Daños colaterales

Como todo en esta vida –o casi todo- las cosas no salen siempre estupendas y divinas. El comienzo del cole fue como la seda, pero, ay queridxs, nos trajeron a los malditos virus y otros incovenientes. El pichón empezó el curso con un poco de tos. Le siguieron los mocos. Vino la fiebre. Y así hemos ido alternando los días durante las dos primeras semanas. Aunque sigue con tos y mocos, los pediatras a los que hemos ido (hemos acabado en urgencias un par de veces) nos han advertido de que es lo que nos toca, que es normal y ajo y agua.

Virus

La cuestión es que un día me llamó la seño para decirme que el pichón había vomitado en el desayuno del recreo. Básicamente había echado todos los mocos que iba sorbiendo (porque eso de sonarse no lo lleva nada bien y el lavado nasal con suero ni os cuento). Tuve que ir rauda y veloz a cambiarle la ropa. El pobre mío se puso penoso al verme y me pidió que quería irse conmigo. La situación era que caían chuzos de punta y yo había ido andando hasta allí –sólo llevaba un paraguas-. Era casi la una del medio día y a las dos le recogería el papá en coche. No tenía fiebre. Según la seño estaba bien de ánimo (hasta que llegué yo y se puso un poco mimoso). Estuve muy tentada a llevármelo, pero la seño insistió en que le dejara, que estaba bien, que ella me volvería a llamar si pasaba cualquier cosa… Y con todo el dolor de mi corazón le dejé allí. Me quedé observando por la ventana y vi que, al poco de irme, él estaba de nuevo jugando con sus compañeros. Le vi bien y volvía a sonreír.
Ni os imagináis lo mal que me sentí de vuelta a casa. Tampoco os engaño si os digo que me hinché de llorar. No sé explicarlo. Era una sensación de mucha tristeza y rabia, como si le hubiese fallado. Luego, cuando le recogió el papá, el niño estaba bien de ánimo y parlanchín como de costumbre.

Los dos días siguientes no le llevamos al cole porque comenzó a tener fiebre y los mocos nos tenían muy entretenidos, sin olvidar los conciertos de tos 😦

Después se juntó con el fin de semana y sumaron cuatro días en casa. El resultado es que el pichón el lunes, que estaba mejor y sin fiebre, no estaba muy conforme con ir de nuevo al cole, pero aceptó sin mucho insistir. Y ya el martes no quería ir al cole bajo ningún concepto. Tuvimos una rabieta monumental aderezada con gritos, muchas lágrimas y cara de puchero. Finalmente, hablando con él, aceptó ir, pero no estaba demasiado conforme.

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Ese ha sido el único día en que nos ha costado sudor y lágrimas –literalmente hablando- llevarle al cole. Los demás día ni ha chistado.

¿Y por qué creéis que no quería ir? La respuesta: Me aburro. Yo no sé de dónde habrá sacado la cantinela, pero le ha dado por decir que se aburre con todo y que todo es aburrido.

Ha dado un cambio brusco. Imagino que se le habrá juntado el estar pachucho (la semana siguiente a esa estuvo otra vez en casa dos días con fiebre, tos y mocos), que aún está conociendo a los compañeros, que tiene que adaptarse a la nueva rutina del colegio… No quiere comer casi nada (normal con tanto moco), no quiere bañarse (y luego no hay dios que le saque de la bañera), no quiere que le lave el pelo, no quiere que le corte las uñas, tiene que elegir la ropa/zapatos… como la “crisis” de los dos años, esa aDOSlescencia repentina y precoz, pues así.

ABURRIDO

Vamos lidiando con estos contratiempos con santa paciencia e intentando no perder la calma (cosa complicada). No es nada fácil. “Me aburro” es su nuevo mantra :/

Hay días en que maldigo el colegio por todos estos daños colaterales. Sabemos que el día en que empezara tendría que llegar y que tenía que entrar en “la rueda del sistema” más tarde o más temprano.
Hay días en que veo que tiene sus cosas buenas. Él sale contento y ya tiene algún que otro amiguito. Habla mucho de lo que hace y nos cuenta muchas cosas. No todo iba a ser horrible. Eso os lo contaré más adelante.

En resumen, lo malo del colegio hasta ahora son tres cosas:
– Los p___s virus.
– “Me aburro”.
– Cambio de carácter.

Si tenéis hijxs, ¿notasteis cambios de este estilo en ellos cuando comenzaron el colegio? Contadme y, por favor, dadme la luz al final del túnel 😉

 

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¡Hasta luegui, vacunas!

Cuánto me alegra que hayamos terminado con la racha de vacunas por un tiempo. No sabéis qué contentos estamos en casa sabiendo que hasta dentro de dos años no tocan más pinchazos. Hemos ido rellenando casillas en la cartilla de vacunación religiosamente. Hemos puesto todas y cada una de ellas: de la s.s. y las de pago. Tuvimos más paciencia que el santo Job esperando a las dosis de la varicela, que nos costó más de un año (o fueron dos?) de retraso en tenerlas puestas. Y nos hemos dejado cientos y cientos de euros pagando pinchazos. Pero compensa tener esa sensación de tener el álbum de cromos relleno como debe ser. Y el niño protegido 😉

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El “cromo” más difícil de conseguir es tener las dosis de Bexsero correspondientes. Garcias a los dioses del olimpo, tengo una suegra que mueve cielo y tierra por sus nietos y voilá!, se empeñó en usar sus contactos farmaceúticos hasta que lo consiguió. Una ovación para mi suegra, señorxs. Ahora en serio, la mujer se lo ha currado. Además, la primera dosis fue regalo de cumpleaños para el pichón. Menudo regalazo jjjj.

Aplausos

Os cuento que la primera dosis fuimos a ponérsela y él tan pichi. Sólo se quejó en el momento del pinchazo, porque duele. Ya nos dijo el pediatra que esta vacuna duele y podría incluso tener la zona un poco roja y abultada como efecto secundario (además de lo típico: fiebre, o que estuviese el niño más susceptible). Afortunadamente, no pasó nada de eso. Quizá en la primera hora o así, se quejó un poco de dolor en el hombro. Pero estuvo jugando “a tope de power” para arriba y para abajo. A la noche ni se acordaba. Tampoco se le veía nada de reacción en la piel. No tuvo fiebre, ni estuvo raro. Fue como la seda.

Con la segunda dosis, no sé por qué narices, el momento pinchazo fue un escándalo. El pichón me miraba con los ojos bañados en lágrimas y me decía que NO quería ponerse la vacuna porque le iba a doler. Se oían sus gritos por toda la clínica. Así que tras una estrategia envolvente y un ataque directo por parte del pediatra, la última dosis de Bexsero le fue administrada en un escenario de alaridos, berridos y pataleos. El pichón lo pasó mal, yo lo pase peor. Me entraron sudores. Se me puso un calor interno que me dio dolor de cabeza. Me sentí fatal por no poder hacerle entender la situación. Era imposible hablar con él. Y ojito, que antes de ir le expliqué bien la historia. Me decía que sí, que bien. Estaba conforme. Aunque esta vez no funcionó.
En cuanto a efectos secundarios, nada de nada. Ni fiebre, ni mimosidades. Esta vez sí se le puso el hombro con una rojez, pero es que no me dejó quitarle la tirita que le pusieron hasta pasado un día. El pegamento de la tirita le hizo reacción en la piel.

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Como punto en común en las dos ocasiones, fue curioso que el pichón estaba súper activo. Era como si se hubiese tomado un red bull. Como uno o dos días después del pinchazo ha estado súper-mega-hiper-ultra activo. Quizá sea coincidencia, o quizá sean unos efectos secundarios nunca vistos XD
¿Alguien más ha observado algo similar en sus hijxs tras administrar la dosis de Bexsero?

Con esto y un bizcocho, nuestro álbum de vacunas queda completado hasta nueva orden.

 

#MaternityTag

Tag, etiqueta, hashtag, almohadilla… Todo esto viene con la nominación de Confesiones de una madre. Desde aquí, gracias miles por acordarte de mí 😉

Os dejo con una serie de preguntas relacionadas con la maternidad y ojito, que al final van mis nominadxs.

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  1. ¿Tardaste mucho en quedarte embarazada?
    Sí y no. En mi primer embarazo fue objetivo conseguido en el primer intento. En el embarazo del pichón tardamos como nueve meses. Pensaba que iba a ser fácil y rápido, pero no lo fue.
  2. ¿Cómo te enteraste de que habíais “dado en el clavo”?
    Intuición. Algo así. Tenía un día de retraso y, sin más, me lancé a hacerme un test. Y ocurrió. Así fue en los dos embarazos. Antes solía tener un ciclo muy regular.
  3. ¿Lo comunicaste a tu entorno de alguna forma especial?
    En el primer embarazo  enseñé el test positivo cual trofeo jjjj. En el embarazo de pichón, comenté que llevaba puesto el regalo de cumpleaños que me hizo mi marido. Tardaron en pillarlo 😉
  4. ¿Leíste algún libro/blog/web durante el embarazo que te ayudara a documentarte?
    Sí, algún que otro blog de pasada, unos cuantos libros sobre embarazo y lactancia y además estaba metida en un foro de embarazo del que aún conservo unas amigas estupendas.
  5. ¿Querías niño o niña?
    Me gustaba más la idea de tener un niñO. Por otra parte, tener una niñA hubiese sido un bombazo porque en mi familia, ni en la de mi amante bandido, hay niñAs en las nuevas generaciones. Pero, si os soy sincera, después de haber perdido mi primer embarazo, lo que menos me importaba era que fuese una cosa u otra. Lo que quería era unx hijx sanx. Sin más.
  6. ¿Qué fue lo que más te gustó de estar embarazada?, ¿y lo que menos?
    Lo que más, las sensaciones de llevar una vida dentro. Sentir su hipo, sus manotazos y patadas voladoras. Es mágico.
    Lo que menos, la angustia que pasé pensando en si estaría todo bien o no. El miedo y las ganas de llegar al parto.
  7. ¿Tuviste antojos raros?
    Raro, raro… no. Me apetecía mucho comer chuches con pica-pica y pipirrana. Mis padres me preparaban tuppers con pipirrana casi todas las semanas jjj.
  8. ¿Te dio por comer algo en exceso?
    Lo dicho arriba. Mucha pipirrana. Que por cierto, para quien no lo sepa, es una ensalada con tomate, pimiento, cebolla (todo muy picado) y gambas, pulpo, atún… Los ingredientes varían según el gusto.
  9. ¿Le cogiste manía/asco a alguien/algo durante el embarazo?
    En el primer embarazo me pasó algo súper curioso. Soy muy fan de la paella, pues en aquel entonces no podía ni olerla.
    En el segundo embarazo le cogí muuucho asco a la albahaca.
  10. ¿Tenías claro el nombre que ibas a ponerle?
    Teníamos una lista para niño y niña hecha desde el primer embarazo. No fue nada complicado decidirlo. En la semana 12, que nos dijeron que era niño, ya teníamos elegido su nombre.
  11. ¿Parto natural o cesárea?
    Cesárea programada por estar el pichón en posición podálica.
  12. ¿Qué fue lo peor de tu postparto?
    TODO. No poder coger al niño. No poder caminar. No poder hacer nada sola. No poder estar tumbada. No poder estar de pie. No poder ser autónoma. Las ganas de llorar y aguantar. Que se me cuestionara. Malos consejos de lactancia. Presión. Falta de sueño. El no saber si lo estaba haciendo bien.
  13. ¿Lactancia materna exclusiva, mixta o artificial?
    Lactancia materna hasta los 3 años y medio. El primer mes tuvimos que complementar con fórmula por pérdida de peso excesiva del pichón (esos malos consejos de la matrona mierder). Pero una vez superado ese bache, todo como la seda.
  14. ¿Cuna o colecho?
    Colecho y geeeeenial. La cuna, que era de colecho, servía para almacenar cosas encima XD.
  15. ¿Cual es tu momento preferido del día ahora que eres madre?
    Ahora que ha empezado el cole, me gusta cuando le recojo y me sonríe. Me encanta que me vaya contanto, cual lorito, de camino a casa, las cosas que ha hecho en clase.
  16. ¿Qué cosas compraste o te regalaron que al final no has usado?
    Una maldita mochila Babybjörn (Horror!!). La hamaca la usamos poquísimo -chillaba horrorizado cada vez que le sentaba ahí-. Biberones (alguno quedó sin estrenar). Baberos tengo packs sin estrenar. Chupetes también teníamos sin abrir por ahí en los cajones. Vaso de aprendizaje. Zapatitos de bebé. Un adaptador para el wc.
  17. ¿Qué dijiste que no harías cuando fueses madre y has acabado haciéndolo?
    Las chuches. No me gusta que las coma, pero admito que hay veces que paso la mano por no discutir.
  18. ¿Qué es lo que más echas de menos de tu época sin hijos?
    Viajar más y más lejos. El cine. Conversaciones sin interrupciones. Acostarme tarde. DORMIR sin interrupciones (así del tirón como 8 horas jajajaja). No madrugar.
  19. ¿Que no repetirías o rectificarías si tuvieses otro hijo?
    Ni puñetero caso a opinólogos del universo. Tendría muchísima más confianza en mí misma.
  20. ¿Qué crees que es lo más difícil hoy en día de ser madre?
    Aceptar lo rápido que pasa el tiempo.
  21. Guardería, ¿sí o no?
    No. Por suerte no hemos tenido que recurrir a ello. Y a la vista está que el hecho de que el pichón no haya ido a guardería no ha influido negativamente en su entrada al colegio.
  22. Y, la última! ¿Repetirías?
    ¿Maternidad? Pues si tuviera diez años menos, sin duda.

Ahora, mis nominados a contestar esta tanda de preguntas son:

Papá bicho raro

Sra. de Díaz

Luz de laurel

 

A volar se ha dicho

Tenía pendiente contaros nuestra visita al Museo Aeronáutico de Málaga. Fuimos hace tiempo y se me había pasado contaros que lo pasamos estupendamente. Desde luego, si venís a Málaga con niños, y tenéis tiempo, os recomendaría que lo visitaseis sin duda. El único “pero” que le veo es que se ve que necesita algo de mejoras estructurales (dinero para mantenerlo en mejores condiciones, para entendernos). Pero, en líneas generales, es un sitio fantástico para pasar un rato entretenido con o sin niños, especialmente si os/les gusta el tema de volar/aviones. Nosotros fuimos a la hora tonta (la de la siesta, que es cuando menos gente hay) y pasamos allí horas. Echamos toda la tarde pululando por el museo.

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Nada más llegar, en el mostrador de recepción, nos atendieron muy amablemente. Era una familia (imagino) –mamá, papá y una niña de unos 3 ó 4 años- quien estaba atendiendo a los visitantes. A mi pichón, nada más llegar, le dieron a elegir, entre varias profesiones relacionadas con un aeropuerto, un carnet. Él eligió el de piloto de aviones. Pero había de controlador aéreo, auxiliar de vuelo, control de aves –cetrería-, seguridad, conductor de coche guía de aviones, bombero… Un montón.
Una vez que tuvo su acreditación puesta con su nombre escrito (el carnet venía con su correspondiente pinza para colgarse de la camiseta) nos dieron un plano del museo, nos explicaron lo que podríamos ver, y al pichón le encargaron una misión especial: encontrar un helicóptero. Si lo conseguía, después le darían un premio.

El museo consta de varios edificios. Unos modernos y otros antiguos. Tan antiguos como que se trata de lo que fue el primer aeropuerto de Málaga. No deja de ser una especie de cortijo. Además, en el terreno del museo, podemos ver restos de un asentamiento romano con sus murales explicativos. Completito el lugar.

Otro punto a favor es que hay una especie de terraza-explanada que da justo a donde están las pistas actuales de despegue del aeropuerto, por lo que se puede ver fantásticamente cómo salen los aviones. También se ven muy cerquita la zona donde están los aviones privados estacionados. Ahí puedes fantasear con cuál te gustaría tener XD

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Vistas desde el museo

En uno de los edificios puedes ver una exposición de uniformes, tanto de auxiliares de vuelo como de pilotos, antiguos. Te quedas flipando con cómo ha ido cambiando la moda. También hay billetes antiguos, maletas, carteles, objetos de a bordo… Muchas curiosidades. Como punto fuerte, puedes subir a un avión real. Hay “incrustado” en el edificio un McDonnell Douglas DC-9 en el que puedes entrar, ver la cabina de pilotos, la zona de pasajeros, curiosear puertas, ventanas, sentarte… Y también se ve la parte de bodega con sus maletas (a esta zona no se puede acceder). Lo que disfrutó el pichón sentándose y abrochándose/desabrochándose cinturones, abriendo/cerrando las persianas de las ventanas… Muy chulo.

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En otra parte de este edificio, hay una zona donde nos dan explicaciones más científicas del funcionamiento de un avión. Hay experimentos, vídeos explicativos y todo se puede tocar. Muy interactivo. Incluso hay una caja negra a tu alcance 😉

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Pasando al siguiente edificio tienes la explanada/terraza para ver los despegues. Y ya pasas a lo que fue en su día, el primer aeropuerto comercial de la ciudad. Es un puntazo porque dentro está todo ambientado como lo fue en su época. Tienes el mostrador para facturar, zona de espera, y expuestos hay billetes antiguos, menús de a bordo, cartelería de la época, un bar yeyé total y algunos uniformes de entonces. Puedes ver cómo era y funcionaba entonces el aeropuerto. Se puede subir a una rudimentaria torre de control, ves la oficina de los altos mandos, una maqueta de la zona, objetos antiguos (todo relacionado con la aviación, se entiende). Súper interesante. Es como viajar en el tiempo.

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Antiguo mostrador del aeropuerto

Unos pasos más adelante está el edificio más moderno donde hay más maquetas. Una es espectacular donde se muestra el nuevo aeropuerto (que fue agrandado hace pocos años). También hay una exposición de fotografía.

Antes de llegar al último edificio, nos encontramos con unos restos romanos. No es una zona muy extensa, pero es curioso verlo. Hay paneles explicativos y se ven las ruinas que quedan.

En la última zona del museo, nos encontramos con explicaciones más técnicas del funcionamiento de un avión y de cómo se gestiona el aeropuerto. Hay expuestos aparataje y hasta un radar antiguo. Los niños pueden tocar toooodo. Ni os cuento lo que disfrutó el pichón atendiendo llamadas en la centralita de control jijijiji.

Finalmente, hay una zona donde hay varias aeronaves expuestas. Súper impactante verlas taaaan cerca. Por fin, encontramos el helicóptero. Recordad que el pichón tenía asignada la misión de buscar uno. Allí estaba, majestuosamente grande, esperándonos.

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Una vez terminada la visita, volvimos a la recepción a comunicar que el pichón había cumplido satisfactoriamente su misión. Como recompensa, le dieron una hoja de pegatinas (temática “avión”, of course). Más feliz que una perdiz salió de allí.
La verdad es que pasamos la tarde divinamente. Creo recordar que estuvimos como tres horas allí, pero para nada se nos hizo pesado. Fue muy ameno e instructivo.

Además, que no os he dicho, el museo es completamente gratuito. En la salida, y en algunas zonas, sí que hay puestas una especie de cajas por si quieres hacer alguna donación. Nosotros aportamos algo porque nos pareció un lugar genial y que necesita un pelín de ayuda económica. Es la única pega que le vimos al sitio, que se ve que hay cosas que están algo dejadas. Aunque es general es un museo de diez.

Welcome to the jungle

Hace días comenzó el curso escolar. Además, como ya imagino que sabréis, mi pichón también se estrenó como alumno. Fue su primer día de colegio. Afortunadamente, el primer día, fue sólo durante tres horas. Era en plan “toma de contacto”. Al entrar con cuatro años –porque le hemos querido escolarizar ahora y no antes-, no ha tenido periodo de adaptación.

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Como os conté, el cole al que va el pichón es un centro nuevo. Y tan nuevo es, que aún está en obras. Hay partes que están cerradas “al público” porque allí campan obreros, grúas, ladrillos y demás material de construcción a sus anchas. Supuestamente, en un par de semanas estará terminado (lo veo chungo, la verdad) y, entonces harán una jornada de puertas abiertas para que los familiares y alumnos puedan ver el cole al completo y conocer las instalaciones.
Miedo me da que, con tanta prisa, estén haciendo las cosas “regular ná más” y en nada y menos lleguen problemas. Cruzaremos dedos de manos y pies.

En fin, dejando a un lado la singularidad del estado del colegio, paso al meollo del asunto.
¿Cómo le ha ido estos primeros días a mi pichón en su nueva rutina?
La respuesta es: MUY BIEN. Realmente bien. En las mañanas se queda tan normal. Deja su mochila en su sitio, va a su silla y se queda conforme. Tiene su sitio asignado y nos habla de sus compañeros (aunque sus nombres aún no los controla mucho jjjj). Nos ha contado que va a hacer pipí él solo y que se lava las manos sin ayuda. Se toma todo lo que le pongo para que coma en el recreo. Cuando voy/vamos a recogerle, está bien y antes de irse le dice “hasta luego” a grito pelao a su maestra.
Otra cosa es que viene súper parlanchín contando sus cosas, de cómo le ha ido, de los juguetes que hay allí, de si juega a esto o lo otro…  Hablamos como cotorras. Ni ponemos la tele para comer  😉

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Otro punto a favor del cole es que no hemos tenido que comprar libros, ni material escolar. Bueno, a ver, lleva su mochila y poco más. Lo único que hemos tenido que llevar han sido dos paquetes de toallitas, dos rollos de cocina y dos paquetes de folios. Listo.

Otra de las cosas que nos ha sorprendido es que son sólo 21 niñxs en el aula. Nada que ver con los casi 30 que son en las clases de sus primos. Cómo se nota que la crisis hizo mella en la natalidad.

Un punto negativo es que, el primer día, nos enteramos de que su maestra está de baja y su sustituta, la pobre mujer, estaba casi tan perdida como nosotros. No sabe aún cuánto tiempo estará allí. Se la ve una chica maja. Nos dijo que acababa de llegar y que en cuanto pueda nos dará cita para hablar con ella. A ver si nos explica qué método de trabajo usan y otras cosillas.

Otro punto negativo, así en general del sistema educativo, es el horario mierder. Y ojo, el que tenemos es una maravilla en comparación con la escuela privada u otros centros que terminan más tarde. De 9 de la mañana a 2 de la tarde me parece muy heavy para un niño. ¿Qué tienen que estar haciendo tantas horas? ¿Por qué hacerles madrugar?

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Durante los primeros días de septiembre, he ido cambiando el hábito de irse a dormir para que se acostara más temprano. Así que me he comido unos madrugones interesantes en los últimos días de vacaciones (bueno, en general ha estado madrugador toooodo el verano).

Sufro teniendo que hacerle desayunar a toda mecha porque no llegamos. Mi pichón es de comer traaaaanquilo. Además, normalmente, hasta que no pasa un buen rato desde que se despierta, no tiene apetito. Por estos detalles, tengo que poner la alarma mu-temprano. Tendré que perfeccionar la técnica.

En fin, hemos arrancado con buen pie. Seguro que habrá días peores, mejores y regulares. Esto no va a ser siempre ideal –ojalá me equivoque jjj-. Aún tiene que adaptarse a sus compañeros y estos a él. Tendrá que ir desenvolviéndose como buenamente pueda y nosotros, sus padres, estaremos lo más cerca posible para ir explicándole ciertas cosas que en el cole no van a enseñarle.

También nosotros, como padres, tenemos que ir aprendiendo a cómo hacer las cosas. Jope, que ya estoy metida en un grupo de whatsapp de madres de la clase XD. Estrés.

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En resumen, creo que la clave de que el niño vaya tan contento al cole, de que no haya supuesto un drama, ha sido respetar su ritmo y dejarle estar en casa un año más. Hemos dado margen a que su desarrollo haya ido a su ritmo. No le hemos metido prisa con quitarle el pañal  (lo quitamos allá por mayo). No le hemos dejado solo cuando nos ha necesitado cerca. Hemos establecido –diría yo- un apego seguro, ese taaan de moda, a base de mucho amor y respeto.

Desde luego que le hemos estado hablando bien del cole, de lo bien que lo va a pasar, de todos los niñxs que conocerá y las cosas chulas que aprenderá. Este punto es importante. Hacerle ver que no tiene que preocuparse por estar allí. Le hemos “dorado la píldora” un pelín. Aunque bien visto, a lo que va es principalmente a jugar y a estar con otros niñxs de su edad.
Alguna que otra persona se ha dedicado a soltar perlas tipo “a ver si va a llorar”, “como no ha ido antes al cole, ni a guardería, lo va a pasar mal”, “le va a costar quedarse”… Bla, bla, bla… :/ La solución es no darle importancia a los comentarios. El zasca se lo están comiendo estos días.

Entiendo que somos unos afortunados por haber podido hacerlo así, por haber tenido mis 24 horas al día junto a él durante sus primeros 4 años. Una suerte ma-ra-vi-llo-sa ❤

En fin, que veo que me voy a poner moñas y no quiero. Contadme cómo os ha ido a vosotrxs la vuelta a la rutina e intercambiamos impresiones.

Viajeros al tren

En estas vacaciones de verano, hemos viajado con el pichón lo más lejos que nunca ha ido. Exactamente, según google maps, 1.176 kilómetros. Concretamente hemos estado en Barcelona. No nos animamos a ir en avión por el tema de salud de mi amante bandido. Recordad que tuvo que ser intervenido de un ojo (qué mal, qué mal, qué mal) y le recomendaron no viajar en avión hasta que no pasase un tiempo de la cirugía. Aunque el plazo de tiempo estimado ya había pasado, el miedito no se lo quita uno del cuerpo tan fácilmente. Total, que nos fuimos hasta la otra punta del país en tren. Mirando precios, nos salía igual ir en avión que en AVE. La única diferencia es que en avión se tarda menos. Pero claro, súmale que hay que estar antes en el aeropuerto, que tendríamos que facturar, al menos, una maleta, luego tienes que pillar la maleta (y cruzar dedos para que no la hayan extraviado), desplazarte del aeropuerto al hotel… En fin, que lo mismo me da, que me da lo mismo.

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Como viajamos antes de que el pichón cumpliese los 4 años, no pagó billete. La pega es que tenía que viajar sentado con uno de los que viajan con billete. Así que para compensar, cogimos asientos en preferente que son más anchos y se va más espacioso. En total fueron 5 horas y media de trayecto (tanto a la ida, como a la vuelta). Al padre de la criatura se le hizo corto el viaje XD. A mí un poco más pesado por tener que estar compartiendo asiento con el niño casi todo el tiempo. Pero tampoco fue un horror. El pichón iba bastante entretenido con todo. Además nos ofrecieron bebidas, nos dieron merienda, prensa, luego más bebidas. Casi nos pasamos las horas comiendo y bebiendo, algún que otro paseo al baño, y mirando por la ventanilla. En cada trayecto pasan dos pelis, pero no vimos ninguna.

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Nos alojamos en un hotel junto a la torre Agbar, y teníamos unas vistas muy chulas a la torre. Teníamos cerca metro, tram, un centro comercial y, lo más importante, el Museu del Disseny que era el sitio al que queríamos ir.

Compramos anticipadamente entradas para ver la exposición David Bowie Is. Aquí mi amante bandido es fan incondicional de Bowie. A mí me gusta, pero tampoco me apasiona al mismo nivel. Teníamos un pelín de “angustia vital” por si luego estaba petado o no había entradas. Pero nada que ver. Estaba todo muy tranquilo y yo creo que habría entradas. Nada que ver con las aglomeraciones del año pasado para ver al expo del Bosco.

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La expo era bastante apañada. Yo iba con el pichón a nuestro (su) ritmo y a mi marido le dejamos ir tranquilamente para que disfrutara y se empapara bien. Había objetos personales, mucha de su ropa (diosmío estaba hiperdelgado ese hombre –más de lo que puedas pensar, en serio-), partituras, música a tope… Durante todo el recorrido de la expo, tienes que llevar unos auriculares puestos y te van explicando todo conforme te vas moviendo de un lado a otro. Al pichón le duraron un rato jjjj. Y nada, ahí estuvimos bailando a nuestro son, luego mirando la tienda, explorando el resto del museo… mientras terminaba el papi. El museo era muy grande y tenía otras exposiciones a las que podías acceder libremente. Pichón y yo subimos y bajamos, miramos unas maquetas, una sala donde te dejaban pintar y después estuvimos tomando algo en el bar. Nos reunimos con mi amante bandido satisfecho con la visita, miramos la tienda –algo cayó- y tan felices.

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Otra de nuestras visitas fue al parque Güell. Menuda odisea. Por si no lo sabéis, para acceder a la zona monumental, hay que comprar entrada (con horario además). Nosotros las habíamos comprado con mucha antelación, y menos mal, porque cuando llegamos estaban agotadísimas. El lugar tiene un aforo limitado de personas y no dejan pasar más de 400 por hora (creo recordar). Menuda pechá de sudar nos pegamos, y eso que subimos en las escaleras mecánicas. Horror. Puro horror. Primero que para llegar a la zona fuimos en metro. Horror. Fatal. Muerte y destrucción. Y luego esos tramos de cuestas del demonio que el pichón, lleno de energía y alegría, se empeñaba en subir a toda prisa. Incluso tuvimos un pequeño momento drama cuando se negó a subir las escaleras mecánicas porque quería ir andando por esas pendientes. Menos mal que entró en razón. Ufffff…

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Al llegar estábamos sin aliento, sudando como pollos porque si llegábamos tarde, no nos valían las entradas. Merodeamos por la zona. Mucho turista. Mucho palo selfie por todos lados. Fue algo agobiante. No se podían hacer fotos sin que salieran mil-millones de personas por todas partes. A lo único que se podía hacer fotos “limpias” de gente era al techo XD. No estuvimos mucho tiempo por el agobio del gentío. Mucha, demasiada, gente. Mucho calor. Me entró dolor de cabeza. Acabamos tan reventados que para volver al hotel pillamos un taxi. Si hubiese tenido que volver en metro, me muero de un soponcio. Fijo. Años atrás estuve allí y no lo recuerdo tan petado.

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También estuvimos en el zoo. No os imagináis las ganas que tenía el pichón de ir. Estaba con el son de Copito de Nieve (que ya le explicamos que no estaba porque murió de mayor). Sabía que no lo vería, pero le hizo ilusión ver que estaba por allí dibujado en un mural y en fotos. El zoo es muuuuy grande. Así que llegamos por la mañana y salimos de allí por la tarde. Menuda paliza. Había para alquilar cochecitos para desplazarse pero costaban un riñón por hora. Carísimo! Así que pateando para arriba y para abajo. Me bajé la aplicación del zoo donde te explican cada animal y puedes ir viéndolo en el mapa con gps (va marcando por dónde caminas). Hay zonas que podrían tener otro tipo de instalaciones menos deprimentes –aunque un zoo no deja de tener un toque triste-.

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La mejor visita para el pichón fue la que hicimos al Museu Blau. El edificio ya nos dejó con la boca abierta. El interior igual o más. Es un museo de ciencias que, como guinda, tiene una exposición temporal del Spinosaurus. Es un lugar totalmente recomendable para ir con niños. Una maravilla de sitio. Dentro te van explicando por salas, desde la creación del universo (ese big bang que tanto interesa a mi pichón), los planetas, la tierra, la evolución de las especies… hasta vitrinas con variadísimos minerales, meteoritos, fósiles, animales disecados, mesas interactivas sobre temas variados (desde el funcionamiento de una célula, hasta la reproducción de las plantas o el sistema nervioso).

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La expo del Spinosaurus es una pasada. Chulísima. Con reproducciones de dinosaurios muy logradas a tamaño real, fósiles, explicaciones sobre cómo encontraron al espinosuario (excavaciones, materiales para investigar, fotos, vídeos…). Una pasada, de verdad.
Al final hay una tienda con libros fantásticos, animales de peluche, figuritas de animales, juegos científicos… Tentaciones everywhere.

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Luego estuvimos paseando por la zona que es como muy “futurista”, llena de rascacielos, edificios modernos, calles amplias y un centro comercial bestial de grande.

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Como colofón, nos aventuramos a ir a las Ramblas y en metro. Valientes es poco. El camino hasta llegar fue el mismo infierno. Nunca lo he pasado tan mal yendo en metro. O no lo recordaba. Más de 40º C hacía allí abajo, seguro. No se podía ni respirar. Más de una vez me tuve que concentrar en respirar sin agobiarme para que no me diera un chungo. Una vez llegamos, aquello fue imposible. Diossssanto, no se podía caminar de la gente que había. Al mercado de la Boquería, que le tenía muchas ganas, no pudimos más que asomarnos. Decidimos que por el bien del pichón y nuestra salud, no íbamos a entrar. Nos fuimos hasta el puerto y allí vimos un poco la zona, nos tomamos la merienda y vuelta al hotel. Esta vez en taxi porque lo del metro es inhumano.

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Mi pichón estaba encantado con su casa nueva de Barcelona (el hotel, entiéndase). Ya hablaba de nuestra casa como “la vieja” XD. Ojalá tuviéramos aquella habitación de hotel en posesión jajaja. Estuvo muy emocionado los días que estuvimos por allí. Si es que hasta madrugaba el tío. A las 7.30/8 de la mañana se despertaba pidiendo que subiera las persianas, preguntando que dónde íbamos, que si en metro o andando, que qué íbamos a hacer o dónde íbamos a comer. Encantado de salir de la rutina de la casa vieja estaba. Feliz como una perdiz y sus padres ojerosos, sacando fuerzas de no sé dónde jajaja.

 

Y vosotrxs, ¿habéis hecho alguna escapada o viaje este verano? ¿Tenéis cerca sitios chulos a los que se pueda ir con niños? Acepto sugerencias para futuros viajes, que conste.

Lassie come home

Cual reencuentro con Lassie, vengo a reunirme con mi blog. Pasado el periodo vacacional, veo en la vuelta de la esquina la llegada de la rutina. Será una rutina nueva. Empezamos el colegio para el pichón. Por cierto, tengo que acercame hoy o llamar a secretaría porque no sé ni horarios, ni material que tiene que llevar, ni si tenemos que comprar libros… No ha habido forma humana de poder averiguar nada.
Pero, caaaalma, aún nos quedan unos días para tomar impulso antes de los cambios.

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Os tengo que contar nuestras escapadas. Una de ellas fue a Barcelona. Por suerte, fuimos antes del atentado. Sólo de pensar que estuvimos justo allí, en las ramblas, semanas antes, me da flojera. Ha sido muy triste. No sé qué clase de locura hay que tener en la cabeza para actuar así. No tiene pies ni cabeza. Encima, todo ese odio se va pasando, se contagia y crece como una bola de nieve que va de un lado a otro. Joder, qué triste.
Me acordé de algunxs de vosotrxs, que sé que vivís por allí. Espero que estéis todxs bien.

También hemos estado merodeando por la zona, visitando sitios cercanos, museos, mercadillos y hemos pasado algunos buenos ratos de playa. Hemos pillado días en que el agua estaba caliente, como si saliera de una manguera recalentada. Genial para gente como yo, que siempre nos parece que el mar está congelado.

Por lo demás, ha sido un verano tranquilo y finalmente un pelín accidentado. Mi “donde la espalda pierde el nombre” dio problemas y he pasado las últimas semanas de agosto yendo a fisioterapia para remontar de mis dolores de trasero y lumbares. Sí, queridxs, tenía contracturados los glúteos a causa de una fractura de coxis de hace un par de años. Quitando el dolor de muerte de los primeros días, todo bien.
Como siempre, el verano, pasa rápido y, al menos yo, me quedo con ganas de más (más dormir, más viajar, más comer por ahí fuera, más museos, más helados…).
Pero, ojo, que el otoño trae sus cosas buenas. No nos pongamos melodramáticxs.

Nos vamos leyendo de nuevo 😉

Vamos que nos vamos

LLegó la hora de desconectar de nuevo. Ahora, en pleno agosto, el calorcito y con mi amante bandido en modo vacaciones, me vais a permitir el lujo de estar fuera lo que queda de mes.
A todxs os deseo un feliz verano, que lo disfrutéis y descanséis en la medida de lo posible 😉
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Nos vemos en septiembre!
Feliz verano a tutti ❤

Escuela de verano

Hace mucho tiempo, en el reino de mi casa, venían martilleándonos los familiares cercanos con que teníamos que meter al niño en alguna escuela o actividad durante el verano para que la entrada al cole no fuese dramática en septiembre. Y sí, al final lo hemos hecho. Os cuento que ha habido varios motivos por los que nos decidimos a hacerlo y que, si lo hemos hecho, ha sido porque lo hemos hablado todos (pichón, papá y yo) en casa y NO porque nos hayan estado presionando.

El pichón estaba de acuerdo en ir y mostraba interés. Otro motivo de peso es que en el lugar donde decidimos llevarle, la monitora que iba a estar a cargo de él, es una persona muy allegada a mí y a la que conozco de toda la vida. También jugó a favor que conozco el lugar desde hace años y años, que mis sobrinos han estado allí y que, aunque dista de ser una escuela Montessori, se le acerca mucho. Los niños están en un ambiente muy cercano a la naturaleza. Es una especie de granja escuela, con sus animales, su huerto, su piscina, su taller de cocina… Muy chulo y rústico todo.

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Nuestro pichón se adaptó bastante bien. Sólo estuvo una semana, la última del mes (en agosto cierran), y al llegar el último, como es normal, le costó un poquito acercarse a los demás niños que ya estaban en plan “amiguitos”. Ni un solo día lloró, ni se puso triste, ni nos extrañó, ni tuvo momentos de morriña. Le dejábamos allí tan feliz, arremolinándose entre los demás niños, cogiendo juguetes y entreteniéndose. Incluso le pasaba que al ir a recogerle después, no quería irse de allí.

Cada día tenían diferente actividades y, aunque alguna que otra vez tuvo algún contratiempo (no querer dejar allí algún juguete, llevarse algún manotazo o darlo él…), en líneas generales se lo pasó bomba.

pros-contras

Mis conclusiones, y resumiendo, son:

PROS:

  • El pichón ha estado rodeado de niños de su edad y ha compartido tiempo con ellos.
  • Ha disfrutado haciendo cosas nuevas.
  • Ha estado tiempo sin papá ni mamá, sin echarnos de menos.
  • Ha establecido horarios más fijos para levantarse/dormir/comer.
  • Para nosotros, los papás, nos ha venido bien tener unas horitas solos al día juntos (ni os imagináis lo raro que era jjj).

CONTRAS:

  • Los madrugones. El pichón se despertaba él solito a las 7/7.30 de la mañana. Y ha adquirido esa “bonita” costumbre que dura hasta hoy en día.
  • Ha vuelto con la mano larga. El primer día le arrearon un manotazo en la cabeza. Otro día, aprendida la técnica, pegó él. No es que antes fuese un santo, pero hay que admitir que ahora da manotazos muuucho más frecuentemente.
  • Aunque eran sólo 3 horas y media por la mañana, la sensación de “angustia” no se me pasaba del todo. El móvil estaba siempre a máximo volumen y a mano.
  • Ha vuelto tooodos los días comido de mierda. Jajajaja. Arena a puñados en los zapatos, uñas negras, pelos sudorosos y con arena, ropa que daba miedito verla…
  • Haber percibido cierto tufillo a educación estereotipada (los niños juegan con palos, las niñas a princesas y tal….). Y eso que es una escuela infantil que tiene cierto renombre en plan pedagodía blanca y tal :/

Como primer contacto con el mundo de la escuela/colegio no ha estado mal. Podría haber sido mejor –una que es muy exigente- o, mirándolo por otro lado, podría haber sido peor. El hecho de que el pichón haya ido sin contratiempos y lo haya pasado bien, ha sorprendido gratamente –creo- a los pesaditos que nos han estado dando la murga con que el niño tenía que ir a tal o cual sitio porque la entrada al colegio en septiembre va a ser una tragedia griega. Sí, eso de adelantar acontecimientos se les da genial a los opinólogos. Ya veremos lo que pasa cuando empiece el colegio.

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En fin, como madre, se agradece poder tener unas horitas de despeje. Hemos disfrutado, aquí una servidora y su amante bandido, de desayunos juntos en sitios tranquilos, hemos podido ir a ver una exposición juntos, e incluso nos dio tiempo de hacer limpieza profunda en casa. Pero se hace raro no tener al pichón alrededor. Qué queréis que os diga, a mí me gusta estar con mi niño jjjjj.

¿Qué opinión tenéis de estas escuelas de verano? ¿Vuestrxs hijxs –si tenéis- participan en actividades durante las vacaciones? Compartid vuestras experiencias y contadme, plis.

Cuatro años y declaración de amor doble

El día en que nació, o como yo digo: nacieron a mi pichón, no lo recuerdo precisamente como un día bonito. Fue un día, resumiendo, angustioso, decepcionante, extraño y sobre todo frío, más bien congelado. Sabéis la historia de cómo le hicieron nacer, así que no me repetiré. Cómo me cuesta aceptar lo que pasó. En parte, no lo acabo de encajar porque me sigo sintiendo culpable por no haber intentado hacerlo diferente. Supongo que me va a costar mucho más que cuatro años perdonarme, perdonar el robo que nos hicieron y pasar página.

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Con el paso del tiempo me he dado cuenta de que mi pichón era la persona, justo la persona, que necesitaba en mi vida. Me ha hecho equilibrame infinito. Es el contrapeso que me estabiliza -otras veces me tambalea jjjj-. Mirando atrás, hay tantas cosas que me ha enseñado. Y lo que le queda por hacerme ver/entender/aprender. Me ha hecho cambiar para ser/estar mejor.

Parece que el karma, o lo que sea, hizo que mi amante bandido y una servidora nos encontráramos, para que juntos hiciésemos llegar al mundo a quien ambos necesitábamos para ser quienes somos. Tenía que ser así. La de veces que nos habríamos cruzado en el camino sin encontrarnos. Cuántas veces nos habremos estado casi encontrando en paralelo, durante años, hasta que llegó el momento adecuado de que se cruzasen nuestros pasos. No podría haber sido de otra manera diferente.

Mi capacidad de escuchar, entender, empatizar, esperar y sorprenderme ha subido como la espuma. Mi paciencia ha alcanzado niveles impensables en mí. He aprendido a priorizar cosas que antes me parecían menos importantes. Ahora puedo hacer cosas a la velocidad del rayo. Lo de ser taaan cuadriculada se me ha suavizado un pelín –cuestión de tiempo mejorarlo-. Lo de hacer dos, tres o más cosas a la vez, se me da dpm –los que seáis padres/madres lo entenderéis seguro-.
Aunque todo esto implique, la mayoría del tiempo, ir con pelos de loca o estar cansada, no creo que pudiera ser feliz si no fuera lo que soy hoy: la mamá de pichón ❤

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Mi niño cumple cuatro años y es lo más-mejor en mi vida. Ahora pregunta y pregunta. Indaga. Cuestiona. Observa. Analiza. Aprende. Crece. A veces se enfada. A veces explota en risas. Cuando quiere me abraza y besa. También grita cuando se emociona o queja. Alucino aún pensando en que ese niño, esa maravilla, es mi hijo. Me parece taaaan increíble 🙂
Todas las posibilidades las tiene a sus pies para el futuro. Todo por ver y conocer. Todo lo que quiera. Y espero poder estar a su lado siempre que me lo permita, acompañándole –más cerca o más lejos-.

Felicidades, mi-amor-amormío ❤
Gracias, mi-amor-amantebandido-mío ❤
Os quiero infinito.

 

– Y mis disculpas por esta entrada sumamente pastelosa 😉 –