Juntos y revueltos

Al día siguiente, después del almuerzo, dijeron que le traerían a la habitación. Nos pudimos encontrar pasadas 21 horas desde que le nacieron. Entró la enfermera con él dentro de la cunita transparente (muy fea) típica de hospital. Por la mañana le bañaron, papá estuvo viéndolo y le llevó la ropita para que le vistieran por primera vez. Ahí estaba, tan cerca, y yo ansiosa por verle, tocarle, sentirle… Papá le cogió y me lo puso entre los brazos. Qué sensación tan extraña. Me miraba con los ojos muy abiertos y yo no dejaba de decirle cosas. Pesaba poquito y estaba ahí, emitiendo gruñiditos de bebé. Movía los dedos de las manos. Tan pequeño. Tan blandito. Tan calentito como un bollito de pan recién hecho. Fue muy emocionante.

Debo admitir que no sentí ese “flechazo-hormonal”, ese instinto primitivo de “mamá leona con su cachorro”. Gran culpa de esto la tiene el tiempo que estuvimos separados. Me da envidia cuando otras mamás me cuentan que en su parto pudieron coger a sus niños, recién salidos de su vientre. Cuentan que el olor era especial, que el flechazo es absoluto y mágico. Tristemente no sentí eso. Sí que me emocioné y lloré, pero no con ese instinto amoroso. Más bien fue un alivio enorme. Felicidad de otro estilo. Y asombro por no saber cómo es posible que aquel niño hubiese estado dentro de mí.

Tenerle en brazos me molestaba en la herida. Así que para empezar a darle el pecho fue estando yo tumbada y él a mi lado. Nos dijo la enfermera que “cogía muy bien los biberones” y que se engancharía bien al pecho. Me “encanta” ese criterio para valorar el enganche, sí señora. Tuvimos que intentar varias veces que se cogiera. Finalmente lo consiguió. Ahí se podría pasar la vida. Se quedaba dormido y había que soplarle en la cabecita o darle golpecitos en los pies para que siguiera succionando. Para que soltara el pecho, la matrona me dijo que le diera con los dedos debajo de su boca, en el cuello (¿cómo se llama esa parte del cuerpo? ¿mandíbula por abajo en el centro?).

juntos

Papá hizo el piel con piel con él. Y yo, cada vez que le daba el pecho, era descubierta y con él encima, sólo en pañal. Casi piel con piel. Por fin estábamos los tres juntos.

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9 comentarios en “Juntos y revueltos

  1. He leído tooodas las entradas, me tenías en ascuas!! Que intriga! No te sientas culpable por todo lo que pasó, la verdad es que, deberían de ponerse en el lugar de la madre en esos momentos, ya lo siento que lo pasaras tan mal, pero bueno, ya pasó, ahora que date con lo bueno, con los momentos buenos de la maternidad!

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    • Gracias por leer todo. Quizá me he extendido en contar el parto, pero sentía que tenía que “descargar” todos los recuerdos. Tampoco quería ponerlo todo en una entrada porque sería muy espeso. Mejor en pequeñas dosis.
      La espinita se me quedará clavada y cada vez que lo recuerdo me siento regular-nada-más. Será cuestión de tiempo.

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    • Sí, eso: barbilla pero por debajo (tirando para el cuello). Jajaja… XD
      Bueno, ya os contaré el tema lactancia, que tiene su miga. No fue nada fácil, pero aquí seguimos teteando.

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      • Papada? Me has dejado con la intringulis XDXD Pues el tema de la lactancia me interesa muchísimo. Ahora cuando ya tenga unas cuantas semanas mas en la tripa pienso leerme lo habido y por haber porque me gustaría practicar la lactancia prolongada la verdad. ¡Besos!

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  2. Jo, es que menudos comienzos… Lo llevas todo bien preparado pero luego te desmontan los esquemas a base de frases lapidarias como la enfermera con lo del enganche. Creo que además de plan de parto habría que llevar plan de lactancia por escrito… para ti! Para recordarte todo lo que has leído/documentado y tenerlo muy claro y que no te hagan dudar. Menos mal que se que el final fue/está siendo de lo más exitoso 😉
    Besos!

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    • En la información está el “poder”. Hay que tener las cosas bien aprendidas antes de que cualquier “boca-chancla” te tire abajo las ganas. Allí daba consejitos hasta la limpiadora. Fíjate que un “enfermero” (supongo que era enfermero) le dijo a mi marido, así en confianza, que “los hombres son accesorios”, que la importante es la madre… Tócate la peineta. Cada cual con sus bobadas. En fin… Menos mal que optamos por hacer oídos sordos.

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  3. Bueno, ya lo tienes en brazos! Está emocionante! Yo creo que si tuviste ese flechazo, aunque no fuera tan literario como imaginabas :). Se nota por el amor que destilan las frases que escribes.

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    • Sí, bueno, pero fue un flechazo gradual. Seguro que las mamás que han tenido cesáreas saben de ese sentimiento del que hablo, que no es nada “salvaje”, es más bien “alivio-asombro”.
      Por cierto, actualiza ya tu blog que me tienes preocupada!
      Un abrazo.

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