El postparto

Siento decirlo tan claro, pero el postparto, en mi caso, fue un asco. La cuarentena, un sufrimiento. La cesárea tuvo la gran parte de la culpa. La recuperación fue muy larga y muy lenta.

Las grapas me las quitaron a la semana del parto. Un día me quitaron la mitad. A los dos días el resto. No dolió nada de nada. Menos mal. El cuidado de la herida es simple: lavar con agua y jabón – mantener la zona seca – nada de yodo (betadine). Lo chungo es que como era pleno verano, sudaba como un cochino jabalí. Teniendo al bebé en casa no iba a poner el aire acondicionado. Pichón, para más inri, debido a su ictericia, se pasaba el día en pañal junto a la puerta de la terraza. Le iban controlando y una vez que el nivel empezó a bajar nos dijeron que no había que preocuparse, que iría bajando y su color se iría normalizando. El blanco de los ojos, que estaba bastante amarillento, le duró muchísimo tiempo. Dicen que es normal, que es lo que más tarde en “blanquearse”.

No sé si por sudar sin parar –más sumadle el dolor de “me están saliendo los pelos de ahí abajo como cables de freno y duele/pica/molesta la misma vida”- se me infectó la herida. Estaba como inflamada y roja fluorescente. Añadid que dolía lo suyo. Fui a urgencias y me hicieron una ecografía bastante molesta. Fue muy desagradable. Total, antibióticos al canto. Hay muchos medicamentos totalmente compatibles con la lactancia. Si tenéis alguna duda, consultad ESTA web. Es la biblia de las mamás que damos pecho. Recomendable y fiable 100%.

cesarea

Mi movilidad era menos mil. Esto es proporcional a la pérdida de intimidad. Cada vez que me quería duchar, tenía que pedir ayuda. Sentarse en el wáter era una tortura. Menos mal que al ser verano me podía permitir estar medio en bolas por casa, o con el camisón de lactancia.

Las visitas se hacían pesadas. Entiendo que quisieran venir, pero yo no quería ver a nadie a mi alrededor. Necesitaba paz. Gracias a que no tenemos unas familias muy extensas, los “compromisos” sociales acabaron relativamente pronto. A los amigos los fuimos viendo más adelante.

La tripa tras el parto se queda tipo blandiblú. Es rarísimo e incómodo. Yo no usé faja (era lo que me faltaba con el calorín y los pelos asomando). Quizá me hubiese ayudado. No sé. Mi barriga iba por libre. Parecía que se iba a descolgar si no me la agarraba. Así fue durante más de un mes, mes y medio. Del estado blandiblú pasó a nivel cervecero (menos bailona, más contraída, pero extrablanda). Luego pasó a ser barriga tipo “me sobran muchos kilitos” y después, en mi caso, se queda “fofa-pero-bien” que es su estado habitual, jeje.

Con las molestias no podía coger a pichón en brazos. Le bañaba papá. Casi siempre le cambiaba él. Eso durante los primeros días (o semanas?). Las salidas a la calle eran para ir al médico. La prueba del oído había que hacérsela antes de los primeros 15 días de vida. Todo salió bien. Los resultados de la prueba del talón también salieron bien. Llegaron por correo a casa como 3/4 semanas después de hacerle la prueba. Sobre el mes o así, me animé a salir a dar paseos cortitos. Al principio no podía ni tirar del cochecito. Iba arrastrando los pies, medio chepada y quejumbrosa. Un cuadro. Salíamos casi de noche, por evitar el calor. En media horita nos volvíamos. Poco a poco iba aguantando más tiempo y caminando más “normal” (sin parecer que tuviese cojera ni joroba).

Las noches y los días eran largos. Pichón reclamaba su teta cada 2/3 horas como mucho. Dormíamos a trozos. Nos desvelábamos. Nos crispaban muchas situaciones nuevas que costaba manejar. Levantarse a preparar el biberón de “ayudita” era una lata. Había muchos cambios de pañales las 24 horas. Me costaba que se enganchara bien por la postura. Le tenía que dar pecho tumbada porque de otra forma no podía sin que me doliese. Había noches que lloraba y lloraba, y yo también acababa llorando, papá enfadado porque no les gustaba verme así… Cuesta coger la dinámica. Pero todo llega. Y una noche te ves cambiando el pañal en “modo automático”, dando teta sin tener que encender ni una lucecita, sin llantos y con calma.

Nuestro pichón también superó su primer mes muy bien. El estar todo el santo día pegadito a la teta dio sus frutos. Creció 5 cm y ganó 1 kilo 230 gramitos de nada. Todo bien, sin incidencias.

Por mi parte, en el parto dejé 8 kilos de los 22 ganados. Tardé un año a recuperar mi peso anterior (59 kilos). Primero perdí gradual y lentamente otros 7/8 kilos (como un kilo por mes). Después, coincidiendo con que me volvió la “amiga de rojo” (la señora menstruación), a los ocho meses de haber parido, empecé a perder peso mucho más rápido. En 4 meses perdí como 6/7 kilos gradualmente. Justo un año para volver a mi ser. Tampoco hice dietas ni ejercicio (pasear como mucho). No era un tema que me obsesionara.

Otra cosa es que al poco de dar a luz se me caían los pelos a mechones. Todo lo que no se me cayó durante el embarazo, se fue de golpe. Se me partía el pelo, se me caía a puñados… Lo tenía muy frágil y quebradizo. Poquito a poco, volvió a estar normal. Imagino que el complemento vitamínico (Natalben lactancia) ayudaría.

En la revisión ginecológica tras la cuarentena me hicieron otra ecografía. Todo estaba donde tenía que estar. La herida iba cicatrizando y la infección pasó. Al tiempo empecé a usar aceite de rosa de mosqueta para suavizar la cicatriz (con cuidado porque destiñe/mancha). Todo estaba normal. Me citaron para el año siguiente para una revisión rutinaria y chimpón.

¡Y prueba superada!

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4 comentarios en “El postparto

    • Sí, “divertido” a tope. No quiero desanimar a nadie. Sólo cuento mi experiencia. Menos mal que no todos los postpartos son iguales y que hay recuperaciones casi instantáneas (tanto de partos vaginales como de cesáreas).

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  1. Bueno, el posparto es que es lo que tiene, y con una cesárea pues se complica un poco más. A mi me alucina cuando hacemos cesáreas en veterinaria y al día siguiente vemos a la perra haciendo el bruto como si no hubiera un mañana. De las vacas ya ni hablamos, que se van tan panchas a rumiar lo que sea O_o. A mi madre la operaron de miomas (mi madre, la del umbral del dolor en lo más alto del empire state) y la vi pasarlo francamente mal….

    Afortunadamente ya pasó. Una amiga también me ha advertido que los dos primeros meses son de ‘reconocimiento’. Hay que conocer a nuestro bebé, empezar a entenderle y adaptarse a la nueva situación. Así que igual: trataré de no agobiarme en esta fase aunque algo me dice que lo natural es precisamente, estresarse un poco.

    Un abrazo 🙂 (y sigo poniéndome al día)

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    • Jajaja, es cierto que tienes experiencia en animales. Es igualmente aplicable a los humanos. Mi prima, que tuvo una cesárea, al día siguiente estaba de pie haciéndose la cama del hospital. Otra amiga con cesárea, el día que le dieron el alta se fue de compras y porteaba en cuestión de días. Hay de todo.
      Los primeros meses son un caos, sí. Parece que los días no acaban y cuando te das cuenta, ha pasado el tiempo volado.
      Abrazo!

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