Síntomas

Al principio me las prometía muy felices porque no tenía ni un simple malestar. Pero pasadas las primeras semanas llegaron las fatiguitas malas. Empezaban de buena mañana y así podían estar acompañándome todo el santo día. Te dicen que una vez que llegues al segundo trimestre te sientes mejor que nunca, que se van todos los males. Mmm… no en mi caso. Las náuseas siguieron hasta los seis meses aproximadamente. Muchas veces acababan con un apoteósico vómito. Alguna vez dejé el regalito en la calle. Cuando desaparecieron las náuseas llegó el ardor de estómago. Una sensación de pesadez y fuego en la traquea terrible cada vez que comía. Así hasta el parto.

Respecto a las migrañas, sí soy un ser migrañoso y es un asco, decir que tuve una en todo el embarazo. Normalmente tenía como una cada mes o dos meses. Mi madre, que también tiene migrañas -gracias por ese regalito hereditario-, siempre me contaba que en sus embarazos no pasó ni una. Pues a mi me tocó una. Fue al principio, sobre la semana 10. Tuve que ir a urgencias porque no paraba de vomitar. El dolor era como siempre, tipo “baboso” que no se va nunca. Además de lo típico (no soportar sonidos, luces, olores…). Me pusieron una inyección de primperan y no sé si fue enantyum por vía intravenosa. También una mascarilla con ozono. Estuve como hora y pico allí medio tumbada en un butacón hasta que me empecé a sentir mejor y para casa.

Desde que soy madre no he vuelto a tener una crisis de las gordas. Dos años ya. Im-presionante. Dolores de cabeza sí y bastantes, pero soportables. No sé si tendrá que ver con que sigo dando pecho, por el tema hormonal… Pero que siga así por mucho tiempo (dedos cruzados).

Te recomiendan que hagas ejercicio moderado (tipo natación, caminar ligero…). Opté por pasear a diario un buen rato. El propósito era fácil de cumplir si no tenemos en cuenta que al minuto de ir caminando se me dormía una pierna (la izquierda). Era una sensación muy desagradable. Necesitaba sentarme para recuperar la sensibilidad. Una persona de la tercera edad tenía más agilidad que yo. Según me explicó el ginecólogo debía tener algún nervio pillado por el peso del bebé. A saber… El caso es que allá iba yo, renqueante y quejosa, con una bolsa de plástico en el bolso por si tenía que vomitar (que no era plan de volver a soltarlo en plena calle). Eso era estando de pie. Estando tumbada más de lo mismo: pierna dormida en cero coma. Conforme la barriga iba creciendo, más rápido se me dormía y más me tenía que mover para encontrar una postura cómoda. No olvidéis que una embarazada va al baño cada dos por tres. Es lo que tiene tener la vejiga apretada. Las noches eran un no parar: que si me meo, que si se me duerme la pierna, que si el niño tiene hipo, que si vaya patadón me ha pegado… Lo de dormir 8 horas seguidas era una utopía.

El tema de los dientes/encías fue perfecto. Ni un sangrado, ni una caries, todo perfecto. Fui a una revisión en el primer trimestre. Me hizo una limpieza y una fluorización dental. Ahí nada que mencionar. Menos mal.

Tenemos a las famosas contracciones de Braxton Hicks. En una ocasión, estando de 32 semanas me entraron como dolores de regla que duraron uno o dos minutos. Desaparecían y en menos de diez minutos volvían. Así estuve una media hora larga y cagada de miedo. No era un dolor de morirse, pero era molesto. Asusta… Una vez pasado este episodio, no volví a notar nada de contracciones o dolores “rarunos”.

La genética me hizo el favor de no regalarme ni una sola estría en todo el cuerpo. Con la cantidad de peso descomunal que cogí y no quedó ni una marca. En la celulitis, como ya la tenía de serie, no noté nada en particular. Se quedó como estaba. Incluso, por estar más “apretada”, hasta me veía menos, jiji (ilusa).

El tema del peso merece una mención aparte. Una mención vergonzosa. Me consolaba que en el peso de casa, marcaba un par de kilos menos. Total, dos arriba, dos abajo, no marcaban mucha diferencia. Empecé con 59 kilos y acabé con 81 gloriosos kilos. 22 kilos en total, madre del amor hermoso, cuando me aconsejaron que no cogiera más de 10 ó 12 kilos. No es que descontrolara mucho las comidas, creo yo. Me llenaba más por los ojos porque después no me cabía ni la mitad de lo que tenía el plato. Va a ser que los helados sí tienen mucha grasa. Ya contaré cómo y cuánto tiempo me costó recuperarme de esto. En el parto perdí 8 kilos, ahí es nada. Pero eso es otra historia.

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4 comentarios en “Síntomas

  1. Yo este embarazo lo estoy viviendo prácticamente sin síntomas. Claro que llevo muy poco. De momento alguna náusea (nada anormal en una migrañosa) y un dolor de tetas idéntico al de la regla. También presión en el bajo vientre, como un dolor de regla pero muy suave (eso sí, prácticamente constante). Algún pinchazo que me dio anoche y que me asustó (no era fuerte ni insoportable, pero me asusté), jiji.

    Con el primero las migrañas se descontrolaron de mala manera. Con este no hay. Claro que estoy haciendo ejercicios mentales varios desde que mi pareja tomó la decisión de ‘no buscar’ (jeje, no le ha salido nada bien) hasta que me repusiera de las migrañas. Es como si me estuviera haciendo consciente de mi cuerpo y trato de controlar más. O puede que sean simplemente las hormonas xD.

    Un abrazo.

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    • Bueno, aún estás empezando la aventura. Ojalá y no tengas más que eso. Los pinchazos creo que son normales. Es porque la musculatura empieza a “estirar” y el útero va creciendo.
      Espero que las migrañas no te visiten. Yo estoy flipando porque aún no he pasado ninguna desde hace 2 años y pico. ¡Crucemos los dedos!

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  2. Yo también soy de muchas migrañas y desde que estoy embarazada, nada de nada, bueno, me dolió un día la cabeza pero no era ese dolor tan intenso e incapacitante, así que genial! Con las dichosas nauseas… Esta semana esta siendo la peor sin duda, si antes me daba solo por la tarde ahora a cualquier hora… Se supone que se va a mejor no? Mañana hago las 11 semanas, me dijo el ginecólogo que cuando dejara la progesterona algo notaria, a ver… Porque trabajar en la guarde con mal cuerpo lo llevo muy mal

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    • Ánimo que sí, que se supone que deben desaparecer. En mi caso no fue así, pero de todo tiene que haber. Dicen que el segundo trimestre es el mejor porque desaparecen los síntomas y, como aún no está la tripota en todo su esplendor, aún estás ágil.
      Un abrazo.

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