Un final

Ante algo tan increíble no dudamos en dar la noticia. Primero a la familia. Lo recuerdo como si fuese ayer. En casa fue una fiesta. Eso sí, esperamos un poco para hacerlo oficial. Sobre la semana 8 ya lo dijimos a amigos y más familiares. Ya había visto a la matrona en el centro de salud. Me había hecho la primera analítica para el triple screening. Me habían hecho mi cartilla de embarazo que llevaba en el bolso como si fuese un tesoro. Todo iba bien. Tenía náuseas durante todo el santo día y algún vómito que con Cariban estaba más o menos controlado. Decidimos llevar el embarazo por la seguridad social. Por el privado nos hubiese salido por un riñón. Yo estaba feliz y me notaba mi tripilla apretada. Tan contenta. Tenía mi cita para la eco de la semana 12, que es la primera que te hacen en la s.s., justo la semana entre mi cumpleaños y el de papá. Iba a ser el regalo perfecto.

Pero eso día no llegó. Justo pasado mi cumpleaños, una mañana, al ir al baño y limpiarme vi que había manchado de oscuro. Era muy poco, pero me preocupé. Esperé a ir otra vez al baño y seguía manchando. Mi hermana también manchó al poco de estar embarazada. Le mandaron reposo absoluto sin más y todo fue bien. Pensé que podría pasar algo parecido. Un poco angustiada pedí cita de urgencia con el ginecólogo privado que me daba más seguridad. Esa misma tarde estaba en la consulta con papá. Pasamos juntos y me hicieron una eco. Se veía todo en una pantalla frente a nosotros. La cara del ginecólogo era de preocupación. Movía para un lado, movía para otro y no cambiaba el gesto. Finalmente nos dijo que el embarazo no iba bien. No había embrión. Sólo se veía el saco gestacional con su cubierta trofoblástica (lo que sería la placenta en el futuro), pero estaba vacío. Vacíos nos quedamos allí mismo. Nos dejó un rato solos. Sentí como si me hubieran empujado por un balcón al vacío. No me lo podía creer. Estaba totalmente bloqueada. ¿Qué era aquello? ¿Cómo que no había embrión? ¿Eso cómo es posible? Hasta que empecé a llorar y no paré. No pude parar más que a ratos. El ginecólogo me hizo un volante para que me fuese a urgencias a que me hicieran un legrado donde recomendaba sedación completa. También me recetó Tranxilium para que pudiera dormir aquella noche. No, no pude dormir.

Por la mañana, papá se fue al trabajo y yo al hospital con los abuelos y una migraña de regalo. Lloraba y lloraba. Recuerdo estar en la sala de espera y verlo todo “llorado”, como cuando vas en coche que está lloviendo y se llenan los cristales de agua. El trato en ginecología fue frío. Era como si yo fuese una exagerada, una loca llorona… No sé. Me miró el ginecólogo de turno para confirmar el diagnóstico. No quería que me hiciesen un legrado, pedí otras opciones (pastillas vaginales), pero me dijeron que no. Sin más. No. Una enfermera me dio un camisón y una bolsa de plástico para que metiese mi ropa. Me cambié en el minúsculo baño de la consulta. La enfermera me llevó en una silla de ruedas a otra habitación grande. No podía levantar la cabeza para mirar al frente. No podía mirar a las otras mujeres que allí estaban sin que se me escurrieran los lagrimones. Estaba en un rincón, esperando no sé qué. Me pusieron una vía y a pesar de que pedí que dejaran entrar a la abuela, me dijeron que no, que ya me iban a dar una habitación. Seguramente estuve poco rato allí pero se me hizo e-ter-no. En la habitación que me dieron había una chica embarazada (de una FIV) con mucha retención de líquidos. Vaya panorama… Lo siento ahora por ella porque debí amargarle a base de bien. Entré por la mañana a la habitación y esperando a que se quedara vacío el quirófano, se hizo de noche. Antes me dieron unas pastillas de prostaglandinas para provocar contracciones y preparar el cuello del útero. Empecé a notar dolores soportables. Papá ya había llegado. No recuerdo bien, pero serían casi las 8/9 de la noche cuando entré a quirófano. Primera vez en mi vida que pisé uno. La experiencia fue aterradora. El anestesista habló conmigo y le supliqué que me durmieran entera, que no podría soportar aquello. Menos mal que así fue. A pesar de eso, se me vienen a la mente imágenes y conversaciones que me ponen los pelos de punta. Después a la sala de recuperación. Estaba ida total. Drogada y flotando. Tardé bastante en volver a mi ser, y volver a llorar. De vuelta a la habitación papá se despidió de mí y se marchó a casa. El abuelo también se fue a casa y la abuela se quedó para acompañarme toda la noche. Hasta la madrugada no me dejaron beber ni una gota de agua, por el tema de la anestesia. De comer ni hablamos. Llevaba sin beber ni comer desde la tarde que fuimos al ginecólogo (un día y medio). La noche la pasé con dolores, llorando, hablando con la abuela, que se quedó conmigo, a ratitos. Dormir, dormimos poco.

A la mañana siguiente, después de que pasara el ginecólogo a verme, me dieron el alta. Salí del hospital andando “raro” y con la sensación de como a quien se abre y se le saca un tumor del cuerpo. Como a quien se le saca “lo podrido” de dentro. Me sentía hueca e inútil. De aquellos días queda un resquemor aún. Nunca olvidaré ciertas fechas en mi vida. Una de ellas, la que debió haber sido especial y no lo fue, aquella f.p.p.

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2 comentarios en “Un final

  1. :(. Lo siento. Si que hemos vivido historias parecidas. Creo que no se termina de superar nunca, queda ese vacío y ese recuerdo. En mi caso el personal fue super amable y atento (me da rabia que, con la buena memoria que tengo, no recuerde el nombre de la enfermera ni del anestesista. Solo el del médico que hizo el legrado) y creo que es muy importante en una situación como esta. Lo dicho, lo siento mucho ya que no hay nada que se pueda hacer para aliviar al que lo pasa salvo llorar a su lado, con él. Un abrazo

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  2. Nuestras historias son muy similares, sí. Con el tiempo el dolor se convierte en otra cosa que no sabría definir (nostalgia? pena? tristeza?). Estas cosas no se olvidan. De lo mío hace ya 3 años y medio.
    No me acuerdo de nadie del hospital. Sí de que hablé con el anestesista pero como me habían dado algo para la migraña (quizá un calmante rollo valium) y lloraba sin parar tengo los recuerdos “llovidos”. No me acuerdo ni de las enfermeras. Ni ganas de recordar.
    Ahora te toca disfrutar de la nueva etapa que vas a empezar. Ya verás que bonito es todo.
    Un abrazo.

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