Volver a empezar

Aquello era un “venga, que no ha sido nada”, “en nada y menos te quedas otra vez”. Como si tal cosa. Como si no tuviera que pasar mi duelo. Fue jodido. Me sentí (muy) sola e incomprendida. Tampoco quería hablar del tema. Pasé por todas las etapas: negación, ira, tristeza, aceptación y muchas migrañas. Por lo menos podía tomar medicación “fuerte”. Ya se sabe que estando embarazada o en plena búsqueda no se pueden tomar fármacos (salvo paracetamol y cuatro cosillas más). Mi cuerpo volvió a sus ciclos con relativa normalidad. Al tercero, y sin muchas esperanzas ni fe, empezamos la nueva búsqueda. Mientras, los meses iban pasando sin novedades. La familia dejó de “presionar” (como mi madre que preguntaba cada mes si ya lo habíamos conseguido o qué pasaba… uffff). El tema se iba olvidando.

Como suele ocurrir en estos casos, no veía más que embarazadas a mi alrededor. Cómo me repateaba. Cada vez que me enteraba de alguien que estaba esperando un hijo, era como si me dieran mil patadas en el estómago. Una compañera y amiga de papá se quedó embarazada poco después que yo, pero ella seguía con su tripota feliz. Mi vecina paseaba con su enorme barriga de embarazada feliz. Yo pensaba que cuando tuviese a su bebé y la escuchase llorar, no podría soportarlo. Me volvería loca. Casualmente, la hermana de mi mejor amiga se quedó embarazada “sin querer” (cosa que no me explico, porque si no quieres tener hijos, no los tienes y punto). Cuando me lo contó quise llorar, gritar, lanzar todo lo que estuviera a mi alcance… Pero respiré, y me sentí fatal por sentir aquello. Debía alegrarme por ella. No podía ser tan miserable, tan egoísta, tan idiota. Fue un punto de inflexión. La mente me hizo un “click” totalmente.

Había pasado un año desde que me había quedado embarazada la primera vez y no conseguíamos nada. Bueno, “conseguí” pasar por una hidrosadenitis bastante dolorosa, y hasta un grano ahí mismo que dolía como suput…madre. Fui a una revisión con el ginecólogo. Todo estaba perfecto. No había nada que indicase problemas. Me dijo que me olvidara por unos meses, que me diese un descanso (físico y mental) y volviese a la carga pasado un tiempo.

Así que dejé las ganas y las esperanzas a un lado. Dejé de mirar compulsivamente las fechas, el flujo… Curiosamente, en el siguiente ciclo tuve un retraso. Era sólo de un día. Un día nada más pero quise hacerme un test de nuevo, en casa. Esta vez la pantalla marcaba un hermoso y radiante “embarazada 3+” (semanas).

test

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4 comentarios en “Volver a empezar

  1. Creo que los sentimientos que nos asaltan cuando pasamos por esto son normales, forma parte de nuestra naturaleza humana. Afortunadamente, nuestra parte civilizada nos permite tomar el control, más tarde o más temprano y volvemos a empezar a alegrarnos por los bebés que hay a nuestro alrededor. Yo me obligaba a ir a las reuniones con una amiga que se embarazó justo un mes antes que yo. A día de hoy, la veo con su tripa y se que no seré mamá en agosto (si este bebé cuaja, es como si hubiera vuelto a empezar justo cuando debería terminar, lo que no deja de ser un pensamiento curioso, no crees?) pero me alegro por ella y tengo muchas ganas de verla con su peque en brazos :).

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    • Sí, te doy la razón. Hay que dejar pasar un tiempo, pasar el duelo y las etapas que conlleva. Finalmente encuentras un poco de orden y paz mental. Físicamente es duro pero psicológicamente es peor.
      Es curioso que tu nuevo embarazo empiece cuando debía haber terminado el primero. Si te pones a pensar en estas “coincidencias” encuentras “señales” por todas partes. En mi caso es el número 13. Ya hablaré de eso 😉

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  2. La sociedad no está preparada para hablar de este tema. Muchos no saben qué decir y te duele su silencio porque lo ves como indiferencia, otros te dicen esas frases tan poco afortunadas porque creen que te ayudarán (ese famoso “bueno eres joven”, y si no lo fuera no tendría derecho a llorarle?). Yo vi a algunos familiares hacer el gesto del dedo en la boca en mi presencia, cuando éramos nosotros los que habíamos sacado el tema. Y sentí una furia tremenda, sentí que no me creían capaz de superar aquello ni hablarlo, vi lo poco que confiaban en mi fortaleza. A veces no hay que decir nada, a veces es más fácil un abrazo o un “lo siento”, aunque parezca frío o neutral.
    Yo también odié a las embarazadas, pero selectivamente, a las que ya lo estaban cuando ocurrió mi tragedia no. Hasta que un día dejas de hacerlo.

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    • Sí, es un tema un tanto tabú. Por norma general, la gente no sabe qué decir. Yo prefería que no me dijesen nada, ni que sacasen el tema, nada. Nadie podía entender cómo me sentía. No quería que me compadecieran o me hicieran sentir mal con frasecitas. A mí lo de “eres joven” me parecía ridículo con 34 años encima, pero me lo decían… Lo peor es cuando te comparan con otra mujer que se queda embarazada con 40 y tantos (claro, entonces cuadras en su concepto de “joven” que tiene tiempo de sobra).
      Gracias por pasarte por aquí.
      Un abrazo.

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