Tiempos revueltos y felices

No hay día aburrido, ni que sea del todo previsible, ni igual que el anterior. Desde que llegaste no hay tiempo para aburrirse. Siempre te dicen, cuando estás esperando un hijo, que no vas a volver a dormir, si no en tu vida, en mucho tiempo. Pensaba que era una exageración. Ilusa de mí. Faltan días para tu segundo cumpleaños y podría contar con los dedos de una mano las noches que he/has/hemos dormido más de 6 horas seguidas. El que hayamos optado por hacer colecho, hace que durmamos cual piezas de tetris. Así vamos: revueltos y felices. Y aunque tengo la espalda hecha un ocho, ver como me abrazas cuando te despiertas no tiene precio.

Haber empezado este blog es un poco locura porque no tengo mucho tiempo. Si os digo la verdad, no sé cómo lo voy a hacer. El pichón está desayunando sentado en su trona y yo estoy escribiendo en la mesa del comedor. Mientras tanto la lavadora termina de centrifugar. Hice la comida a las ocho y pico de la mañana, después de escaparme cual ninja de la cama (ya no podía dormir más). Debería planchar… debería hacer mil cosas “mejores” que estar aquí sentada (incluyendo mi “cuidado personal”: como cortarme estas uñas de “monstruo Camuñas” que llevo, quitarme los pelos de Macario que pueblan mis piernas, definir estas cejas de loca…). No sé, no sé. A ver cómo me lo monto en estos tiempos revueltos de hacer malabares.

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