Vacaciones

Esto de llevar al día el blog es un poco complicadillo, no nos engañemos. Parecerá “raro”, pero con el pichón no puedo dedicar todo el tiempo que quisiera a estar actualizando esto. Suelo ir programando las entradas con bastante tiempo de antelación -a saltos, a ratos de sus siestas o cuando está entretenido y yo “casualmente” (o milagrosamente) no tengo otra cosa que hacer-. Pero, lo admito, me ha pillado el toro. Se me ha hecho un poco “bola de nieve” y no doy abasto.

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Como mi amante bandido ha empezado sus vacaciones y estamos en fechas festivas (muchos ni miraréis los bogs estos días), os aviso de que me voy a tomar unos días de desconexión.

Nos veremos el año que viene. Aprovecho para desearos una estupenda nochevieja y que entréis con buen pie en el 2016. No sé, me parece que va a ser un buen año 😉

Nos vemos, bandidxs!

 

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Esta noche es nochebuena y mañana navidad

Lo dicho, que esta noche nos toca fiestuqui familiar. Como ya conté, es una de las cosas que más me gustan de estas fiestas. Otra son las vacaciones de mi marido que está en casa con nosotros. Y por último, lo que me rechifla de estas fechas es que tenemos el solsticio de invierno.

solsticio

¿Que qué tiene de especial? Pues muy fácil: que los días empiezan a alargarse y, llamadme ilusa, a mí me da la sensación de que queda poco para la primavera. Me entra una alegría inmensa cuando pienso en que el sol va quedándose cada día un poquito más en el cielo, en que en “nada y menos” se escucharán de nuevo los vencejos y golondrinas trinando, que sentiré cómo juegan a hacerse los casi-kamikaze, sintiéndoles cerca cuando salgo a la terraza y vuelan muy cerca de mí… Me emociono pensando en tomarme un helado junto a la playa (en esas fechas en las que aún no está petado de turisteo).

primavera

No queda mucho, no. En unos tres meses estaremos primavereando.

Mientras llega el momento, feliz navidad a todos, o feliz solsticio de invierno. Que paséis una buena noche con vuestros amores varios (amantes bandidxs, familia, hijxs…).

 

 

Regalar

Lejos de ser una wishlist para mí, os traigo una selección de ideas para regalos chulos para mamás y peques. Algunas cosas de esta lista las tenemos, así que la recomendación está hecha desde la experiencia 😉

Hay tantísimas cosas en internet monísimas y divinas de la muerte que la lista sería interminable. He seleccionado sólo “unas poquitas”.

CMYK básico1. Hallo Juno – Cualquier prenda o accesorio tiene un diseño genial -al menos para mi gusto-. Me encanta este jersey de pulpos. Y los pantalones. Y los accesorios. Y todo.

2. MamiBB – Collares para mamás y sus retoños (niños y niñas). Tengo unos cuantos de estos collares. Mi pichón me los quita para ponérselos él. Son collares (y también hay pulseras) de lactancia, ideales para que los niños mientras maman, jugueteen con ellos en vez de agarrarnos el pelo y la ropa. Realmente nunca los he usado con ese fin, pero los uso a diario porque me parecen muy originales. Y porque al pichón le chiflan.

3. Nuria Díaz – Una ilustradora genial con una tiendencita en su web de la que todo, todito, todo me parece una preciosidad. Me quedo con este pack de libretas tan chulas. Las tazas, los bolsitos, los platos… me lo llevaría todo.

4. Dulces – Estas tortas de Inés Rosales, de toda la vida de dios, son un vicio. Las de naranja están buenísimas. Cuando he pedido, lo he hecho en grandes cantidades y las tortas vuelan.

5. Láminas de animales – Un poco de estilo, por favor, a esas decoraciones. Si es con estas láminas, dais un toque animal que es amor. Y nada, como todo en esta vida, si os parecen caras: DIY. No es muy complicado encontrar fotos de animales que os gusten.

6. Un agua de colonia – Lua & Lee es perfecta y admito que la he usado más de una vez. Ya que pichón me coge mis collares, yo le pillo su colonia.

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7. Bloques Tegu – Estos bloques de madera están imantados y se quedan pegados unos a otros. Se pueden hacer infinidad de figuras. Lo malo es el precio, que es un “pelín” caro.

8. Pinturas – En este caso he puesto rotuladores, que es la técnica pictórica que más le va al pichón. Los lápices y ceras no le hacen mucho tilín. Lo complementas con un cuaderno grandote (A3 mejor) y tienes para pasar buena parte de la tarde (o mañana).

9. My Little Book Box -Una caja de estas asegura unas cuantas horas de diversión e infinitas horas de lectura. Porque además de tener un libro, tiene actividades chulas para los niños y los papás. Nosotros estuvimos suscritos por seis meses cuando pichón era pequeñito. Lo dejamos porque no participaba mucho en las actividades. Es ahora cuando, después de haberlas tenido guardadas por mucho tiempo, las estamos haciendo. A mis sobrinos se las regalamos en navidad, para sus cumples… Si no veis claro esto de las manualidades, optad por un libro. No dudéis: un libro siempre es un regalo excelente.

10. Foulard para mamá y churumbel – Este pack de Fundas Barcelona  es otro regalo al que se da uso seguro. Nosotros tenemos un pack de estos y lo sacamos de paseo muy a menudo. compras

Seguiría con más y más cosas, pero hay que tener límite, que el bolsillo se resiente.

¿Añadiríais algo más? ¿Hay algo que recomenderíais?

29 meses

Hemos ido a una revisión rutinaria. ¿Que por qué a los 29 meses y no a los 30? Pues ni idea. El pediatra (le llevamos por privado) nos dijo que fuésemos para otoño y allá que hemos ido antes de que oficialmente empiece el invierno. En la S.S., al menos aquí, la revisión, que se llaman “Niño sano”, corresponde a los dos años y la siguiente es a los tres años.

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La principal “preocupación” era el tema del habla. En principio, nos dijo que hasta los tres años no es preocupante que no hable. Si él se hace entender, entiende lo que le dices e interactúa con otros niños/personas con normalidad, todo está bien. Nuestro pichón sí dice palabras cortas (no hace frases aún). Sí entiende lo que le dices. Sí interactúa con normalidad. Así que todo va bien.

A principios de octubre, el pichón empezó a decir mamá y papá (mamamamamaaaaaá y papapapapa). Poco a poco ha ido aumentando su vocabulario. A día de hoy, además de decir perfectamente “mamá” y “papá” (nada complicado jjj), sabe decir gato, nene/nena, teta, ahí (cuando señala algo o pone algo en su sitio), sabe contar “uno, dos, tres, cuatro (y a veces cinco)”, dice algo parecido a “abuela”. También dice “No” y “Sí” (esto lo dice “Ne”). Diferencia perfectamente cada palabra y su significado.

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Su repertorio de imitación de sonidos/gestos de animales ha aumentado. Sabe imitar a muchísimos: gato, perro, vaca, pájaros, peces, león-tigre (en el mismo saco –diferente del gato, que conste-), caballo-cebra-burro (uno es chascando la lengua, otro es uo-uo-uo-uooo –que es lo que hace realmente la cebra-, y el último io-io-io),lobo, conejo-ratón (estos los hace igual), búho, cabra-oveja (una es “Beee” y la otra es “Baaa”), cocodrilo, serpiente, murciélago, mono, elefante, insectos (no es lo miso una araña que un mosquito, ojo!)… y dinosaurios que le encantan.

animales

Fijaos que sabe diferenciar entre un braquiosaurio, un tiranosaurio, un triceratops… Le pides que coja o señale alguno y los distingue perfectamente.

Diferencia los colores perfectamente. Sabe clasificar las cosas por colores. A veces ha dicho algo parecido a “amarillo” y “rojo” 🙂

Sigue pegándose sus buenos bailoteos cuando ponemos música por las mañanas. Le sigue molando mil Arcade Fire (es su grupo favorito) y muchas veces se enfada si pongo otra cosa. Sabe lo que quiere.

También nos preguntó qué tal come. A la vista está por el tipín que tiene que comer, come. Aunque tiene también sus días. Sigue rechazando la fruta (se la doy en zumos, batidos, yogures…). Le gusta comer solo, con su cuchara o tenedor. Su peso es de 14,5 kilos. Su altura de 93 cm. Ha crecido bien y sigue en percentiles altitos. Lo importante es que evoluciona y crece correctamente.

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Preguntamos por el tema de las vacunas de la varicela y la meningitis. De la primera nos dijo que aún no se sabe nada. Se supone que la pondrán por la S.S. pero aún no hay fechas ni el asunto está claro. De la otra vacuna, nos dijo que, supuestamente para la primavera que viene, habrá de nuevo disponibilidad en las farmacias. Nos ha recomendado que le pongamos las dos en cuanto podamos. Así lo haremos cuando sea posible.

vacunasEsta vez, el pichón ha estado un pelín más tranquilo en la visita al médico. Es ver la fachada de la clínica y ya empieza a decir “no, no, no, no, nooo” (mientras con el dedo índice muy tieso hacía el gesto de “no”). Hubo que convencerle para entrar. En la sala de espera tardó un ratito en quitarse el abrigo y soltarme. Incluso vio que salió su pediatra y no lloró. Cuando antes era verlo y empezar a llorar sin parar. Cuando nos tocaba el turno, entró él solito (sin ir de la mano) por el pasillo… Pero, oh no!, al ver la consulta entró en pánico. Llanto, pataleo, gritos… Imaginad que subirle a la camilla y desvestirlo se hizo complicado. Pero, en cuanto terminó de medirle, pesarle y mirarle (dientes, cabeza, genitales…) ya se calmó. Le vestimos y no volvió a llorar. Salió lleno de granitos rojos (de tanto llorar) y sudando como un pollo del berrinche. Poco a poco, esto de ir al médico, se lo toma un pelín mejor. Pobre mío, qué mal rato se lleva.

Hasta la primavera no nos toca de nuevo revisión. Cruzaremos los dedos para no tener que volver a pisar la consulta hasta entonces.

La verdad es que por ahora, llevamos un otoño genial. Salvo un par de días que tuvo mocos, no ha habido ni un problema. Mantengo los dedos cruzados y que siga así de sano.

Probando

La idea de que el pichón fuese a clases de música nos hacía especial ilusión porque nos encanta la música y nos parece una forma entretenida para él de compartir un rato ameno con otros niños.

Nos recomendaron una academia de música con clases para niños pequeños. Llamé para concretar con la profesora cómo era el asunto. Lo primero que no me hizo mucho tilín fue que me dijo que los niños iban solos a clase (sin acompañamiento de padres). Como le comenté que el pichón no ha ido a guardería y que siempre ha estado conmigo o con su padre, ella me dijo que podríamos pasar a ver cómo era la dinámica de la clase, para ver las reacciones del niño y que, una vez que se adaptase, podíamos salir a esperar fuera. Ufff… sinceramente se me hizo cuesta arriba y no estaba muy convencida, pero mi marido sí.

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El principal motivo por el que aún me siento insegura por dejarle al cuidado/supervisión de otra persona que no sea ni su padre, ni yo, es que el niño aún no habla. Sabe decir sus palabras, expresa emociones claramente (gestualmente, quiero decir), pero si le pregunto por algo en concreto, aparte de decir “No!” o asentir con la cabeza y decir “Ne!” (eso es su “sí”), no me va a contar gran cosa. No habla con frases. Está empezando a hablar pero su repertorio de palabras no es demasiado amplio aún.

Quiero/necesito saber si está realmente bien, si algo no le ha gustado que me lo pueda decir, que me exprese y cuente si le gusta algo o no. Lo que no quiero es que le dé una pataleta como cada vez que vamos al médico porque le tiene tirria (al menos sé el motivo (o tengo mi teoría) y entiendo su terror al pediatra).

Bien, a pesar de mi inicial reticencia, fuimos el viernes a una de las clases para probar a ver qué tal. La hora de la clase es un poco rollo porque es demasiado temprano para nuestra rutina. Así que tuve que ir planificando el día para cuadrar que comiera antes, para que durmiera la siesta mas temprano y menos tiempo, hacer que se despertara antes, llevarle sin merendar, ya me descuadró la hora del baño… Iba un poco refunfuñando (en mi línea de quejosa). Pero mi marido me paró los pies: era un día, era una prueba, no pasaba nada por tener un día “desordenado”. Ya os conté que soy muy Rottenmeyer y me gusta tener un orden en horarios y si no, me crispo toda yo.

estresada2Llegamos puntuales. El aula era pequeñita, pero bien. Me parecieron muchos niños para una sola profesora: eran 8 en total. Las edades iban desde los 2 años hasta los 4. Los únicos que no hablaban era una niña y mi pichón. Al principio, el pichón no quería ni quitarse el abrigo (como diciendo: “si yo me voy ya de aquí”). Costó un rato quitarle el abrigo y que se sentara en el suelo, como los otros niños, pero junto a mí. Poquito a poco se fue integrando. Tampoco es que los niños hiciesen mucho caso. Los veía algo dispersos. Mientras uno pegaba manotazos a diestro y siniestro, otro llevaba la contraria en todo, una preguntaba por su madre y se iba a mirar por la puerta…

La profe ponía de su parte, no lo niego, porque los niños se involucraran en las actividades que proponía. Pero, a mi entender, eran demasiados niños, demasiado pequeños, demasiado difícil atender a todos y que todos la atendieran. Nosotros (mi marido y yo) éramos espectadores en un rinconcito, sentados en silencio y sin interactuar para nada. Les intentaba hacer marcar el ritmo de un metrónomo con palmas y pisotones, lanzando pelotas… Puso un teclado para que lo tocaran (aporrearan más bien) pero lo acababa apagando para que no se emocionaran demasiado con los manotazos. Sacó algunos instrumentos pequeñitos (tipo maracas, tambores…). Puso música de diferentes instrumentos con imágenes proyectadas en la pared. Puso sonido de animales. Repartió notas musicales en goma eva. Intentó que cantaran una escala (imposible total). Es lo que pasa cuando estás controlando que no te rompan un teclado, que no se peguen, que no te griten o discutan… Veía que tenía que ir cambiando rápido de actividad para mantener a los niños medio atentos.

A mi marido le pidió que saliera fuera al rato y me dijo que después me pediría a mí que me fuera (cosa que yo no tenía clara para nada). Finalmente no salí porque uno de los niños “pegones” se puso a tirar del pelo a mi hijo (os juro que aguanté un rato porque esto son cosas que pasan entre niños). Pero cuando otro se unió y se puso también a cogerle mechones a puñado a mi hijo ya me levanté. La profe que estaba a lo suyo no se dio cuenta. Total, que cuando llegué, uno empujó a mi niño y se cayó de espaldas al suelo. La profe ya miró, mi pichón lloraba desconsolado con los pelos tiesos, los otros niños pegones tan felices de la vida, yo con el estómago revuelto… Tuve que coger al niño en brazos para calmarlo. Me costó un buen rato. Diossss qué sudores me entraron. Ella continuó la clase y le dijo que pidiera perdón a uno (porque ni se enteró que el otro también había participado). El niño pasó del tema y no pidió perdón, por cierto, pero vaya, que son niños pequeños y tampoco pasa nada.

Creo que del mal rato que se llevó el pichón, ya me dejó quedarme hasta el final. De todas formas, yo no me hubiese ido.

Twin toddlers fight over a toy

No fue nada grave, ni extraño porque los niños, más cuando no hablan, solucionan conflictos así, porque no saben expresarse de otra forma. Yo aguanté a ver cómo iba la situación, pero al ver a dos tirándole del pelo ya no pude más. Lo que me jorobó es que la profe no se diera ni cuenta. Otra cosa, esto lo vio también mi marido, es que uno de los niños pegones estuvo dándole manotazos fuertes (que sonaban) en la cabeza a la niña que no hablaba. La profe no se enteraba de nada. Y la niña ponía caras pero no decía ni mú. Qué angustia… Si soy la madre de esa niña y veo eso, me descompongo. Quizá debí decir algo, pero estaba como en schock. O esperaba que la niña se quejase. Porque los manotazos sonaban, os lo juro.

crying-meme-673Sé que no fue tampoco una cosa dramática porque después,pasado el disgusto, mi pichón no se quería ir. Estaba muy entretenido con unos animalitos de goma, tan feliz.

Pero veis… yo pienso, y si no hubiese estado ahí? La profe ni se entera, sólo vería a mi hijo en el suelo llorando y los otros niños tan felices a lo suyo… ¿Cómo le iba a decir mi hijo a esa mujer que los dos niños le estaban tirando del pelo y que uno le había empujado y tirado al suelo? ¿Me hubiese contado la profesora que mi hijo estuvo llorando en el suelo “a saber por qué”, o no le hubiese dado importancia? Quizá si yo no hubiera estado allí para consolarle, la cosa hubiera ido a más (su llanto y enfado, porque lo conozco y sé cómo reacciona cuando no le entiendes). ¿Qué pasaría si yo creyendo que todo está bien le volviese a llevar y el niño me llorara porque no quiere ir –como cuando vamos al médico-?

dudas

No dejo de darle vueltas. Me alegro de haber estado allí con él. No creo que esté sobreprotegiéndole. Tiene dos años, por el amor de dios. Un niño de esa edad necesita supervisión –mejor de sus padres-. No se puede expresar ni explicar. Se pueden dar muchas situaciones como estas, que no son nada grave, pero pueden acabar en una tragedia griega si no se actúa correctamente. Dejé que los niños se desenvolvieran de manera natural, hasta que ya vi el panorama y que la profesora no se daba ni cuenta. Creo que actué bien. Tampoco le dije nada al respecto a ella. Pero desde luego, cuando hable para decirle que no vamos a ir más, porque no vamos a volver, se lo intentaré explicar con tacto.

Sé que cuando vaya al colegio tendrá situaciones de este estilo. Pero tendrá una edad como para poder quejarse, contar lo que pasa, o llamar la atención de un profesor o adulto si necesita ayuda. Sé que lo pasamos peor nosotras casi, que ellos. Estas cosas pasan y pasarán.

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foto de http://www.creciendomisol.com/

Y hasta aquí nuestra experiencia con las clases musicales. Vaya drama, verdad? Pienso que si dejasen estar, al menos, a uno de los padres, serían clases más dinámicas y divertidas. Cuando son tan pequeños, no se centran tan fácilmente  en el guión de la clase, pero quizá si dejasen a los papás con ellos, guiándoles e interviniendo en las actividades, otro gallo cantaría. Lo que no se puede es pretender que una persona intente dirigir a ocho niños tan pequeños y movidos y mucho menos pretender que aprendan ni la mitad de lo que les intenta enseñar.

¿Qué pensáis de todo esto? ¿Cómo hubieseis actuado vosotros ante una situación así?

Oráculo

Para las cenas de navidad y nochevieja nos “turnamos”: una con la familia de mi maridín y otra con la mía. La familia de mi amante bandido es bastante más seria o menos parlanchina. Además es más pequeña. Bueno, realmente es que en mi familia, además de mis padres, hermanos y sobrinos, nos juntamos con mis primos y tíos. Eso es que no te aburres y hay risas aseguradas.

Seamos sinceros… en casa de mis suegros, a veces, hay silencios de esos de tensión jijiji. Tampoco quiero decir que mi familia sea la repera y montemos un circo. Pero somos más distendidos. Que no se me moleste mi señor esposo. Las cosas como son. familiacena

Este año, cuadrando fechas y calendarios (es lo que pasa cuando hay hijos de padres separados), nos ha tocado navidad con mi familia y nochevieja con la de maridín. Normalmente lo hacemos al revés. Lo de comerse las uvas me mola más con mi familia. Somos más payasos y siempre ideamos cosas para entretenernos esa noche. Así que bueno, este año, haremos la fiestuqui el 24 por la noche.

Cuando era pequeña, igualmente nos reuníamos con mis tíos y primos. Los niños (mis hermanos y primos) hacíamos funciones de teatro o actuaciones para amenizar la velada. Nos lo currábamos un montón. Los días previos nos reuníamos para ensayar. Como a mí me daba muuuucha vergüenza todo eso de salir a actuar, me ocupaba de los detalles técnicos. Es decir, darle al “play” al radiocassette (sí, lo nuestro era el playback) y mover los focos (lámparas de mesa con bombillas de colores). Nos hacíamos disfraces con telas que nos dejaban nuestras madres, o con los mismos disfraces de actuaciones del colegio. Mi hermana y primas mayores, además de actuar, se ocupaban del maquillaje y coreografías jajaja.

Así nos pasábamos unas noches que ríete tú de los espectáculos de Jose Luis Moreno XD

concierto

Como ya somos mayorcitos, el relevo lo tienen los sobrinos. Aunque no ha salido tan del mundo del artisteo esta nueva generación. Lo que han estado haciendo son números de magia y, ya el año pasado, en plan más seriote, nos montaron una sesión de bingo donde nos dábamos de tortas por cantar línea o bingo ya que había premios estupendos. No os digo más que nos tocó un coche jajaja… Sí, un coche de juguete pequeñito de los chinos. Había una variedad de premios chinescos muy atractivos ;P bingo

También nos gusta, ahora que los que fuimos niños somos mayorcitos (por no decir cuarentones casi de media), llevar algo de comer cada uno: uno lleva queso/jamón, otro lleva el postre, otro bombones o dulces… Mola contribuir y compartir manjares.

Cada año, a una servidora le gusta tener un detalle con los comensales. Suelo regalar algo para que dé suerte en el año que llega. En los últimos años he regalado amuletos de feng shui. Este año no iba a ser menos y tengo uno preparado para cada casa. Además, mi marido y yo tenemos un oráculo que da unas predicciones muy interesantes. Tienen un aire misterioso y tú debes interpretarlas a tu manera.

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¿Queréis verlo? Es muy sencillo. Se trata de una caja debidamente adornada con un misterioso dibujo en la parte superior. Tiene 4 cajones. En cada cajón hay unas papeletas dobladas con algo escrito. Tienes que ir, en orden, abriendo cajones, de arriba abajo. De cada cajón se coge una papeleta. En cada papeleta hay unas palabras que, al ir abriéndolas en orden, conforman una predicción del oráculo.

Para muestra un botón. Este es el mensaje que me salió la pasada nochevieja:

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¿Se ha entendido el “mecanismo” del oráculo? Si os ha gustado, os animo a que hagáis el vuestro. Bien podéis ir escribiendo vuestras propias palabras o bien podéis descargar de AQUÍ el que yo he hecho.

Cada página corresponde a los mensajes de cada cajón (primera página= primer cajón / segunda página= segundo cajón / tercera página= tercer cajón / cuarta página= cuarto cajón). Cada página la puse de un color, por cierto (4 folios de colores).

Si no tenéis una caja de este estilo, podéis usar cuatro bolsitas de estas de organza que venden en cualquier chino. Quedaría muy mono también. O bolsas normales, o sobres grandotes, o vasitos… o lo que se os ocurra 😉

3784Si lo hacéis contadme qué os dice el oráculo. Espero que lo disfrutéis en familia.

Principio de no intervención

Hace pocos días, unos amigos han sido padres. La verdad es que me gustaría darle algunos consejillos, pero prefiero no entrometerme y dejar que sean ellos quienes vayan resolviendo sus “obstáculos”.

Por una parte, me hubiese gustado saber ciertas cosillas cuando fue mi momento. Por otra parte, creo que no me hubiese hecho gracia que alguna “listilla” me hubiese dicho cómo hacer las cosas.

Así que prefiero mantenerme al margen. También, puede ser, que lo que a mí me hubiese venido de perlas, a ellos no les sirva de gran cosa.

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Hay cosas que las tienes que vivir y punto. Creo. ¿Qué opináis?

Algunas de las cosas que me hubiese gustado hacer cuando nació mi pichón son:

– Haber dejado unos cuantos tuppers con comida congelada para no tener que pensar en qué hacer de comer. Para ponérselo fácil a mi marido a la hora de la comida: tan solo sacar un tupper y listo.

– Haber delegado mucho más las tareas del hogar. No es que fuese una fanática de la limpieza, pero debería haber mandado a la porra la plancha hace mucho tiempo. Lo mejor: tender bien estiradito y, una vez seco, doblar, colgar y guardar. Chin-pon.

– Haber sabido decir NO a las visitas que no me apetecía “aguantar” o haberles pedido que se fueran antes. Si no yo, pues que lo hubiese dicho mi marido.

– Haber comprendido que no hay nada mejor para calmar a un bebé que el contacto con su mamá y la teta. Siempre. Para todo. En vez de agobiarme pensando en qué pasaba, por qué lloraba, si tendría o no hambre… (gracias matrona por tus sabios consejos de “10 minutos en cada pecho”, un besito –modo ironía ON-), la solución era estar pegaditos como lapas y muuucha teta (todo lo contrario a lo que me decían).

– Haber intentado escuchar más a mi cuerpo y al de mi hijo. No agobiarme por lo que dijeran los demás.

– Comprender que no todos los médicos saben de lo que hablan en cuanto a la lactancia. Buscar antes un buen sitio donde me pudieran ayudar.

– Dormir cuando el pichón dormía. Me costaba mucho hacerlo. A pesar de estar cansada, el come-come de “tengo que hacer esto o lo otro” no me dejaba desconectar. En general, debería haber seguido más el ritmo del niño. Lo hice, pero tardé en llegar.

– No compararme con otras mamás. Los comentarios tipo “pues Fulanita salía todos los días con el niño sola a los dos días de haber parido…” duelen mucho.

– Si quieres llorar, llora. Si tienes ganas de llorar, no te reprimas: llora. Que digan lo que les dé la gana. A mí me decían (persona allegadas -lógicamente- y sin mala intención) que no llorase y menos deltante del bebé. Si sientes que necesitas llorar, hazlo. No te guardes emociones.

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Seguro que me dejo muchos más en el tintero. A las que no sois mamás ¿os sienta bien que os den consejos?

A las que ya sois mamás, ¿os queda esa sensación de querer “avisar” a futuras mamás? ¿dais consejos o preferís que lo vivan ellas en primera persona?

Para terminar, ¿se os ocurren más cosas que os hubiese gustado saber?

Premios madresfera

Sorpresa, sorpresa. Desde Madresfera me han comunicado que mi blog está nominado en la categoría Crianza en sus Premios Madresfera 2015. Wooow!

Imagino que estarán todos los blogs que están en Madresfera jjj, pero hace ilusión que te llegue el e-mail anunciándotelo 😉

Podéis entrar a votar aquí. Están todos los blogs nominados por orden alfabético. Si os apetece, votadme. Votad al blog que os mole.

Sinceramente, no espero nada porque ni tengo miles de seguidores, ni llevo mucho tiempo por aquí. Pero si me llevo unos votillos, eso que me llevo y más feliz que una perdiz.

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Reto: Infancia

En el pueblo donde yo vivía, había un tal Mateo que siempre iba con un pastor alemán. Pues el otro día íbamos en coche y ¡zassss! Cruzó por delante de nosotros en el paso de cebra. Sin perro, pero era él. Podría hacer años y años que no lo veía. Pues estaba igual, igual, igualito pero sin perro. Lo mismo me pasó con una antigua profesora que tuve en preescolar. La recuerdo directamente vieja (sí, así de crudo: vie-ja). Pues hace unos meses me la encontré en la cola del banco y estaba exactamente igual: vieja-vie-ja.

¿Pero esta gente nunca fue joven? Si todos fuimos niños. ¿Estos individuos flotan en el tiempo sin envejecer ni un ápice. ¿Serían niños-viejos? Raro, ¿verdad?

Tras esta profunda reflexión, os traigo un reto.

RetoInfanciaLogo Porque todos hemos sido niños. Cuéntame sobre tu infancia:

RetoINFANCIA

Mi primer recuerdo es cuando iba bajando las escaleras del colegio de preescolar con una amiga y pude hacer una pompa con un chicle. Fue guaaaay… Me sentía mayor. Lo que no sé es qué hacía con un chicle a la salida del colegio jjjj.

chicle

Un olor es aquella colonia de Legrain que se llama o se llamaba Petit Cheri. Era la única que soportaba mi madre, que es muy delicada para los olores ella. Así que esa es la que usábamos de pequeños en casa.

LEGRAIN

Un sabor sería el del pan con tomate, aceite y sal que nos preparaba mi madre los sábados a media mañana. O el pan con una pastilla de chocolate que nos daban en el recreo en el cole (en preescolar). O los roscos de navidad que hacían mi madre y mi tía. Olía la casa que daba gusto y más buenos estaban. tostadastomatenatural-477x355

Una canción… qué difícil decir una sola… Mira que éramos horteras. Es que los ochenta tenían su lado oscuro. Podría decir varias. Una que recuerdo es la de “Chas!” de Alex y Cristina (sí, sí, Cristina Rosenvinge)… Patético, lo sé… Recuerdo ir en autobús con las compañeras del cole de viaje a una granja escuela, a pasar unos días allí en medio del campo –paz y armonía-. Íbamos cantando tooooodas esa canción a grito pelado una y otra vez.

Me da hasta vergüenza (ajena y propia). Otras, unas más avergonzables que otras, eran las de Radio Futura, Madonna, The Cure (que le gustaba mucho a mi prima mayor), Alaska y Dinarama, Hombres G (sí, da vergüencita) y, atención, algunas de la cintas de cassette que rulaban por casa eran de Dyango (OMG!), Juan Pardo (aquel sex symbol de madres), Rocío Dúrcal, B.S.O. de pelis de Disney, los Beattles… Variadito… Qué apuro, por diossss.

Pero mirad, mirad AQUÍ qué estética tan “Triasdisches Ballet” de la Bauhaus la de este vídeo. Vanguardismo a tope.

Y esta Madonna ochentera la tenéis que ver, pordiosss

¿Tengo que decir una sola serie de dibujos animados? Qué complicado porque había tantas y tantas: Belfy y Lilibit, La aldea del arce, El osito Misha, Willy Fog, Candy Candy, Los diminutos, La pequeña Memole, Heidi, Marco, Samed el duende mágico, Bésame Licia, Bola de dragón Z, Nils Holgersson, David el gnomo (ay, qué manera de llorar con el último capítulo)…. Como no me decido, empiezo por saltarme un poco las reglas y pongo a Fraggle Rock, que no son dibujos en sí 😉

Esto lo tengo clarísimo. La serie de mi infancia es “Verano Azul”, sin duda. Aunque también estaban “Barrio Sésamo”, “La bola de cristal”, “Súper agente 86”, “Pipi Calzaslargas”, “El equipo A”, “McGyver”, “El coche fantástico”…

Un programa que me gustaba muchísimo era “El planeta imaginario”. Mi abuela me decía que cómo podía ver eso tan raro jjj.

Los juguetes “más mejores” para mi gusto eran y siguen siendo los clicks de Playmobil. Tenía la casa bungalow de playa, la caravana, el coche descapotable, del oeste… de temáticas variadas. En casa de mis padres aún quedan restos de aquellos juguetes (mis sobrinos los han usado y los han “despeluchado” bastante). Otro juguete que molaba mucho eran las piezas de Tente. Teníamos un cubo enorme heredado de un primo mayor para construir portaaviones y barcos. También teníamos el castillo de los Pitufos. Podía pasarme horas montándolos de diferentes formas.

casaplaymobil

Algo que coleccionase… Esto también está claro. En mi época del colegio nos dio la fiebre de los “chinitos de la suerte”. Podía llevar incontables chinitos colgando de la correa del reloj. Muy cómodo y práctico jajaja. Lo que me ha sorprendido es que los siguen vendiendo por internet (aquí).

chinitos-de-la-suerte

La primera peli que recuerdo haber ido a ver al cine –y posiblemente que fuese la primera porque aún no había cumplido los 5 años- fue E.T.

Nos llevaron a un cine (que ya no existe) de la capital con nuestros primos. Mi primo (más pequeño que yo) lloraba desconsolado con el final (no quiero hacer spoiler… aunque a estas alturas, ¿quién no ha visto la peli?). Menos mal que al final se arraglaba la cosa. Finalmente salimos todos contentos de allí.

Como lugar de mi infancia, recuerdo al sitio donde íbamos al campo los domingos. Ahora hay una urbanización junto a un campo de golf en ese sitio. Una pena. Los padres ponían las mesas y sillas y los niños nos desperdigábamos por los alrededores con nuestros juegos. Se hacía un fuego pequeñito donde calentaban la comida y hacían café. Mi tío nos hizo un columpio. Nos subíamos a los árboles. Construíamos nuestras casas con palos, hierbajos, piedras… Recuerdo a la perfección cómo en mi mente “veía” la casa que habíamos construido como una réplica de la que tenían los Huxtable de “La hora de Bill Cosby” jajajaja (una típica casa de adosada de Brooklyn, con una escalinata para entrar –era una piedra grande empinada-). Con sus dos plantas, que los dormitorios estaban arriba, ojo! (arriba: en las ramas de los árboles). Buscábamos cagarrutas de conejos (porque directamente conejos era más difícil), insectos, renacuajos en el riachuelo que pasaba cerca. Recogíamos almendras,nueces y algarrobas… Lo pasábamos genial. Llegábamos a casa derrotados y oliendo a fogata jjjj.

campo

En cuanto a mi libro favorito de la niñez tengo un dilema. No recuerdo cómo se llamaba. Era un cuento sobre unos niños que iban a jugar con una caja de madera a la que ponían ruedas. La usaban como un coche de carreras y se deslizaban montándose en ella calle abajo. Hasta que, una de la veces, la caja-coche vuelca y se magullan. Tienen miedo de decírselo a sus padres porque piensan que les van a llevar al médico y que este les va a poner una inyección. Al final, lo único que les pasa es que les ponen unas tiritas que llevan dibujos (recuerdo que en la ilustración de las tiritas se veía una copia tonta de los personajes de Disney). Los niños terminan la historia felices como perdices presumiendo de tiritas en las rodillas.

El título del cuento ni idea. Jope, qué rabia me da. Me lo tenía que leer mi madre una y mil veces (yo no sabía leer entonces, así que sería bastante pequeña). Acabé sobando tanto el libro que se me desencuadernó. Pero hubo solución. Mi primo tenía el mismo libro. Era ir a su casa y engancharme al libro. Debí dar bastante penita porque me lo acabó regalando. Al final, tuvo la misma suerte que el mío: acabo desintegrándose de tanto manosear las páginas. Ni mi madre, ni mi tía, ni mi primo, ni yo nos acordamos del nombre de aquel libro.

Había otros libros que fui leyendo de más mayorcita: los del “Barco de vapor”, “Los cinco”, cómics típicos de “Zipi y Zape”, “Mortadelo y Filemón” de Mickey Mouse, unos que había en plan manual de supervivencia en el campo de “Los jóvenes castores”, los de “Elige tu propia aventura”…

fray perico, fantasma y susi

¿Coincidimos en algo? ¿Os he recordado algo que habíais olvidado? ¿Os animáis a contar vuestros recuerdos de la infancia? Contadme, contadme!

Dulce navidad

Se acerca la navidad y acechan dudas. Bueno, dudas-dudas sobre el asunto en sí no tengo. Alguna sí, pero no en lo referente a lo que pienso, si no a lo que piensen los demás y cómo hagan sentir a mi pichón en el futuro.

¿Que de qué estoy hablando? De hacer creer o no a un niño en los reyes magos/papá Noel.

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No me gusta el tufillo consumista de estas fiestas. No me gusta que a mi hijo le digan que tiene que ser bueno para que unos señores le hagan regalos. Ni quiero que se le amenace con que debe portarse bien para recibir regalos. No quiero mentirle ni contarle rollos patateros (ni que se los cuenten).

Santa-Claus

Yo, como todo (o casi todo) niño, tuve mis años en los que creía en la existencia de los reyes magos. No dormía bien en toda la noche de reyes. Estaba hiperactiva y emocionada-expectante. Imaginaba a uno de esos reyes entrando por la ventana con los regalos. No quería perderme el momento y pillarles in fraganti.

He de decir que no recuerdo el momento en que supe que los reyes son los padres. Simplemente recuerdo haber estado trasteando con mis hermanos en la búsqueda de los regalos porque sabíamos que mis padres los habían comprado y estarían por algún lugar de la casa. No puedo decir que me haya supuesto un trauma ni nada por el estilo.

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Quiero que mi hijo sepa lo que pasa. Le explicaremos lo que se celebra y que la tradición es hacer regalos (con mesura). Para mí, lo importante de estas fechas es reunirse en familia y con los amigos. Reencontrarse con los que viven lejos y vuelven a casa por navidad (como en el anuncio de turrón). Disfrutar de buena compañía y, de paso, buena comida.

Mentirle y contarle algo en lo que ni nosotros mismos creemos me parece feo. Es un poco tomadura de pelo. En mi casa, por lo menos lo puedo justificar, porque íbamos a un colegio católico y bueno, mis padres, no es que sean de los creyentes que van a misa, pero sí que tienen sus creencias religiosas. Pero ni mi marido ni yo somos ni creyentes ni practicantes. Es absurdo inculcarle una creencia que no tenemos. Qué difícil de explicar… Espero que se entienda lo que quiero decir.

En el tema decorativo navideño (no sé cómo denominarlo mejor) me niego a poner un nacimiento. Ni mi marido ni yo creemos ni tenemos fe en la religión católica, así que es absurdo montar el belén. A ver, que si el niño va a casa de sus abuelos y le gusta pues estupendo. En nuestra casa somos de árbol de navidad porque más que otra cosa celebramos la llegada del invierno. Compramos un arbolito pequeño el año pasado y le hice unos muñequitos con plástico mágico. El pichón le fue poniendo sus figuritas de animales. Él contribuye a su manera. Y el padre también (le puso una calavera a modo de estrella en la punta).

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Vamos a hacerlo lo mejor posible y como mejor creemos que es, según nuestro criterio. Para mí es muy importante no defraudar la confianza de mi hijo en mí, en nosotros, sus padres. No me gustaría que pensara que le hemos engañado, que le hemos contado un cuento que no va con nosotros.

Esto no quiere decir que no vayamos a celebrar las fiestas. Las reuniones con la familia molan. Los días festivos molan. Reencontrarse con amigos mola. Las buenas comidas y dulces típicos molan. Poco sentido religioso tiene ya la navidad. Que quien la viva con fe y lo celebre en plan religioso, me parece muy respetable.

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Hay muchas formas de celebrar la navidad. Y vosotros/as, ¿qué pensáis de este tema?