A volar se ha dicho

Tenía pendiente contaros nuestra visita al Museo Aeronáutico de Málaga. Fuimos hace tiempo y se me había pasado contaros que lo pasamos estupendamente. Desde luego, si venís a Málaga con niños, y tenéis tiempo, os recomendaría que lo visitaseis sin duda. El único “pero” que le veo es que se ve que necesita algo de mejoras estructurales (dinero para mantenerlo en mejores condiciones, para entendernos). Pero, en líneas generales, es un sitio fantástico para pasar un rato entretenido con o sin niños, especialmente si os/les gusta el tema de volar/aviones. Nosotros fuimos a la hora tonta (la de la siesta, que es cuando menos gente hay) y pasamos allí horas. Echamos toda la tarde pululando por el museo.

museo-nacional-de-aeropuertosMALAGA

Nada más llegar, en el mostrador de recepción, nos atendieron muy amablemente. Era una familia (imagino) –mamá, papá y una niña de unos 3 ó 4 años- quien estaba atendiendo a los visitantes. A mi pichón, nada más llegar, le dieron a elegir, entre varias profesiones relacionadas con un aeropuerto, un carnet. Él eligió el de piloto de aviones. Pero había de controlador aéreo, auxiliar de vuelo, control de aves –cetrería-, seguridad, conductor de coche guía de aviones, bombero… Un montón.
Una vez que tuvo su acreditación puesta con su nombre escrito (el carnet venía con su correspondiente pinza para colgarse de la camiseta) nos dieron un plano del museo, nos explicaron lo que podríamos ver, y al pichón le encargaron una misión especial: encontrar un helicóptero. Si lo conseguía, después le darían un premio.

El museo consta de varios edificios. Unos modernos y otros antiguos. Tan antiguos como que se trata de lo que fue el primer aeropuerto de Málaga. No deja de ser una especie de cortijo. Además, en el terreno del museo, podemos ver restos de un asentamiento romano con sus murales explicativos. Completito el lugar.

Otro punto a favor es que hay una especie de terraza-explanada que da justo a donde están las pistas actuales de despegue del aeropuerto, por lo que se puede ver fantásticamente cómo salen los aviones. También se ven muy cerquita la zona donde están los aviones privados estacionados. Ahí puedes fantasear con cuál te gustaría tener XD

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Vistas desde el museo

En uno de los edificios puedes ver una exposición de uniformes, tanto de auxiliares de vuelo como de pilotos, antiguos. Te quedas flipando con cómo ha ido cambiando la moda. También hay billetes antiguos, maletas, carteles, objetos de a bordo… Muchas curiosidades. Como punto fuerte, puedes subir a un avión real. Hay “incrustado” en el edificio un McDonnell Douglas DC-9 en el que puedes entrar, ver la cabina de pilotos, la zona de pasajeros, curiosear puertas, ventanas, sentarte… Y también se ve la parte de bodega con sus maletas (a esta zona no se puede acceder). Lo que disfrutó el pichón sentándose y abrochándose/desabrochándose cinturones, abriendo/cerrando las persianas de las ventanas… Muy chulo.

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En otra parte de este edificio, hay una zona donde nos dan explicaciones más científicas del funcionamiento de un avión. Hay experimentos, vídeos explicativos y todo se puede tocar. Muy interactivo. Incluso hay una caja negra a tu alcance 😉

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Pasando al siguiente edificio tienes la explanada/terraza para ver los despegues. Y ya pasas a lo que fue en su día, el primer aeropuerto comercial de la ciudad. Es un puntazo porque dentro está todo ambientado como lo fue en su época. Tienes el mostrador para facturar, zona de espera, y expuestos hay billetes antiguos, menús de a bordo, cartelería de la época, un bar yeyé total y algunos uniformes de entonces. Puedes ver cómo era y funcionaba entonces el aeropuerto. Se puede subir a una rudimentaria torre de control, ves la oficina de los altos mandos, una maqueta de la zona, objetos antiguos (todo relacionado con la aviación, se entiende). Súper interesante. Es como viajar en el tiempo.

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Antiguo mostrador del aeropuerto

Unos pasos más adelante está el edificio más moderno donde hay más maquetas. Una es espectacular donde se muestra el nuevo aeropuerto (que fue agrandado hace pocos años). También hay una exposición de fotografía.

Antes de llegar al último edificio, nos encontramos con unos restos romanos. No es una zona muy extensa, pero es curioso verlo. Hay paneles explicativos y se ven las ruinas que quedan.

En la última zona del museo, nos encontramos con explicaciones más técnicas del funcionamiento de un avión y de cómo se gestiona el aeropuerto. Hay expuestos aparataje y hasta un radar antiguo. Los niños pueden tocar toooodo. Ni os cuento lo que disfrutó el pichón atendiendo llamadas en la centralita de control jijijiji.

Finalmente, hay una zona donde hay varias aeronaves expuestas. Súper impactante verlas taaaan cerca. Por fin, encontramos el helicóptero. Recordad que el pichón tenía asignada la misión de buscar uno. Allí estaba, majestuosamente grande, esperándonos.

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Una vez terminada la visita, volvimos a la recepción a comunicar que el pichón había cumplido satisfactoriamente su misión. Como recompensa, le dieron una hoja de pegatinas (temática “avión”, of course). Más feliz que una perdiz salió de allí.
La verdad es que pasamos la tarde divinamente. Creo recordar que estuvimos como tres horas allí, pero para nada se nos hizo pesado. Fue muy ameno e instructivo.

Además, que no os he dicho, el museo es completamente gratuito. En la salida, y en algunas zonas, sí que hay puestas una especie de cajas por si quieres hacer alguna donación. Nosotros aportamos algo porque nos pareció un lugar genial y que necesita un pelín de ayuda económica. Es la única pega que le vimos al sitio, que se ve que hay cosas que están algo dejadas. Aunque es general es un museo de diez.

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Welcome to the jungle

Hace días comenzó el curso escolar. Además, como ya imagino que sabréis, mi pichón también se estrenó como alumno. Fue su primer día de colegio. Afortunadamente, el primer día, fue sólo durante tres horas. Era en plan “toma de contacto”. Al entrar con cuatro años –porque le hemos querido escolarizar ahora y no antes-, no ha tenido periodo de adaptación.

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Como os conté, el cole al que va el pichón es un centro nuevo. Y tan nuevo es, que aún está en obras. Hay partes que están cerradas “al público” porque allí campan obreros, grúas, ladrillos y demás material de construcción a sus anchas. Supuestamente, en un par de semanas estará terminado (lo veo chungo, la verdad) y, entonces harán una jornada de puertas abiertas para que los familiares y alumnos puedan ver el cole al completo y conocer las instalaciones.
Miedo me da que, con tanta prisa, estén haciendo las cosas “regular ná más” y en nada y menos lleguen problemas. Cruzaremos dedos de manos y pies.

En fin, dejando a un lado la singularidad del estado del colegio, paso al meollo del asunto.
¿Cómo le ha ido estos primeros días a mi pichón en su nueva rutina?
La respuesta es: MUY BIEN. Realmente bien. En las mañanas se queda tan normal. Deja su mochila en su sitio, va a su silla y se queda conforme. Tiene su sitio asignado y nos habla de sus compañeros (aunque sus nombres aún no los controla mucho jjjj). Nos ha contado que va a hacer pipí él solo y que se lava las manos sin ayuda. Se toma todo lo que le pongo para que coma en el recreo. Cuando voy/vamos a recogerle, está bien y antes de irse le dice “hasta luego” a grito pelao a su maestra.
Otra cosa es que viene súper parlanchín contando sus cosas, de cómo le ha ido, de los juguetes que hay allí, de si juega a esto o lo otro…  Hablamos como cotorras. Ni ponemos la tele para comer  😉

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Otro punto a favor del cole es que no hemos tenido que comprar libros, ni material escolar. Bueno, a ver, lleva su mochila y poco más. Lo único que hemos tenido que llevar han sido dos paquetes de toallitas, dos rollos de cocina y dos paquetes de folios. Listo.

Otra de las cosas que nos ha sorprendido es que son sólo 21 niñxs en el aula. Nada que ver con los casi 30 que son en las clases de sus primos. Cómo se nota que la crisis hizo mella en la natalidad.

Un punto negativo es que, el primer día, nos enteramos de que su maestra está de baja y su sustituta, la pobre mujer, estaba casi tan perdida como nosotros. No sabe aún cuánto tiempo estará allí. Se la ve una chica maja. Nos dijo que acababa de llegar y que en cuanto pueda nos dará cita para hablar con ella. A ver si nos explica qué método de trabajo usan y otras cosillas.

Otro punto negativo, así en general del sistema educativo, es el horario mierder. Y ojo, el que tenemos es una maravilla en comparación con la escuela privada u otros centros que terminan más tarde. De 9 de la mañana a 2 de la tarde me parece muy heavy para un niño. ¿Qué tienen que estar haciendo tantas horas? ¿Por qué hacerles madrugar?

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Durante los primeros días de septiembre, he ido cambiando el hábito de irse a dormir para que se acostara más temprano. Así que me he comido unos madrugones interesantes en los últimos días de vacaciones (bueno, en general ha estado madrugador toooodo el verano).

Sufro teniendo que hacerle desayunar a toda mecha porque no llegamos. Mi pichón es de comer traaaaanquilo. Además, normalmente, hasta que no pasa un buen rato desde que se despierta, no tiene apetito. Por estos detalles, tengo que poner la alarma mu-temprano. Tendré que perfeccionar la técnica.

En fin, hemos arrancado con buen pie. Seguro que habrá días peores, mejores y regulares. Esto no va a ser siempre ideal –ojalá me equivoque jjj-. Aún tiene que adaptarse a sus compañeros y estos a él. Tendrá que ir desenvolviéndose como buenamente pueda y nosotros, sus padres, estaremos lo más cerca posible para ir explicándole ciertas cosas que en el cole no van a enseñarle.

También nosotros, como padres, tenemos que ir aprendiendo a cómo hacer las cosas. Jope, que ya estoy metida en un grupo de whatsapp de madres de la clase XD. Estrés.

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En resumen, creo que la clave de que el niño vaya tan contento al cole, de que no haya supuesto un drama, ha sido respetar su ritmo y dejarle estar en casa un año más. Hemos dado margen a que su desarrollo haya ido a su ritmo. No le hemos metido prisa con quitarle el pañal  (lo quitamos allá por mayo). No le hemos dejado solo cuando nos ha necesitado cerca. Hemos establecido –diría yo- un apego seguro, ese taaan de moda, a base de mucho amor y respeto.

Desde luego que le hemos estado hablando bien del cole, de lo bien que lo va a pasar, de todos los niñxs que conocerá y las cosas chulas que aprenderá. Este punto es importante. Hacerle ver que no tiene que preocuparse por estar allí. Le hemos “dorado la píldora” un pelín. Aunque bien visto, a lo que va es principalmente a jugar y a estar con otros niñxs de su edad.
Alguna que otra persona se ha dedicado a soltar perlas tipo “a ver si va a llorar”, “como no ha ido antes al cole, ni a guardería, lo va a pasar mal”, “le va a costar quedarse”… Bla, bla, bla… :/ La solución es no darle importancia a los comentarios. El zasca se lo están comiendo estos días.

Entiendo que somos unos afortunados por haber podido hacerlo así, por haber tenido mis 24 horas al día junto a él durante sus primeros 4 años. Una suerte ma-ra-vi-llo-sa ❤

En fin, que veo que me voy a poner moñas y no quiero. Contadme cómo os ha ido a vosotrxs la vuelta a la rutina e intercambiamos impresiones.

Viajeros al tren

En estas vacaciones de verano, hemos viajado con el pichón lo más lejos que nunca ha ido. Exactamente, según google maps, 1.176 kilómetros. Concretamente hemos estado en Barcelona. No nos animamos a ir en avión por el tema de salud de mi amante bandido. Recordad que tuvo que ser intervenido de un ojo (qué mal, qué mal, qué mal) y le recomendaron no viajar en avión hasta que no pasase un tiempo de la cirugía. Aunque el plazo de tiempo estimado ya había pasado, el miedito no se lo quita uno del cuerpo tan fácilmente. Total, que nos fuimos hasta la otra punta del país en tren. Mirando precios, nos salía igual ir en avión que en AVE. La única diferencia es que en avión se tarda menos. Pero claro, súmale que hay que estar antes en el aeropuerto, que tendríamos que facturar, al menos, una maleta, luego tienes que pillar la maleta (y cruzar dedos para que no la hayan extraviado), desplazarte del aeropuerto al hotel… En fin, que lo mismo me da, que me da lo mismo.

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Como viajamos antes de que el pichón cumpliese los 4 años, no pagó billete. La pega es que tenía que viajar sentado con uno de los que viajan con billete. Así que para compensar, cogimos asientos en preferente que son más anchos y se va más espacioso. En total fueron 5 horas y media de trayecto (tanto a la ida, como a la vuelta). Al padre de la criatura se le hizo corto el viaje XD. A mí un poco más pesado por tener que estar compartiendo asiento con el niño casi todo el tiempo. Pero tampoco fue un horror. El pichón iba bastante entretenido con todo. Además nos ofrecieron bebidas, nos dieron merienda, prensa, luego más bebidas. Casi nos pasamos las horas comiendo y bebiendo, algún que otro paseo al baño, y mirando por la ventanilla. En cada trayecto pasan dos pelis, pero no vimos ninguna.

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Nos alojamos en un hotel junto a la torre Agbar, y teníamos unas vistas muy chulas a la torre. Teníamos cerca metro, tram, un centro comercial y, lo más importante, el Museu del Disseny que era el sitio al que queríamos ir.

Compramos anticipadamente entradas para ver la exposición David Bowie Is. Aquí mi amante bandido es fan incondicional de Bowie. A mí me gusta, pero tampoco me apasiona al mismo nivel. Teníamos un pelín de “angustia vital” por si luego estaba petado o no había entradas. Pero nada que ver. Estaba todo muy tranquilo y yo creo que habría entradas. Nada que ver con las aglomeraciones del año pasado para ver al expo del Bosco.

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La expo era bastante apañada. Yo iba con el pichón a nuestro (su) ritmo y a mi marido le dejamos ir tranquilamente para que disfrutara y se empapara bien. Había objetos personales, mucha de su ropa (diosmío estaba hiperdelgado ese hombre –más de lo que puedas pensar, en serio-), partituras, música a tope… Durante todo el recorrido de la expo, tienes que llevar unos auriculares puestos y te van explicando todo conforme te vas moviendo de un lado a otro. Al pichón le duraron un rato jjjj. Y nada, ahí estuvimos bailando a nuestro son, luego mirando la tienda, explorando el resto del museo… mientras terminaba el papi. El museo era muy grande y tenía otras exposiciones a las que podías acceder libremente. Pichón y yo subimos y bajamos, miramos unas maquetas, una sala donde te dejaban pintar y después estuvimos tomando algo en el bar. Nos reunimos con mi amante bandido satisfecho con la visita, miramos la tienda –algo cayó- y tan felices.

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Otra de nuestras visitas fue al parque Güell. Menuda odisea. Por si no lo sabéis, para acceder a la zona monumental, hay que comprar entrada (con horario además). Nosotros las habíamos comprado con mucha antelación, y menos mal, porque cuando llegamos estaban agotadísimas. El lugar tiene un aforo limitado de personas y no dejan pasar más de 400 por hora (creo recordar). Menuda pechá de sudar nos pegamos, y eso que subimos en las escaleras mecánicas. Horror. Puro horror. Primero que para llegar a la zona fuimos en metro. Horror. Fatal. Muerte y destrucción. Y luego esos tramos de cuestas del demonio que el pichón, lleno de energía y alegría, se empeñaba en subir a toda prisa. Incluso tuvimos un pequeño momento drama cuando se negó a subir las escaleras mecánicas porque quería ir andando por esas pendientes. Menos mal que entró en razón. Ufffff…

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Al llegar estábamos sin aliento, sudando como pollos porque si llegábamos tarde, no nos valían las entradas. Merodeamos por la zona. Mucho turista. Mucho palo selfie por todos lados. Fue algo agobiante. No se podían hacer fotos sin que salieran mil-millones de personas por todas partes. A lo único que se podía hacer fotos “limpias” de gente era al techo XD. No estuvimos mucho tiempo por el agobio del gentío. Mucha, demasiada, gente. Mucho calor. Me entró dolor de cabeza. Acabamos tan reventados que para volver al hotel pillamos un taxi. Si hubiese tenido que volver en metro, me muero de un soponcio. Fijo. Años atrás estuve allí y no lo recuerdo tan petado.

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También estuvimos en el zoo. No os imagináis las ganas que tenía el pichón de ir. Estaba con el son de Copito de Nieve (que ya le explicamos que no estaba porque murió de mayor). Sabía que no lo vería, pero le hizo ilusión ver que estaba por allí dibujado en un mural y en fotos. El zoo es muuuuy grande. Así que llegamos por la mañana y salimos de allí por la tarde. Menuda paliza. Había para alquilar cochecitos para desplazarse pero costaban un riñón por hora. Carísimo! Así que pateando para arriba y para abajo. Me bajé la aplicación del zoo donde te explican cada animal y puedes ir viéndolo en el mapa con gps (va marcando por dónde caminas). Hay zonas que podrían tener otro tipo de instalaciones menos deprimentes –aunque un zoo no deja de tener un toque triste-.

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La mejor visita para el pichón fue la que hicimos al Museu Blau. El edificio ya nos dejó con la boca abierta. El interior igual o más. Es un museo de ciencias que, como guinda, tiene una exposición temporal del Spinosaurus. Es un lugar totalmente recomendable para ir con niños. Una maravilla de sitio. Dentro te van explicando por salas, desde la creación del universo (ese big bang que tanto interesa a mi pichón), los planetas, la tierra, la evolución de las especies… hasta vitrinas con variadísimos minerales, meteoritos, fósiles, animales disecados, mesas interactivas sobre temas variados (desde el funcionamiento de una célula, hasta la reproducción de las plantas o el sistema nervioso).

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La expo del Spinosaurus es una pasada. Chulísima. Con reproducciones de dinosaurios muy logradas a tamaño real, fósiles, explicaciones sobre cómo encontraron al espinosuario (excavaciones, materiales para investigar, fotos, vídeos…). Una pasada, de verdad.
Al final hay una tienda con libros fantásticos, animales de peluche, figuritas de animales, juegos científicos… Tentaciones everywhere.

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Luego estuvimos paseando por la zona que es como muy “futurista”, llena de rascacielos, edificios modernos, calles amplias y un centro comercial bestial de grande.

PortadaRamblesBlog

Como colofón, nos aventuramos a ir a las Ramblas y en metro. Valientes es poco. El camino hasta llegar fue el mismo infierno. Nunca lo he pasado tan mal yendo en metro. O no lo recordaba. Más de 40º C hacía allí abajo, seguro. No se podía ni respirar. Más de una vez me tuve que concentrar en respirar sin agobiarme para que no me diera un chungo. Una vez llegamos, aquello fue imposible. Diossssanto, no se podía caminar de la gente que había. Al mercado de la Boquería, que le tenía muchas ganas, no pudimos más que asomarnos. Decidimos que por el bien del pichón y nuestra salud, no íbamos a entrar. Nos fuimos hasta el puerto y allí vimos un poco la zona, nos tomamos la merienda y vuelta al hotel. Esta vez en taxi porque lo del metro es inhumano.

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Mi pichón estaba encantado con su casa nueva de Barcelona (el hotel, entiéndase). Ya hablaba de nuestra casa como “la vieja” XD. Ojalá tuviéramos aquella habitación de hotel en posesión jajaja. Estuvo muy emocionado los días que estuvimos por allí. Si es que hasta madrugaba el tío. A las 7.30/8 de la mañana se despertaba pidiendo que subiera las persianas, preguntando que dónde íbamos, que si en metro o andando, que qué íbamos a hacer o dónde íbamos a comer. Encantado de salir de la rutina de la casa vieja estaba. Feliz como una perdiz y sus padres ojerosos, sacando fuerzas de no sé dónde jajaja.

 

Y vosotrxs, ¿habéis hecho alguna escapada o viaje este verano? ¿Tenéis cerca sitios chulos a los que se pueda ir con niños? Acepto sugerencias para futuros viajes, que conste.

Lassie come home

Cual reencuentro con Lassie, vengo a reunirme con mi blog. Pasado el periodo vacacional, veo en la vuelta de la esquina la llegada de la rutina. Será una rutina nueva. Empezamos el colegio para el pichón. Por cierto, tengo que acercame hoy o llamar a secretaría porque no sé ni horarios, ni material que tiene que llevar, ni si tenemos que comprar libros… No ha habido forma humana de poder averiguar nada.
Pero, caaaalma, aún nos quedan unos días para tomar impulso antes de los cambios.

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Os tengo que contar nuestras escapadas. Una de ellas fue a Barcelona. Por suerte, fuimos antes del atentado. Sólo de pensar que estuvimos justo allí, en las ramblas, semanas antes, me da flojera. Ha sido muy triste. No sé qué clase de locura hay que tener en la cabeza para actuar así. No tiene pies ni cabeza. Encima, todo ese odio se va pasando, se contagia y crece como una bola de nieve que va de un lado a otro. Joder, qué triste.
Me acordé de algunxs de vosotrxs, que sé que vivís por allí. Espero que estéis todxs bien.

También hemos estado merodeando por la zona, visitando sitios cercanos, museos, mercadillos y hemos pasado algunos buenos ratos de playa. Hemos pillado días en que el agua estaba caliente, como si saliera de una manguera recalentada. Genial para gente como yo, que siempre nos parece que el mar está congelado.

Por lo demás, ha sido un verano tranquilo y finalmente un pelín accidentado. Mi “donde la espalda pierde el nombre” dio problemas y he pasado las últimas semanas de agosto yendo a fisioterapia para remontar de mis dolores de trasero y lumbares. Sí, queridxs, tenía contracturados los glúteos a causa de una fractura de coxis de hace un par de años. Quitando el dolor de muerte de los primeros días, todo bien.
Como siempre, el verano, pasa rápido y, al menos yo, me quedo con ganas de más (más dormir, más viajar, más comer por ahí fuera, más museos, más helados…).
Pero, ojo, que el otoño trae sus cosas buenas. No nos pongamos melodramáticxs.

Nos vamos leyendo de nuevo 😉