito. Pero para eso habrá que esperar.

Primeras lecturas

Os voy a hablar de libros para bebés-niños. En casa nos gusta mucho, mucho leer (a papá al que más, con diferencia). Tengo para contaros un buen rato, jiji.

Los primeros libros de nuestro pichón y los que más está usando son los de la colección “Al dedillo” de la editorial Combel.

AnimalesAlDedilloSon libros de tapa dura y páginas duras también con pestañas para abrir/cerrar y texturas para tocar. Entretienen mucho y dan mucho juego. Puedes hacer los sonidos de los animales mientras les enseñas sus nombres y que los asocien con figuritas de animales. Aprenden a diferenciar las texturas y a asociarlas con los animales a las que corresponden.

Tenemos casi la colección al completo. Nos falta el de los medios de transporte. El de “El espacio al dedillo” lo tenemos en otra estantería “reservado” para cuando sea un poco más grandecito y pueda ir comprendiéndolo. Es muy chulo pero tiene conceptos en los que ahora, creo, se perdería.

Otra colección muy chula es la de “Destapa y descubre” de la editorial Juventud.

Boutavant1Están ilustrados por Marc Boutavant (que me re-que-te-encanta). Son libros con solapas en las vas descubriendo animales/situaciones. Con cada libro aprenden diferentes cosas: los hábitats de los animales, los ciclos de la vida, familias de animales…

En concreto para el libro “¿Qué seré cuando crezca?” tenemos algunos “ciclos de la vida” de Safari que le vienen que ni pintados para ir leyendo y combinando las figuras. Parece que las han hecho específicamente para este libro, jiji.

Safari

Estas dos colecciones son las que más hemos manoseado. Pichón suele ser bastante cuidadoso con sus cosas. Hasta el momento no hemos tenido grandes percances con los libros. Alguna pestaña ha arrancado al tirar de ella con mucha energía. Nada que papá, como buen amante de la lectura, no arregle con “fiso” (o fixo, o celo… como lo llaméis).

Más libros que tenemos son algunos de la colección de “El pequeño libro de…” de la editorial Timunmas

PequenoLibroSon de tapa y hojas duras con solapas y lengüetas fáciles de mover para el niño. Muy entretenidos.

De la misma editorial tenemos también algunos de la colección de “Mi primer libro de sonidos”. Son de tapa y hojas duras con un “botón” en cada escenario que reproduce el sonido de lo que vemos en las imágenes (sonidos de animales, del río, la lluvia, instrumentos musicales…).

Libros_SonidosMás libros que tenemos son de la colección de “Pepe y Mila” de la editorial SM

PepeMilaUno de sonidos de instrumentos musicales y otro para irse a la cama donde se ve muy bien la rutina de antes de ir a dormir (recoger, cenar, lavarse los dientes, bañarse, ponerse el pijama…)

Tenemos unos cuantos libros más de animales (con solapas, texturas), otro de dinosaurios (empieza a interesarse por estos bicharracos), otros más visuales, el clásico “La pequeña oruga glotona”…

la-pequena-oruga-glotona-cartone_lEstos son los que tenemos en las estanterías del salón. Son los que más usamos y que él mismo, a veces, los coge y se pone a mirarlos sin que le digamos nada. Eso es lo bueno de dejarle las cosas a su alcance. Si quiere, coge lo que le apetece. Tiene todo a mano. Igual que sus juguetes.

En su dormitorio (que aún no usa para dormir) tenemos otra estantería con libros reservados para más adelante. Eso os lo cuento otro día que son bastantes  por no decir muuuuchos.

Tenemos pendiente hacerle el carnet de biblioteca. Tenemos una muy cerca de casa. Es pequeñita pero no está mal del todo. Las veces que hemos ido, pichón se sienta y observa los libros muy atento. Como es lógico, siendo un niño tan pequeño, a la media hora o así ya quiere pasar a la acción y tenemos que salir.  Es una buena alternativa para los días de lluvia o de mal tiempo o de mucho calor que no apetece ir al parque.

Contadme, ¿tenéis pensado comprarle libros a vuestros pequeños? ¿Os gustaría tenerles una buena biblioteca en casa?

Revisión de los dos años

Cada vez que vamos al pediatra es un drama. Es entrar en la consulta y empieza a llorar, patalear, gritar… Normalmente, antes de ir, incluso un día antes, le voy contando: “Mañana vamos a ir a ver al doctor. Estaremos un rato con él. Te pesará. Te medirá. Te mirará que estés bien y nos iremos.” Él parece estar conforme. Cuando le voy contando asiente con la cabeza y parece aceptarlo de buen grado. Otra cosa es afrontar el momento de la verdad. Entramos en la consulta y ya no escuchamos nada. Bueno sí; los llantos del pichón. En esta última revisión hemos conseguido que se calmara antes de irnos y hemos podido “charlar” y preguntar dudas “tranquilamente”.

Nuestra mayor preocupación es saber qué va a pasar con la vacuna de la varicela. Tampoco es que nos quite el sueño, pero nos parece importante. Se supone que empezará a estar de nuevo disponible a partir del año que viene por la seguridad social. Lo que no sabemos, ni el pediatra supo decirnos, es si se la podremos poner al pichón. En cualquier caso, nos recomendó que se la pongamos en cuanto se pueda.

El año pasado nos quedamos a las puertas de ponérsela. Tenía cita, por el privado, para vacunarle (creo que rondaba los 50 euros). Un par de días antes llamé para confirmar la cita y me dijeron que justo se habían acabado las dosis disponibles. Ya no se vendían en ninguna parte. Me da rabia que por cuestión de días no pudiésemos vacunarle.

Medico-PediatraTodo ha ido estupendamente. 13,600 kg (ha engordado 1,2 kg en estos últimos seis meses). 90 cm. (ha crecido 7 cm. también en estos 6 meses pasados). Está en percentil 81/84 (altura y peso). Lo ha visto bien de motricidad. Y su potencia de grito mejor que mejor.

Respecto a que aún no hable nos ha dicho que está dentro de la normalidad. Hay niños que empiezan antes y otros más tarde. Si en 6/8 meses no arranca a hablar ya habrá que ir pensando en darle una ayudita con un logopeda. Pero aún hay tiempo. Le dijimos todas las “habilidades” que tiene y, en su opinión, no hay ningún motivo de preocupación. Simplemente empezará más tarde. Si no, pues ya se verá. No le dio ninguna importancia. Pichón entiende lo que le dices perfectamente y él se hace entender a su manera. Cuando se enfada y llora dice “maaaama-maaaama”.

Un punto del que quería hablar es sobre la costumbre de tirar de la piel del pene en los niños. Nosotros no lo hacemos. Creemos que no es necesario. Primero nos dijo el pediatra que hasta el año no hay que hacer nada. Después nos indicó, que con el baño, una vez al día, aprovechando que la piel está “reblandecida” con el agua caliente, que le echásemos la piel hacia atrás. Al principio sí se lo hacíamos. Pero mira por donde, entre que al niño no le hace gracia y que una amiga me habló de que no era necesario, empezamos a plantearnos el hacerlo o no. Aquí os lo explican. Y decidimos no hacerlo. Sólo el pediatra le mira en las revisiones y va todo bien. Así que yo también estoy a favor de que #nometoqueselpito.

Es triste tener que “ocultar” información al pediatra. Él no nos pregunta sobre este punto. Nosotros no le decimos que no hacemos nada al respecto. Cada uno en su casa que haga lo que crea conveniente. Menos mal que en el tema de alimentación no se mete y que es pro-lactancia. Pero sé que hay otros padres que en estos temas “mienten” a sus pediatras desfasados.

Nosotros escuchamos todo lo que nos dice. Si hay algún punto que no nos convence del todo o que vemos que no funciona o no nos sentimos bien respecto a eso, buscamos más información y actuamos según nuestro parecer. El pediatra es un médico de niños, obvio. Uno va al médico cuando está enfermo, no? Las revisiones de los bebés se hacen de manera rutinaria para ver si están creciendo adecuadamente, no porque estén enfermos. Así que aceptamos sus recomendaciones, pero las decisiones las tomamos nosotros.

Igualmente pasa con cuestiones como la alimentación o el colecho. El pediatra te puede decir misa, tú en tu casa vives como crees que es mejor para tu familia. Una cosa es que te dé pautas generales y otra es que te atosiguen con que tienes que dar papillas de tal marca, o que le dejes llorar en su cuna… Son cuestiones personales. ¿O acaso cuando un adulto va al médico de cabecera le dice con quién tiene que dormir?… Imagina que vas a hacerte una analítica para un chequeo rutinario y te dice: “Aaah, pero ¿tú duermes con tu pareja? No, no, nooo…. Tienes que dormir solo, en tu propia habitación para no acostumbrarte a estar con quien quieres… Y, por cierto, el colesterol lo tienes bien”

Es como cuando le comentamos que nuestro pichón dormía regular, que se despertaba mucho y le costaba volver a coger el sueño. El pediatra, que aquel día debió fumarse algo raro, nos soltó más ancho que pancho, un folleto del método Estivill. Nos quedamos con las patas colgando. No supimos reaccionar. Salimos de allí bastante espantados.

En otra visita le dijimos que hacemos colecho y nos dijo que eso era tema nuestro, que si estábamos bien así, nadie tenía que meterse en eso. Sí, es un pediatra bipolar.

Igual pasó cuando le hablamos de las rabietas,esas pataletas que empieza a tener el niño a partir de los dos años, más o menos, y que acaban con los nervios de cualquiera. Nos dijo que ni caso, que pasemos del niño… Pues va a ser que nosotros, como padres informados que procuramos ser, pasamos de su maravilloso consejo.

Otro tema es de las rabietas y los temidos dos años. Eso os lo cuento más adelante.