Odisea en el hospital

Estuvimos 5 días ingresados en el hospital. Al pichón le detectaron ictericia y había que dejarle en pañal para que le diera la claridad, que no luz directa, en el cuerpo. Sólo le vestíamos para dormir. Para que se le pasara lo mejor era que comiera mucho (mucha hidratación), hiciera mucho pis y caca. Le iban controlando como dos veces al día con un aparatito tipo termómetro digital que le pasaban por el pecho.

Pero primero le sacaron sangre para una analítica y le hicieron la prueba del talón en el mismo día. Pudimos estar delante cuando se lo hicieron en el nido. Mi pobre pichón lloraba a pleno pulmón. La enfermera le dio a beber un líquido en una jeringuilla y se calmó un poco. Nos comentó que era suero glucosado, que cuando llorase que se lo diésemos. Nosotros, como no sabíamos lo que era, pues ni chistamos. En resumidas cuentas, le estaba dando agua con azúcar. Flipad, sí alucinad con el método para que se calmara. Días después, al preguntar en la farmacia nos dijeron que eso es una barbaridad.Así vas aprendiendo cosas. A base de encontrarte ineptos por el camino y aprender que están equivocados.

Me quitaron la sonda al día siguiente de haber parido. Las medias de compresión creo recordar que también, por la mañana. Ese día no me pude mover ni un pelo. Con sólo toser era la muerte. No os cuento estornudar (soy alérgica), o reír… era un dolor insoportable. No me ayudaron a asearme. No me cambiaron las sábanas. Sólo podía cambiar el empapador que llevaba debajo del culo. Pero esto lo hacía coordinándome con papá o con la abuela. Yo levanto el culo a la de tres. Tú tiras. Ahora coloca. Grititos. Maldiciones. Un show. No sé para qué cojo…s estaban las enfermeras.

Cuando me quitaron la sonda vi las estrellas y hasta pegué un grito. Hijadesumadre. También me quitaron la vía. Aleluya. Me la quitaron porque se me empezó a poner el brazo con un moretón enorme y duro. Resultado: tromboflebitis. Según la matrona no me habían puesto muy bien la vía. Tuve que ponerme trombocid durante una semana para que aquello remitiese.

A todo eso, yo sin lavarme. Con la compresa pillada entre las piernas, a lo salvaje, sin bragas ni nada. Un asco. Un sufrimiento. No me quité el pijama del hospital hasta pasados dos días, ¡dos!. Eso fue cuando vino la matrona a verme, la de las clases, y me ayudó a levantarme para ir al baño. Entonces descubrimos que tenía un esparadrapo en la parte baja de la espalda. Sería del pinchazo de la anestesia (?). Con razón me picaba tanto ahí. Se me irritó la zona y tenía un recuadro rojo y lleno de granitos. Perfecto. La duchita que me dio me supo a gloria bendita. No podía con mi alma y me dejé lavar cual coche en el autolavado. El pelo no me lo pude lavar hasta llegar a casa. Levantar los brazos también me dolía. Llevaba 18 grapas bien hermosas que me hacían sentir Frankenstein.

Imaginad cuando venía visita. Me sentía fatal. Menos mal que no vino mucha gente, sólo familia muy cercana. Además estaban un rato, no demasiado. El rollo era cuando se ponían a hacer fotos. Esto va por mi suegro, lo siento papá pero tu padre es un pesado con el móvil. Le dije que NO me hiciera fotos, por favor.

Ponerme de pie dolía mucho. Parecía que se me fuese a descolgar el estómago. Dar un paso era horroroso. Llegar al baño, a paso de tortuga, arrastrando los pies, ni os cuento. Me insistían en que me moviera cuanto antes o me entrarían muchos gases. Hice lo que pude. Gases tuve, pero nada doloroso. Incomodo sí. Estaba a dieta blanda para que ir al baño no fuese una “experiencia religiosa”. Menos mal que ahí no tuve problemas. Era incómodo pero poco más.

De la leche ni rastro. Sí que tenía calostro pero nada de leche. El calostro lo vi porque la matrona me retorció de mala manera el pecho y salían gotitas amarillentas. Una noche, ante la desesperación, le dimos biberón. Lloraba, le costaba engancharse. Pedía ayuda, pero las enfermeras eran para darles de comer aparte. Era duro. Las noches eran matadoras. Lloraba y lloraba y cuando conseguía pillar el pecho, tras muuuucho insistir e intentarlo una y otra vez, chupaba un poco y se quedaba frito. Había que despertarle y lloraba, se soltaba… Vuelta a empezar. En fin, eso da para contaros aparte.

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9 comentarios en “Odisea en el hospital

  1. Jope… Me duele de leerlo solo, desde luego hay cada uno y una suelta por los hospitales que les deberían de dar clases de humanidad, no entienden que no estas allí por gusto ni por pasar el rato, a nadie le agrada estar ingresada en un hospital y lo que me os quieres es que te traten mal, odio a la gente así!!

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    • Lo terrible del asunto es que aún hay personas (y lo peor, mujeres) que creen que estas situaciones son normales, que te tienes que aguantar (primeriza=tonta).
      Cuando me quejé a la matrona por el trato que tuve, me dijo que por ser verano había mucha gente contratada sólo para cubrir las vacaciones del personal habitual, que estos “nuevos” no tenían mucha idea 😦
      No se puede ser más cutre… Y hablo de un hospital privado.

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  2. Sorprendentemente, es lo que pasa en la privada, que el paciente es en realidad un cliente. De ahí mi dilema entre publica o privada… Además, las cesáreas tienen su recuperación y entre visitas y bebé se ve que no te dejaron espacio… pero algo me dice que todo mejoró después 🙂

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    • Antes de decidir mira bien los hospitales a los que podrías ir. Busca a mamás que hayan parido allí y que te cuenten sus experiencias. De todas formas, ya ves que el hospital al que yo fui era muy pro-parto-respetado, pro-lactancia… pro-mentiroso XD

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  3. Buenas, estoy aquí leyendo tu parto y madre mía, es que cada vez que leo en blogs los médicos y luego veo mi caso, me doy cuenta que no entiendo dónde les da a los médicos y enfermeros los títulos porque vamos. Que fuerte que ni te quitasen el esparadrapo de la anestesia, es para matarlos. Estaba leyendo y estaba sintiendo yo dolor, uuff me ha dado una cosaaaa, horrible eso de la cesárea, no sabia que era tan doloroso.

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    • Hola, Tania!
      A pesar de todo hay que tener fe en que algún médico decente habrá 😉
      Cada parto es un mundo. Conozco casos de cesáreas peores que las mías y otras en las que les fue de perlas. Al igual que sé de partos vaginales estupendos y otros de pesadilla. Por eso es importantísimo estar informada antes.

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